"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

23 de febrero de 2012

II
2.0.07
“La química del amor”
“Se refiere a un conjunto de reacciones emocionales en donde hay descargas neuronales y hormonales, además de ácidos, gases y olores.
Todos ellos se mezclan creando una revolución interna que convierte lo racional en irracional, la prudencia en torpeza y la serenidad en nerviosismo. Son reacciones que explican buena parte de los signos del enamoramiento. El cerebro responde a tal compuesto con la secreción de dopamina (inhibe el apetito), norepinefrina y oxitocina. Estos compuestos ayudan a forjar lazos permanentes entre la pareja tras la primera oleada de emoción y por si fuera poco hasta fortalecen el sistema inmunológico. El período de enamoramiento no es eterno y al final la atracción bioquímica decae. Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias.
Científicamente entonces, existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones, sentimientos y conductas; ya que hasta el más sencillo de ellos, está conectado a la producción de alguna hormona”
―El amor es un proceso químico de nuestro cuerpo. Neuronas y hormonas reaccionando sin parar. Así es el amor, sin dificultad alguna ―dijo el conductor del noticiero de la noche al terminar la nota periodística de la semana.
Detrás de él aparecía la diapositiva de un corazón, el cual tenía en el centro un cerebro, dejando al corazón, que representaba al amor desde hace miles de años, en segundo lugar e incluso sin importancia alguna. La diapositiva se iluminaba en ciertos sectores del cerebro, donde se supone funcionaban las descargas neuronales. Se repetían constantemente el nombre de las hormonas que se producían por el enamoramiento. Todo estaba claro: el amor era un proceso químico del cuerpo humano. Los científicos comentaban que en un tiempo más el enamoramiento podría ser controlado o no se necesitaría de otra persona para poder sentir el efecto del amor y, sobre todo, obtener los beneficios que fortalecen al sistema inmunológico. El amor platónico dejaría de existir, ya nadie pensaría en un amor a primera vista o un amor imposible. Ya nadie podría correr el riesgo de tener un corazón roto. Algunos científicos podrían asegurar que en un futuro no muy lejano las opciones de enamorarse se reducirían a una sola posibilidad, dando por hecho que se podría controlar a las personas para saber de quién van a enamorarse, incluso del tiempo que duraría. Daban la posibilidad de un único amor y, sobre todo, eterno. Se tendrían un destino forzado para el amor. Las funciones del enamoramiento podrían ser controladas. El amor ya sólo era cuestión de reacciones químicas y físicas del cuerpo. Todo era ciencia.
―¿Puedes creerlo, Iván? Y nosotros atormentándonos con algo tan fácil de manejar ―dijo su compañera con una risa tonta.
Miró la diapositiva con el corazón y suspiró con alivio, como si hubiera encontrado la clave de la vida.
―¡Claro! Así es el amor, sin dificultad alguna… algo fácil de manejar, ¿y dónde quedo yo entonces? ―preguntó Faith-el a Hope, que la miraba desde el otro extremo de la habitación―. ¿Qué hay del resplandor de mi existencia?
Hope caminó con paso lento hacia ella. Miraba la misma imagen que aún estaba en el televisor. Tanto tiempo viviendo entre ellos y nunca se imaginó que los humanos tuvieran la necesidad de encontrar una respuesta científica a un sentimiento. ¿Por qué tratar de entender e intentar erradicar el sentimiento del amor? ¿Por qué no eliminar sentimientos tan negativos como el odio? Hope se preguntaba por qué su razonamiento no los llevó a buscar primero una respuesta que tal vez les entregaría la paz… si, por lo menos, fuera verdad que se tratara de procesos químicos de su cuerpo.
―¿Qué hay de mi existencia, Hope? ―preguntó con un poco de frustración.
―¿Qué esperabas? Son humanos, siempre buscan una explicación a los milagros de la vida ―explicaba Hope, con toda la sabiduría de su existencia―. Tienen que ser objetivos, separar lo divino de lo real. Esperando desaparecer lo inexplicable para no sentirse vulnerables y creer que la vida les pertenece. Que el Universo les pertenece.
