"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

24 de agosto de 2012


V

Pasaron varios meses en lo que Faith-el se acostumbraba a todas las emociones y los sentimientos que podía sentir en ella misma. Se aisló de las personas para no toparse con sus emociones y tener que batallar con ellas y con las propias al mismo tiempo. Su vida la convirtió en la tranquilidad, en explorar todo y entenderlo. Iba saliendo poco a poco al mundo antes de llevar a cabo el plan de los siete arcángeles. Todavía no soportaba algunas emociones y sentimientos ajenos debido a su empatía. Había días en que todo lo que estaba sintiendo dolía más. Sentía las ganas de rendirse y dejar que todo se perdiera para volver a renacer de nuevo. Pero encontraba la fuerza en atisbos de amor que guardaba en sus propios recuerdos. Miraba, en sus recuerdos, la luz en los ojos de las personas que había conocido a lo largo de su misión. Sabía que ellos ahora mismo tenían su propia batalla contra los murmullos de las esencias oscuras. Debía continuar para poder protegerlas porque era parte de su misión como guardián. Recordaba con fuerza a la última persona a la que le enseñó el mensaje de su resplandor. Tenía que encontrarla para protegerla de tanta oscuridad.

En algunos meses más se convirtió en un mortal común y vivía como cualquier otro. Tuvo que obligarse a acostumbrarse a los sentimientos de todos los humanos. Incluso, en algún momento, se sentía indiferente a ellos. Canalizó sentimientos como la crueldad y lo convirtió en avaricia, en soberbia. Tenía que resistir a como dé lugar. Adaptarse era su mejor arma. Hope era la única persona que le hacía recordar su verdadera existencia. Aprendió a manejar emociones, sentimientos y sensaciones. Si no fuera por Hope, Faith-el ya hubiera perdido sus recuerdos como esencia.

El caos continuaba esparciéndose por toda la Tierra. Hate-ellu seguía destruyendo cada parte del sentimiento del amor en el alma de los Mortales. Las esencias de luz ya no podían continuar con su misión. Hope sabía que era el momento de llevar a cabo los planes de los siete arcángeles para destruir la esencia oscura de Hate-ellu.

―Faith-el ―decía Hope―, tienes que buscar el amor. Debes enamorarte de alguna persona, experimentar el sentimiento del amor como lo hace un mortal normal. Así podremos seguir con el plan de los arcángeles.

Faith-el miraba desde la ventana de su departamento, escuchaba como el caos corría entre el ruido de los autos y en el pensamiento de las personas. Ya no sentía la desesperación que sintió al principio, su empatía ya la había controlado muy bien. Ahora solo le quedaba entender el porqué de algunos pensamientos. Se preguntaba qué orillaba a sentir tan vacíamente a los que no nacían con virtud de conservar su resplandor. Sus comportamientos eran confusos. Irracionales. Como esencia tenía un único sentimiento y propósito. Como esencia, sabía lo que en verdad era el amor. Por primera vez se preguntó por qué no todas las personas nacían con la virtud de conservar su murmullo. ¿Por qué su esencia reconocía a pocos Mortales? Podía ver que todos eran iguales. Nacían, se desarrollaban y todos, inevitablemente, tenían un último destino: la muerte; nadie podía escapar de ella, ni del destino.

¿Por qué no todos nacían con la virtud en sus ojos? El amor era selectivo. Exigente. Tan así como inevitable cuando escuchaban su murmullo.

―Sabes que el amor no se busca, Hope ―dijo sin ningún interés y se retiró de la ventana―. Yo no puedo enamorarme.

El único pensamiento claro que había en su cabeza, la única sensación, emoción y sentimiento, era volver a encontrarla donde sea. Fue el poder y el resplandor más grande que había creado en la Tierra, sabía que no podía dejarla en la oscuridad. Ella tendría la fuerza para regresar la luz, incluso a su propia oscuridad. Los arcángeles no tenían idea de todo el poder que podía ejercer sobre Faith-el.

―Es tu deber como essentia ―aclaró Hope.

Faith-el se fue a la sala y prendió el televisor. Miraba el canal de las noticias y se llenaba de inquietud por todo lo que pasaba en el mundo. No había país grande o chico que no participara en las guerras. Ya todos hablaban del famoso año del fin del mundo. Los sentimientos buenos estaban desapareciendo. Las personas morían de hambre y de miseria. Las imágenes que transmitían la perturbaban. Difícilmente podía deshacer el nudo que se formaba en su garganta. No entendía por qué la humanidad tenía que luchar contra su misma especia. Cómo podían considerarse enemigos y luchar por una tierra que en realidad no les pertenecía, que se les había dado como obsequio hace muchos años. Qué sentido tenía matarse. Dónde estaba la bondad, la paz y la comprensión. Todos eran iguales.

―Sabes que no tenemos mucho tiempo ―aseguró Hope mirando el televisor.

―Ni siquiera se dan cuenta que mi resplandor está por apagarse ―dijo. Se enfocó por un momento en sentir todo lo que venía de afuera. En los Mortales no había ni un mínimo de extrañar la paz y la dulzura del amor en su corazón―. Parece que tampoco les importa…

―Tienes que enamorarte ―insistió Hope.

