VII
El lugar donde Santiago iba a casarse
era muy grande. Parecía tanto el escenario perfecto para llevar una última
batalla. Era un castillo que se había edificado desde varios siglos atrás. Sus
torres y murallas eran rollizas. Tenía un patio muy extenso lleno de arbustos
frondosos. Las fuentes eran iluminadas con luces artificiales. Hasta el fondo
se encontraba una pequeña capilla, igual de antigua que toda la construcción.
Solo estaban Santiago, su novia y la persona que iba a efectuar el compromiso.
Santiago se encontró con su novia: una
chica dulce y tierna, que sentía el mismo amor por él. Había estado esperando a
Faillié por mucho tiempo en la puerta principal. Le pareció extraño no verla,
incluso le causo un poco de miedo que no estuviera ahí. Sabía que ella era una
de las personas que sabía cómo cumplir sus promesas. Desde que la conoció nunca
le había fallado, siempre cumplía con todo lo que le decía. Sus palabras habían
sido las más bellas que hubo escuchado en mucho tiempo sobre el amor. La
recordaba siempre tan hermosa, que, ahora que lo pensaba más detenidamente, se
preguntaba cómo es que su amor pudo cambiar para buscar a otra persona a quien
amar. Por un momento se sintió confundido con sus sentimientos.
―Faillié ―murmuró Santiago en una
sonrisa de amor.
Cuando se cansó de esperar se fue hacia
la capilla y a la entrada, se encontró con una flor blanca muy hermosa, atada
con un listón dorado junto a la puerta. Regresó su vista hacia atrás y sonrió.
Sabía muy bien quién la había dejado ahí. Entró hasta el fondo de la capilla
donde la esperaba su novia y cuando la miró, entendió todo lo que Faillié le
había enseñado con respecto al verdadero amor.
Faith-el los miraba desde el patio de la
entrada principal, no tan lejos de ellos, esperaba a que llegara Hate-ellu para
que la llevara ante los arcángeles.
―Sé que aún estás ahí―dijo.
Necesitaba toda la fuerza. Obtenerla de
donde sea. Sabía que solo podía tenerla de ella misma. Su propia fuerza: su Fe.
Pensó en la luz de la mirada de la última persona que le dio tanto poder a su
esencia: Alice.
Faith-el empezó a experimentar una serie
de emociones y sentimientos en todo su ser. Hate-ellu descendía con lentitud,
con ese halo de oscuridad reflejándose en su cuerpo, en la fuerza de sus alas
negras y en el fuego de odio en su mirada. Pisó la tierra y parecía que el
polvo del suelo huía de cada pisada que daba. El ambiente se volvió denso y
parecía oscurecerse poco a poco. Hasta ese momento, que pudo verla tan
detenidamente, entendió por qué el arcángel Miguel le dijo que era su misma
esencia. Hate-ellu vestía igual que ella, parecía un ángel guardián, solo que sus
ropas eran totalmente de rojo oscuro y lo que resplandecía en dorado en Faith-el,
era totalmente de color vino en Hate-ellu.
Antes de que Hate-ellu intentara
acercarse más hacia la capilla, Faith-el se interpuso en su camino. En ese
momento la esencia de Hate-ellu pasó a la primera vibración, pero su fuerza aún
era más que la de Faith-el, porque ella seguía siendo un simple mortal. La
expresión de Hate-ellu cambió en un instante, su risa irónica llena de frustración,
se convirtió en rabia y la más pura cólera. Sus alas negras se extendieron en
toda su gloria para mostrar toda la furia que sentía.
La batalla final estaba por iniciar. Lo
sabía Hate-ellu y Faith-el, los arcángeles también estaban listos para interferir
cuando fuera necesario.
―¡¡Te aborrezco, Faith-el!! ―gritó Hate-ellu,
y lanzó su energía hacia ella con toda su ira.
Su cuerpo se impactó contra un árbol,
fue tanta la fuerza que casi arrancó el árbol de raíz. Faillié pudo soportar el
ataque sin saber cómo o por qué lo hizo. Su cuerpo era el de un mortal, incapaz
de aguantar un impacto así. Se levantó sintiendo todo su cuerpo roto. No
esperaba que Hate-ellu pudiera lastimarla tanto.
―Faith-el ―salió su nombre de sus
labios, sintiendo una inmensa repulsión por lo que significaba en la vida de
los Mortales.
Volvió a acumular tanta energía y se la
lanzó sin tener siquiera un poco de compasión. Su cuerpo quedó impactado en una
de las bardas rollizas que rodeaban la capilla. El lugar se cimbró por todas
partes. La bovedilla se cuarteó en tres pedazos. Los candelabros en el techo
estaban por desplomarse. Las imágenes cayeron de sus sagrarios. Santiago y su
novia salieron asustados, pensando que estaba temblando. Afuera todo parecía
normal. Ellos no podían ver a ninguna de las dos.
