"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

18 de enero de 2012

VIII

Mariana ya no tenía que rogarme tanto para ir a la escuela, ya había faltado mucho y mis calificaciones habían bajado demasiado. No tenía consecuencias graves, siempre he mantenido calificaciones regulares, no muy altas, pero me mantengo en el promedio para pasar. Faltaba menos de un mes para que llegaran las vacaciones de verano y las clases ya no eran tan constantes. No sé por qué siempre trataba de no llegar a las clases donde estaba Lucia o Ruth. Siempre entregaba los trabajos con mis compañeros para que se los dieran al profesor. Había algunos maestros que platicaban conmigo y me regañaban. Eran aquellos que sabían lo que tenía con Lucia, siempre me llevé bien casi con todos los maestros de la escuela. Hasta ellos me decían que lo de Lucia y Ruth no iba a durar nada, que pensara mejor las cosas y el rumbo que le estaba dando a mi vida. Pero Lucia aún dolía y mucho, tal vez no me dolía el corazón… le dolía el orgullo a mi amor. Por qué ella, por qué por ella… por qué, por sobre todas las personas que pudo haberme cambiado, por qué por una basura como Ruth. Tal vez todas esas, o única pregunta en diferentes sentidos, era la que no me dejaba vivir en paz. Pudo haberme dejado por otra persona, una persona diferente a mí, más alegre, más bonita… más de todo lo que soy yo. Todo estaría bien así, si lo hubiera hecho de esa forma por mí estaría bien, porque así sabría que se había ido con alguien mejor y aceptaría haber perdido de la mejor manera…

―Señorita Vidal, entre por favor ―me dijo Karla, la maestra de sociología.

Entré un poco apenada porque se supone que debí haber entrado a su clase y no quedarme sentada en la jardinera viendo cómo crece el pasto. La maestra Karla era mi favorita, siempre muy propia conmigo y con todos nuestros compañeros. Nunca pude tener una conversación con ella como si fuera una amiga más o un profesor más. Ella era como una madre preocupada por todos sus hijos. Cuando mis calificaciones bajaban hacía que me quedará horas extra después de clases, así que muchas veces optaba por estudiar y mantenerme al margen con los trabajos para no tener que quedarme después. Me senté frente a su escritorio, parecía una niña castigada frente al profesor, me sentí como cuando tenía once años y muchas veces tuve que pasar por eso.

―Tienes que volver ―dijo después de un rato de silencio.

Agaché mi mirada y sonreí con ternura. Ya sabía de qué forma me decía que tenía que volver. Hasta yo extrañaba a la persona que era antes de Lucia. Dónde estaba ahora, no lo sabía y no sabía si esa persona que era antes quería volver. Karla empezó a hablarme del amor y de lo que yo sentía. Sus palabras entraban a mis oídos, pero no tardaban mucho tiempo en mi consciencia. Estaba tan confundida con mis sentimientos, tan confundida que a veces no sabía qué estaba sintiendo, no solo por Lucia, sino con todos los que estaban a mi alrededor… el único sentimiento seguro que estaba sintiendo era por Mariana, ella era la única que le daba paz a todo mi corazón. Tanto que a veces no quería que existiera nada más que ella, que lo que sentía por Mariana fuera lo único que tuviera sentido para mí, que fuera lo único que me hiciera seguir avanzando sin importarme nada de lo que hubiera al rededor… mucho menos el sentimiento del amor. Quería que Mariana se convirtiera en todo… todo lo que necesitaba para vivir.

―Piénsalo bien ―decía Karla terminando casi media hora de platica―, nadie te devolverá el tiempo que estás perdiendo ahora. La vida es muy corta como para que sufras de esta manera por alguien que no lo vale ―me miró con ojos tiernos ante mis ojos vacios y terminó diciéndome―: quién te ama de verdad no te hace sufrir y cuando amas de verdad, no te permites sufrir.

Salí del salón y decidí buscar a Mariana para decirle que regresaría a casa, ya no quería estar en la escuela. Iba caminando por entre las jardineras del patio central. Mi mirada siempre iba al piso, como que no quería ver al mundo, mucho menos a ellas dos. Pero sigo diciendo que la vida es injusta e intenta golpearte cada vez que puede para saber qué tan débil o que tan fuerte puedes ser. Antes de subir por las escaleras hacia el salón de Mariana, vi a Lucia y Ruth cerca de ahí. Me detuve detrás de un árbol y en realidad no me dio tiempo de sentir nada, solo un fuerte dolor en el corazón que me dejó inconsciente.

