V
Pasaron varios meses en lo que Faith-el
se acostumbraba a todas las emociones y los sentimientos que podía sentir en
ella misma. Se aisló de las personas para no toparse con sus emociones y tener
que batallar con ellas y con las propias al mismo tiempo. Su vida la convirtió
en la tranquilidad, en explorar todo y entenderlo. Iba saliendo poco a poco al
mundo antes de llevar a cabo el plan de los siete arcángeles. Todavía no
soportaba algunas emociones y sentimientos ajenos debido a su empatía. Había
días en que todo lo que estaba sintiendo dolía más. Sentía las ganas de
rendirse y dejar que todo se perdiera para volver a renacer de nuevo. Pero
encontraba la fuerza en atisbos de amor que guardaba en sus propios recuerdos.
Miraba, en sus recuerdos, la luz en los ojos de las personas que había conocido
a lo largo de su misión. Sabía que ellos ahora mismo tenían su propia batalla
contra los murmullos de las esencias oscuras. Debía continuar para poder
protegerlas porque era parte de su misión como guardián. Recordaba con fuerza a
la última persona a la que le enseñó el mensaje de su resplandor. Tenía que
encontrarla para protegerla de tanta oscuridad.
En algunos meses más se convirtió en un
mortal común y vivía como cualquier otro. Tuvo que obligarse a acostumbrarse a
los sentimientos de todos los humanos. Incluso, en algún momento, se sentía
indiferente a ellos. Canalizó sentimientos como la crueldad y lo convirtió en
avaricia, en soberbia. Tenía que resistir a como dé lugar. Adaptarse era su
mejor arma. Hope era la única persona que le hacía recordar su verdadera existencia.
Aprendió a manejar emociones, sentimientos y sensaciones. Si no fuera por Hope,
Faith-el ya hubiera perdido sus recuerdos como esencia.
El caos continuaba esparciéndose por
toda la Tierra. Hate-ellu seguía destruyendo cada parte del sentimiento del
amor en el alma de los Mortales. Las esencias de luz ya no podían continuar con
su misión. Hope sabía que era el momento de llevar a cabo los planes de los
siete arcángeles para destruir la esencia oscura de Hate-ellu.
―Faith-el ―decía Hope―, tienes que
buscar el amor. Debes enamorarte de alguna persona, experimentar el sentimiento
del amor como lo hace un mortal normal. Así podremos seguir con el plan de los
arcángeles.
Faith-el miraba desde la ventana de su
departamento, escuchaba como el caos corría entre el ruido de los autos y en el
pensamiento de las personas. Ya no sentía la desesperación que sintió al
principio, su empatía ya la había controlado muy bien. Ahora solo le quedaba
entender el porqué de algunos pensamientos. Se preguntaba qué orillaba a sentir
tan vacíamente a los que no nacían con virtud de conservar su resplandor. Sus
comportamientos eran confusos. Irracionales. Como esencia tenía un único
sentimiento y propósito. Como esencia, sabía lo que en verdad era el amor. Por
primera vez se preguntó por qué no todas las personas nacían con la virtud de
conservar su murmullo. ¿Por qué su esencia reconocía a pocos Mortales? Podía
ver que todos eran iguales. Nacían, se desarrollaban y todos, inevitablemente,
tenían un último destino: la muerte; nadie podía escapar de ella, ni del
destino.
¿Por qué no todos nacían con la virtud
en sus ojos? El amor era selectivo. Exigente. Tan así como inevitable cuando
escuchaban su murmullo.
―Sabes que el amor no se busca, Hope
―dijo sin ningún interés y se retiró de la ventana―. Yo no puedo enamorarme.
El único pensamiento claro que había en
su cabeza, la única sensación, emoción y sentimiento, era volver a encontrarla
donde sea. Fue el poder y el resplandor más grande que había creado en la
Tierra, sabía que no podía dejarla en la oscuridad. Ella tendría la fuerza para
regresar la luz, incluso a su propia oscuridad. Los arcángeles no tenían idea
de todo el poder que podía ejercer sobre Faith-el.
―Es tu deber como essentia ―aclaró Hope.
Faith-el se fue a la sala y prendió el
televisor. Miraba el canal de las noticias y se llenaba de inquietud por todo
lo que pasaba en el mundo. No había país grande o chico que no participara en
las guerras. Ya todos hablaban del famoso año del fin del mundo. Los
sentimientos buenos estaban desapareciendo. Las personas morían de hambre y de
miseria. Las imágenes que transmitían la perturbaban. Difícilmente podía
deshacer el nudo que se formaba en su garganta. No entendía por qué la
humanidad tenía que luchar contra su misma especia. Cómo podían considerarse
enemigos y luchar por una tierra que en realidad no les pertenecía, que se les
había dado como obsequio hace muchos años. Qué sentido tenía matarse. Dónde
estaba la bondad, la paz y la comprensión. Todos eran iguales.
―Sabes que no tenemos mucho tiempo
―aseguró Hope mirando el televisor.
―Ni siquiera se dan cuenta que mi
resplandor está por apagarse ―dijo. Se enfocó por un momento en sentir todo lo
que venía de afuera. En los Mortales no había ni un mínimo de extrañar la paz y
la dulzura del amor en su corazón―. Parece que tampoco les importa…
―Tienes que enamorarte ―insistió Hope.
