"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

7 de mayo de 2012

VI
Más tarde se encontraban en el patio de la cafetería que visitaban cada día catorce de cada mes. Donde elegían la mesa de siempre y el mismo dulce café de cada mes. Era su lugar favorito, ahí recordaba la primera vez que su corazón se sintió capaz de hacer y dar todo lo que había en ella por amor. Un recuerdo que jamás olvidaría.
Pidió para las dos el café de siempre, pero ya no con el mismo entusiasmo que sentía de estar ahí para agregar un mes más a su relación. Miraba a Faillié con la vista mirando al infinito, como si no hubiera nada impresionante ante sus ojos, como si ya no sintiera nada de todo lo que le podía rodear; ya no había nada que pudiera impresionarle. Sus ojos parecían vacíos, como si su mirada fuera parte de otro mundo y ya no encontraba en ellos la luz que siempre la enamoró.
La miró guiar su mirada hacia arriba, hacia la fachada de la cafetería, como intentando recordar algo y esperando que el recuerdo la hiciera sentir algo más. Miró hacia la misma dirección. Centró su mirada a la parte donde el nombre de la cafetería relucía grabado en una lámina de cobre. El sol le daba unos reflejos dorados en las esquinas. Las letras no eran muy grandes ni pequeñas, se podían distinguir a una distancia de varios metros. Nunca le había prestado atención al nombre, mucho menos al lugar. Le gustaba porque ahí miró por primera vez a Faillié, ahí sus ojos se encontraron por primera vez.
―¿Tienes recuerdos? ―preguntó.
Quería entender un poco más la situación en la que estaba.
―De todos los siglos ―decía, su mirada no se desprendía del nombre de la cafetería, le causaba contrariedad a todo lo que había pasado ahí. “Un hallazgo afortunado, inesperado tal vez”, pensó. Su mirada se enfocó en la de Alice y continuó―: Tengo recuerdos de todos los tiempos desde siempre… de toda mi existencia, no puedo olvidar nada ni a nadie.
Su mirada volvió a enfocarse en la lámina de cobre. Los resplandores de luz tintineaban como los recuerdos que no quieren desaparecer por completo del alma, pero ella no tenía alma. Los recuerdos solo eran imágenes en su cabeza, no le evocaban sensaciones, emociones o sentimiento alguno. No supo cuántas veces releyó el nombre de la cafetería. Ahora le pareció absurdo haber encontrado a Alice justo ahí, ahí donde parecía una mala broma para el destino.
―¿Solo de mí…? ―preguntó, sacándola de su hermetismo por un segundo.
Regresó su vista a Alice.
―Por supuesto, tengo todos tus recuerdos, aquí te conocí y aquí tu destino se unió a mi essentia.
Sintió un alivio enorme al escuchar sus palabras. Pensaba que si Faillié había existido desde siempre, no le importaba perder los recuerdos de ella, como si no hubieran importado. Aunque al saber que recordaba todo se sintió sin importancia. Estaba en un sinfín de recuerdos, de un sinfín de personas. ¿De cuántas personas?
―¿Soy parte de… de alguna lista divina?
Quería saber por qué le tocó un destino tan divino y tan cruel al mismo tiempo.
―No, no funciona así.
―¿Entonces cómo? ―preguntó con curiosidad.
Faith-el no conocía a los Mortales que nacían con la virtud de escucharla, no tenía una lista o una visión de ellos. Solo había una forma de conocer a los elegidos, a los que tenían el alma pura, los que podían conservar el murmullo de su resplandor por siempre y regresar con lo aprendido vida tras vida. Siempre en ellos había la luz más pura y el resplandor más fuerte en su alma.
Agachó su mirada para ver sus ojos dulces, los cuales estaban nostálgicos y cabizbajos.
―En la luz de tus ojos está la bondad y la paz que yo necesito ―contestó Faith-el―. La virtud que le da el reflejo a tu mirada fue lo que me llamó a ti, por la luz que hay en tus ojos te elegí para conocerte. El mensaje que yo trasmito está en ti…, en el color de tu mirada.
