V
Renata no podía creer lo que estaba leyendo, en ese
momento por fin dejó salir ese sentimiento y lo sintió más fuerte. Limpió sus
lágrimas y esa respuesta que buscaba la encontró, nunca pensó que la
encontraría de esa manera ni mucho menos que fuera eso. Esa misma noche olvidando
todo, incluso a su pequeño hijo, partió a París donde sabía que su esposo había
comprado el cuadro. Buscó a Luisa por las plazas más conocidas y las más
escondidas de toda Francia. Buscó en cada rincón del país, pero no obtuvo
ningún rastro de Luisa. Pasó por la mitad de Europa buscando y preguntando por
ella. Mucha gente le daba noticias que la llevaban a personas equivocadas y
sentía que se alejaba más de su pista. Renata pensaba que nunca la encontraría.
Estaba por terminársele el dinero que había tomado del duque.
Un año después de que inicio su búsqueda encontró a
la familia Valladolid, pero eso no le dio esperanzas de nada, le dijeron a
Renata que hacía ya muchos años que no sabían nada de Luisa. Cansada de no
saber dónde más buscarla, se dio cuenta que el mundo era demasiado grande para
buscar a una persona que nunca debió haber perdido. Decidió regresar al lugar
que la vio nacer, en ese momento Renata ya había perdido su lugar en la nobleza
y en la sociedad. Hizo una vida en una granja que había comprado con el poco
dinero que consiguió y se dedicó a la crianza de caballos. Su vida era plena, a
pesar de no tener los lujos que acostumbraba y sin tantas riquezas, se sentía
conforme. Renata en su búsqueda por Luisa, conoció muchas cosas y experimentó
cosas que creía nunca haría en su vida. El sentimiento por Luisa le enseñó a
vivir su vida, tal vez con una esperanza que nunca se cumpliría. Renata había
decidido no buscarla, su único recuerdo eran sus momentos junto a ella y esa
carta que encontró años después. Renata había comprado un caballete, pintura en
pasta, un lienzo y varios pinceles. Los colocó a la orilla del lago, pensaba
que si el amor que Luisa sentía era eterno debía regresar a donde empezó, así
como la carta que el destino hizo que llegara a sus manos.
–Llegarás a mí cuando tenga que ser así –decía
Renata.
Todos los días Renata paseaba a caballo por el lago
esperando encontrase a Luisa pintando lo que no se veía de él. Renata era
diferente a aquel día, ahora vestía como si fuera un hombre granjero, las
costosas joyas y estorbosos vestidos los había dejado a un lado. La crianza de
caballos era algo que nunca le habían enseñado a hacer, aunque era una de las
cosas que más le gustaba, le costó mucho trabajo adaptarse a esa vida y que su
economía solo dependiera de ello. Luisa por su parte, había dejado su vida
nómada y agitada. En varios países su arte había sido reconocido y eso le llevó
a ganar un indiscutible prestigio. Había dejado sus vestimentas llenas de
pintura y las hubo cambiado por elegantes vestidos, pero sin llegar a lo
ostentoso que era lo que tanto le molestaba.
Un día llena de nostalgia regresó al lugar donde
pasó su infancia y donde su talento empezó a crecer. Llegando a la ciudad se
enteró, por todos los rumores que corrían en toda la región, que Renata había
perdido su posición en la clase alta y que vivía como una campesina porque fue
esa su decisión, mas nunca le dijeron el motivo por el cual había dejado a su
hijo, esposo y su linaje. Todos pensaron que Renata había huido con algún
hombre, pero cuando se dieron cuenta que vivía sola, los rumores pararon y
empezaron sospechas de que el duque tuviera una amante, sin embargo también se
disiparon cuando todos se enteraron de que el duque vivía solo con su hijo. Así
que nadie sabía el verdadero motivo por el cual Renata decidió perderlo todo y
vivir como una campesina.