Hope era el consejero espiritual de Faith-el en la Tierra, era como su propio ángel guardián. La propia Fe necesitaba de la fuerza de la Esperanza, necesitaba de ella inevitablemente y más para los Mortales que eran más vulnerables a encontrar la desdicha de la oscuridad en sus corazones. Hope era como un padre cuidando de su hija o, por su aspecto tan mayor, parecía un anciano cuidando de su nieta. No había sido creado por alguna fuerza divina o por el principio. Hope había sido colocado como guardián de Faith-el cuándo decidió bajar a la Tierra. Había sido impuesto por la propia voluntad de su resplandor: Faith-el era artífice de la Esperanza para ella misma. Hope era su propia voz interna, nacida de la luz que se ocultaba en la Tierra y en cada uno de los Mortales que la llamaba, pero que olvidaban el resplandor de su murmullo.
Faith-el siguió escuchando a los conductores de las noticias. Dialogaban acerca de sus recuerdos, de aquellos que los llevaban al primer amor de su vida. Reían por las tonterías que el amor los había hecho hacer. La nota no terminaba ahí. Seguían las entrevistas a las personas, preguntándoles acerca del amor y de lo más grande o absurdo que habían hecho por alguien. Algunas personas sonreían, otras suspiraban y sus ojos se inundaban de lágrimas al recordar y otras simplemente decían que nada había valido la pena, pero lo volverían a hacer si se enamoraban una vez más.
―En un momento pueden llegar a sentirme con toda la fuerza de su ser, pero como no pueden verme, me consideran un simple proceso químico de su cuerpo. Sin magia alguna, sin la parte divina de mi existencia ―dijo Faith-el apagando el televisor.
―Sabes que no todos nacen con la virtud de sentirte y conservar el murmullo de tu resplandor por siempre. Son humanos ―decía, pensando en los que no nacían con la virtud―, no pueden vivir sin ti, pero tampoco saben cómo vivir contigo.
Faith-el lo miró con algo de nostalgia. Sus palabras eran muy ciertas, por mucho que no le gustaran, eran muy ciertas.
―Y así es el amor ―contestó con serenidad.
―No ―decía Hope―. Así no eres tú. Eres una de las mejores gracias divinas que han pisado el Cielo, Faith-el. La creación perfecta de todas las essentias existentes de luz. Eres el misterio del amor, la parte que lo hace por siempre inexplicable… la parte que no todos tienen la gracia de conocer.
―La creación perfecta ―murmuró Faith-el.
―Siempre buscaste la virtud en la luz de sus miradas, en los ojos de las personas que podrán conservar el murmullo de tu resplandor por siempre ―dijo Hope.
Faith-el se acercó a la ventana y recordó como era el propio resplandor de su estrella. Su resplandor podía darle luz a toda oscuridad; disipar los miedos y temores en el corazón de los Mortales con virtud o sin virtud de conservar el murmullo de su esencia. Su resplandor era inmenso, cálido y el más fuerte de todas las esencias de luz que existían en el Universo. Así había sido creada desde el origen de todo lo existente.
―Son tus últimos días en la Tierra, ¿cuál es tu deseo? ―preguntó Hope.
―No sabía que podía pedir un deseo ―dijo.
―Es una condición para poder regresar al Cielo.
Faith-el debía regresar, había cumplido con su última misión hace unos días. Ya había enseñado el amor a la última persona que nació con la virtud de conocerla y conservar su murmullo por siempre. Su mensaje fue recibido por el corazón más puro. Ya había encontrado la luz más poderosa que podía cambiar el amor entre los Mortales con virtud o sin virtud. Había encontrado y creado el más grande amor. Sabía que su misión había terminado y debía regresar a casa.
―¿Cualquier deseo? ―preguntó.
―Lo que pidas, te será otorgado.