―¿Mis ojos?
―Es la luz de tus ojos lo que llama a mi resplandor.
Miró los ojos de Faillié. Seguían oscuros, profundos y misteriosos. Cuando la vio la primera vez, su mirada tenía una luz y un brillo especial, algo que no tenía ahora. No sabía que esa luz y ese brillo era el simple reflejo de su mirada en los ojos de Faillié, era su amor lo que se reflejaba en ellos. Faillié ahora no tenía esa luz, no había un amor que reflejar porque era un mortal, pero aun así era incapaz de sentir amor como lo hace un mortal común, porque no tenía un principio como tal, seguía siendo una esencia y nada podía cambiar su principio. Como esencia no tenía luz alguna en su mirada, porque era el resplandor del amor puro, sin ninguna interpretación humana.
―En el color de tu mirada, ahí es donde estoy ―dijo―. Ahí vas a encontrarme siempre, en la luz de tus ojos.
Alice agachó la mirada. No quería creer que fue una elección de algo que no entendía. Hubiera preferido ser parte de una lista, lo entendería mejor. Se sentiría inevitable.
―¿Entonces nunca hubo amor? ¿No te enamoraste de mí? Tú nunca lo hiciste ―aseguró con tristeza.
―Yo soy el amor ―dijo Faith-el.
―Solo a alguien que elegiste como si fuera cualquier cosa… cualquier cosa ―murmuró con más tristeza.
Nunca hubo amor y mucho menos un amor a primera vista como siempre lo había creído, como siempre lo había sentido desde que miró sus ojos en ese mismo lugar. No esperaba nada aquel día. Se le había hecho tarde. No le dio tiempo desayunar en su casa. Se había fastidiado de todo días antes. Se preguntaba la razón de su existencia. Pero cuando se tropezó con la mirada de Faillié, todo lo malo había desaparecido en un segundo. Su mundo se volcó en su mirada, todo se perdió para centrarse en sus ojos.
―No te enamoraste de mí.
―No es así ―contestó Faith-el.
―¡¿Entonces cómo?! ―preguntó desesperada, pensando que no era justo lo que estaba sintiendo por ella.
―Soy el reflejo de lo que tú eres. Siempre fui el reflejo de ti. El amor que obtuviste de mí… eres tú. Es lo que darás al amor de tu vida y lo que enseñarás a las personas que conocerás a lo largo de tu camino. Tu amor es el mensaje y la interpretación mortal de mí, eres parte de mi essentia.
Era su reflejo lo que había en la esencia de su resplandor. Era la luz en los ojos de Faillié: su ternura, la protección y sus buenas palabras, habían sido su amor. No entendía que era ella misma, su amor era el mensaje y Faith-el solo le enseñó a conocerlo.
―No entiendo nada ―dijo desconcertada.
Miraba a Faillié sin esa luz en los ojos, sin nada de la luz que la enamoró y, aun así, sentía que la amaba por sobre todas las cosas.
―Yo soy el amor ―decía Faith-el―. El amor puro, sin palabras mortales, sin ninguna expresión humana, soy la essentia del sentimiento. Soy invisible a los ojos de ustedes, lo inmaterial, lo bello, lo divino y lo inmortal. Soy un resplandor.
―Nunca te enamoraste de mí ―dijo, aún sin creerlo.
Se sentía traicionada.
―Eres el amor más fuerte, la última, si es que hubiera una lista. Eres lo más fuerte que se ha creado desde el principio. El amor más puro e inexplicable. Por eso, gracias a ti, mi misión en la Tierra ha terminado. Sabes que por ti… ―guardó silencio, pensando en todo el amor que ella tenía dentro y no podía explicárselo.
―Por mí, ¿qué? ―preguntó ante el silencio de Faith-el.
