VI
Le costó otros meses más sin respuesta. Faith-el
no se daba cuenta que el amor era cada vez más extraño en la Tierra. Ya nadie
se amaba de verdad, y los que habían nacido con la virtud, la luz de sus ojos
ya no existía. Ya no había personas realmente enamoradas. Los países se
declaraban la guerra, la muerte de miles de personas estaba presente y todo era
caos en cualquier parte.
En un momento de desesperación recordó a
una de las personas con las que había estado mucho tiempo atrás. Y si Hate-ellu
estaba destruyendo todo lo que ella había unido antes, sabía que la encontraría
en una de esas parejas. Viajó mucho tiempo para visitar a una mujer de casi
setenta años, a la cual conoció cuando ella tenía veintiuno. Se sorprendió
mucho cuando se enteró que se había separado de su esposo, con el cual había
pasado más de cuarenta años a su lado. Había llegado muy tarde, los
sentimientos de aquella mujer estaban llenos de odio y rencor por la persona
que alguna vez amó con toda su alma. Hate-ellu tenía la fuerza para controlar a
las esencias más oscuras y eso le daba la ventaja de poder convertir el
verdadero amor, y llenarlo de sentimientos tan negativos como el odio, la
indiferencia y la crueldad.
Quiso esperarla y entender que esencias
oscuras había utilizado para cambiar el amor que sentían. Miró a un joven bajar
de un coche frente a su casa, y después la miró a ella bajar. Su semblante era
diferente a como la había dejado. Diferente al de las veces que la observaba
desde el Cielo. Su mirada era austera. Ni siquiera era comprensiva con su hijo que
la había ayudado a bajar del coche. Pudo sentir todo lo que estaba sintiendo.
Cabía en ella todo el rencor y el desprecio del mundo.
―Te conozco ―dijo la mujer un poco
atónita, cuando Faith-el se le acercó.
―¿Me recuerdas?
Había pasado mucho tiempo. Por un
momento miró como sus ojos se iluminaban.
―No puedes ser tú ―dijo.
La mujer sintió un mareo que casi la
desvanece. Su hijo corrió hacia ella para poder sostenerla entre sus brazos.
Fue tanto el peso de su cuerpo que no pudo mantenerlo firme. Terminaron en el
piso.
―Lo soy ―respondió.
Faith-el se acercó más. Se agachó a ella
para poder mirar el brillo de sus ojos cansados.
―¡No poder ser tú! ―decía alterada―. ¡No
puedes! ¡No puedes!
Su madre lloraba de la impresión que le
causó su presencia.
―¿Quién eres tú? ―preguntó el joven.
Faith-el lo miró. No había sido una
buena idea acercarse. Habían pasado casi cuarenta años. No podía presentarse
ante ella con la misma apariencia física.
―No me olvides ―murmuró.
Dio media vuelta y se marchó. Los ojos
de la mujer pudieron iluminarse en un segundo, pero su brillo se extinguió de
su mirada.
―No sirve de nada. No tienes mucho
tiempo, Faith-el ―dijo Hope.
Sabía que se había arrepentido por lo
que había hecho. Pudo haberle causado la muerte por la impresión de volver a
verla después de tanto tiempo y mucho más conservando su juventud.
―Me recordaba ―dijo.
―Todos pueden recordar ―explicaba―. La
apariencia física es lo primordial entre los Mortales. Puede recordar tus ojos,
tu sonrisa… las palabras que salieron de tu boca. Los Mortales tienen la
capacidad del recuerdo en su memoria.
―Me recordaba ―insistió―, pero no
recordaba el amor que le enseñé.
―El corazón, donde ellos creen que
depositan el amor, también posee memoria…
Faith-el recordó su mirada, la mirada
que tenía hace tantos años, la mirada que ahora le regaló por unos segundos.
Era fugaz, su recuerdo era fugaz como su murmullo en el corazón de los mortales
sin virtud. Su amor no era para siempre.
―Esto será el apocalipsis ―reclamó―. Los
humanos te están perdiendo y sabes que si pierden la Fe, todo el Universo
estará en caos. Será inevitable su destrucción. Tienes que entender lo
importante que eres para ellos.
Faith-el lo ignoró y siguió buscando a
otra persona que no había dejado hace mucho tiempo, incluso era un compañero del
colegio. Fue un amor que duró muy poco tiempo, Santiago tenía la virtud de la
pureza, así que Faith-el solo le dio la fuerza para encontrar el buen camino
para conectar y armonizar sus sentidos con el verdadero amor.
Había llegado a tiempo, Santiago aún
estaba con la persona que conoció después de Faith-el y era muy feliz. Su
corazón aún estaba intacto. Las esencias de oscuridad no podían murmurar su
resplandor con facilidad. Santiago sentía el verdadero amor.
―Él no puede saber mucho de ti ―aclaró
Hope.
―¿A estas alturas ya qué importa que
sepa quién soy?
Faith-el lo siguió por muchos días de
cerca. Se había dado cuenta que las esencias oscuras eran cada vez más.
Empezaba a escuchar levemente su murmullo. Sabía que pronto la esencia más
oscura se presentaría para corromper su voluntad y corazón. Santiago parecía lo
único resplandeciente en la Tierra, parecía ser la última esperanza de Faith-el…
y así fue.
―¡Santiago! ―gritó Faith-el, cuando lo
vio salir de su casa por la mañana.
―¡Faillié! ―se emocionó mucho al verla,
corrió hacia ella y la abrazó con todas sus fuerzas―. ¡Hace tiempo que no sé
nada de ti!
