"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

7 de mayo de 2012

V
Apartó su mirada y se alejó sin decirle nada, sin entender por qué estaba sintiendo el amor tan fuerte en su corazón. Caminaron por mucho rato sin decir palabra alguna, parecía que el silencio era la mejor explicación que le podía dar a sus sentimientos. Faillié la seguía pasos atrás, no sabía de qué manera hablarle, cómo hacerle entender que en verdad no estaba enamorada de ella. La sensación de su estómago ya había desaparecido sin que se diera cuenta de cuándo se fue. Se dio cuenta que había sensaciones que no eran tan importantes como para enfocarse en ellos tanto tiempo. Dejó de presentarle atención al calor que se acumulaba en su cuerpo, al viento fresco que despeinaba su cabello, dejó de sentir la fricción de la tela de su ropa sobre su piel, ya no le importaba sentir lo duro del asfalto bajo sus pies. Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta. La cámara la tenía a su espalda, sólo sentía como iba chocando contra ella en cada paso que daba. No le molestaba, después de unos minutos ya no lo percibía como algo importante. No entendía que las sensaciones, para ser reales, para originar algo real y verdadero, necesitaba de las emociones y de los sentimientos. No podía causarle molestia el golpeteo de la cámara en su espalda, era una emoción que nunca iba a percibir.
Llegaron a un parque donde varias veces iban en sus citas como pareja. Habían caminado por mucho tiempo. Alice pensó que en algún momento, al voltear, ya no la iba a encontrar. Esperaba a que sucediera. Esperaba, casi lo deseaba, que de la forma en que apareció en su vida así se fuera de ella. No quiso voltear mientras caminaba.
Recordó todo el tiempo que estuvo con Faillié. Los sentimientos eran tan bellos y mágicos, que siempre consideró que serían eternos. Ni siquiera recordaba el punto en que decidieron terminar su relación. Solo había pasado como si fuera parte de todo lo que debía ser. No recordaba nada o el porqué, pero un día solo despertó y se dio cuenta que sus sentimientos hacia Faillié jamás se habían ido y estaba segura que nunca podrían irse. Se sentó en una de las bancas bajo el árbol más grande y frondoso del parque. Faillié se alejó un poco de ella, pensaba que tal vez necesitaba espacio para que pudiera entender las cosas.
Miró a Faillié, que estaba de espaldas mirando al cielo. Cómo podía explicarle lo que sentía por ella, pensaba que no había nada en su interior que sentir, solo de una cosa estaba segura que era verdad… no sabía cómo, no sabía por qué… pero ahí estaba, ahí lo sentía.
―Te amo ―dijo, sin sentir otra cosa más que su amor por Faillié.
Faith-el volteó a verla, caminó hacia ella y se sentó a un lado para explicarle lo que en verdad debía hacer.
―No es a mí a quien debes amar ―dijo Faith-el mirando a las personas que había en el parque. Algunas parejas enamoradas estaban cerca de ellas. Regresó su vista para seguirle explicando y que entendiera cuál era su camino ahora―: En alguna parte está la persona que amarás siempre y esa persona te amará a ti. Ahora debes esperar a que llegue, porque llegará el verdadero amor a ti, estás destinada a eso.
―No lo creo ―dijo.
Miró a una pareja de novios y se quedó pensando si lo que le contaba Faillié era cierto o solo quería alejarla de su vida sin causarle más sufrimiento ante su ausencia.
―¿Conociste a cada uno de ellos? ―preguntó, para saber si fue responsable de cada una de esas uniones.
―No ―respondió segura―. No muchos nacen con la virtud de escucharme y poder conservar el murmullo de mi resplandor por siempre… y sólo sienten, pero sin sentir lo verdadero de mí, lo que es mi essentia y mi resplandor ―aseguró Faith-el.
―No entiendo.
Se preguntaba qué era entonces lo que sentían. Ella misma no podía explicárselo, había tenido la virtud de conocer el amor, de escuchar su murmullo y era lo único que sentía en su interior. Así que no podía entender por qué las persona seguían juntas si en verdad no sentían el amor verdadero. No sabía qué sentimientos albergaban entonces en su corazón.
