"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

18 de enero de 2012


VII



Un día, cuando íbamos caminando a las afueras de la escuela, todavía no me sentía mejor que antes… a veces quería saber si en verdad seguía existiendo en este mundo tan cruel. Por qué algo me dolía tanto para estar así, quería que me doliera más de lo que ya lo hacía, que doliera más para que pudiera reaccionar, para encontrar una salida a todo lo que estaba sintiendo. Quería odiarla para al menos tener en claro lo que sentía por ella. Quería amarla demás para siquiera poder intentar luchar por ella, querer luchar por ella… pero en realidad no sabía lo que quería, y eso es peor que cualquier otro sentimiento… el desapego dolía más que el amor no correspondido. Mariana iba hablando como siempre. Las únicas palabras que salían de su boca eran de desagrado ante mi desagrado por el mundo. Me regañaba una y otra vez. Estaba cansada de mi actitud, pero no tanto como lo estaba yo… me fastidiaba sentir lo que sentía.



―¡Alma! ―escuché la voz de una chica gritándome por detrás.



Volteé y la miré venir a toda prisa hacia a mí. Me abrazó con fuerza y no paraba de decir palabras que no entendía porque salían muy rápido de toda la emoción que sentía al verme. Mariana me miró con cara interrogante, ¿quién era esa chica?… yo también me lo preguntaba. Dejó de abrazarme, me miró y otra vez no pudo evitar abrazarme de la emoción.



―¿Quién eres tú? ―preguntó Mariana un poco molesta.



―Te acuerdas de mí, ¿cierto? ―me preguntó la chica sonriendo.



Me hice un poco hacia atrás para tratar de recordar dónde la había visto.



―No ―respondí titubeando.



―¡Lo sabía! ―dijo la chica con un poco de desagrado― Sabía que me olvidarías. Todas esas promesas de amor eran demasiado buenas para ser verdad. ¡Dijiste que volverías por mí! ¡¡Te casaste conmigo!! ―me gritó.



Mariana palideció tanto como yo cuando dijo eso. Cuándo me casé, por qué con ella, quién era ella, ¡ni siquiera tenía la mayoría de edad para casarme! La chica se volteó para no darme la cara y solo se escuchaban sus sollozos.



―Lo siento ―dije asustada.



Volteó con la cara hacia el piso. No sabía qué hacer, no la recordaba y por supuesto no recordaba el haberme casado con ella.



―¡Te engañé! Es broma, ¡no te casaste conmigo! ―me gritó con una sonrisa más grande y volvió a abrazarme.



―Oye, suficiente ―decía Mariana apartándola de mí―, ¿quién eres?



La chica parecía tener unos catorce o quince años, se veía muy chica. Tenía un aspecto medio rebelde, el cabello como de tres colores diferentes y perforaciones en la nariz y en el labio inferior. Su aspecto se veía todo lo contrario a su forma de ser tan cariñosa y emotiva.



―¿Quién eres tú? ―preguntó la chica a Mariana.



Mariana no contestó al ver que ella la miró de una forma muy molesta, tanto que parecía que en cuanto le dijera su nombre iba a golpearla.



―¡¿Es ella?! ―me preguntó casi gritándome.



―¿Quién? ­―dije.



―La chica por la que llorabas ―dijo con enojo y miró a Mariana con más rencor.



―No, no es ella ―respondí.



Quién era ella. Por qué sabía que sufría por una mujer. Por qué estaba tan molesta por esa razón. Qué estaba pasando.



―Soy Mariana… Mariana San Román ―contestó.



―¡Mariana! ―gritó su nombre con tanta felicidad que parecía la conocía desde hace mucho tiempo y la abrazó con euforia. Se apartó de ella y me miró sonriente.



―¿Quién eres? ―le pregunté al no recordar ni un mínimo de ella.



―Vaya ―decía con desanimo―, entonces si era verdad, me olvidaste.



―Perdón ―dije avergonzada.



―Esto es tuyo ―dijo dándome mi credencial de la escuela―. Así te pude encontrar.



―¿Dónde te conocí? ―pregunté.



―Hace muchos días ―me decía―, estabas mal, no sabías ni de dónde venías y sólo hablabas incoherencias.



