"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

16 de enero de 2012

II

Ya había pasado un mes después de que regresé de mi gran fiesta de “olvido”, la resaca me tardó más de tres días, al menos no más de lo que fue la fiesta, eso es un gran consuelo, pero todavía me sentía ausente y perdida. Es extraño perder tantos días de tu vida sin recuerdos no muy claros y solo dejarlos como un mal sueño. Esta vez me había decidido a dejar todo atrás, intentar jugar de nuevo con mis sentimientos, tenía dieciséis años, faltaba mucho por conocer, por mucho que eso doliera saberlo, dicen que la vida duele, solo si tú quieres que duela. Piensas que la persona que más quieres ya no puede hacerte más daño del que ya te ha hecho... pero no, aún puede hacerlo y mucho.

―¿Bien, cuál de ellas te gusta? ―me preguntó Mariana con una sonrisa amplia y señalando el lugar donde había varias personas bailando.

La miré molesta, en ese lugar fue la primera vez que me atreví a hablarle a ella y en ese mismo lugar entre tanta gente y con tanta música escuché el “Ya no quiero nada de ti”. No contesté su pregunta y me fui a la barra a pedir una bebida. Era un lugar concurrido por muchos jóvenes que aún no teníamos la mayoría de edad, no servían bebidas alcohólicas, pero nos hacían sentir como personas mayores, el ambiente tenía eso. Además de que jamás en la vida volvería a ingerir alguna bebida alcohólica después de aquellos días. Mariana se sentó a lado mío y solo me observaba esperando que contestara la pregunta.

―¡Bien! ―dije girando la silla hacia las personas y buscando algún rostro bonito― Me gusta...

Sentí como mi corazón terminó por hacerse cachitos, no podía creer lo que estaba mirando, simplemente era imposible... me levanté, me abrí paso entre las personas y llegué hasta ella, su mirada era diferente, se veía tan feliz, y por qué no debía estarlo... ya no estaba conmigo.

―¿Cómo estás? ―me preguntó fríamente cuando me vio parada frente a ellas.

Mariana llegó hasta donde estaba, me tomó del brazo para que nos alejáramos del lugar y no le dijera nada.

―Sabía que terminarías con ella ―dijo señalando a Mariana con la mirada.

―Púdrete ―le dijo Mariana con enojo.

No sabía por qué no había palabras en mi cabeza, había dolor pero aun así me sentía impotente ante tanta rabia. Volteé a ver a la chica que estaba con ella, y me sonrió con tanta maldad que creí iba a soltar una carcajada para burlarse de mí. Miré otra vez a Lucia y parecía que no le importaba ya nada de lo que yo sintiera. Di paso para alejarme y no decir nada, pero no pude, hubo algo en mi interior que estalló, me solté del brazo de Mariana y regresé adonde estaba Lucia...

―¿Sabes? ―le dije mirándola con rabia y desahogando tanta impotencia― Quisiera decirte... que... ―sentía que todo debía salir en ese momento, aunque todo saliera sin sentido― ¡¡Que maldigo el día que te conocí!!... ¡¡Maldigo cada día que pasé contigo!!...¡¡Abarrorezco cada beso y cada abrazo que me diste!!... ¡¡Odio tus palabras!!... ¡¡Odio todo de ti!!... ¡¡¡Quisiera tanto decirte que te odio!!! ―grité esas últimas palabras con fuerza, no me di cuenta que todos estaban mirando, ni siquiera me importaba. Dejé de mirarla y miré el piso y continué―: Pero primero... quisiera sentirlo, sin embargo... parece que te amo cada día más.

Di la vuelta y me alejé de ella, me di cuenta que todos me miraban con tristeza. Mariana me abrazó y me sacó del lugar...

―¿Qué fue eso? ¡Ibas bien! Y sales con la tontería... ”Sin embargo... parece que te amo cada día más”... ¡¿Cada días más?! ¿Estás mal de la cabeza o qué? ―me reclamó Mariana.

―Vamos a casa ―le dije sin sentir nada, creo que ya había sacado todo lo que tenía, si Mariana no se dio cuenta que mencioné que “parece” que la amo cada día más, Lucia tampoco se dio cuenta que no estaba segura de eso.

Mariana me dejó en la puerta de mi casa, por alguna razón desde todo este tiempo que nos conocemos no le ha gustado mucho el lugar donde vivo, muy pocas veces pasa las noches o varios días en casa. Yo sólo me sostenía con una pensión que cada fin de semana recibía de una tía cercana, no podía recibir la herencia de mis padres hasta que cumpliera la mayoría de edad, algo que no me entusiasmaba tener. Casi siempre me pasaba todo el día en casa de Mariana, así que solo tenía lo indispensable para dormir en mi casa.

―Prométeme que estarás bien ―me sugirió Mariana.

―Sí, te lo prometo.

Cerré la puerta y lo único que hice fue subir las escaleras hacia mi habitación, que no veía en mucho tiempo. Es tan oscura, nunca dejaba que entrara más luz, solo la necesaria y eso le daba un ambiente un poco tétrico. Recorrí cada lugar con la vista hasta que encontré su fotografía donde me abrazaba, era el recuerdo de nuestra primera cita en una relación formal, donde habíamos dejado atrás tantos prejuicios y solo disfrutábamos del sentimiento. Quité la fotografía que estaba pegada al espejo, la puse sobre la cama... y busqué entre todas mis cosas cada una de las de ella, una a una las fui dejando en la cama.