―He enseñado el amor a varios de ellos ―continuó Faith-el mirando a algunas parejas que habían conocido a las personas con virtud. Podía sentirlo en sus corazones, como si fuera un pequeño resplandor dentro de tanta confusión que significaba ser un mortal. Recordó tiempo atrás de su misión, donde les había enseñado el amor a otras personas para que compartieran el sentimiento, no necesariamente siendo solo amor.
Continuó:
―Pero no en realidad a ellos, sino a las primeras personas quienes les enseñaron a amar de verdad, a uno de sus padres, a uno de sus abuelos… y ellos, enseñaron a sus hijos el amor. El verdadero, siempre el verdadero amor y eso les ayuda a sentirlo, aunque no me hayan conocido directamente a mí ―intentó explicarle, pero era complicado expresar el amor. Ni siquiera Faith-el como esencia, como ella misma, podía explicarse.
―¿Me quedaré con la siguiente persona que conozca? ―preguntó, sin siquiera sentir la emoción de poder enamorarse otra vez como creía estarlo de Faillié. Sabía que no podría hacerlo, no podría trasladar el sentimiento de amor que había en ella a otra persona.
―A veces no siempre funciona así, no siempre ―siguió intentando explicar―. Hay algunos Mortales que me sirven como comúnmente lo llaman ustedes: Cupido… mensajeros nada más.
Alice volteó a verla extrañada y preguntó:
―¿Cupido no existe?
―¡Claro que existe! ―expresó sorprendida, al ver que sí creía en él y no como muchos humanos no lo hacen―. Cupido es un mensajero a órdenes del arcángel Aniel. A veces es travieso entre ustedes y les da un mensaje desatinado del amor, mucho más a los Mortales no nacidos con virtud. Cupido en verdad es un niño alado, no puedo esperar más de él, aun así, es un mensajero. Yo soy el mensaje y tú eres mi mensajero desde que te conocí, para eso te conocí, para prepararte y enseñarte el amor.
Suspiró aún más confundida por lo que acababa de escuchar. Cómo podía transmitir el mensaje de un sentimiento que se le estaba negando.
―Si eso es verdad, si tú existes, si Cupido existe y todos hacemos una cadena para enseñar el verdadero amor, ¿por qué aún hay tanto dolor por desamor?
Faith-el tenía que contarle las dos caras de la moneda, la dualidad que ha existido desde siempre.
―Porque al igual que yo, también hay essentias oscuras y ambiguas en el mundo, sentimientos, como ustedes les llaman: rancor-ellu, invidia-ellu, supervia-ellu, monotony-ellu, dubio-ellu y muchos más un poco menos poderosos, cada uno de ellos en essentia, pero en diferentes resplandores. Diferentes murmullos…
No entendía en que idioma estaba hablando, distinguía que era latín pero no estaba segura de ello.
―¿De qué hablas? ―preguntó―. No entiendo las palabras que dijiste
―Son resplandores, somos essentias de luz o de oscuridad ―decía―. Lo que para ustedes los Mortales son sentimientos: rencor, envidia, soberbia, orgullo, deseo, miedo; emociones como la monotonía, la frustración, apatía, despecho, costumbre, duda y muchas más. Ustedes nos escuchan, es nuestro murmullo como esencias ―guardó silencio y después continuó, esperando que pudiera entender de lo que le estaba hablando―: No son tan fuertes por separado, hay ángeles guardianes que ayudan a los humanos a superar a cualquiera de ellos, incluso a veces los Mortales por sí solos pueden superarlo. Pero aún no existe ese único ser poderoso que pueda terminar con el amor, aún nadie ha muerto con tanta rabia por amor… porque eso simplemente no podría suceder nunca, porque vives o mueres por amor. Es por eso que el amor, yo, aún puedo sobrevivir en el mundo, aunque la mayoría de ellos no pueda conservar el murmullo de mi voz.
―No estoy entendiendo, en realidad no entiendo nada ―sonrió más tranquila―. ¿Eres un ángel?
―No.
―¿No eres un ángel?