―Por ti se podría llegar a explicar el amor entre ustedes, los Mortales, o jamás llegar a entenderlo, hacerlo aún más inexplicable.
―Es triste.
Entendía el amor que Faillié le enseñó y lo sentía con fuerza pura, el problema era que lo sentía por ella. Podía desbordarlo en palabras, en gestos, en acciones, en todo. Lo sentía tan dentro que parecía quemarle.
―¿Es triste para ti sentir el amor? ―preguntó Faith-el sin entender.
―No, es triste que no seas mortal y poder explicar el amor en ti. Explicártelo a ti, sentirlo por ti… hablarlo para ti.
Faith-el se sintió relajada y confusa con su respuesta.
―Te encontré para enseñarte el amor ―dijo―. Mi mensaje quedó en ti.
Su misión con ella había terminado hace algunos días, desde entonces dejaron de verse. Faith-el experimentaba sus últimos días en la Tierra para regresar al Cielo y ser un guardián para las personas que había conocido. Su tiempo había terminado desde que ella conoció cuán grande era su amor por Faillié y ese amor debía transformarse en un amor inmortal para la persona que conocería después.
―Un mensaje… ―musitó con decepción.
Parecía increíble todo lo que estaba escuchando de Faillié. Seguía mirándola sin entender gran parte de lo que estaba pensando. No podía creer que lo que tenía enfrente no era real, ni siquiera podía imaginar a Faillié como un simple resplandor sin tener un cuerpo.
―¿Por qué te amo así? ―preguntó mirando a Faillié, pensando que no sería posible que pudiera amar a otra persona como la amaba a ella―. ¿Por qué tienes que irte?
―Yo soy el amor ―dijo Faith-el, para que entendiera por qué sentía el amor cuando estaba junto a ella. Si sentía amor era porque su resplandor estaba cerca, aunque ahora no fuera completamente una esencia o un mortal, podía sentir el murmullo de su resplandor.
―Pero yo soy tu amor… ―susurró con tristeza, sin que Faillié la escuchara.
Agachó su mirada. No soportaba el hecho de saber que su amor no podía ser correspondido por la persona que le hacía sentir lo inexplicable de su corazón. Miró su taza de café y volvió a su cabeza el recuerdo de cuando la vio la primera vez. Regresó su vista a Faillié y sintió unas enormes ganas de llorar al saber que la perdería para siempre, pero su corazón, a pesar de sentirse angustiado, no tenía tanta tristeza como para llorar. La miró acercar la mano a la taza de café. Sintió el calor intenso concentrarse en las yemas de sus dedos y como un impulso alejó rápido su mano. Alice se dio cuenta de su extraña reacción. No podía creer que todas esas veces que Faillié tomaba café, no sentía nada y no percibía el olor dulce que a ella tanto le gustaba.
Faith-el acercó su mano otra vez y empezó a sentir como su piel se acostumbraba al calor. Sus sensaciones empezaban a experimentar lo contrario al frío. Lo contrario al calor intenso que desprendía las llamas de un fuego vivo o lo caliente de las gotas del aceite quemando su piel. Sensaciones diferentes y tan iguales. Todo era caliente, templado o frío; liso, rugoso o suave. Sensaciones en su piel, en su cuerpo. Sintió la porcelana de la taza, tibia, lisa como el cristal y resbaladiza, también se sentía suave. Acercó la taza de café a su nariz y percibió con más fuerza el olor dulce, más que el de la vainilla, y aun así no causó en ella sentimiento alguno. Todo el lugar estaba impregnado de cafeína. Un olor suave, delicado, dulce, atrayente. Sabía que tenía que provocarle algo más que una sensación. Había sentido lo caliente del líquido, lo dulce de su aroma, había visto su consistencia liviana, su color oscuro antes de verterle el polvo en crema; después su aroma se volvió más dulce, de consistencia más pesada, dejó de ser tan caliente, dejó de ser tan oscuro. ¿Qué pasaría si lo probaba? Su lengua percibiría lo tibio, lo dulce y lo cremoso. ¿Lograría obtener algo más que simples sensaciones?