Hate-ellu creó más energía en la palma
de su mano, estaba dispuesta a arrojársela a Santiago cuando lo vio correr
hacia la salida. Era uno de los resplandores de amor más fuertes que todavía
quedaban sobre la Tierra, sabía que tenía que acabar con él. Después sería más
fácil terminar con todas las esencias de luz, especialmente de Faith-el.
Santiago volteó cuando sintió algo
extraño detrás. Podía sentir la oscuridad y la miseria. Pero solo pudo ver una
energía oscura que se dirigía a toda velocidad hacia donde estaba. Se quedó
inmóvil, pero se dio cuenta que un resplandor de luz se interpuso para que no
lo dañara.
Faith-el se había levantado para
protegerlo.
Su cuerpo fue arrastrado por varios
metros, casi hasta los pies de Santiago. Se quedó asombrado cuando pudo mirar a
Faillié aparecer de la nada cuando el resplandor se desvaneció. Su novia lo
sujetaba de la mano para que salieran, la tierra se seguía moviendo
bruscamente.
―¿Faillié? ―murmuró Santiago, sin creer
lo que estaba viendo.
―Vete ―dijo.
Santiago se dio cuenta que otra inmensa
luz negra se estaba formando enfrente de Faillié y después iba camino a él a
gran velocidad. Regresó su vista a ella y volvió a mirar solo un resplandor que
lo estaba protegiendo otra vez. Santiago estaba en shock. Siempre pensó que Faillié
había sido algo muy especial en su vida por la forma tan misteriosa en la que
apareció en ella. No era una persona normal, parecía venir de otro mundo o a veces
pensaba que venía del Cielo. Desde que miró sus ojos, desde la primera vez,
sintió lo inexplicable del amor. Conoció la expresión más pura del sentimiento.
Parecía increíble lo que estaban mirando sus ojos, su resplandor era como el de
un ángel; para Santiago, Faillié parecía un ángel. Si se lo hubiera contado, no
hubiera dudado nunca de ella.
Volvió a verla tendida sobre el suelo.
Estaba herida.
―Tienes que irte ―le pidió en una
sonrisa.
Santiago no quería dejarla sola, pero
cuando se dio cuenta ya no podía ver nada: ni a Faillié ni el resplandor. Su
novia insistió en que se fueran y él ya no pudo negarse, sabía que tenía que
proteger a la persona que amaba, porque fue lo que Faillié le había enseñado. Sabía
que ella iba a estar bien, que tenía la fortaleza para luchar contra lo que sea
que estuviera luchando si lo hacía por amor.
Faith-el miró hacía la salida y pudo ver
que los dos habían escapado.
―Proteger el amor ―decía mirando a
Hate-ellu―. Todos debemos proteger lo que amamos.
Hate-ellu se llenó de ira y de un vuelo
fugaz llegó hasta donde estaba. La miró por mucho tiempo y volvió a llenarse de
tanto rencor. Hacía mucho que no la tenía tan cerca de ella.
―¿Proteger? ―preguntó con rabia.
Faith-el se dio cuenta que la luz de su
mirada ya no era la misma. El color miel que tenían sus ojos, había cambiado
para verse oscuros como el ámbar, más densos que el ámbar.
―Tienes que regresar a mí ―decía Faith-el,
intentando mantenerse de pie―. Regresa a mí, Alice.
―¡Tú te llevaste lo que más amaba! ―dijo
Hate-ellu, y la atacó con toda su ira.
―Alice …
―¡Debiste quedarte! ―gritó.
―No era tu amor.
―¡¡Ella era mi amor!!
Los arcángeles observaban cada detalle.
Lo que dijo Hate-ellu los dejó sorprendidos. Hablaba de Faillié como si nunca
le hubiera dicho que era Faith-el. Sus recuerdos estaban intactos con todo lo
que había vivido a su lado. ¿Cómo es que había dejado que su alma se
oscureciera con tanto odio?
―¡Tenía que quedarse! ―dijo.
Faith-el soportaba toda la fuerza que
Hate-ellu le dejaba ir. La impactó contra una torre del castillo y eso provocó
un fuerte temblor que se extendió a más de cinco cuadras. Hate-ellu la tenía
contra la torre intentando cortarle la respiración con el antebrazo. Faith-el
miró los ojos vacíos de Hate-ellu, como mortal no podía lastimarla, al menos
eso creía ella y los arcángeles.
―No, por favor ―dijo Faith-el con
angustia, sin saber lo que pasaba en su interior por mirar sus ojos sin la luz
que en el pasado la orilló a elegirla para enseñarle el amor.
La empatía que tenía, debido a su
vibración espiritual, se manifestó con más fuerza. Sentía el odio eterno de
Hate-ellu, pero lo que más le aterró, fueron las imágenes que llegaron a su cabeza.
Después de que Faith-el se marchó en su resplandor infinito, intentó vivir sin
ella desde ese día. Fue inútil cada cosa que hizo, intentó encontrar el amor y
solo se hundía en necesidades absurdas y falsos amores sin querer.
