"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

20 de febrero de 2012

IX

―Hoy cumplo dieciocho años Mariana y tú deberías cumplir diecisiete ―le decía a una lápida donde podía ver su nombre grabado. No sé por qué estaba ahí, yo podía a hablar con Mariana donde sea, pero creo que buscaba despedirme de sus restos físicos― Te acuerdas que hace un año me dijiste que no te hiciera pasar nunca un cumpleaños tan triste como ese día… ¿Tú por qué lo haces? Al menos yo desperté… tú cuándo lo harás.

Sé que no eran justas mis palabras y sé que quemaban cada parte de mí con tanta amargura, pero era lo que sentía, amargura y resentimiento. Ella jamás volvería, no iba a estar conmigo nunca más… Mariana siempre al final de mis sueños haciéndome entender que estaría conmigo siempre, ¿y ahora?… ese siempre nunca existió, la respuesta no es ella.

―Te escribí una carta, por si en el camino no voy al lugar donde tú estás.

Saqué la carta de mi mochila y la puse muy escondida entre la lápida y un montón de tierra. Inconscientemente lo hacía para que la madre de Mariana la viera cuando viniera a visitarla y así supiera a donde fui y no intentara buscarme después.

―Vendí la casa de mis padres, junté todo el dinero que tenía y todo lo doné a beneficencia para los niños. Ya me despedí de mamá y de Alejandra. Tenías razón Mariana, cuando el corazón es cobarde, el alma desaparece porque se muere en soledad.

Tomé mi mochila y la puse en hombros. No tenía nada en ella, sólo la llené de recuerdos imaginarios, de recuerdos en mi mente, de aquellos que pronto tendrían que irse.

―Yo también soy cobarde…

Caminé por mucho tiempo, si pensaba hacer lo que pensaba, debía ser un lugar lejano, donde nadie que me conociera pudiera saberlo. Llegué a un puente que jamás había visto, haber caminado por cuatro días fue bueno. Me quedé parada a la orilla mirando la autopista de abajo, donde no pasaba ni un solo automóvil. Miré hacia el cielo y las gotas de lluvia eran tan suaves que parecían acariciar mi tristeza. Puse uno de mis pies sobre el muro de contención, si tenía que hacerlo no debía pensarlo tanto. Me detuve porque sentí un coche cerca. Lo vi venir en una curva a toda velocidad y al verme a la distancia disminuyó su ritmo. El pavimento estaba mojado y la curva era peligrosa como para conducir a exceso de velocidad. Cuando pasó a un lado de mí, el conductor sólo me miró y ese momento se hizo eterno por un segundo y en el otro, ya estaba a varios metros lejos de mí. Regresé la vista a mi objetivo, volví a subir un pie al muro, estaba vez si lo haría.

―Si no voy contigo, Mariana, al menos ya no sabré que estoy sin ti.

Sentí el viento moverse con fuerza hacía a mí y sentí tanto frío que parecía sacudir mi alma. La lluvia chocó con fuerza sobre mi rostro, como si el viento lo hubiese arrastrado con fuerza. Había mucho ruido y después un golpe intenso se escuchó muy fuerte. Cuando volteé todo se volvió silencio a mi alrededor. El humo salía del autobús que se había impactado contra el cerro en la curva peligrosa. Caminé hacía el autobús y escuché mucho ruido de las personas que gritaban de dolor. Había dado tantas vueltas antes de impactarse contra el cerro, que el autobús estaba aboyado por todas partes y había quedado de costado. Cuando me acerqué mucho, un hombre mayor salió por la puerta gritando de dolor porque tenía una herida en la pierna. Como pude lo ayudé a salir y lo llevé arrastrando lejos. Quedó inconsciente cuando lo recosté en el pavimento. Corrí hacia el autobús y escalé por entre los fierros y las llantas. Entré por la puerta y era desastroso todo lo que vi. Empecé a buscar a las personas con vida. Encontré a una mujer casi hasta el fondo, tenía sangrando la cabeza, pero aún respiraba, no podía sacarla por la puerta porque estaba muy lejos. Tiré los restos de la ventana que estaba cerca e intenté sacarla por ahí, pero era imposible, su peso era mayor a mi fuerza. Intenté una vez más hasta que sentí que el peso era menos. Cuando me di cuenta ella estaba afuera y por la ventana se asomó el tipo al que había ayudado antes. Empezamos a sacar una a una a las personas con vida.

―¡Salte! ―me gritaba― ¡El autobús va a explotar!

Estaba por salirme cuando escuché que alguien se quejaba casi hasta la entrada del autobús.