―No soy un ángel. Soy el principio, mi vibración está más allá que la de un ángel ―Faith-el trataba de explicarle de una forma que incluso ella misma entendiera―. Antes de crearse todo sobre la Tierra y el Cielo, primero fuimos las essentias, los resplandores, los murmullos… las estrellas.
―¿No tienes alas entonces? ―preguntó, intentando imaginar cómo sería una esencia.
―No. No tengo alas, soy un resplandor… una luz eterna.
―Una luz eterna…
―Terminando mi misión en la Tierra se me otorgara mis alas para cuidar lo que enseñé, como si fuera un ángel guardián para ellos y para ti. Pero mi vibración sigue más allá de ángeles y arcángeles, como tú los conoces.
―¿Te irás?
―Sí.
―¿Al Cielo?
―En el Cielo yo seré un guardián…, tu guardián.
―¿Eres? ―intentó preguntar sin saber qué palabras usar.
Faith-el se levantó con gracia y fuerza, como si su esencia se hubiera extendido para darle ese halo luminoso de su gracia divina y su principio.
La miró y le dijo:
―Soy el resplandor eterno del amor. Soy el conjunto de las essentias, de lo que ustedes, los Mortales, llaman emociones y sentimientos. Essentias como la dulzura, la ternura, la bondad, el alivio, la paz, el valor… todo lo que te hace sentir con fuerza el verdadero amor.
―¿Eres la esencia?
―Yo soy el amor. Soy el principio sin final. Yo soy la verdad ―dijo Faith-el―. Soy la essentia pura de cada uno de esos sentimientos. Yo soy el principio de todo lo existente.
―La gracia divina… ―dijo, sin explicarse sus propias palabras, pero entendiéndolo todo y complicándolo todo aún más.
―Sí ―contestó Faith.
Parecía que el tiempo se estaba haciendo más lento a sus ojos. Las personas pasaban, deambulaban en un ir y venir sin darse cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor. Se sentía extraña escuchando una historia poco creíble para su entendimiento. Los momentos que había pasado a su lado eran tan extraños como lo que le estaba contando. Habían sido rápidos a su memoria, pero en cada uno de ellos, en el cada día a día, parecía que todo se quedaría ahí, todo consumido en la eternidad. ¿Dónde estaba todo lo que había vivido con ella? ¿Adónde se había ido ese tiempo vivido a su lado? Se preguntaba por qué no podía regresar al primer día y hacer que su mundo no pudiera seguir su marcha, que se hubiera congelado para siempre ahí. Deseaba que su vida entera terminara en todo lo que estaba sintiendo justo en su mirada, en su primer mirada. No le importaba que no existieran recuerdos. Solo quería tener uno, uno donde nunca pudiera dejarla.
―El amor ―dijo en un suspiro de fastidio.
Por un momento se sintió harta de haberse perdido completamente en un sentimiento que pensó no había disfrutado como debía hacerlo. Sentía que le había faltado dar más, que no era justo que ya todo hubiera terminado cuando su corazón se sentía tan lleno para darle más de lo que debía dar. Se sintió impotente al dejar pasar tantos minutos y tantos días sin poder darle todo de ella.
Regresó su vista a Faillié y pudo entender por qué su corazón hizo que todo su mundo siguiera su marcha sin detenerse, a pesar de que muchas veces sintió que se detuvo. Quería su mirada todos los días transcurridos, quería sentir sus brazos en las noches de frío. Todo en ella la buscaba; su sonrisa que le contagiaba a sentirse feliz y segura. Tenía sus palabras que le daban paz a su corazón y a su alma. Quería saber que aun con el pasar del tiempo, Faillié siempre estaría a su lado, por eso dejó que todo continuara, porque sabía que no existiría un final entre las dos. Su mundo había continuado, pero siempre lo hizo en torno a ella. Sus recuerdos estaban depositados en todo el amor que sintió. Faillié se había robado su tiempo, pero siempre lo había hecho de una manera que parecía jamás iba a importarle. Sabía que se lo volvería a dar, todo el tiempo que ella quisiera, siempre le daría su eternidad en pequeños instantes.