Había algo que Alice no entendía y se preguntaba el porqué era así. La expresión en el rostro de Faillié era la misma siempre, sus ojos parecían no asombrarse con nada, como si no hubiera sentimiento ni felicidad alguna. Su semblante parecía vacío, como si su cuerpo estuviera hueco, incluso no podía sentir el calor tibio que siempre desprendía de él.
―No es suficiente lo que estoy haciendo, ¿verdad? ―preguntó.
―Lo siento ―dijo Faith-el.
―Sientes, ¿qué?
―No puedo ser como eres tú. No soy un mortal, tienes que entenderlo… debes entenderlo.
―Tal vez, si me explicas mejor ―suplicó con tristeza.
No quería admitir nada de lo que le había dicho. Seguía esperando que en algún momento le dijera que todo era mentira. Esta vez dejaría que le explicara todo para que no se sintiera insuficiente con lo que estaba haciendo: tratando de darle momentos agradables a sus últimas horas en la Tierra como mortal.
Faith-el dejó la taza de café sobre la mesa y le dijo:
―No puedo tener una emoción o sentimiento alguno. Sólo puedo conocer las sensaciones de ustedes ―decía con voz serena y apagada―. No puedo ser un verdadero mortal como tú. No tengo una vida. No tengo alma. Sólo tengo un cuerpo aparente. Soy una essentia, un resplandor eterno creado desde el principio.
Intentó imaginar todo lo que le estaba diciendo. Por un momento podía entender e imaginarlo, pero era demasiado para su cabeza. Había oído de otros seres mágicos que podían existir en diferentes planos en la Tierra. En algún tiempo había creído en la existencia de los ángeles, sobre todo cuando Faillié se cruzó por su camino, pero no en la idea de creer en seres como las esencias… ni siquiera sabía lo que en verdad eran, no podía imaginárselo del todo.
―No entiendo, ¿por qué sólo puedes conocer las sensaciones? ―preguntó.
No podía entender por qué no podía tener emociones y sentimientos, ni siquiera en ese momento que era un mortal como ella.
―Porque al igual que tú, ahora tengo un cuerpo para eso ―decía―. No tengo una mente como la tuya para crear un estímulo de emociones y no tengo un alma para los sentimientos. Yo soy una luz, soy una essentia. Yo soy el resplandor del amor y es lo único que hay en mí: amor. No puedo conocer o sentir más.
―Así que sólo tienes sensaciones, sin emociones ni sentimientos ―dijo pensando que en verdad, por más que ella hiciera, Faillié nunca iba a sentir amor, ella era el amor.
Faith-el era la esencia que no podía sentir amor por un único ser, que no podía enamorarse y centrar el sentimiento en una sola persona.
―Soy la essentia. Ustedes los Mortales tienen la Cualidad de las sensaciones en su cuerpo, el Don de sentir emociones en su alma y la Virtud de los sentimientos, es ahí donde estoy yo, donde surge mi Esencia… de tu virtud.
Estaba cada vez más confundida. Creía que solo eran seres humanos, sin ningún otro propósito que existir. Nunca había creído que existiera algo más en el universo. Todo lo que estaba escuchando se le hacía irreal y mágico. Si todo se tratara de una broma, consideraba que era la mejor del mundo, que en lugar de reírse, la dejaría pensando en ello toda su existencia. Pero sabía que Faillié nunca se prestaría para algo así.
―No tengo un corazón como el tuyo para recrear la revolución de sensaciones que origina el verdadero amor ―terminó por decir Faith-el.
