"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

22 de febrero de 2012


I

Escucha mi voz, escúchala tan en silencio y conserva el murmullo de mi resplandor por siempre. Siente lo inexplicable de mí aunque no lo puedas entender. Si me escuchas lo sentirás tan fuerte dentro de ti que jamás podrás olvidarlo. Porque cuando amas de verdad percibes los murmullos de las esencias de luz, de lo que ustedes, los Mortales, llaman: Sentimientos.

Escucha el murmullo del resplandor de mi essentia…

Escucha mi voz.

***

02.00.12

El cielo estaba colmado de un manto gris azulado, la densidad de las nubes parecía caer sobre la tierra. Soplaba el viento, anunciando quizás una brisa ligera al llegar la tarde. Era una batalla entre la naturaleza: dejar que el sol continuara dando luz o permitir que las nubes lo eclipsaran por completo. Se veía el azul celeste entre los huecos de las nubes, pronto descargarían una inclemente lluvia. El sonido se acumulaba en todas partes, por cada rincón del mundo: el tráfico que provocaban los automóviles sobre las aceras, las voces de las personas por la calle y la armonía de la naturaleza de todo lo que existía. Todo parecía normal. Se fundían un millar de olores, fragancias y aromas, haciendo un festín por toda la brisa del viento. Había miradas que colindaban en la eternidad; miradas furtivas; miradas indiferentes y errantes. Se mezclaban las voces perceptibles, algunas en armonía y otras rayaban en el ruido molesto y tedioso, mezclado con la ciudad, sin importancia, sin transcendencia. Había conexiones, roces fugaces e insensibles, todo era parte de lo cotidiano. Había sabores inconfundibles, agradables y desconocidos. Cada uno de los sentidos se admiraba, se distraía o ignoraba todo lo que podían percibir. El olfato, la vista, el oído, el tacto y el gusto; cada uno de ellos buscando una sola conexión: el amor.

Descendía hacia la Tierra un inmenso resplandor, como una estrella lejana que escapaba sin prisa del cielo, esperando hacer de la Tierra un hogar placentero para ella misma. Era imperceptible al ojo humano, imperceptible a la mirada de aquellos que no merecían conocer su resplandor ni su esencia. El tiempo parecía detenerse cada vez que sus alas se batían con suavidad entre el viento. La luz del sol que se filtraba entre las nubes se veía velada ante su resplandor, pero era su camino, su guía, como si siguiera el trayecto de un arco iris. La Tierra, por ahora, sería su destino. Parte de los Mortales fue su misión: debía protegerlos de la fuerza más grande que se apoderaba de sus decisiones. Era una lucha entre Luz y Oscuridad, donde el Bien y el Mal empezaban a tomar partido. Y si alguno de los dos tomaba ventaja en su lucha, el Universo se vería volcado a un caos incontenible. La destrucción de todo lo que existía sería el destino, tan inevitable como lo fue su encuentro; un encuentro que logró cambiar el orden del Universo y el curso de lo escrito por el Destino. Lo ocurrido tuvo tal potestad sobre lo creado que consiguió cambiar la Eternidad, el Destino, en conjunto con el balance cósmico.

Sus alas se agitaron cada vez más suaves, dejando que el viento siguiera su marcha sin interponerse en su trayectoria. Tenía que ser cuidadosa con lo que pretendía, cualquier movimiento mal calculado podría ser su destrucción. Las plumas de sus alas parecían vibrar de miedo, presentían el peligro.

Se reclinó con suavidad y sutileza a su cuerpo. Su resplandor se disipó para que no sintiera su presencia y el calor de su esencia. Sus alas blancas, con matices dorados a la luz del sol, se extendían con gracia para poder mantenerla a flote. Se acercó tanto a su rostro que pudo sentir su vibración ―inhalar algo parecido a un aroma, como la de un mortal―, una vibración que a su esencia no le agradaba percibir; era el aroma del odio, del rencor, de la monotonía y de cualquier emoción que los humanos podían sentir para terminar con el sentimiento del amor.

Hate-ellu descansaba en un mundo que ya casi le pertenecía por completo, sentía que no había nadie quien pudiera detener toda su gloria y poder. Su sola presencia podía sofocar a un corazón enamorado cuando sus palabras lo quisieran; así era ahora: la parte contraria de lo que alguna vez llegó a sentir con toda la fuerza de su ser. Su esencia era tan gélida que sus manos frías podrían apagar la existencia de Faith-el con rozarla un poco. Lo sabía, por eso no podía tocarla aunque quisiera y fuera lo único que hubiera en su necesidad como esencia. Incluso, con el simple hecho de mirar sus ojos, podría terminar con su existencia, porque al reflejarse en ellos se perdería en un vacío de melancolía y desesperanza. Faith-el era incapaz de soportar sentimientos oscuros debido a su vibración y a su esencia de luz. Su principio se había forjado para percibir buenos sentimientos y para transmitir a los mortales con virtud, en su murmullo, una sola esencia: amor.