Faith-el volvió a sentarse a su lado. No era una esencia ahora y no podía hacerle saber cuál era el resplandor de su murmullo. Podía decirle muchas cosas para que entendiera el origen de su misión. Sabía que lo entendería, porque estaba destinada a ello.
Suspiró un sinfín de veces, quería despertar del sueño tan extraño en el que estaba. Deseaba abrir los ojos y encontrarse con Faillié a su lado, o salir corriendo a buscarla, para abrazarla y decirle que había tenido el sueño más extraño del mundo. Pero sabía que no podía haber dormido ya por mucho tiempo, ni siquiera podía continuar con el mismo sueño; ya se hubiera despertado porque no le gustaba, por muy hermoso que fuera, no le estaba gustando el desenlace que le estaba dando. Lo que tenía a su alrededor era todo lo que estaba viviendo en su realidad.
―¿También eres responsable del amor a nuestros padres, hermanos o amigos? ―preguntó, intentando desahogar el nudo que sentía en la garganta. Quería olvidarse de todo lo que estaba sintiendo en su corazón. Perseguía encontrar un refugio en sus palabras, un atisbo de creer, de imaginarse, que todo lo que estaba sintiendo por Faillié era una confusión, o un error que podría remediar. Deseaba tanto que fuera así, pero entre más lo quería, su corazón se negaba aún más―. ¿Eres responsable de un amor así? ―preguntó intentando traer a ella una esperanza.
―No ―respondió Faith-el―. Yo soy el amor, el que sientes por la persona que siempre amarás, ajena a ti, ajena a tu sangre y atada a tu destino, a tu eternidad.
Su respuesta hizo que su esperanza ni siquiera llegara a proyectarse con la fuerza que ella necesitaba. Sabía que la amaba.
―¿No es amor entonces lo que sentimos por ellos?
―No ―aseguró―. Ustedes los Mortales escuchan a muchas essentias de luz. Tus padres te dan armonía, seguridad, ternura y un sinfín de emociones y sentimientos. Al igual que tus hermanos o amigos. Puedes escuchar a las essentias ambiguas y oscuras también. Puedes sentir enojo, envidia, resentimiento y otros sentimientos negativos hacia ellos en algunas ocasiones; puedes perdonar sus ofensas o no. Mi murmullo solo trae a ti amor hacia una única persona en todo el Universo. En ese instante el amor está ahí y podrá estarlo para siempre. Y cuando me escuchas, también escuchas los murmullos de essentias como la ternura, la bondad, la paz y muchas más essentias, solo de luz. Es la diferencia en mí, cuando escuchas mi voz las essentias ambiguas y oscuras dejan de murmurarte su resplandor. Ya no las escuchas…
―No es amor ―murmuró.
Asimilaba poco a poco todo lo que Faillié le estaba diciendo. Estaba confundida con tantas cosas, pero de una cosa ya estaba más que segura, mucho más que de la primera vez que miró sus ojos: la amaba.
Faith-el se levantó y le dijo:
―Yo soy el amor.
Alzó su mirada para verla. Si la miraba, lo que decía tenía tanto sentido. Pensaba en el cariño que sentía por otras personas y nada se comparaba con lo que estaba sintiendo por Faillié. Había una línea muy gruesa para diferenciar cada sentir, mas nunca la había visto tan clara ante sus ojos.
Se levantó y miró al cielo. El sol estaba a la mitad del firmamento anunciando el medio día ya. Se dio cuenta que el día era diferente, más claro, el cielo más azul, las hojas de los árboles más verdes, el semblante de las personas más pacíficas y amorosas. Todo era perfecto a su alrededor. La presencia de Faillié siempre le hacía ver todo hermoso y lleno de luz desde que la conoció. No estaba segura de todo lo que sentía ahora, debía estar triste, desesperada. Lo podía sentir y a la vez no lo sentía. Había algo en su interior que no la dejaba sentir todo el vacío que estaba segura debía sentir al saber que Faillié no volvería a corresponder sus amor.
―¿Tú provocas esto? ―preguntó, cuando sintió una paz enorme con todo su entorno.
