"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

13 de enero de 2012

III

Alexandra esperó toda la mañana a ver si la chica aparecía en el mismo lugar de la otra vez, pero se acercaba la tarde y ella no aparecía. Miraba a todos lados buscándola, no sabía exactamente cuál era su necesidad por verla. Chocaba sus dedos contra la madera vieja del puente, se estaba desesperando y ya no quería estar más ahí. Suspiró y no vio más remedio a su desesperación que irse. Caminó hacia la orilla del puente para marcharse y en ese momento una pequeña ráfaga de viento la hizo detenerse y voltear hacia un costado del puente. En ese momento aparecía una pequeña figura entre los árboles y con una gran sonrisa, como si estuviera sonriendo con alguien. Alexandra se acercó al puente y la observaba, aquella chica caminaba entre las piedras para acercarse al río y sentarse en la misma piedra del día anterior.

Alex esta vez no gritó para no espantarla, fue directo hacia ella haciendo el menor ruido posible. Escuchaba que murmuraba algo pero no entendía qué era y a quién se estaba dirigiendo. La chica seguía murmurando palabras al viento, jugaba con el agua y depositaba algunas flores sobre el rio.

–Hola –dijo Alexandra tímidamente.

La chica volteó asustada al verla allí parada tan cerca y sin haberla escuchado. Se levantó con intención de marcharse, estaba asustada y nerviosa. Miraba a todos lados sin encontrar una salida rápida. Alex se dio cuenta que entre sus manos llevaba flores de muchos colores, flores que probablemente recogió en su camino por el bosque.

–No te haré daño –decía Alexandra sonriendo para que se tranquilizara–, me llaman Alex.

Alexandra le extendió la mano para que aquella chica tuviera la obligación de contestarle y no la dejar allí plantada. Los ojos verdes de la niña la miraban dudosos y conmovidos, tenía tantas flores en sus manos que no sabía qué hacer con ellas para darle la mano. Se colocó las flores entre su brazo izquierdo para dejar libre el otro.

–Ehecamécatl –dijo la chica tomándole la mano. Alexandra sintió una leve ráfaga de viento, era muy suave que le invadió todo el cuerpo y sintió una extraña paz en su interior. Su voz, al igual que su mano, era suave e hipnotizadora.

–¿Ah? –dijo Alex con una sonrisa torpe al no entender nada de lo que le había dicho.

–Ehecamécatl –dijo una vez más, pero al notar la cara de Alexandra que seguía sin entender, suspiró y le dijo–: Lilly, mi nombre es Lilly.

–¿Te acuerdas de mí? –preguntó Alexandra sin soltar su mano.

La chica la miró fijamente a los ojos tratando de recordarla. Regresó su vista a sus manos que todavía estaban unidas y sonrió. Alex al darse cuenta la soltó rápido.

–¡No! ­–gritó la chica mirando sobre el hombro de Alexandra.

Alex se asustó al ver como ella se alejaba dejándola de lado sin responderle la pregunta. Lilly seguía gritando que no mientras caminaba por entre las piedras. Se alejó hasta entrar al bosque. Sólo la miraba sin entender su comportamiento, pensó en irse y no volver a buscarla al saber que ella no la recordaba. Pero se dio cuenta que Lilly se agachó a recoger algo y dio la vuelta para regresar a donde ella estaba, sonreía mientras caminaba hacia el rio. Alexandra no se había dado cuenta que Lilly estaba descalza, pero parecía que las rocas no lastimaban sus pies.

–Toma –decía Lilly y le entregó unas llaves–, ya se las llevaban.

Alexandra se dio cuenta que eran las llaves que llevaba en el bolsillo trasero de su pantalón.

–Gracias –dijo pensando que se le habían caído.

–Siempre toman las cosas que no son suyas sólo para jugar –aseguró Lilly.

–¿Quiénes? –preguntó sin entender nada.

Lilly regresó su vista hacia el bosque y sonrió.

–Las hadas –dijo Lilly.

–¿Hadas?

–Sí, siempre esconden las cosas pequeñas… como tus llaves.

–Pero… yo –intentaba decir Alexandra–, tal vez se me cayeron.

Miró hacia el bosque, no pudieron haberse caído ahí, porque ella venía del lado del rio y en ningún momento pasó por donde Lilly había recogido las llaves.

–¡No! Fueron ellas –dijo Lilly convencida.

Alexandra no le dijo nada, seguía pensando en qué momento sus llaves pudieron haber llegado hasta ahí.

–Claro –contestó Alex.

Caminaron de regreso al bosque. Lilly parecía una persona que no había crecido aquí, o que aún no crecía, pensaba Alexandra. Cómo es que una persona de su edad todavía creyera en algo tan fantasioso como las hadas. El alma de Lilly, su aspecto físico y su expresión le hacían ver muy chica. Sus palabras, se oían como las de un niño de seis años. Su semblante era tranquilo que le causaba tanta paz en sus pensamientos. No podía dejar de mirarla, incluso a veces pensaba que si sus ojos se cerraban por mucho tiempo, ella iba a desaparecer tan mágicamente como llegó a su vida.

Estuvieron toda la tarde en el bosque, y por un tiempo, jugaron junto al río. Lilly no decía nada, a veces parecía que estaba sola. Alexandra tampoco la obligaba a hablar, pero sabía que Lilly estaba consciente de que ella estaba, porque de vez en cuando, volteaba a verla y le sonreía.

–Vamos a casa –fue lo único que Lilly le dijo en todo ese tiempo junto a Alexandra.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.