―Ya ―dijo Mariana mirándome―. Fue cuando estuviste de ebria vagando por el mundo.



―¡Ah! ―no sé por qué salió como un alivio al saber cómo la había conocido.



Catalina, el cual resultó ser su nombre, me contó todo lo que hice en esos días donde no tuve plena consciencia de mis actos. Nos contó que me dio asilo en su casa, pero que varias veces me escapé para seguir con lo mío. Hasta que un día no se dio cuenta que me salí y fue cuando regresé a casa de Mariana. Me encontró gracias a la credencial de la escuela que dejé tirada en su habitación.



―¿Por qué sufres teniendo lo que tienes enfrente? ―me preguntó mirando de arriba abajo a Mariana.



Yo la miré de la misma forma que Catalina y Mariana me miró con cara de: Por qué me estás mirando así. Seguí mirando a Mariana tan cautelosamente, no dejaba pasar ningún detalle, en realidad era muy hermosa… ya lo sabía, siempre tuve consciencia de que ella era una mujer muy bella, pero no me inspiraba ese amor… ese amor diferente.



―No, no ―contesté rápido al entender de qué forma Catalina me lo estaba diciendo―. No es lo que imaginas, Mariana es mi mejor amiga.



―Pues para ser solo tu mejor amiga, hablas mucho de ella ―pensó Catalina.



―Sí, pero apuesto a que no dije nada inapropiado ―dije mirando a Mariana con una sonrisa nerviosa al pensar que tal vez lo dije, pero estaba segura de que no fue así.



―La verdad ―se quedó pensando Catalina, como recordando algo. Yo esperaba que no dijera algo que pudiera comprometer nada―, la verdad, no.



Suspiré con alivio y Mariana también lo hizo con disimulo. Estaba segura que no sentía nada por Mariana, nada que fuera amor. Tal vez la amaba demasiado, pero ese amor nunca fue un sentimiento más allá que de una amistad y la más grande que pudo haber existido sobre la tierra… tan así fue de grande, que nunca pudo alejarse de mí, ni yo de ella.



―Pero es linda ―dijo Catalina acercándose mucho a Mariana.



―Sí, lo sé ―decía interponiéndome entre ellas―. Tanto que tiene novio desde hace tres años y están felizmente comprometidos.



Mariana volteó a verme con una sonrisa que no se creía, nunca antes había hablado de su relación con Carlos con tanta felicidad y seguridad. Parecía que la estaba defendiendo de Catalina, pero no tanto para asegurarla para Carlos… sino, ¿para mí? Pero claro que eso no era cierto, sé que no es cierto.



―Bueno ―decía Catalina con desanimo―, ni modo. Aquí no tengo nada qué hacer ―volteó a verme y me dijo―: tú eres muy linda y adorable, pero tu corazón está demasiado roto y no creo que yo pueda arreglarlo.



―¡Gracias! ―dije con sarcasmo.



―Tal vez ella pueda ―dijo mirando a Mariana.



―Sí ―respondió Mariana―, yo le voy a curar su corazón, porque yo soy su corazón y ella es mía.



Mariana me agarró del brazo como protegiéndome de todo lo que viniera después.



―¡Lo sabía! Ustedes se aman ―aclaró Catalina.



―¡No! ―gritamos las dos.



―Que complicadas son ―dijo y se alejó de nosotras sin ninguna otra oportunidad de seguir hablando con ella.



―Que amiguitas te consigues ―se quejó Mariana.



―Sí, ¿verdad? ―le dije mirando en la dirección en la que se había marchado.



―¿Te acóstate con ella? ―preguntó Mariana dando la vuelta.



―¡No! ―respondí rápido.



Seguí a Mariana intentando recordar el tiempo que pasé a lado de esa chica. Sé que no pasó nada con ella, por qué lo sé… no lo sé, solo sé que lo sé. Qué bueno que Mariana no puede leer mis pensamiento sino estaría molestándome con querer saber la verdad y haría regresar mi memoria a como dé lugar para tener una respuesta coherente. Caminamos a casa. Mariana en todo el camino estuvo molestándome con la chica. Hasta eso, ese pequeño momento me hizo olvidar un rato todo mi sufrimiento, y apuesto que Catalina me hizo olvidar más de una vez a Lucia los días que estuve con ella en su casa.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.