―Sí.
Alice suspiró ante una respuesta tan simple, que tal vez no necesitaba una explicación más compleja. Lo entendía, pero quería entender más. Aceptar lo que estaba viviendo.
―¿Cómo lo provocas?
―Yo soy parte de tus emociones y sentimientos ―explicaba Faith-el―. Si ustedes amaran de verdad, el mundo sería diferente y mejor. Todo sería perfecto para vivir en la Tierra y para estar nosotros entre ustedes.
―¿Y por qué no conocer a todos? A cada uno de nosotros ―preguntó, sabiendo que en verdad no todos amaban con pureza y eso hacía todo doloroso a veces.
Faith-el esbozó un suspiró ligero, poco perceptible, recordó que en algún momento sí intentó conocer a cada una de las personas sobre la Tierra, en otra de sus vidas. Por un momento intentó cambiar el sentido de su misión. Pero se dio cuenta que no todos regresaban con la esencia aprendida y los que regresaban con ella, poco a poco iban perdiendo la inocencia de amor puro por los actos crueles de los humanos, y al final tenían que ser como todos para sobrevivir en un mundo que muchas veces era injusto con las personas buenas. Por eso transformaban su verdadera esencia y se volvían Mortales simples y comunes. Faith-el quiso luchar contra eso, no quería creer que no todos podían conservar el murmullo de su esencia, pero se dio cuenta que sí se necesitaba mucho más que solo ser un mortal. Nadie podía escapar a su destino. Desde entonces, Faith-el solo buscaba la verdadera luz en las personas, a las que nacían con la virtud de un alma inmortal pura y a ellas les enseñaba el amor, porque sabía que su resplandor no se apagaría tan fácil en la Tierra. Su resplandor no se apagaría nunca y traerían por siempre el mensaje del verdadero amor vida tras vida.
―No es fácil ―explicaba Faith-el―, son muchas vidas, por eso enseño el verdadero amor a varias personas y ellas tienen que transmitir el mensaje que les di. Después podría ser como una burbuja. Si amas de verdad a una persona, harás todo lo posible porque todo a su alrededor sea bello y perfecto. Un mejor entorno y mejores personas a su alrededor. Y si otra persona ama a otra, hará lo mismo y se formarían burbujas, que juntándose todas, haría una más grande. Protegerías a la persona que amas haciendo que los demás sean buenos ―terminó de decir, para hacerle entender la misión que ahora tenía.
―Y todo en verdad… en verdad sería bello en el mundo ―suspiró.
―Sí ―contestó Faith-el—. Cuando te enamoras de verdad y conservas el murmullo de mi resplandor, eso hace que siempre escuches con más fuerza el murmullo de las essentias de luz.
—Por eso todo es más lindo —suspiró, recordando los primeros días de cuando la conoció. Todo, desde entonces, era hermoso a su lado, a pesar de las cosas malas que ocurrían en su entorno, y que oscurecían su vida, siempre había algo que le hacía ver la luz a lado de Faillié. La consideraba más que una esperanza para cambiar todo lo que le hacía daño.
Cuando los Mortales escuchaban el murmullo de Faith-el, las esencias de luz se presentaban con más fuerza en los humanos, por eso ellos podían perdonar más fácil. Encontraban la paz en su corazón y muy difícilmente se dejaban llevar por el rencor. El amor era la estabilidad de todos sus sentidos, de sus emociones y de sus sentimientos.
Recordó las veces que Faillié la resguardaba de todo. Le explicaba por qué algunas cosas podrían funcionar mejor con un poco de amor, generosidad y humildad. Hacía que todo en su entorno fuera algo que cambiara para bien, no solo de ella, sino de todas las personas. Pensó más a fondo en su relación y recordó que Faillié no arrojaba hacia a ella sentimientos de amor, no de un amor como lo da cualquier persona enamorada, era un amor más simple y profundo. Faillié la cuidaba y hacía de su entorno algo seguro. Le mostraba algo más que amor, algo más allá de todo lo que cualquier persona daba por amor. Siempre la recordaba así, algo lleno de luz y paz, pero no tanto como amor, no como ella lo conocía antes de encontrarse a Faillié. Su amor era tan diferente y totalmente extraño. Nunca se dio cuenta de lo más grande que había encontrado. Desde que la miró la primera vez, sus sentimientos se quedaron ahí: justo en la cumbre del verdadero amor. Creía no necesitar de algo más, sentía que lo tenía o podía tener todo. Solo vivió el amor a lado de Faillié, sin pensar que en algún punto de su historia tendrían que separarse para siempre.
