IX
El sol estaba por salir en todo su
resplandor. La Tierra Dios la había sanado, los humanos no recordarían nada de
lo que vivieron durante la batalla entre el odio y el amor. Todo el caos volvió
a la calma.
Faillié despertó con los primeros rayos
del sol. Su cuerpo le dolió tanto con el primer movimiento que intentó hacer.
Enredó su cuerpo con una sábana blanca. Se levantó porque estaban tocando con
insistencia la puerta. Al abrir se encontró a Alice con su cuerpo débil y
cansado. Se miraron sin entender lo que habían vivido. Faillié por primera vez
tenía ese resplandor en los ojos, que como mortal, era su interpretación del
amor que sentía hacia ella, era la prueba de que tenía un corazón y un alma, para
una sola persona.
La abrazó con fuerza y sus ojos se
llenaron de lágrimas.
―Ya estamos aquí ―dijo Faillié, entre un
suspiro de alegría y un gesto de dolor por las heridas de su cuerpo que ya era mortal.
―Quédate por siempre en mí. Quédate
conmigo ―sugirió con lágrimas en los ojos, y la abrazó con más fuerza.
Miguel y Faith-el las observaban desde el Cielo.
Entraron a la habitación de Faillié. Apenas
si podía mantenerse de pie, se sentía tan cansada y confundida. Se apoyó en el
brazo de Alice. No entendía parte de lo que estaba sintiendo. Su memoria no
hallaba el punto exacto para encontrarse donde estaba. Le dolía todo el cuerpo.
―Tienes que dormir ―sugirió Alice.
La recostó en la cama. Su cuerpo estaba
tan pequeño y frágil.
―Creo que acabo de despertar ―decía Faillié
sonriendo― y ni siquiera sabía que estaba durmiendo.
¿Cómo podía aceptar lo que había dejado
de ser?
―¿Te duele? ―preguntó, tocando la herida
que tenía en el labio.
―Supongo que si así se siente el dolor…
si me duele mucho.
Salió de la habitación para ir por un
poco de agua para limpiar sus heridas. Entró a la cocina y la encontró limpia,
pero no había nada de alimentos. Tomó un balde y lo llenó de agua, por suerte
encontró unas mantillas limpias en un mueble que estaba junto a la sala.
Cuando entró de nuevo en la habitación,
encontró a Faillié recostada en la cama. Su respiración era tranquila, como si
durmiera. Alice se acercó con mucho cuidado y empezó a limpiar las heridas que
tenía sobre su rostro. Mientras lo hacía se preguntaba qué tan cierto había
sido lo que recordaba. Tenía sus recuerdos vagos sobre lo que Faillié le había
contado, no sabía si decirle, pensaba que tal vez lo había soñado.
―Es tan confuso ―murmuró.
Faillié también pensaba en sus propios
recuerdos, cómo soportar la memoria de tantos años. Sabía que no sería fácil
ser mortal. Por ahora no sentía nada, más que su propio dolor. Tenía muchas
emociones y, entre ellas, la incertidumbre de lo que pasaría de ahora en
adelante. Tenía una vida. Sentiría sed, hambre, frío… volvería a sentir la
lluvia mojando su piel. Ahora sentía lo suave de las sábanas bajo su piel.
Sentía el calor que había en la habitación. Pudo sentir lo fresco de las
matillas húmedas que limpiaban sus heridas. Tenía sensaciones perceptibles a su
piel. Sentía su corazón latiendo normal. Podía percibir el aire que entraba a
sus pulmones. Era mortal.
Alice se preguntaba cómo haría para
conservar su amor. Había peleado contra el Cielo para recuperarla. Tuvo la
fuerza para hacerlo, tal vez de una manera equivocada, pero lo hizo. Desafió a
seres que no creía que existieran. Pudo recordar la luz en medio de tanta
oscuridad. Sintió amor cuando ya no podía sentirlo más.
Permanecieron calladas. Ninguna de las
dos quería hablar sobre lo sucedido, querían olvidarlo y recordarlo todo al mismo
tiempo.
―Da la vuelta ―le pidió Alice.