Hope estaba seguro de que su deseo no iba a ser de lo más complicado o extraño. Qué podía esperar de un ser que conocía todo de los Mortales, de un ser que había visto el ir de los tiempos y que sus ojos habían sido testigos de lo que ningún otro ser hubiese tenido la oportunidad.
¿Qué podía pedir?
―Será difícil ―dijo Faith-el.
―Nada es imposible para ti…
Faith-el recorrió la habitación con la mirada y se enfocó en todo lo que dejaría. Todo lo que no extrañaría porque nunca lo sintió, nunca percibió olor o sabor alguno. Nunca tuvo siquiera un sentimiento mínimo por todo lo que había logrado existir sobre la Tierra. Siempre hubo vivido de la manera más simple y sencilla, no porque así debía ser, sabía que las cosas más importantes no eran cosas materiales o llenas de lujos. Las personas más felices eran aquellas alejadas de las vanidades y de la codicia. Como esencia no podía hacer otra cosa que sobrevivir con su propio resplandor. No había otro camino, no tenía otro principio. Observaba cada escenario que el trascurso del tiempo le pintaba. Vivió el cambio de ideologías y de costumbres. Casi hubo pisado todos los países del mundo. Sabía todas las lenguas existentes y aquellas que se habían perdido con el tiempo. Vio el inicio y el final de muchas guerras. Fue un ser inmortal. Existió durante miles de años en la Tierra, conocía todo de los Mortales, pero una cosa le daba curiosidad de ellos.
―Quiero sentir, quiero ser un… mortal. Uno más de ellos, sentir como lo hacen ellos ―dijo Faith-el, después de un tiempo.
Hope se había equivocado con sus expectativas. No creía que un ser como Faith-el tuviera curiosidad por las cosas más sencillas de los Mortales.
―¿Estás segura, Faith-el? ―preguntó Hope, esperando que de algún modo lo que pedía lo descartara de inmediato―. Será un día. Después de ello volverás como ahora, sin tener algún recuerdo que te defina como mortal, porque es lo que no eres y no lo serás nunca. No es parte de tu origen ni de tu principio.
―Quiero sentir como ellos, quiero entender y saber lo que es ser un humano ―decía, sin saber lo que estaba pidiendo en realidad―. Después de tantos años en la Tierra, quiero sentir como lo hacen ellos.
―Sabes que eres una essentia de luz ―pensó Hope. De todos modos ella no iba a sentir emoción o sentimiento alguno, no importando que fuera un humano―. Sentirás las sensaciones como un mortal: frío, calor, hambre, sed… cansancio, sueño, dolor…
―¿Y el amor? ―preguntó Faith-el.
―No. No puedes sentirte a ti misma. Eres el misterio, eres la parte que nunca nadie podrá comprender, eres la parte inexplicable de la vida… de toda la creación.
―Es extraño hasta para mí ―dijo, sin tener más palabras.
―Lo sé, ni siquiera siendo tú puedes expresarte a ti misma. Como mortal buscas la interpretación. Por eso los humanos se pierden en palabras bellas, gestos bondadosos y miradas hermosas. No saben cómo expresarte puramente, no existen palabras para ello, solo hay un único sentimiento: tú; el verdadero amor.
―Está bien, entonces quiero sentir… sentir lo comprensible de la vida ―dijo pensando cómo sería tener sensaciones.
―¿Estás segura, Faith-el? ―preguntó de nuevo Hope.
Sabía que para ella no sería fácil tener sensaciones humanas porque nunca las había tenido.
―Sí, lo estoy.
―Está bien ―dijo Hope―. Te recuerdo que cuando se oculte el sol mañana, tu resplandor debe cambiar y regresaremos al Cielo.
―Regresar a casa ―murmuró.
―Al Cielo ―aclaró―. No al tuyo, Faith-el. Estar cerca de los Mortales ya es parte de tu misión. Tu Cielo, por ahora, es imposible hasta para ti. Tu vibración ha cambiado en este tiempo.
Hope desapareció en un halo de luz intensa sin dejar rastro alguno de nada.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.