"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

5 de enero de 2012


III

Luisa caminó a la ventana para mirar el atardecer, el sol estaba a medio ocultarse entre las montañas que se miraban a lo lejos; era tal y cual lo había pintado. Ya llegaría la noche y Luisa sabía que Renata estaba por casarse. Caminó hacia donde había dejado el cuadro y lo miró una vez más esperando encontrar lo imperfecto de aquel sentimiento. Se sentó en la silla de una mesa donde el cuadro le podía quedar de frente, volvió a mirarlo y sonrió. Su mirada se desvió a mirar el último rayo de sol y las lágrimas salieron de sus ojos. Aquel amor imposible que sentía, estaba por ser imposible por siempre y Luisa tenía que llegar al punto de la resignación. Tomó una hoja y una pluma que llenó de tinta y empezó a escribir.

Renata se casó sin ningún contratiempo, sabía que aunque tenía poco tiempo de conocer al duque Lázaro Mallorca, estaba haciendo lo correcto para su familia y para lo que ella representaba ante la sociedad. No sentía felicidad, pero si sentía plenitud al hacer lo que sus padres le pedían. Al siguiente día ambos partieron a Inglaterra donde estaban los mayores bienes del duque Lázaro Mallorca y donde tendrían que compartir el resto de sus vidas.

Pasaron ocho años, Renata tenía una vida como toda una dama de sociedad, entre charlas y café con las señoras de su misma posición, mientras que sus esposos atendían negocios de estado. Tuvo un hijo dos años después de que se había casado, al cual hizo llamar Luís, el duque Luís Mallorca, ahora el pequeño tenía casi seis años. La vida de Renata era sencilla y dada a la monotonía. No esperaba más ya que para eso había sido educada. Hubo un tiempo donde Renata recordó a Luisa Valladolid, donde se dio cuenta que nunca se había ido de sus pensamientos y de la forma de sentir en su corazón. Fue cuando se dio cuenta que la vida que tenía no la quería, que su resignación no la hizo olvidar un sentimiento que había ocultado. Desde ese momento su vida le empezó a ser difícil y quería sentir la felicidad que le hubiera dado el verdadero amor.

–¿Por qué no me obsequias algo más hermoso? –le reclamaba Renata a su esposo.

Renata se había cansado de las joyas y costosos regalos que siempre le traía de sus viajes. Quería que le representara con otra cosa el amor que le decía tener, aunque Renata se preguntaba si en algún momento llegó a quererla, si en verdad Lázaro Mallorca estaba enamorado de ella o solo había cumplido un contrato con su matrimonio, así como ella lo había hecho. Sin embargo el duque sí estaba enamorado de Renata, no podía evitar ignorar su belleza y su sencillez, no solo por compromiso se había casado. Lázaro Mallorca se desvivía por Renata, le compraba cuanto a él le gustaba y fuera costoso, pensando que de esa manera la podría hacer feliz. Pero ahora lo ponía en una situación difícil, ya que Renata le pedía algo más bello que el simple brillo de unas joyas. Pasaba las noches mirándola dormir, preguntándose cómo podía hacer que sus ojos lo miraran con amor.

En unos de sus viajes por París, el duque caminaba con algunos señores que le mostraban la ciudad y en una de las plazuelas le llamó la atención el vivo colorido de unos cuadros. El duque se movió con gran elegancia para observar el arte, que consideraba burdo, de una joven artista. Le llamó la atención un cuadro sencillo, sabía que podía gustarle a Renata por los colores que tenía y por el paisaje del atardecer que podría recordarle aquel mismo atardecer del día que se casaron, el mismo que Renata veía con sus ojos inyectados de nostalgia. Esa imagen permanecía en la memoria de Lázaro Mallorca, porque al momento de ir por ella para la ceremonia, Renata le sonrió como ya nunca volvió a hacerlo, como si le hubiera sonreído a la persona que amaría toda su vida. El duque se acercó con sutileza a la joven artista que se dedicaba a pintar un retrato. Regresó por el cuadro para llevárselo no importando el precio que tuviera. Lázaro Mallorca esperaba pagar cualquier precio.

–¿Cuánto por la pintura? –dijo el duque antes de que él mismo le pusiera un precio.

–No está en venta –decía la joven sin despegar los ojos de quien retrataba.

Lázaro Mallorca ya sabía que cuando un artista amaba su arte no podía ofrecer un precio por algo que hacía por amor. El duque pensó en Renata y sabía que si viera la pintura desearía tenerla a cualquier costo.

–La cantidad que le puedo ofrecer por el cuadro es mucho, lo sé… –decía Lázaro– pero también sé que no lo aceptaría. Pero a la mujer que pienso regalárselo… el amor que siento vale más de lo que me puedas pedir por él.

Luisa volteó a ver el cuadro y recordó el día que lo había pintado, esperando que alguna circunstancia del destino impidiera ese matrimonio si es que Renata sentía lo mismo por ella. Ya habían pasado casi nueve años, Luisa se había alejado por completo de la sociedad que le podía hablar sin querer de la duquesa Renata. No supo nada de ella desde aquel día que celebraron su matrimonio. Sabía que lo que sentía no podía ser, no solo porque la sociedad no lo permitiría, sino porque el destino no había ayudado en mucho o solo había hecho lo que le correspondía hacer, separarlas.

–¿Amor? –pregunto Luisa al hombre que le intentaba comprar el cuadro.

–Sí

–Es de usted, se lo obsequio –dijo Luisa y siguió pintando el retrato.

El duque se alejaba observando el cuadro y las pinceladas; algunas suaves, otras agresivas que algún crítico de arte hubiera clasificado como una obra sublime para la vida del autor. El cuadro había sido enmarcado con madera fina, tallada en algún taller de una provincia de España, le daba al cuadro un aspecto fino y delicado. Lázaro Mallorca se detuvo al mirar que el cuadro no guardaba la firma del artista y pensó que si no le había cobrado nada, al menos merecía el crédito por su talento. Regresó hasta donde estaba ella, miró que ninguno de sus cuadros tenía su firma y volvió a interrumpirla en su trabajo preguntándole:

–¿Cuál es su nombre?

Luisa no había pensado que desde que pintó ese cuadro olvidó ponerle su firma a todo lo que pintaba, como si quisiera desaparecer y que nadie supiera de ella. Era una artista de la calle y quería permanecer como tal.

–Eso no importa señor –respondió Luisa Valladolid.

Llegaba el atardecer en Inglaterra cuando el duque llegó a su casa, encontró a Renata sentada en la mecedora observando a su pequeño hijo jugar. El duque se sentó a su lado sin decir más, solo observaba a su hijo jugar al igual que lo hacía Renata. Lázaro volteó a mirarla, Renata se veía serena y tranquila, la sentía incapaz de sentir cualquier cosa en ese momento. Se levantó y se marchó hacia adentro porque nunca obtuvo ni una mirada de Renata, ni siquiera alguna palabra de bienvenida. El cuadro fue entregado a Renata por la noche, el duque lo creyó un momento oportuno, ya que deseaba recibir una sonrisa de ella antes de dormir. Renata se maravilló, no porque haya sido un regalo de su esposo, sino porque era una obra artística y le recordaba en cierto sentido a Luisa. Lo colgó en una parte central de la biblioteca, donde se la pasaba la mayoría de sus tardes y algunas noches. Lo miró por largo tiempo y recordó ese atardecer, del día que se casó, cuando Luisa estaba más fuerte en sus pensamientos. 

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.