VIII
Las vibraciones regresaron a su orden
natural. Todos ellos aparecieron en el Cielo para que la Tierra fuera
reconstruida a como era antes de que Hate-ellu iniciara la destrucción total.
El Infierno ni siquiera llegó a desatarse. Las esencias oscuras regresaron a su
vibración.
Los arcángeles y esencias de luz
rodearon ambos cuerpos, del cual uno ya estaba sin vida.
―Faith-el ―decía Miguel
apareciendo en su resplandor azul―, tú eres lo último que deben perder los Mortales.
¿Entiendes por qué eres el principio y la última creación? Eres lo que hace que
las demás essentias existan. Eres el resplandor de la Fe. Creíste hasta el
final en que Alice aún estaba ahí y seguiste creyendo a pesar de todo.
―Eres la salvación, Faith-el ―dijo Gabriel―.
Mientras te tengan a ti… sus almas podrán salvarse.
―Por favor, Raphael ―murmuró.
Rafael se acercó y posó su mano sobre la
frente de Alice. Una luz verde muy intensa sanó todas las heridas que había en
su cuerpo. Era lo único que estaba a su alcance: curar su cuerpo mortal.
―Se los pido ―decía Faith-el―. Mikeiel,
Uriel, Yibrail, Zaphkiel, Raphael, Jophiel, Aniel… ella tiene que volver a la Tierra.
Debe vivir, sé que pueden hacerlo.
Los arcángeles se vieron entre sí. Las
esencias se acercaron a ellos, eran las esencias más fuertes que tenía el amor.
Si la regresaban a la Tierra, si le devolvían la vida, ella tendría recuerdos,
tal vez no de su esencia como Hate-ellu, pero sí de Faith-el y todo lo que le
dijo sobre la esencia del amor. Y por supuesto, lo que ellos temían, también
regresaría con el sentimiento que tenía en su corazón: el amor que sentía por
Faith-el también estaría en su alma. Era una decisión difícil y complicada. Al
regresar a su vida mortal estaría sola y pensando en el amor que no tendría
nunca, pero un amor que era intenso a pesar de todo. Qué pasaría con ella,
sabían que seguiría siendo un blanco perfecto para las esencias ambiguas, las
cuales no la dejarían vivir intentando enseñar el amor del cual Faith-el le
habló durante el tiempo que estuvo en la Tierra. La batalla seguiría en su
interior, era un mortal, incapaz de soportar el sufrimiento, pero también
sabían que era más fuerte porque nació siendo humano, no como Faith-el cuando
bajó a la Tierra como mortal. Eso ella lo tenía de ventaja y les daba esperanza
a los arcángeles de que ahora sí podría vivir sin el amor de Faith-el.
―Me quedaré por siempre en ti ―dijo
Faith-el acariciando su cabello.
Las esencias presentes: Pietatis-el,
Pacem-el, afecctum-el, Passio-el y a Spe-el, se volvieron luz y entraron en su
cuerpo.
—Yo soy el arcángel Yibrail, protector
de la Columna de la Pureza… te concedo la vida.
En la mano de Gabriel empezó a formarse
un lirio blanco. Lo depositó sobre el cuerpo sin vida y se desvaneció con el
simple contacto.
—Yo soy el arcángel Raphael, protector
de la Columna de la Verdad… le concedo sanación a tu cuerpo y empiezo a darle
vida a tu alma.
Su rayo verde se posó en todo el cuerpo.
—Yo soy el arcángel Aniel, protector de
la Columna de la Caridad… te concedo, Alice, el reencuentro y la paz contigo
misma, para que puedas eliminar el vestigio de la amargura que pudiera causar
el recuerdo de Faith-el por no estar a tu lado.
Su rayo rosa se centró sobre su pecho y
se fue desvaneciendo poco a poco.
—Yo soy el arcángel Jophiel, protector
de la Columna de la Constancia… te concedo la sabiduría que necesitará llevar
tu consciencia al conocer la existencia de cada uno de nosotros —decía—. Porque
hay luz y oscuridad que los Mortales no están destinados a conocer.
Su rayo dorado se posó sobre su cabeza.
Tenía que aceptar que había cosas
inimaginables que tenía que guardar con toda fidelidad. Tal vez su cabeza no
dejaría de pensar en todo lo que había vivido, pero debía manejarlo con
sabiduría, transmitir a los humanos el verdadero sentido de su existencia.
—Yo soy el arcángel Uriel, protector de
la Columna de la Gracia… le concedo a tu alma el arrepentimiento, y con ello el
perdón, por causar tanto caos en la Tierra.
El rayo de color oro se desvaneció de
inmediato sobre su cuerpo, tal vez llegando así, hasta la profundidad de su
alma. No estaban seguros si ella recordaría toda la oscuridad que sintió y todo
el desastre que provocó sobre la Tierra.
