"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

16 de enero de 2012

III

No sé qué pasó en mí esa noche, no me sentía mejor, ni más libre… solo recuerdos físicos se habían ido, ¿pero qué hay de aquellos que están en el alma, los que están en el corazón, esos cómo se borran, cómo pueden olvidarse? Me levanté, lavé mi cara y sujeté mi cabello; ahí me di cuenta que las heridas de mis dedos dolían y algunas eran profundas. Pasé a la habitación de mis padres, donde mi madre siempre guardaba banditas en un cajón, las usaba cada vez que regresaba con rasguños en las manos, cosa que pasaba todos los días; ya estaban viejas, hace mucho que no se utilizaban. Solo las tomé y salí, no me gustaba permanecer ahí, porque me daba cuenta que los recuerdos del corazón y los del alma, no se borraban nunca. Fui hacia la casa de Mariana poniéndome las banditas en los dedos, no me había dado cuenta que me corté varias veces.

―¡Mariana! ―grité varias veces desde afuera de su casa a la ventana que daba a su habitación mientras miraba mis dedos, era gracioso volverlos a ver de esa manera.

Su mamá salió un poco dormida, era muy temprano como para que estuviera gritando afuera de su casa…

―¿Alma, hija, cuántas veces tengo que decirte que uses las llaves para que entres?

―Lo siento segunda mamá ―le dije apenada, tantos años diciendo lo mismo y parecía que no entendía ni una sola palabra, pero tenía un gran motivo para hacerlo y lo seguiría haciendo―, es para despertar a Mariana.

―Es una buena solución ―me dijo pensando.

Miré desde el exterior de la casa a Mariana bajar las escaleras con un poco de prisa y con miedo en su rostro. Se acercó, me miró por unos segundos y me dio una bofetada, no entendí por qué lo hizo, me ardía la cara por el golpe que me había dado. No lo entendía, miré a su mamá y también estaba sorprendida por lo que Mariana había hecho.

―¡¿Lo sentiste?! ―me dijo gritando y con lágrimas en los ojos― ¡¿Dime, lo sentiste?!

―¡Claro que lo sentí!... ¡¿Crees que soy de piedra o qué?!

No dejaba de verme, miraba a un lado y a otro, tallaba sus ojos. Volteó a ver a su mamá y le dijo:

―¿Tú la ves?

Su mamá me miró como acusándome de algo…

―¡Esta vez no le di nada! ―le dije rápido.

La última vez que Mariana se puso así fue cuando le di aprobar marihuana cuando teníamos catorce años, su mamá dejó de hablarme por varios meses porque arriesgue mi vida y la vida de ella sabiendo que incluso un poco de café la ponía así. Mariana volteó a verme no creyendo que estuviera frente a ella.

―No es un sueño, ¿verdad?

―¡Claro que no! ―le dije molesta.

Limpió sus ojos y me abrazó con fuerza.

―¡Suéltame! ―me aparté de sus brazos― Primero me golpeas y después me abrazas… ¡Qué linda, no!

Entré a su casa y escuchaba como Mariana discutía con su madre por haberme pegado.

―¡Ah! ¿Entonces por eso me pegaste? ―le dije cuando después nos contó sobre el sueño que había tenido esa noche. Entendí que esa fue la razón por la que llegó en la noche sin preguntar nada y golpeándome creyendo que me había suicidado.

―Sí, por esa razón.

―¡¿Y no pudiste pegarte o pellizcarte?! ―me levanté de la mesa y golpeé con mis manos el cristal― ¡¿Por qué tuviste que pegarme a mí?!

―Bueno… yo… ―intentó decir Mariana.

―Alma… ―decía su madre.

―De Mariana… digo, si segunda mamá.

―¿Por qué tienes los dedos así? ―preguntó, tenía la mirada fija en mis dedos que estaban cubiertos por las banditas.

Tomé mis manos intentando ocultarlas, no sabía que responderle sobre eso, sería demasiado vergonzoso contarle ese pequeño incidente.

―¿No me digas que sigues molestando a los gatos?

Empezaron a reír, Mariana también lo hizo para que su mamá no pensara otra cosa. Muchas veces a ella le tocó curar mis heridas por esa obsesión que tenía por los gatos, así que no importaba, era mejor que pensara eso a que supiera la verdad.

―¡Ven! ―dijo Mariana sujetándome con cuidado de la mano para no lastimarme más y subimos a su habitación.

Me tiré sobre su cama y tomé el control. Estuve un buen rato sin pensar en nada, no quería que mis pensamientos se coordinaran en un pensamiento específico, ni siquiera en un sentimiento real, solo miraba los diferentes escenarios que me mostraba esa pantalla.

 ―¡Ya dame ese control! ―me lo arrebató de las manos y apagó la televisión― Pareces hombre, solo le cambias y le cambias.

Miré la pantalla oscura y crucé mis dedos adoloridos sobre mi estómago, hacía mucho que no tenía los dedos así, pero era peor cuando tenían que curarme las heridas de la cara, solo eran pequeños rasguños, pero dolía mucho. Aún tengo cicatrices de aquellos días en que perseguir gatos era mi mayor pasión, muy pocas veces logré alcanzar uno. Volví a mirar la pantalla y se notaba un poco nuestros reflejos.