―Yo soy el amor ―dijo Faith-el, sin entender por qué no podía aceptarlo.
―Pero, tú… yo…
Intentó decirle lo que sentía, pero cómo hacerlo si no podía siquiera coordinar palabra alguna. No encontraba las palabras perfectas para hacerlo y lo único que quedaba era el sentimiento. Suspiró y le dijo, entendiendo lo que Faillié era, lo que nadie podía explicar:
―Tú eres el amor, las palabras innecesarias e insuficientes. Eres las palabras inexistentes con las cuales solo se podría explicar el amor, con las que podría explicarte a ti.
Miró al suelo con tristeza, sabiendo que como mortal no poseía la virtud de amar a Faillié, de sentir amor por una esencia, por alguien que aún no entendía quién era.
―Y tú serás las palabras necesarias, suficientes y existentes en el mundo para poder interpretarme a mí ―le dijo sabiamente, recordándole su mortalidad y que debía transmitir el mensaje.
Regresó su vista al rostro de Faillié, seguía irradiando la paz y seguridad, la bondad y pureza, que siempre sentía a su lado. Aun así, haciendo a un lado todas las emociones, sintió el amor más profundo por ella, sabía que era amor porque no podía explicarlo. Era Faillié, simplemente era ella la que le provocaba todo en su interior. La recordaba frágil, que incluso la sobreprotegía y la cuidaba como si fuera algo que se rompería con cualquier cosa. No se daba cuenta que era un reflejo de lo que le estaba enseñando y que era parte de lo que debía darle a la persona que amaría después de Faith-el: su protección, la forma pura y verdadera de su amor.
―Si es así… si todo acabo. Si nuestro tiempo se terminó y debo buscar a alguien más que a ti ―miró otra vez todo lo que había a su alrededor y volvió a ver todo perfecto dentro del caos que era el mundo. Volteó a verla con una tierna sonrisa dibujada en su rostro y sin pensarlo le preguntó―: ¿Por qué me sigues provocando lo mismo?
―Yo soy el amor ―sugirió Faith-el.
―Ahora no lo eres. Eres mortal como yo y así te amo.
Faith-el no dijo nada, en realidad no se explicaba cómo podía decirle esas palabras. No podía en realidad amarla a ella, era más que imposible que un mortal pudiera sentir amor por una esencia. Su mensaje había sido claro durante mucho tiempo. Las personas habían entendido que debía terminar, que debían continuar sin ella. Era parte de su mensaje, entregarles el valor de seguir en un mundo tan complejo.
Sus palabras eran reales en su lenguaje mortal. Podría decirlas a otra persona, a la persona que amaría después de Faith-el, sus palabras estaban destinadas a su amor. Era imposible que la amara a ella. No debía. No podía. No era permitido. Jamás podría ser un sentimiento entendible o explicable, ni para Mortales, ni para los seres divinos.
―Escucha, por favor, hay cosas ―intentaba decir Faith-el―, muchas cosas inexplicables que debes…
―¿A qué hora te irás? ―preguntó, como si le hubiera dicho que se iría de vacaciones por unos días.
―Al atardecer, cuando el sol deba ocultarse.
―Creí que te darían hasta la media noche como a la cenicienta ―dijo sonriendo, pero Faith-el no entendió el mensaje de sus palabras, mucho menos la gracia de ellas.
―Escucha… ―intentó decir otra vez.
Las palabras adecuadas no las hallaba para que ella entendiera cuál era su misión.