—Yo soy el arcángel Zaphkiel, protector
de la Columna de la Libertad… te concedo la capacidad de perdonar, la
misericordia, la compasión y el arrepentimiento. Te doy la paz, Alice.
Su rayo de color violeta se esfumó sobre
su corazón.
—Yo soy el arcángel Mikeiel, protector
de la Columna de la Voluntad…. te concedo la Fe.
Los rayos de los arcángeles regresaron a
las Columnas que sostenían otro cielo más azul, más celeste.
Ya le habían concedido la vida una vez
más.
―Yo soy tu essentia ―murmuró Faith-el a
su oído, como lo hace cualquier esencia en su misión única.
El cuerpo de Alice despareció en unos
segundos.
Faith-el se levantó y sentía algo
diferente en ella. Su cuerpo estaba sanado, pero su existencia se sentía sin
algún pedazo de su ser, se sentía incompleta en su estado perfecto y divino.
Faith-el no se dio cuenta que cuando murmuró las palabras a su oído, en ese
momento cambió la misión de su existencia, su resplandor divino había cambiado
de gracia y de propósito.
―Faith-el ―decía Miguel
que la contemplaba en su absorta interrogante del porqué se sentía tan incompleta―,
¿por qué pediste ser mortal en tu último deseo?
―No lo sé, Mikeiel.
No lo sé.
Miguel en un instante que no duró ni un
segundo, sacó su espada y atravesó el cuerpo de Faith-el, lo hizo tan rápido que
ni le dio tiempo de hacer ni pensar en nada.
―Esta es tu respuesta, Faith-el ―dijo, sosteniendo
con fuerza su espada.
Faith-el vio la espada atravesando sus
entrañas y un halo de luz salía de ella, pero lo que más le sorprendió fue ver
sobre el piso el cuerpo mortal que tenía en su existencia, ese cuerpo era el de
Faillié, como se hacía llamar cuando vivía como humano en la Tierra. Faith-el
se alejó del filo de la espada de Miguel
y seguía observando el cuerpo que estaba sobre el piso. La espada de Miguel
dividía lo verdadero de lo falso. Faith-el se agachó para recoger el cuerpo de
Faillié, era ella en su cuerpo mortal. Faillié tenía las heridas que había
conseguido al luchar contra Hate-ellu. Tenía las heridas de su espalda al
perder sus alas.
Faith-el volteó a ver a Miguel
preguntándose por qué su esencia se desprendía del cuerpo aparente.
―Es un regalo ―decía sonriendo―, por
creer en ti hasta el final. Aunque el verdadero regalo sería para Alice y los Mortales
―terminó de decir con un aire inyectado de soberbia, pero una soberbia pura de
alegría, porque convertía a un guardián, a una esencia, en un mortal y la
dejaría en la Tierra.
―¿Tendrá recuerdos de lo que fue como
essentia?
―Vagos recuerdos de nosotros estarán en
su corazón, pero difícilmente recordará lo que fue ella, lo que eres tú en
essentia. No sabrá con seguridad cuáles de ellos son reales y cuáles su mente
cree inventarlos. Los recuerdos de la batalla debe tenerlos, sino como podría
explicarse las heridas de su cuerpo.
―Raphael, ¿podrías curar sus heridas?
―pidió.
―No, no pidas milagros, Faith-el.
―Ella podrá ser curada con la ayuda de
tu amor ―decía Gabriel, pensando en el amor que sentía un mortal por una
esencia de luz―. Hay que darles un poco de crédito a los Mortales, ellos pueden
curar las heridas físicas y algunas heridas del alma. Nosotros nos ocupamos de
aquellas del espíritu. Algunos humanos son buenos ―terminó por decir Gabriel
sin creer tanto lo que dijo al final.
Faith-el sonrió y desapareció llevando
consigo el cuerpo de Faillié. La llevó a su departamento y la recostó sobre la
cama porque aún dormía. Sabía que los humanos podían curar las heridas físicas,
también sabía que algunos Mortales eran tan poderosos como para curar el alma.
Se encontrarían al amanecer de ese mismo
día, con sus recuerdos vagos de haber luchado una contra la otra, por un mismo
sentimiento tan oculto en sus memorias: amor. Faith-el se acercó al oído de Faillié
y le murmuró palabras que no debía olvidar como mortal. Jamás debería cambiar
su esencia para que siguiera enseñando el verdadero amor, para que sus palabras
siempre hablaran con la verdad absoluta de todo, aunque fuera poco creíble para
la razón de los humanos. Faillié debía continuar con su misión en la Tierra.
Faith-el se alejó de ella y desplegó sus
alas. En un rayo tan luminoso regresó al Cielo.
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