―¡Salte! ―me extendía la mano para que yo saliera.

―¡Hay alguien más! ―le grité y caminé hasta donde se escuchaba.

La miré bajo el cuerpo de un hombre que había caído encima de ella. 

―Ayúdame ―decía casi en murmullos―, ayúdame por favor.

Le quité al hombre de encima y empecé a revisarla para ver si no tenía algún hueso roto o algún fierro enterrado en el cuerpo. De repente sentí sus manos sujetando mi rostro y me dijo:

―Mira mis ojos, sólo por esta vez mira mis ojos.

Los miré y por ese sólo instante, sentí lo que no había sentido desde hace mucho tiempo. Esa parte incompleta que no sabía que existía dentro de mí y que debía llenarla con algo. Pude reaccionar cuando ella cerró los ojos al quedarse inconsciente. La coloqué en mi espalda y con mucho escuerzo la llevé  hasta la ventana porque de la puerta entraba el fuego y ya no podíamos salir de ahí. En el trayecto rogaba porque el tipo aún siguiera ahí para ayudarme.

―¡Apresúrate, el autobús va a explotar!

Sacamos a la chica y salí lo más rápido posible porque el humo y el calor que se sentían eran insoportables. Llegamos hasta donde estaban todos los sobrevivientes. ¡Sólo eran diecisiete! diecisiete de los veinticuatro pasajeros. A lo lejos empezamos a escuchar las sirenas de las ambulancias. Me recosté en el pavimento mojado a un lado de la chica, la lluvia seguía siendo ligera y aliviaba todo el calor que sentía. No me di cuenta cuando ella despertó, sentí como apretaba mi mano con la suya. Abrí los ojos y giré hacia su rostro, la lluvia me impedía verla con claridad. Ella apenas si podía mantener los ojos mirándome, con mucho esfuerzo llevó su mano a su pecho y me dijo:

―Mi collar, se quedó adentro.

Lo dijo con tanta tristeza que supuse que tenía un valor sentimental demasiado grande, me senté y miré hacia el autobús. La mayor parte ya estaba en llamas.

―No vayas ―me decía jalándome del brazo aquel tipo porque mi intención era ir por el collar―. El autobús va a explotar.

Volví a mirar a la chica y nuevamente tenía los ojos cerrados, pero aún así sus ojos lloraban. Volví a mirar el autobús y pensé en Mariana, en el valor sentimental de cada una de sus cosas. Ni siquiera traje conmigo ningún recuerdo de ella, cómo iba a llevarlo, si mi único propósito era estar a su lado.

Me levanté y corrí hacia el autobús.

―¡Te vas a morir! ―me gritó el sujeto.

No me importaba, eso era lo que pensaba a hacer hace un rato… morir.

Entré con mucha dificultad, el humo me impedía ver con claridad, todo adentro estaba caliente. Llegué hasta donde la encontré a ella y busqué entre todas las cosas que había tiradas. El autobús por dentro estaba destrozado, no sabía dónde buscarlo con exactitud. Pero hubo en mí una reacción de voltear hacia mi única salida y en esa mirada encontré el brillo plateado de un dije en forma de corazón. Estaba colgando de un fierro de la silla del autobús. Lo tomé con la mano sin darme cuenta que estaba colgando sobre el fuego, reaccioné hasta que me provocó dolor por la quemadura que dejó en mi mano. Lo solté y busqué trapos para poder quitarlo de donde estaba. Cuando lo tuve lo guardé en la bolsa trasera de mi pantalón corrí hacía la ventana. Si salía con vida de ese lugar, esta vez iba a vivir por completo, sin cobardía. Bajé del autobús y a lo lejos vi al mismo sujeto haciéndome señas con la mano para que corriera lo más pronto posible.

Empecé a escuchar pequeños estruendos dentro del autobús, no sé por qué volteé a mirar el autobús. En ese instante se mi hizo enorme como si no tuviera salida y mi camino se iba a terminar ahí. Una explosión muy cerca me hizo reaccionar.

―¡Corre! ―escuché a lo lejos.

Empecé a correr, pero no fue lo suficientemente rápido. Sentí el fuego arder en mi espalda antes de arrojarme varios metros lejos de ahí. No sentía todo el cuerpo, sólo escuchaba a lo lejos como el fuego ardía sin piedad. Alcé mi mano a la altura de mi rostro para ver si aún tenía el collar y cuando abrí mi puño, vi las líneas rojas ardiendo sobre mi piel, dibujando un corazón.

Cerré los ojos y esta vez no creí volver a abrirlos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.