―¿Qué quieres hacer hoy? ¡Tengo ganas de comer helado y de ir a bailar! ¡Vamos a nuestro lugar favorito! ―decía, con las ganas de no pensar en que ella se iría para siempre. No tenía ganas de pensar que lo que estaba sintiendo no era cierto y mucho menos quería creer en todo lo que Faillié le había dicho. No quería que fuera verdad y saber que su amor no era para ella―. Solo quédate conmigo ―terminó por decir un poco triste.
―Escúchame…
―Hasta que tengas que irte ―interrumpió, suplicando con desesperación―, déjame estar contigo.
Faith-el aceptó el trato, esperando que entendiera que tenía que dejarla ir porque era su destino. No comprendía mucho sus sentimientos mortales. Y ella no entendía lo que Faillié representaba como esencia.
La llevó a los muchos lugares donde estuvieron juntas, pensado que de esa manera no se atrevería a dejarla. Pensaba que Faillié posiblemente le estaba jugando una broma muy cruel. No quería creer lo que representaba para ella y para el Cielo. No cabía en su cabeza nada de lo que estaba viviendo.
Le enseñó la sensación del sol por la tarde, que no era tan cálido como en la mañana, sino más intenso y fuerte como lo era su resplandor. El sofoco que le causaba llegó a percibirlo como insoportable. Sintió como su piel se quemaba y se ponía roja en sus brazos cuando estaba más tiempo bajo los rayos directos del sol. Llegó a apreciar el paso de las nubes en el cielo, podía sentirse fresco en ocasiones. Conoció el frío en todo su cuerpo cuando la llevó a patinar sobre hielo y resbaló varias veces, ya que nunca, en todos sus años en la Tierra, pudo aprender a hacerlo. También sintió la misma sensación en su boca cuando comía su, supuestamente, helado favorito, que en realidad jamás lo había probado, solo fingía que le gustaba el sabor a vainilla.
―Es… ―intentó decir Faillié, pero el nombre de las sensaciones se agolpaban sin entenderlas tanto.
―Frío ―le dijo con tristeza.
Era frío, pegajoso, dulce, mojaba y adormecía un poco su lengua. Su aroma le llegaba a la nariz, le invadía su olor un tanto empalagoso de lo dulce de la vainilla. Su color amarillo era claro, un poco menos intenso que el jugo de una naranja. Sus sabores eran totalmente diferentes, como sus aromas y también la intensidad de sus colores. Su consistencia era diferente; el jugo de la naranja le pareció más fácil de ingerir. Por un momento llegó a creer que su sabor sería el mismo, o por lo menos algo parecido. Todo era diferente y extraordinario. Era distinto a lo que se imaginaba. El color trigueño del cabello de Alice le pareció hermoso, con los mechones dorados que les daba el reflejo de los rayos del sol. Podía percibir su aroma, distinto, indescifrable, único. Sentía el calor que emanaba su cuerpo, lo suave que era su piel. Su voz la notaba diferente ahora que tenía sensaciones, las vibraciones que llegaban a sus oídos eran distintas. Pero lejos de maravillarse con los aromas, las texturas, los sonidos, con los sabores y con los colores, no le provocaban nada más que sensaciones.
Alice no comprendía cómo podía actuar así, como si fuera la primera vez que estuviera experimentando todo. Quería pensar que era mentira lo que le había contado sobre su esencia, pero le causaba más pesar creer que todo lo había inventado para alejarse de ella para siempre. Quería que todo fuera una mentira y la vez no lo quería así. Muy dentro sabía que nada de lo que estaba pensando era cierto. Faillié nunca actuaría de esa manera con ella, jamás sería capaz de decirle una mentira y mucho menos lastimaría su corazón. Se preguntaba la razón del porqué tenía que dejarla. ¿Por qué su amor no podía ser válido si ella lo sentía tan fuerte en todo su ser?
Miró a Faillié atenta a sus sensaciones mortales.
―No me dejes.

1 comentario:

  1. La bella durmiente, eso pensé cuando levantaron a la princesa con un beso...mismo cuento de hadas...:)....Me gustó, fue gracioso.
    No recordaba haber leído esto antes. Esta es la historia de "el vuelo", verdad?...solo que le has cambiado de nombre.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.