―Todo terminara ahora ―me dije mirándome al espejo, aún me sentía lejos de mí, estaba mareada, dolida... el corazón aún me seguía doliendo, cada vez los dolores eran más fuertes y más frecuentes.

Mi mirada se enfocó en una navaja que estaba sobre mi mesa. Tenía un brillo a pesar de que nada podía reflejarle luz. Me levanté por ella y volví a sentarme, la miré, no recuerdo por cuánto tiempo...

―Todo termina hoy ―tomé entre mis manos con fuerza aquella navaja y comprobé que es verdad todo lo que dicen, si es más frío el acero cuando corta tu piel, pero la propia sangre cálida lo recompensa todo.

Esa noche hacía mucho frío y el viento soplaba con intensidad, como cuando presiente que las cosas malas flotan en el aire y lo lleva por todas partes sin que ninguno pueda escapar de la tragedia.

―¡Mariana!

Se escuchó la voz de Alma por toda la calle más de tres veces. Se abrió la puerta y salió la mamá de Mariana.

―Alma por qué tienes que estar gritando, sabes que tienes llaves y sólo puedes entrar.

―Lo siento segunda mamá, es para despertar a Mariana.

―Es una buena solución ―dijo pensando.

Alma subió muy rápido las escaleras a la habitación de Mariana, abrió la puerta con fuerza y se lanzó hacia su cama.

―¡¡Mariana... mírame!! ―le quitó las sábanas del rostro― Mira... ya estoy mejor, mi cabello ya está mucho mejor... es hora de pensar en una nueva vida. ¡Y disfrutar de todo!

―¿No puedes hacer eso más tarde? Son las ocho de la mañana. ¿Tu vida no puede mejorar un poquito más tarde? ―dijo Mariana con sueño.

―Es el tiempo justo y necesario. ¡¡Iré a conquistar chicas!! Y no te llevare conmigo.

―¡Estás loca! ―se quejó.

―Pero ya sabes que no por ti.

Alma estaba tan feliz que no lo creía, llegó a la puerta y estaba por cerrarla.

―Oye, Mariana.

―¿Qué quieres? Déjame dormir.

―Siempre seré tu chica, ¿verdad?

―Sí, siempre lo serás.

Alma salió de la habitación pero no pasó mucho tiempo y volvió a abrir la puerta...

―Sabes, cuando te vi desnuda se despejaron todas mis dudas de que me gustaban las chicas.

―¡Alma! ¿Qué dijiste? ―gritó Mariana.

Alma cerró la puerta lo más rápido que pudo para no contestar la pregunta. Mariana se tumbó en su cama, se tapó completamente hasta la cabeza impidiendo que la luz entrara... “¡Mariana!” escuchó gritar a Alma con fuerza.

―¿Ahora qué se le olvido? ―dijo un poco molesta.

Destapó su rostro, se asustó mucho cuando se dio cuenta que aún era de noche, aquello solo fue un sueño... miró hacia la ventana que daba a la calle. Tuvo un presentimiento de que nada estaba bien. Se levantó rápido y bajó las escaleras hasta la puerta que daba a la calle, con sorpresa se encontró a su mamá mirando hacia la calle.

―¿Qué haces aquí? ―le preguntó. Su mamá la miró un poco confundida y asustada.

―Escuche a Alma gritándote.

Mariana salió de la casa.

―¿Adónde vas?

―Alma no está bien.

La casa de Alma no estaba tan lejos, ni siquiera cambio su ropa, hacía frío pero no le importó en ese momento. Llegó a la casa de Alma y entró sin más ya que no existía nadie a quien pedirle permiso para entrar. La encontró tirada sobre su cama y se dio cuenta que  sus manos tenían mucha sangre.

―¿Por qué lo hiciste?, ¿por qué lo hiciste? ―dijo llorando y golpeando mi pecho.

―¡Eso me duele! ―le dije quejándome.

Me miró y miró mis manos.

―¿Qué te pasa? ―le pregunté con dolor.

Mariana me miró con enojo como queriendo pegarme de nuevo sin saber por qué lo hacía, pero con ganas de hacerlo... con muchas ganas de hacerlo.

―Tus dedos.

―No es nada grave ―me senté sobre la cama.

Encendió la luz y me miró enojada, lo único que había sobre mi cama eran fotografías que me recordaban el sufrimiento que sentía en ese instante, todo lo corté con aquella navaja.

―¡Estás loca! ―me gritó.

La miré confundida, no sabía exactamente por qué me gritaba de esa manera y por qué se veía tan asustada.

―¡Tú eres la loca! Vienes aquí y empiezas a golpearme.

―¿Qué hiciste? ―dijo tomando todos los trozos de recuerdos bañados con un poco de mi sangre.

―Tenía que desquitarme con algo, ¿no? ―le dije triste― Me dejas sola.

―Sabes que puedo dejarte sola

Se sentó a un lado de mí…”Estar sola” eran palabras que no existían en nuestra amistad, “Estar sola” era una manera de estar una con la otra sin decir palabra alguna, esa era nuestra manera de estar solas.

―Esta vez quiero estar en realidad, sola.

Me miró y tomó mis manos, limpió un poco de la sangre que aún estaba fresca.

―Para la otra no seas tan bruta y usa tijeras o algo que no haga que corte tus manos.

Miré a un lado y vi que todo en realidad estaba mal, que no había más cosas que cortar, la miré una vez más y le dije:

―No creo que haya otra más.

Salió de mi habitación y me recosté sobre mi cama.

―¿Por qué duele tanto? ―me pregunté sujetando mi pecho con insistencia.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.