Sabía que no le bastaba todo lo que estaba percibiendo, podían gustarle las texturas de todo lo que tocaba, el aroma de todo lo que olía, los matices de todos los colores que existían. Podía preguntarse cómo se sentía las cosas que no podía tocar: las nubes blancas, las grises cargadas de lluvia, cómo se sentía el azul celeste del cielo; cómo explicar lo que no podía ser visible, como el viento, que lo podía sentir, pero no lo podía mirar. Podía sentirlo todo en la piel, pero no le recreaba una emoción como para sentirse feliz en un día soleado, sentirse nostálgica en un día lluvioso. No podía expresar una sonrisa en su rostro por el cosquilleo de lo agridulce del jugo de naranja o el adormecimiento de su lengua por lo frío de un helado de vainilla. No podía sentirse satisfecha por todo lo que comía. No podía esbozar un suspiro de paz por el aroma y lo dulce del café. No tenía emociones ni sentimientos. Las sensaciones eran insignificantes si no había una conexión de ellos con la mente y con el alma. Solo los mortales tenían la capacidad de hacerlo.
―¿No tienes un corazón? ―preguntó un poco asustada.
Recordó las veces en que dormía sobre su pecho y escuchaba su corazón tranquilo, tal vez un poco callado. Lo escuchaba agitado cuando sus sentimientos se desbordaban por amor. Sabía que escuchaba el corazón de Faillié. Sentía el ir y venir de su respiración.
―Era el reflejo del tuyo ―respondió.
Podía adivinar los pensamientos que le originaban sus recuerdos. Faith-el, como Faillié, solo poseía un cuerpo mortal aparente, solo era un vehículo, tal vez hueco por dentro. No cumplía con las mismas funciones de un mortal: no tenía hambre o sueño; no tenía sensaciones sobre su piel.
―¿Escuchaba a mi propio corazón? ―preguntó.
―Sí ―contestó Faith-el.
Ya no sabía qué pensar con todo lo que estaba escuchando. Todo parecía tan diferente a todo lo que había conocido antes de que su vida se uniera a la de Faillié. Había una parte de ella que creía en todo lo que estaba escuchando, pero había otra parte aún más grande que rogaba porque todo fuera una mentira.
―¿No sientes amor por mí? ―insistió.
―No ―respondió tajante sin contemplación alguna.
―¿Por qué?
―Yo soy lo que hace conectar las tres fuerzas que ustedes deben poseer. Lograr la armonía de las tres virtudes que ustedes los Mortales poseen para el amor, conectar sus sensaciones con las emociones y convertirlas en sentimientos. Yo soy la fuerza superior a sus sentidos, soy el principio del verdadero amor.
―No entiendo.
Faith-el no sabía cómo explicarle que su esencia hacía que los Mortales con virtud pudieran amar conectando todos sus sentidos en una primera vez. Hacía que escucharan su murmullo para volverlo eterno desde que sus ojos se reflejaban con tanta luz.
―La primera vez que me viste, la primera vez que miraste mis ojos ―dijo Faith-el.
Agachó su mirada trasladando sus recuerdos al día que se encontró a Faillié. Cuando miró sus ojos, todos sus sentidos parecía que habían despertado de un sueño profundo. El aroma que recordaba era el mismo que ahora invadía su sentido del olfato: el dulce olor del café. Cuando escuchó su voz, parecía la melodía suave que siempre resonaba tan callada en sus oídos. Al momento de sentir sus manos, sintió la calidez reconfortante, y cuando besó por primera vez sus labios, degustó el sabor inexplicable y puro del resplandor de su esencia. Fue cuando entendió a qué se refería con lograr la armonía y la conexión de los sentidos entre los mortales cuando lo hacían por amor.
―Es mi misión como essentia, hacer que tú me interpretaras como un mortal, con los sentimientos que los define a ustedes como seres humanos, pero conociendo la parte inexplicable de mí ―decía Faith-el―. Armonizando tus sentidos con el verdadero amor.