Faith-el salió de su departamento
ignorando las palabras de Hope. Ella no quería enamorarse, lo único que le
importaba era encontrar a Hate-ellu y salvarla de la oscuridad. Caminó por
varias horas esperando tener una señal de ella. Se iba a esos lugares donde algunas
parejas enamoradas todavía se reunían. Faith-el se quedaba esperando por mucho
tiempo, quería encontrarla y que todo terminara.
El sol se sentía sofocante. El tráfico
hacia que las personas se estresaran. Había demasiado agobio. Tenía que
concentrarse demasiado para que nada de eso pudiera afectarle. Se sentó en una
de las bancas del parque. Estaba cansada. Miraba aquellas cosas sin
importancia: las nubes blancas, que por un momento aliviaban el sofoco del sol;
sentía la brisa del viento despeinando su cabello; de vez en cuando se distraía
con la risa de algunos niños en el parque. Por alguno de ellos debía seguir
luchando. Se quedó atenta, observando. Pudo sentir su mirada inocente y sin
maldad. No podían escuchar a las esencias oscuras, ellas no tenían potestad
ante su pureza. El murmullo de las esencias de luz era todo lo que resplandecía
en su interior. Se mantenían puros, como lo era el verdadero amor.
Uno de ellos corrió hacia donde estaba.
Se detuvo de golpe. La miró. No entendía por qué su mirada se encontraba
triste. Faith-el se incorporó. Tampoco entendía por qué era objeto de
observación de un niño de escasos seis años. Su mirada era tierna, inocente y
pura. Le sonrió y se alejó corriendo.
―Así debería ser siempre ―se dijo.
Por un momento se sintió en paz y
segura. Si se quedaba con todo lo que percibía de ellos estaba mejor. Sus emociones
y sentimientos eran puros. Un mundo así era mejor. Se sintió libre, capaz de
sobrevivir entre ellos. Pero sabía que había sentimientos más fuertes, que en
algún momento los iban a dominar. Ellos crecerían, dejarían de creer,
empezarían a luchar contra el murmullo de las esencias oscuras, deberían luchar
contra la maldad que intentaría corromper sus decisiones. Todo era una lucha
constante.
―Si pudieras ver lo que yo veo ―decía
Hope detrás de ella―, te darías cuenta que en ninguno de ellos existe el amor. ¡Tú
lo sabes, Faith-el, sabes que no tienen la virtud! No conservan el murmullo de
tu essentia. Tu empatía puede sentirlo. ¡Se están perdiendo!
―Lo puedo sentir ―dijo con tono amargo.
Hope miraba a las parejas que pasaban
frente a sus ojos. Ya no estaba la esencia del amor y no sabía si los virtuosos
tenían la fuerza de luchar contra el murmullo de las esencias oscuras. Los Mortales
sin virtud vivían el sentimiento como les correspondía vivir, para ellos no
importaba que la esencia de Faith-el estuviera en el Cielo o la Tierra.
―Hay soberbia, capricho, miedo… el
orgullo, el desinterés, la necesidad; todas esas emociones y sentimientos están
en ellos. Son Mortales sin virtud, Faith-el. Las essentias ambiguas y las
oscuras son las que reinan ahora. Hate-ellu no se presentará en un lugar donde
ya no hay amor ―explicó Hope.
Faith-el no dijo nada, miraba a las
personas y sabía que Hope decía la verdad: en ninguno de ellos había dejado el
murmullo de su resplandor por siempre. Pero esperaba que hubiera un poco de
ella en el corazón de los Mortales, aunque sea como un recuerdo lejano de su
murmullo. Tenían que recordar el momento fugaz de la primera vez. Era lo que
Faith-el esperaba: que no olvidaran el murmullo de su resplandor. Quería que
cualquier corazón mortal lo recordara. Si pasaba eso, las esencias oscuras ya
no serían tan fuertes. Así los Mortales podrían seguir con una lucha sin
ninguna ayuda divina, incluso, no tendrían que luchar contra las oscuridad,
porque no existiría.
Todo era en vano. Cómo podía creer que
la iban a recordar cuando su resplandor no fue guardado en su corazón.
―Faith-el, tienes una misión con los
arcángeles y todos contamos con que la cumplas ―insistía Hope―. Debemos
terminar con esto por tu bien y el bien de todas las essentias de luz. No solo
tu vibración está en peligro. El Cielo puede caer…tienes que ayudar a los
arcángeles.
―Eso es lo que intento hacer ―dijo
mirando a todos lados buscando a Hate-ellu.
―¡Tienes que enamorarte, Faillié! ―gritó
su nombre mortal, para que se diera cuenta de la misión que tenía―. Así
Hate-ellu te buscaría para desaparecer el amor.
―Ya lo estoy, Hope ―dijo con un poco de
nostalgia―. No me puedes obligar a enamorarme de otra persona ni a buscar lo
que ya encontré.
Los arcángeles que la observaban
quedaron sorprendidos y asustados, al igual como Hope lo estaba. Las palabras
de Faith-el eran imposibles. En el tiempo que había estado en la Tierra como
mortal no había tenido comunicación con nadie como para crear el sentimiento
del amor en su corazón.
¿De quién estaba enamorada entonces?
―¿Qué estás diciendo, Faith-el? ¡No
puedes decir eso! ―reclamó Hope.
No quería pensar en la persona de la que
posiblemente estaba enamorada.
―Yo sé, Hope, sé que estoy enamorada ―decía,
sintiendo una calidez inexplicable en su interior―. Solo tengo que encontrarla.
Mirarme otra vez en sus ojos… es todo lo que necesito: mirar la luz de sus
ojos.
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