Las dudas de todo lo vago que podía
recordar se fueron cuando al girar a Faillié, para curarle las lesiones que
tenía en la espalda, se dio cuenta que guardaba las heridas de sus alas
perdidas. Tenía recuerdos confusos de cuando había sido una esencia oscura, se
recordaba muy poco como Hate-ellu. Lo único que recordaba de ese momento eran
los brazos de Faith-el sosteniéndola, la recordaba resplandeciente en su luz,
con sus alas tan blancas y brillantes.
―¿Perdiste tus alas por mí? ―preguntó
con tristeza, al pensar que Faillié ya no volvería más al Cielo.
Faillié cerró los ojos y se perdió en sus
pensamientos no sabiendo qué responderle para que no creyera que estaba loca.
Su mente podía traicionarla, tal y como lo había dicho Miguel,
sus recuerdos podrían ser confusos. No sabía si lo que recordaba era real y no
sabía si Alice podía conservar sus propios recuerdos.
―Por ti perdería todo ―dijo Faillié con
ternura.
Era increíble en verdad todo lo que recordaba.
No podía creer que dejó sus alas por ella, que abandonó el Cielo y todo el amor
que sentía en su esencia. Sintió una luz tan intensa en su propia mirada. Era
la manifestación más pura de su amor verdadero por ella.
―Siempre serás mi ángel ―susurró Alice ―.
Siempre lo serás, aunque ya no tengas alas, siempre serás mi guardián.
―Pero si tú quieres volar, voy a ser tus
alas cuando quieras hacerlo.
―Y para qué quiero volar, si ya el Cielo
lo tengo contigo… siempre contigo ―dijo, y depositó un besó en su espalda
herida.
―Entonces para qué necesito alas, si lo
que quiero ya lo tengo ―decía Faillié dando la vuelta para mirarla― y ya
ninguna otra cosa me hace falta.
Faillié sonrió y ahí cada una de ellas
perdió la memoria de lo vivido en la batalla. Faillié perdió los recuerdos de
su existencia como esencia y Alice también perdió los recuerdos que ella tenía
sobre Faith-el. Su amor fue lo único que había en sus memorias, sus emociones y
sentimientos estaban fuertes en su corazón. Las esencias del amor las visitaban
muy seguido para fortalecer más sus lazos, esos lazos creados por una
consciencia superior. Su vida estaba llena de paz y amor; hacían que el mundo
girara de forma diferente, hacían que el Universo se transformara cada día.
Miguel las observaba desde el Cielo y estaba
seguro de que cada mortal debía pasar por una prueba así para entender el
verdadero sentido de todo, del porqué existen y del porqué su Dios sigue
teniendo tanta Fe en ellos.
―Nadie lo esperaba, es la gracia divina
―dijo a Faith-el.
Las observaban desde el Cielo.
―Es el amor, el misterio de la vida y el
principio de todo.
―No, Mikeiel
―contestó Faith-el―, ellas son el amor, la parte invisible, lo inmaterial, lo
bello, lo divino y lo inmortal.
Era el lazo más fuerte que se había
unido gracias a Faith-el, o gracias a ellas mismas sin ninguna ayuda divina.
Tal vez ellas eran el verdadero misterio de la vida, un amor que no nació entre
Mortales ni entre esencias, solo era el amor como tal, la gracia divina, la
parte inexplicable de la vida… la parte que nunca nadie podrá comprender.
―Siempre lo logras, Faith-el ―dijo.
―Es cuestión de amor, Mikeiel,
y en el amor, siempre es cuestión de Fe.
Faith-el se alzó en vuelo y sus alas
blancas se desplegaron con gracia. En un solo resplandor desapareció para
regresar a la Tierra.
Miguel guió su mirada a la Tierra viendo que a
pesar de la batalla librada, las esencias oscuras no podían destruirse jamás y
que los Mortales siempre tenían su propia batalla esencial con ellos mismos.
―Militat omnis amans ―murmuró observándolas,
tal vez, por última vez.
No había escuchado la canción completa. Dice kaomi, que viendo como te pone la chica, que lo más seguro es que le llames y le cuelgues, como si fueras una mocosa de secundaria, jajaja. Creo que tiene razón, jajaja. Tú sólo dime cuándo es la serenata y te hago coro, aunque mi mujer se enoje:)
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