―¡¡Te llevaste lo que amaba!! ―gritó
Hate-ellu recordando su tristeza.
―No ―dijo Faith-el.
Sus lágrimas salían de sus ojos con
tanto dolor y amargura al sentir todo lo que vivió después de dejarla en la
Tierra. Su desesperación por encontrar el amor la orilló a perder su verdadera
esencia. Lastimaba a las personas porque no encontraba la luz que vio en los
ojos de Faillié. Siguió hundiéndose más ante el dolor de no encontrar el amor
como Faith-el le había dicho que lo encontraría. No sentía nada con nadie.
Intentaba. Quería. Nada resultaba para ella. No era suficiente para su corazón.
Su mente y su cuerpo podían engañarse. Podía sentir el contacto de otra
persona, escuchar sus palabras, pero su alma era la que se negaba a despertar.
Quería vivir en el sueño, extraño, misterioso, en el que había conocido a Faillié.
Así estuvo por varios años, hasta el grado de perder las ganas de vivir.
―¡¡Te fuiste!! ―gritó Hate-ellu, con
tanta rabia que parecía que sus ojos querían llorar de amargura.
―No lo hagas ―terminó por decir Faith-el.
La imagen que vio fue devastadora para
la parte que aún representaba como esencia. Sintió su desesperación y la
nostalgia de su corazón. Había decidido quitarse la vida, para ver si del otro
lado encontraba el amor que perdió. Faith-el entendió por qué no pudo verla
cuando debía cuidarla como su guardián, sus ojos perdieron su luz el mismo día
que ella se marchó. Así que su esencia pura no la miraba, porque en su alma ya
no había nada de lo que Faith-el le enseñó. La luz de sus ojos se apagó cuando
supo que no volvería a encontrar su reflejo en los ojos de Faillié.
―No lo hagas.
Los arcángeles no podían percibir lo que
Faith-el sentía por su empatía. Solo miraban su dolor y la angustia de no
querer sentirse mortal en ese momento. La vibración de Hate-ellu, la de Faith-el
y la de los humanos estaba en una sola, eso provocaba el desequilibrio natural.
Cada ataque de Hate-ellu provocaba cataclismos en alguna parte del mundo. Terremotos
de gran magnitud sacudían la tierra. Los tsunamis inundaban las ciudades pequeñas.
Los volcanes estaban en erupción. El final del apocalipsis empezaba.
―¡Te fuiste! ―dijo con amargura.
El dolor que sentía Faith-el por los
recuerdos que vio en los ojos de Hate-ellu, se fue al sentir la fuerza de
regresarla al amor que le enseñó, que podría darle de nuevo la luz y la paz a
su alma.
―¡¿Por qué siempre te vas?! ―reclamó con
profunda ira.
―Nunca me fui de ti…
―¡Mientes!
Apretó con más fuerza su cuerpo.
―Siempre intenté estar contigo…
―¡Me dejaste! ¿Lo recuerdas? ¡Me dejaste
cuando no tuviste que hacerlo…!
―No funciona así ―decía apenas―. Alice,
yo no te dejé nunca.
―¡Cuando menos tenías que hacerlo!
―gritó.
Los ojos de Hate-ellu se llenaron de
rabia y rencor por la persona a la que tenía enfrente. Todos sus sentimientos
la llevaron a sentir con tanta fuerza. Todo a su alrededor se estaba viniendo
abajo.
Cómo podía el amor vencer al odio,
cuando antes ese odio estaba lleno del más profundo amor. Tenía dentro de sí la
fuerza más grande del Universo.
―¡¡Te fuiste!!
Faillié miró sus ojos, sintió el momento
en el que su resplandor era más fuerte en los humanos: cuando su mensaje había
llegado a su fin.
―No.
―¡Nunca debiste!
Seguía reclamando todo el sufrimiento
que había sentido cuando ella se fue. Nunca le pareció justo.
―Siempre estuve contigo ―murmuró ante
tales recuerdos, que para los Mortales era el indicio de un amor que sería para
siempre.
Miró sus ojos inyectados de la más
profunda tristeza e ira. Todos los recuerdos se estaban acumulando en sus
sentimientos llenos de oscuridad, sentimientos que alguna vez estuvieron
colmados de tanta luz. Se estaban formando todas las imágenes. Faith-el las
podía ver y sentir. Miró la primera vez en que se conocieron. Pasaron por su
cabeza cada día y cada instante que había valido la pena para su parte mortal.
Después se estacionó en un recuerdo, en un día… en una mañana. Hizo que ese
recuerdo fuera más lento para que le doliera tanto como a ella le había dolido
recordarlo por tanto tiempo, cuando no entendía por qué todo debía terminar
justo ahí.
De su voz quebrada por las lágrimas, que
se atoraron por un segundo en su pecho, le dijo:
―Cuando menos tenías que hacerlo, te
fuiste… ¡Me dejaste!
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