―¿Cómo te sientes? ―preguntó a penas abrí los ojos.

Estaba en la enfermería de la escuela. Nunca la había pisado en todo el tiempo que estaba ahí. Me medio levanté de la cama, pero un mareo fuerte hizo que volviera a recostarme.

―¿Qué te pasó? ―preguntó la enfermera.

No le respondí nada, sentía que la cabeza me daba vueltas. Cuando intenté levantarme el doctor entró angustiado y volvió a recostarme en la cama. Empezó a revisarme los ojos, las manos, mi respiración… No me había dado cuenta que Mariana ya estaba ahí parada a un lado de la enfermera y junto a la puerta estaba Javier. La imagen de Lucia con Ruth se volvió clara en mi cabeza y no creo que eso haya hecho que mi corazón se colapsara. Ya las había visto muchas veces juntas y dolía, pero no tanto como para hacer que mi corazón se rindiera.

―¿Cómo te sientes? ―preguntó el doctor.

―Bien ―respondí un poco incomoda.

No sé que sentí cuando acercó el estetoscopio a mi pecho, me levanté tan rápido como pude y llegué a la puerta. Me asusté tanto como si estuviera a punto de encañonarme con una pistola. No quería que me dijera algo que de cierta forma sabía, pero no sabía y no quería saberlo nunca.

―Estoy bien ―dije casi detrás de Mariana―, no he comido bien. Sólo perdí el conocimiento porque no he comido.

No le dije otra cosa y salí de la enfermería. Mariana me siguió después sin decir nada, era obvio que estaba pensando en lo que dije. Era una mentira, Mariana lo sabía porque ella me llevaba la comida y esperaba a que terminara con todo. Así que sabía que ese desmayo no era producto de no estar comiendo bien.

―¡Alma, espera! ―gritó Javi.

Seguí caminando, pero esta vez sin tanta prisa, ya estaba lo suficientemente lejos de la enfermería como para que me hicieran regresar. Mis pasos se volvieron tan lentos que en menos de unos segundos los dos me alcanzaron. Volteé a ver a Mariana y sus ojos me miraron confundidos. Ella no sabía lo que pasaba conmigo, pero sabía que no estaba nada bien.

―Pesas mucho ―dijo Javier.

Él fue quien me llevó a la enfermería, porque cuando Mariana no podía estar detrás de mí, Javier lo hacía. Así que cuando caí al piso fue el primero en recogerme y me dijo que nadie más se dio cuenta, solo los que iban pasando. Sutilmente me dijo que ellas dos no vieron nada de mi gran espectáculo de un corazón tan roto.

―Sí, para no haber comido bien ―contestó Mariana acusándome con la mirada por la mentira que le había dicho al doctor.

―Estás muy delgada, pero pesas mucho… tendré que hacer más ejercicio ―dijo Javi tomando sus brazos.

No me había dado cuenta que Javier se había convertido en mi fiel amigo y protector. Fuimos amigos desde que entramos a la escuela, pero siempre nuestra amistad estaba limitada a un saludo, a despedirnos después de clases y eso era todo. Aunque cuando alguno de los dos estaba en problemas, éramos los mejores amigos y nos apoyábamos en todo, aparte porque siempre nos metíamos en los mismos problemas. Juntos castigados, juntos en la dirección y juntos en los exámenes extraordinarios que, por suerte, solo habíamos presentado dos. Javier nos dejó rato después porque Mariana iba muy callada, no decía palabra alguna y solo se limitaba a sonreír de vez en cuando. Así que Javier adivinó que estaba de sobra y se fue.

―El doctor dijo que te tomaras unos días de descanso, él hablará con los profesores ―me decía Mariana después de un rato―, te quedarás en casa.

―De acuerdo ―le dije con la mano sujetando mi pecho, porque me sentía cansada de tanto caminar y de tanto sentir.

Mariana se paró frente a mí y me preguntó con una cara tan seria como nunca jamás la volví a ver:

―¿Qué te pasa?

―Duele el amor ―le respondí con un una sonrisa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.