A Hate-ellu le era difícil verla, su vibración era menor y estaba en la oscuridad completa de su esencia. No tenía la oportunidad de ver el resplandor de cualquier esencia de luz. Se le impedía ver más allá de su vibración menor, pero sus planes eran para la tercera vibración, el tercer Cielo: el lugar donde estaban los Mortales, a los que tanto aborrecía y los quería destruir poco a poco con el sentimiento del odio.

Las alas de Faith-el siguieron manteniéndola a flote. Su cabello caía con ligereza hacia el espacio que la separaba de la tierra. No podía sentir nada más que su propia esencia. No podía sentir el viento o lo tibio del sol sobre su piel. Pero había algo que podía sentir más fuerte que su propio resplandor.

―Regresa a mí ―murmuró levemente, como si quisiera que sus palabras surcaran la distancia que se debía para llegar a ella. La tenía enfrente, a centímetros de su rostro, pero la distancia de su vibración a la suya era infinita, incalculable, inexistente quizá y, por ello, imposible que sus palabras llegaran.

No podía escuchar el murmulló de su voz, no lo merecía.

Lo único que dominaba a Hate-ellu era la certeza de que nadie podría vencer el poder que estaba ejerciendo en los Mortales.

Faith-el acercó su mano a su rostro, sus dedos quisieron tanto tocarla para que se diera cuenta que estaba cerca de ella y que lo único que quería era poder mirarse en sus ojos. Sabía que no podía hacerlo aunque lo deseara; su mirar estaba llena de oscuridad y vacía de cualquier sentimiento de luz; si miraba sus ojos significaría el final de su resplandor y de su esencia. Todo caería en caos y la humanidad se perdería para siempre. No quería resignarse a que todo, de la esencia de Hate-ellu, podía lastimarla. No quería dejar que el amor se terminara en la Tierra gracias al más fuerte amor que alguna vez creó en un Mortal.

―Regresa a mí…

El simple sentimiento de querer salvarla de la oscuridad hizo que su resplandor volviera a tener tanta luz y fuerza. Las plumas de sus alas empezaron a vibrar en armonía con su propia esencia. Incluso los rayos del sol parecieron dar más calor. La luminosidad fue inmensa. Las nubes empezaron a dispersarse. Las gotas de lluvia que empezaban a caer parecían pequeños diamantes que caían del cielo. Las personas, que hace un momento se notaban cansadas, experimentaron un sentimiento de alivio y paz. El tibio sol las reconfortaba hasta lo más hondo, donde se creía se guardaban los mejores sentimientos, en el alma. Todo cambió en su entorno. Todo fue un poco más dulce.

Faith-el no podía controlar el propio resplandor de su esencia cuando la tenía tan cerca, cuando recordaba todo lo que le había enseñado y todo el amor que no quería que se perdiera en la oscuridad.

La esencia de Hate-ellu estaba cambiando ante el sentimiento contrario que se estaba proyectando frente a ella. Faith-el se alzó en un vuelo alto y rápido al sentir la energía a tope de Hate-ellu, energía que podía desaparecerla en un instante si alcanzaba siquiera a rozarla un poco. Era su parte opuesta: una esencia poderosa llena de maldad.

El rostro que se mostraba sereno cambió a un gesto de frustración y desagrado. Un hedor molesto le hizo abrir los ojos. La vibración quemaba todas sus entrañas y le revolvía todo su interior en un fuego de odio y de cólera.

―¡Amor! ―gruñó con toda la rabia que podía sentir ante un sentimiento tan banal propio de los humanos.

Se levantó de un solo impacto, sus hermosas alas negras se desplegaron mostrando, junto con cada parte de su cuerpo, la ira que le provocaba el olor tan dulce y pacifico del amor.

Faith-el se quedó sorprendida por la luminosidad oscura que la rodeaba. La proyección de luz que el sol le daba sobre su vestimenta de color vino la hacía verse incontrolable, con un poder total. Se parecía tanto a la que usaba, pero al igual que todo en ella, era lo contrario. Su vestimenta, de un rojo oscuro, se deslizaba un poco más arriba de sus rodillas. Había pliegues que se notaban más oscuros, de un color más vivo e intenso. El cordón que la ceñía por en medio de su cintura era de un negro peor que la mayor oscuridad existente. El listón que sujetaban sus sandalias también era de un rojo oscuro. Faith-el parecía estarse viendo en un espejo, donde le podía mostrar la peor parte de ella, si tan sólo existiera una parte contraria al amor.

Hate-ellu vestía el atuendo de una esencia oscura, pero manteniendo la luz que se les otorgaba a los de su nobleza, a fin de cuentas, era el resplandor de una esencia… era su principio.