En el abrazo que le dio Santiago, hubo
varios sentimientos llenos de bondad y paz. Fue tan hermoso todo lo que sintió,
que incluso pudo sentir como todos los sentimientos negativos se iban en un
segundo de su alma.
―¿Estás bien, Faillié? ―preguntó.
Había sentido el cuerpo de Faith-el casi
desvanecerse entre sus brazos. Santiago conservaba con fuerza el murmullo de su
resplandor. Hacía mucho tiempo que ya no había sentido tanta luz en un solo
mortal. No había sentido en carne propia lo que su resplandor hacía en los Mortales
con virtud. Era inmenso todo lo que sentía. Faith-el desconocía lo fuerte que
podía ser su esencia en un mortal. Todo lo que sentía era impresionante a sus
sensaciones, sus emociones se volcaron en un fuerte sentimiento. Lo que tenía
Santiago era más fuerte que todo lo malo que había sentido en un principio.
―Sí. Estoy bien ―respondió, después de
recobrarse y sentirse a salvo.
―¡¿Dónde estabas?! ―preguntó emocionado.
Por un momento olvidó el sonido de su
voz sin querer. Faith-el estaba pendiente de la oscuridad que podría sentirse
si aparecía Hate-ellu. Se dio cuenta que el resplandor que tenía Santiago podía
interferir para sentir la oscuridad de su esencia. Tenía que concentrarse mucho
más para poder sentir su vibración. Pero todo lo que podía encontrar eran unos
ojos dulces y comprensivos, una sonrisa tierna y una voz reconfortante.
Santiago era un diminuto resplandor entre tanta oscuridad, pero podía verse,
podía sentirse y, con tan poco, podía ayudar a Faith-el a darle luz a toda la
oscuridad que ella misma fue incrementando sin querer.
―¿Faillié? ―llamó Santiago―. ¿Dónde
estuviste?
Le seguía pareciendo impresionante todo
la fuerza que el resplandor de su murmullo le daba a los Mortales con virtud de
poder escuchar y conservar su murmullo. Pero a pesar de ello, la oscuridad
podía ser más fuerte, porque así lo permitían ellos.
―Estuve un tiempo fuera de la ciudad
―respondió después de unos segundos.
Santiago pensó que la actitud que tenía Faillié
era debido a lo que había pasado tiempo atrás con su última relación. Le creyó
que se había ido de la ciudad. Ahora entendió por qué no había estado ese día
tan gris y triste para todos sus amigos. Alejarse era la mejor opción que podía
haber tomado. Miró que sus ojos guardaban melancolía e incertidumbre por lo
ocurrido. Pensaba que tal vez Faillié necesitaba hablar con alguien al cual
había querido mucho, por eso había regresado.
―Siento mucho lo que pasó con Alice, de
verdad lo lamento.
Faillié pudo reaccionar en seguida por
el comentario de Santiago. Todo lo malo volvió a centrarse en lo más profundo
de sus sentimientos, pero sabía que no debía demostrarlo.
―Sí, yo también ―dijo sin mucho interés.
―¿Por qué decidió hacer lo que hizo?
No sabía qué contestar, pero sabía que
esta vez no podía decirle la verdad sobre lo que era y lo que representaba para
la vida de los Mortales. No podía decirle y poner en riesgo aún más su vida.
―¿Cómo te va a ti? ―preguntó para no
tener que responder.
―¡Bien! ―dijo emocionado y su semblante
cambió― ¡Estoy muy feliz porque voy a casarme! Esta noche ―suspiró.
Faith-el pensó que Hate-ellu no dejaría
que ellos dos se unieran por amor, porque la luz que tenía Santiago era inmensa
y su resplandor podía ser una nueva fuerza para las esencias de luz.
―¿Y dónde será el lugar? ―preguntó.
―Donde ella trabaja, le gusta mucho… toda
la arquitectura es de ensueño ―contaba―. ¡Es el lugar perfecto para los dos!
El semblante de Santiago cambió a un
gesto de tristeza y melancolía. No quería decirle que dentro de toda su
felicidad se sentía asustado. Santiago guardaba lo que Faith-el le había
enseñado sobre el amor y esa parte pura no podía creer lo que estaba pasando en
el mundo.
―Seremos ella y yo, así lo decidimos
―decía con un aire de tristeza―. Ya sabes cómo está el mundo, como está el país
y todas las personas, empiezo a creer que sí es el fin del mundo.
―Yo todavía creo en el amor ―decía, para
que Santiago no olvidara lo que le enseñó―. Tú también, así que todavía hay
esperanza y mucha fe.
―Sigues siendo como antes ―dijo con una
sonrisa que le devolvió la calma a su corazón―. Me gustaría que estuvieras
conmigo esta noche y sé que a ella también le agradará que estés con nosotros.
―¿En realidad le gustaría que estuviera
ahí? ―preguntó, un tanto incrédula por las palabras de Santiago.
Sonrió con ingenuidad. Quién podría
creer que alguien estaría feliz teniendo a su lado a una de las personas que
fue parte importante de su vida en cuestiones de amor.
―Al principio ―decía Santiago―, pudo
sentir un poco de celos. Le hablaba de ti todo el tiempo. Pero sabe que lo que
siento por ella es más fuerte de lo que sentí por ti.
―Es bueno escuchar eso.
Se puso rojo por lo que había dicho sin
querer.
―No, no quiero que te ofendas.
―Claro que no ―decía Faillié―. Es lo que
te enseñé.
Santiago no comprendió mucho sus
palabras, pero les encontró sentido. Una realidad. Le había enseñado a sentir
el verdadero amor.
―¿Vas a estar conmigo? ―preguntó.
―Ahí estaré ―respondió―. Como siempre lo
he estado.
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