―Es extraño ―le dije enfocando mi mirada en mis dedos y dejando que ahora lo que no quería que se coordinara, lo hizo.

―¿Qué es extraño?

―Es como caer en un pozo que no tiene fondo ―miré el techo―. Cuando vas cayendo no sientes nada, incluso no te importa lo que pase, y lo peor es que dentro del pozo ―le di la espalda quedando sobre mi hombro―, hay piedras salientes que te golpean, pero ya no sientes dolor... no sabes cuándo llegaras al fondo... y solo esperas llegar algún día.

―Sí, pero yo estaré ahí para sujetar tu mano y ponerte en pie otra vez ―me dijo y me abrazó por la espalda.

―Lo sé ―le dije.

―Alma…

―De Mariana ―murmuré.

―Y mi corazón tuyo… ―me dijo. Era gracioso contestar de esa manera, así suavizaba cualquier cosa que pudiera decirme, era como un chantaje para que sus regaños no fueran tan duros. Cumplíamos años el mismo día, pero era exactamente un año más grande que Mariana y digo exactamente, porque Mariana nació a la misma hora un año después. Así que siempre decíamos que primero se creó su alma en mí y después mi corazón en ella― Alma… con lo que viste, dijiste e hiciste ayer... ¿No crees que es momento de dejar todo atrás?

Me levanté y me paré frente a la ventana. La abrí mirando hacia a todos lados... y recordé a la persona que estaba con Lucia la noche anterior. Es demasiado estúpido pensar que era ella o no era tan estúpido pensarlo, mejor dicho, soy una estúpida por no pensarlo antes.

―Era ella ―le dije a Mariana.

―¿Quién?

―La chica que muchas veces intentó separarnos.

―Pero sino la conocías bien.

De todas las veces que supe de ella era por conducto de amigos de Lucia, no sabían lo nuestro, pero lo sospechaban, ellos hacían comentarios sobre las orientaciones de Lucia, sobre las mías, hacían bromas sobre el tema, nunca con intención de ofender, pero esas bromas eran muy malas cuando se hablaba de Lucia y su amiga, la persona más “fácil” de la escuela.

―Solo la vi un par de  veces... ―le decía a Mariana con tristeza y enojo― recuerdo su mirada fría y altanera, esa forma tan soberbia que tenía en los ojos…

Decidí callar y no seguir pensando en ella en voz alta, Mariana no aceptaría que me expresara incorrectamente de una persona, aunque la razón de mis palabras las tuviera bien acertadas. Tenía esa misma forma altanera de tratarme como una niña cuando le hablaba a Lucia de mí, siempre diciéndole que era una persona muy infantil como para estar con ella. Tenía la misma edad que nosotras, sus padres divorciados y su madre alcohólica, a su corta edad ya había tenido un aborto, nadie hablaba de ello, pero todo mundo lo sabía. Su forma de ser, su forma de tratar a las personas y meterse con cualquiera que se le cruzara en su camino la hacía ver como una…

―Ya no pienses tanto que me da miedo ―se acercó Mariana acariciando mi rostro. Sus manos siempre eran suaves y tibias, aun cuando hacía frío, sus manos siempre eran cálidas y mantenían un color rosado.

―¿Qué, te da miedo que de tanto pensar sea más inteligente que tú? ―le dije de broma.

―Eres más inteligente que yo y lo sabes ―tomó mis manos, miró mis ojos y me sonrió con ternura―. Solo que tú te dejas llevar ante todo por el corazón y no por la razón.

Miré por la ventana, el cielo era azul, un azul muy claro, tan claro que costaba creer que estábamos en la ciudad más grande y contaminada del mundo.

―Si no te dejas llevar por el corazón ahora ―la miré con un poco de tristeza― ¿…Cuándo?

Sólo sonrío y me abrazó, nunca supe si le costaba encontrar una respuesta a todas mis preguntas o buscaba las palabras más fáciles para que yo las entendiera o para que ella misma se entendiera. Pero siempre tardaba en darme una respuesta, pero al final, siempre me daba la que me hacía sentir mejor.

―Si todos se dejaran llevar por el corazón, no serías la persona más linda y buena que haya en mi vida… y me tendrías ahí queriendo a todo el mundo.

―Muy desagradable ―le dije con un gesto de fastidio al imaginarla abrazando a todos.

―Sí. Oye, Alma… tú, bueno… ―decía en un tono de duda, intriga y sin intención de decirlo― tú, alguna vez.

―¿Yo qué?

―¿Me… me has visto desnuda?

―¡¿Qué?! ―le grité impresionada, jamás pensé que pudiera preguntarme algo así― ¡¿De dónde sacas eso?!

Mariana se sonrojó como nunca antes la había visto. Se alejó un poco de mí y empezó a contarme la parte de su sueño que no contó a su madre. Creo que nunca hubiese querido ver a Mariana desnuda en mi vida. Ella era hermosa, una de las mujeres más bellas que había visto en mi vida, pero de ahí a convertirla en una fantasía, era demasiado.

―Y eso fue lo que me dijiste en mi sueño ―terminó de contarme. El color en su rostro ya había disminuido, aunque el mirar de sus ojos seguía inquieta.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.