Faith-el salió de su departamento ignorando las palabras de Hope. Ella no quería enamorarse, lo único que le importaba era encontrar a Hate-ellu y salvarla de la oscuridad. Caminó por varias horas esperando tener una señal de ella. Se iba a esos lugares donde algunas parejas enamoradas todavía se reunían. Faith-el se quedaba esperando por mucho tiempo, quería encontrarla y que todo terminara.

El sol se sentía sofocante. El tráfico hacia que las personas se estresaran. Había demasiado agobio. Tenía que concentrarse demasiado para que nada de eso pudiera afectarle. Se sentó en una de las bancas del parque. Estaba cansada. Miraba aquellas cosas sin importancia: las nubes blancas, que por un momento aliviaban el sofoco del sol; sentía la brisa del viento despeinando su cabello; de vez en cuando se distraía con la risa de algunos niños en el parque. Por alguno de ellos debía seguir luchando. Se quedó atenta, observando. Pudo sentir su mirada inocente y sin maldad. No podían escuchar a las esencias oscuras, ellas no tenían potestad ante su pureza. El murmullo de las esencias de luz era todo lo que resplandecía en su interior. Se mantenían puros, como lo era el verdadero amor.

Uno de ellos corrió hacia donde estaba. Se detuvo de golpe. La miró. No entendía por qué su mirada se encontraba triste. Faith-el se incorporó. Tampoco entendía por qué era objeto de observación de un niño de escasos seis años. Su mirada era tierna, inocente y pura. Le sonrió y se alejó corriendo.

―Así debería ser siempre ―se dijo.

Por un momento se sintió en paz y segura. Si se quedaba con todo lo que percibía de ellos estaba mejor. Sus emociones y sentimientos eran puros. Un mundo así era mejor. Se sintió libre, capaz de sobrevivir entre ellos. Pero sabía que había sentimientos más fuertes, que en algún momento los iban a dominar. Ellos crecerían, dejarían de creer, empezarían a luchar contra el murmullo de las esencias oscuras, deberían luchar contra la maldad que intentaría corromper sus decisiones. Todo era una lucha constante.

―Si pudieras ver lo que yo veo ―decía Hope detrás de ella―, te darías cuenta que en ninguno de ellos existe el amor. ¡Tú lo sabes, Faith-el, sabes que no tienen la virtud! No conservan el murmullo de tu essentia. Tu empatía puede sentirlo. ¡Se están perdiendo!

―Lo puedo sentir ―dijo con tono amargo.

Hope miraba a las parejas que pasaban frente a sus ojos. Ya no estaba la esencia del amor y no sabía si los virtuosos tenían la fuerza de luchar contra el murmullo de las esencias oscuras. Los Mortales sin virtud vivían el sentimiento como les correspondía vivir, para ellos no importaba que la esencia de Faith-el estuviera en el Cielo o la Tierra.

―Hay soberbia, capricho, miedo… el orgullo, el desinterés, la necesidad; todas esas emociones y sentimientos están en ellos. Son Mortales sin virtud, Faith-el. Las essentias ambiguas y las oscuras son las que reinan ahora. Hate-ellu no se presentará en un lugar donde ya no hay amor ―explicó Hope.

Faith-el no dijo nada, miraba a las personas y sabía que Hope decía la verdad: en ninguno de ellos había dejado el murmullo de su resplandor por siempre. Pero esperaba que hubiera un poco de ella en el corazón de los Mortales, aunque sea como un recuerdo lejano de su murmullo. Tenían que recordar el momento fugaz de la primera vez. Era lo que Faith-el esperaba: que no olvidaran el murmullo de su resplandor. Quería que cualquier corazón mortal lo recordara. Si pasaba eso, las esencias oscuras ya no serían tan fuertes. Así los Mortales podrían seguir con una lucha sin ninguna ayuda divina, incluso, no tendrían que luchar contra las oscuridad, porque no existiría.

Todo era en vano. Cómo podía creer que la iban a recordar cuando su resplandor no fue guardado en su corazón.

―Faith-el, tienes una misión con los arcángeles y todos contamos con que la cumplas ―insistía Hope―. Debemos terminar con esto por tu bien y el bien de todas las essentias de luz. No solo tu vibración está en peligro. El Cielo puede caer…tienes que ayudar a los arcángeles.

―Eso es lo que intento hacer ―dijo mirando a todos lados buscando a Hate-ellu.

―¡Tienes que enamorarte, Faillié! ―gritó su nombre mortal, para que se diera cuenta de la misión que tenía―. Así Hate-ellu te buscaría para desaparecer el amor.

―Ya lo estoy, Hope ―dijo con un poco de nostalgia―. No me puedes obligar a enamorarme de otra persona ni a buscar lo que ya encontré.

Los arcángeles que la observaban quedaron sorprendidos y asustados, al igual como Hope lo estaba. Las palabras de Faith-el eran imposibles. En el tiempo que había estado en la Tierra como mortal no había tenido comunicación con nadie como para crear el sentimiento del amor en su corazón.

¿De quién estaba enamorada entonces?

―¿Qué estás diciendo, Faith-el? ¡No puedes decir eso! ―reclamó Hope.

No quería pensar en la persona de la que posiblemente estaba enamorada.

―Yo sé, Hope, sé que estoy enamorada ―decía, sintiendo una calidez inexplicable en su interior―. Solo tengo que encontrarla. Mirarme otra vez en sus ojos… es todo lo que necesito: mirar la luz de sus ojos.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.