"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

2 de enero de 2012

I
Se cuenta que hace mucho tiempo, muchos años atrás. Cuando aún las personas se conducían en lujosos carruajes hechos de acero, madera fuerte y tirados con potentes caballos. En ellos solo podía viajar la clase noble y algunos privilegiados. Los menos afortunados, hacían sus andanzas a pie o a caballo y cuando la distancia era mucha, a todas las clases les correspondía viajar en tren, pero igualmente, las clases eran divididas. En ese tiempo donde los hombres, dependiendo su posición económica, se dedicaban a los negocios que heredaban de sus familias con cuantiosas fortunas, los de clase media en las granjas a la crianza de caballos y los que no tenían más, se iban a la guerra como soldados; siendo así que cada uno contaba con un lugar en la sociedad y no se podía hacer más al respecto. Las mujeres, que eran las menos afortunadas en ese tiempo, solo podían dedicarse al hogar, los hijos y a su esposo. Donde no tenían más derecho que hacer felices a otros, sin conocer incluso lo que era la felicidad para ellas mismas. Se cuenta la historia de dos mujeres jóvenes que vivieron una historia irreal a su corazón, irreal a su tiempo e irreal a su entorno.
Esta historia se quedó por mucho tiempo oculta en la memoria de quien la vivió y de quienes fueron participe de ella, pero que ignoraban completamente la realidad y el sentido de tal historia. Renata de Córdoba era su nombre, se recuerda así, colocada como una dama ante la alta sociedad, que apenas había nacido ya estaba comprometida con un duque, que en ese entonces él tenía diez años, y debían casarse apenas Renata cumpliera los dieciocho años de edad. Renata de Córdoba había sido educada, como a la mayoría de las mujeres de ese tiempo, solo a servir a su esposo e hijos cuando llegara a tenerlos. Sin embargo, Renata tenía una educación de libros, profesores y experiencias, mas nunca su opinión era considerada en conversaciones importantes. Su familia era reconocida por todo el continente Europeo y más allá de sus fronteras conocidas. Carlos de Córdoba, su padre, gran hombre de negocios y dueño de la mayoría de los bancos Europeos. Era respetado por su rectitud y buen juicio. Estefanía Vicario, una gran dama de sociedad y buena esposa, era el mayor ejemplo que Renata tenía para la vida que había sido educada, ser una buena esposa para su prometido.
En ese tiempo, a sus quince años, su única distracción eran sus clases de piano, que tenía tres veces a la semana, y las clases que llevaba de teoría del arte, pero su gran pasión, una pasión que debía ocultar, eran los caballos y esos paseos que disfrutaba al atardecer. Pero como toda una dama no podía tenerlos con toda la aprobación. Se cuenta que por varios años, mas nunca se comprobó por completo la historia, Renata tuvo una amistad oculta con una joven de clase desconocida, probablemente de la clase donde las mujeres no eran comprometidas apenas habían nacido, como en el caso de Renata, sino que esperaban a encontrar lo que llamaban el amor verdadero. Luisa Valladolid, una chica muy adelantada a su tiempo, tenía un carácter explosivo, aventurero y artístico. Tenía el don de la pintura desde los cuatro años, su inteligencia la hacía una persona alejada de los demás, porque decía que la sociedad estaba estancada en ideologías erróneas y sentimientos mal utilizados. Luisa Valladolid se escondía entre sus pinceles, lienzos y paisajes que disfrutaba pintar. Se conocieron una tarde cuando Renata salió a pasear a las orillas de un lago a las afueras de la ciudad. Le pareció interesante ver a una chica de su misma edad, vestida con ropas que parecían de granjero, sin esos vestidos estorbosos y pesados que ella debía usar. Frente a ella se encontraba un caballete viejo y pesado sosteniendo el lienzo a pintar. Luisa estaba sentada en un pequeño banco de madera de un tono oscuro y viejo. Renata de Córdoba la observó por largo tiempo desde lejos, la miraba tan concentrada en la pintura que estaba retratando del lago que no quiso interrumpirla. Bajó del caballo y se acercó a ella intentando hacer el menor ruido posible. Se quedó detrás de su espalda y solo miraba como sus manos creaban magia sobre el lienzo para darle color. Luisa estaba tan concentrada que no le prestó atención a pesar de que se había dado cuenta que ella estaba ahí.
–El lago no es tan azul –dijo Renata haciéndole ver su imperfecta observación con toda la confianza que le hubieran dado los tantos años de conocerla, mas sin embargo era la primera vez que la veía y las primeras palabras que le decía.
Luisa detuvo el trayecto del pincel, que marcaba el límite de un lago azul cristalino que chocaba con el verde de un pastizal sobre su lienzo, descansó su mano y suspiró.