―¡Amor! ¡Amor! ―repetía con ira, como si cada segundo transcurrido le rasgara por dentro.

Hate-ellu buscó por todos lados el aroma tan penetrante y desagradable. No podía permitir que existiera un mínimo vestigio del amor, viniese de donde viniese, tenía que aniquilarlo. A lo lejos, una pareja enamorada se acercaba hacia su entorno. Era una pareja que se quería, sin nada más que existiera a su alrededor que el sentimiento mutuo y su aparente felicidad.

Descendió con lentitud a ellos. No soportaba cada centímetro que se iba acercando, pero sabía que muy pronto todo el amor que decían sentir se iría cuando ella lo dijera.

―Nihil est qui nihil amat ―dijo fríamente, como dando una orden.

Faith-el miraba como el resplandor de algunas esencias ambiguas y oscuras se acercaban a Hate-ellu. Las esencias no tenían un cuerpo aparente, eran resplandores, estrellas con un brillo infinito.

Empezaron a rodear a Hate-ellu, manifestándole que estaban a su servicio.

―Amor… ―murmuró con maldad.

Las esencias rodearon a las dos personas en un segundo, como si fueran a aniquilarlas. Faith-el no podía hacer nada para protegerlas ante el poder de las esencias, y menos sabiendo que se trataban de personas sin la virtud de conservar el murmullo de su resplandor por siempre. Su amor no sería tan fuerte cuando escucharan el murmullo de la esencia oscura de Hate-ellu.

―¿Amor? Humanos, no saben lo que en verdad es ―decía Hate-ellu, con una sonrisa irónica―. Ustedes ni siquiera lo sienten, las dudas que hay en tu corazón no deberían existir si en verdad la amaras. Si de verdad supieras cómo es el amor…

Murmuraba las palabras al oído del chico. Así lo hacen todas las esencias: las de luz, las ambiguas y las oscuras. El resplandor de cada una de las esencias son las palabras que se escuchan como murmullos suaves a los oídos de los Mortales, y que muchas veces los llevan a tomar las decisiones más importantes, para bien o para mal. Hate-ellu utilizaba a una de las esencias ambiguas, la duda, no quería que su juego terminara tan pronto. Quería disfrutar de cada palabra que decía para terminar con el amor que había en ellos.

―Así es el amor realmente ―decía con una risa burlona―. Todo lo que estás sintiendo es el verdadero amor.

El corazón del chico empezó a latir con una angustia irremediable, miró a lo lejos y se imaginó toda su vida a lado de la persona que no estaba seguro si en verdad amaba. Movió su cabeza intentando borrar el sentimiento que tenía, no sabía si era verdad… nunca lo había sentido así tan fuerte. Sintió que su mundo se cerró sin tener una escapatoria. Se sintió indefenso, inseguro. Su respiración empezó a agitarse. Su pecho lo sintió estrecho, sin capacidad a un latido más de su corazón enamorado. El clima, que hace unos minutos le parecía refrescante, empezó a molestarle, a llenarlo de agobio, de frustración y enojo. Él no sabía que Hate-ellu, la esencia del odio, el ángel del desamor, lo estaba orillando a tener la emoción de duda en su corazón. Para las otras esencias fue mucho más fácil llegar a su alma, empezaron a desajustar su mundo y su entorno.

Hate-ellu estaba satisfecha con la prontitud del resplandor del murmullo de una esencia ambigua. Le fascinaba cuando el supuesto amor en los Mortales no era tan fuerte como ellos presumían sentirlo. Se acercó a la chica y se dio cuenta que su corazón era un poco más fuerte que el de él. Era un reto más grande, pero no imposible cuando se dio cuenta a quién utilizaría para terminar el trabajo.

―¿Por qué pasar toda la vida a lado de una persona que puede no amarte tanto como lo amas tú? ―murmuró al oído de la chica.

Hate-ellu utilizaba con ella el miedo, sabía que sus sentimientos, por ser más fuertes, eran los más frágiles para una esencia oscura. Los recuerdos de ella se centraron en todo el pasado que había vivido junto a él. Sabía que su amor no había sido correspondido de la misma manera ni con la misma magnitud. Todo en su corazón se estaba apagando cuando supo que su amor no era de la misma calidad. No era amor lo que realmente sentía.

Hate-ellu era una esencia muy fuerte, sus palabras podían entrar en el corazón de cualquier persona, así como podía hacerlo Faith-el, pero en sentimientos contrarios. El aroma tan molesto que le enfadó al principio estaba desapareciendo. Hate-ellu estaba destruyendo el amor que había antes en aquella pareja enamorada. Cada una de las palabras que les murmuraba a ambos al oído los llenaba de duda, miedo, ira y, por último, de odio. A Hate-ellu le gustaba que esas emociones y esos sentimientos estuvieran en el corazón de los Mortales, así como lo estaban en su esencia.

―¡Amor! ―gruñó.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.