Sabían del caminó que había elegido Renata, pero no
sabían en qué lugar continuaba con su vida. Luisa decidió buscarla porque
presentía que no estaba lejos, quería entender qué había pasado con su
matrimonio y por qué había renunciado a lo que tenía. Nadie en la ciudad le
pudo decir con exactitud dónde se encontraba la granja que Renata tenía ya que
no era visitada por ninguno de sus parientes ni amigos. Luisa por un impulso
que sintió en el corazón fue al lago donde la conoció con la esperanza de
encontrarla. No podía creer lo que sus ojos miraban, el caballete estaba allí
como si la estuviera esperando; su telar ya no era blanco y eso le hizo
sospechar que llevaba ahí varios meses. Se sentó en el banco que estaba lleno
de polvo por el tiempo, no le importó ensuciar su vestido elegante, tomó los
pinceles que estaban igual de sucios, y abrió las pinturas que ya se
encontraban un poco secas por el tiempo.
Empezó a trazar pinceladas en el lienzo comenzando a
retratar el lago tal y cual lo veía. En ese momento Luisa no se dio cuenta que
Renata la observaba desde lejos, Luisa seguía enfocándose, como siempre, en lo
que más le gustaba hacer, pintar. Renata pensó que otra persona estaba en ese
lugar, se acercó a ella para reclamarle el ocupar un lugar que no le
correspondía, pero entre más se acercaba su corazón empezaba a latir con
fuerza, y al no ver movimiento alguno de aquella mujer que pintaba, se dio
cuenta que Luisa había regresado.
–¡Regresaste, sabía que lo harías! –dijo Renata
emocionada.
Luisa terminó de pintar sin mostrar ningún asombro
por escuchar la voz de Renata a un costado de ella. Miró lo que acababa de
pintar, y como no lo hacía hace muchos años, plasmó su firma a un costado de su
obra. Luisa se levantó, miró a Renata y sonriendo le preguntó si le ofrecería
mil libras por él. Renata no tuvo otra reacción que abrazarla con todas sus
fuerzas y romper en llanto.
–¿Por qué estás aquí? –preguntó Luisa aún sin
entender por qué había cambiado tanto su vida.
–Debía encontrarte…
Renata le contó que en un momento de desesperación,
al saber que no había amor en su vida, no ese amor que deseaba tener, había
encontrado la carta en el cuadro que el duque le había regalado. Luisa estaba
incrédula, no creía que esa carta había llegado a sus manos, tanto tiempo sin
querer saber de ella y tantos días que permaneció en sus pensamientos. Renata
le contó a Luisa que pasó casi más de un año buscándola por todo el continente
hasta que decidió dejar de hacerlo y probar que tan fuerte era lo que sentían.
–Te cansaste –le dijo Luisa con un hilo de tristeza.
–¡No, porque sabía que regresarías a mí! Así como yo
te encontré a ti…–Renata recordó las palabras que Luisa había escrito en la
carta y que siempre le dieron fe para volver a encontrarla–: Si es que este
amor que siento por ti es correspondido, si este amor es tan fuerte como lo
siento ahora, sé que volveré a verte, sé que esta carta llegará a ti. Si es que
sientes el mismo amor por mí…
–Búscame, encuéntrame… Sígueme y no te canses
–terminó de decir Luisa.
Renata depositó la carta entre las manos de Luisa, y
sabía que su amor tendría que ser posible ahora debido a todas las situaciones
que pasaron. Porque su amor siendo tan fuerte, no podía mantenerse tan lejos
por tanto tiempo. En ese tiempo Renata encontró a Luisa, y en una vida pasada
ellas mismas volvieron a encontrase, y se dice que se encontrar en muchas vidas
más para continuar un amor que no tiene final. Se encontrarían vida tras vida,
en diferentes tiempos y con diferentes circunstancias. Pero al final tendrían
una vida para amarse, para perderse y volverse a encontrar. Porque sus almas se
reconocerían, porque su amor estaba hecho para eso, porque sus corazones tenían
una promesa… y porque el destino siempre lo tendrían a su favor.
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