–Pinto su esencia, no su realidad –le dijo Luisa sin retirar sus ojos del lienzo, en un tono que le hizo sentir que no era posible que no viera algo tan lógico y simple.
Renata no dijo más y solo se dedicó a observar como las manos de Luisa seguían creando magia. Estuvieron así por tres horas, sin decirse palabra alguna, sin mirar sus rostros y sin conocerse más que su olor. Luisa percibía el sutil y costoso perfume de Renata que la distraía en ocasiones. Mientras que Renata percibía el olor del cian de la pasta que usaba Luisa para pintar el azul del cielo. Pero los ojos de Renata no dejaban de maravillarse al ver como cada pincelada tomaba su forma. Renata de Córdoba había estudiado arte y a los mejores artistas, incluso conocía a muchos artistas de su tiempo, pero nunca había visto como ese arte era creado que le asombraba tanto verlo. Pasó media hora más cuando Luisa dio las últimas pinceladas y puso su firma en la esquina de la parte inferior derecha del cuadro.
–¡Le ofrezco 1000 libras por el cuadro! –dijo Renata con euforia desde la posición en la que estaba, aún detrás de Luisa, porque sabía que nadie podría despreciar dicha cantidad de dinero.
Luisa Valladolid sonrió sin mirarla ya que contemplaba su obra, siempre sentía que le faltaba algo más que expresar.
–¡Mil libras! –dijo una vez más colocándose a un costado de Luisa. Al no tener respuesta, Renata se dio cuenta que ella no pintaba por negocio y que solo lo hacía por arte. Sabía que tenía que ofrecerle algo más, mucho más de lo que había dicho, y Renata sabía que podía tener el dinero que le pidiera– ¡Pídeme lo que quieras!
–¿Y si te pido tu corazón? –dijo Luisa Valladolid levantándose y dándole por primera vez la cara a Renata.
En ese instante sus mundos se transformaron, todo se detuvo de golpe y en ese mismo segundo todo se movió. Renata la miró a los ojos y sintió por primera vez ese nerviosismo que debió haber sentido desde que se acercó a ella, porque era una desconocida, porque nunca antes la había visto, porque su timidez innata hubiera reaccionado de esa manera ante algo que consideraba hermoso. Luisa sin embargo le asombró el inmenso vestido que llevaba, las joyas relucientes que llevaba sobre su cuello y se preguntaba por qué una dama de su linaje paseaba por esos lugares solitarios. Pero más que eso, le asombraba su belleza y esa ternura que reflejaba en toda su esencia.
–El dinero… le vendría bien… ¿No le parece? –le dijo Renata mirándola, pero sin hacerlo con insulto, de arriba hacia abajo.
–No lo hago por dinero –le contestó Luisa dando vuelta para guardar sus cosas.
–No, no se ofenda… no lo digo por eso –decía Renata avergonzada–. Ya me agradaría vestirme así y dejar estos vestidos que no me dejan mover para nada.
–No creo que pueda usar esto, es un pantalón de granjero al igual que la camisa y las botas… Si el clero la viese vestida así le retiraría nuestro buen nombre… –Luisa movía las manos para que le dijera el nombre del cual la iglesia se avergonzaría si la viera vestida como ella lo estaba– ¿Que… es?
–Ah, nombre, sí –decía regresando su coordinación a su cabeza y retirando la imagen de ella vestida como una campesina– Renata… Renata de Córdoba.
–¡Córdoba! –decía asombrada Luisa y emitiendo una sonrisa burlona. Luisa empezó a guardar sus cosas y murmuraba palabras que no tenían sentido­– Renata de Córdoba –decía y sonreía incrédula.
–¿Algún problema con… mi nombre?
–No, ninguno… Acepto las mil libras –contestó Luisa.
–Pensaba darle mi corazón –decía Renata sonriendo.
–Lo siento, no acepto nada que ya esté dado… y nuestro corazón ya no le pertenece.
De esa manera empezó una amistad que se fue transformando en un amor oculto, incluso para ellas mismas, que no se daban cuenta de la magnitud de sus sentimientos. Renata conoció más a fondo a Luisa Valladolid, que para sorpresa suya no era lo que aparentaba, ya que la familia Valladolid era reconocida por la gran fortuna y familia de gran linaje que la precedía por mucho tiempo. Sin embargo Luisa había dejado en claro a su familia que a ella no le importaba la clase social en que la encasillaran. Así que había buscado la independencia apenas tuvo la facilidad de comunicarse, viajó por mucho tiempo por casi toda Europa, siempre viviendo nada más de lo poco que le daba su arte y de algunos trabajos que conseguía por temporadas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.