Acercó su mano a la de Faillié, pensando que no podía sentir nada por ella… ni un sentimiento mortal. Miró sus ojos y parecía que estaba viendo a una persona que apenas había conocido. Su mirada no mostraba nada, seguía con esa profundidad sombría y misteriosa, sin la luz que muchas veces vio en sus ojos. Retiró su mano sin tener el valor de saber qué sentiría con su contacto. Sin imaginar que Faillié no sentía nada cuando la abrazaba, cuando la acariciaba o cuando sus labios tocaban los suyos. Ahora le parecía falso todo el amor que pudo sentir en sus palabras, pero al mismo tiempo le parecía lo más extraordinario que le había pasado. Un amor tan misterioso. Sublime.
―¿No eres mortal?
―No.
―¿No eres como yo?
―Soy la mejor parte de ti ―respondió.
Le parecía tan fantástico todo, que pensaba no lo merecía. Dirigió sus dedos a la mejilla de Faillié. En un segundo se armó de valor. Recordó cuantas veces le demostró su amor con caricias y con miradas. No quería rendirse y creer que lo que sentía no era real.
―¿Lo sientes? ―preguntó, mirando su mano en la mejilla de Faillié.
―Sí, lo siento.
―¿Lo sientes? ―volvió a preguntar mirando sus ojos, para que le dijera que lo sentía como un sentimiento y no como una sensación. Quería saber que lo sentía en su corazón y no solo en la piel de su cuerpo.
―Es suave ―dijo.
Quitó su mano al saber que Faillié solo percibía la sensación. Miró su taza de café y, por primera vez, ninguna de las dos le había dado ni siquiera un sorbo.
―¿Eres inmortal?
―Sí.
―¿Entonces sería tonto preguntar cuántos años tienes? ―dijo, y disimuló una sonrisa.
No era tonto, se creía tonta por siquiera pensarlo. Quería eliminar la tensión que sentía. Qué más podía preguntarle si ya le había quedado claro por qué no podía sentir amor por ella. Aceptar la respuesta era todo lo que importaba. Entender quién era Faillié era lo que necesitaba.
―Sería ―respondió―. He existido desde siempre.
―¿No tienes edad?
―No. Soy una essentia. Creada desde el principio de toda la existencia.
―Y eso es mucho tiempo ―dijo en un suspiro ahogado.
―Sí.
―¿Siempre has estado así? ―preguntó, por un momento sus ojos se detuvieron es su aspecto físico.
―Sí.
Esbozó una sonrisa ligera. No sabía si no le daba explicaciones más profundas porque creía que no iba a entender o simplemente no necesitaba algo tan obvio. Recordó al señor al que fueron a visitar. Cuando le enseñó la fotografía no hubo sorpresa en su rostro, se había dibujado en él la felicidad más extraña, la más pura. Incluso sintió que todo alrededor había cambiado, se había llenado de luz con el simple hecho de estar hablando de ella. El hombre la recordaba como la conoció hace tantos años, pero fue como si los recuerdos hubieran surgido de golpe, por primera vez.
―Como el amor… ―murmuró.
Miró una vez más su taza con café, había dejado de desprender el humo, estaba frío. No creía en las vidas pasadas ni que todo estuviera marcado por un destino. ¿Cómo podía creer lo que estaba escuchando ahora?
―¡¿Conoces la lluvia?! ―preguntó emocionada. Recordó las muchas veces que ella miraba atenta la lluvia, como si fuera algo sorprendente―. No te puedes ir sin conocerla.
―Hoy no lloverá ―aseguró mirando el cielo.
Alice sacó unas cuantas monedas de su bolsillo y las dejó sobre la mesa. Las tazas de café quedaron llenas, frías y dulces. La tomó de la mano y la llevó lejos de la cafetería. Ya era muy tarde y sabía que pronto tendrían que despedirse. Tendría el valor de dejarla ir.
En un suspiro le dijo:
―Por ti haré llover.

1 comentario:

  1. No he leído las partes anteriores. Creo que iré de retroceso. Aún así, con lo poco, me llevó a recuerdos lejanos que no pensaba, volverían.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.