"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

2 de enero de 2012

III
Después de varios días Mariana no tuvo otra opción que quedarse en Florencia y continuar con su vida, si a lo que tenía podía llamarle vida. Cristin se ocupaba de asistir a la oficina, eso era algo que Mariana quería evitar a toda costa. Cada instante a cada segundo la recordaba, aquellos ojos azules que tantas veces miró, que tantas veces ocultaron una verdad, una verdad que tal vez era mejor callar. Quería olvidar cada recuerdo que de nada le valía recordar si nada la consolaba. Caminaba un poco triste entre las calles italianas, hoy no había hojas que pisar, no había un suspiro de amor, sólo nostalgia y no sabía ni lo que extrañaba de su vida. Sólo tenía recuerdos en su mente de sueños que esperaba compartir con Annie.
Intentaba entretenerse en las tiendas que veían sus bellos ojos verdes. Nunca se preocupó por algo tan superficial como la ropa, pero esta vez era lo único que podía distraerla. Entre sus manos tenía un abrigo blanco y uno azul, no se decidía por ningún color.
—Creo que ningún color va conmigo —se dijo ella misma.
—El blanco, hace resaltar más tus ojos verdes —dijo una voz conocida. Mariana miró y volvió a perderse con el brillo de esos ojos azules que no veía desde hace mucho tiempo y sintió como su cuerpo se estremeció.
—Hola... hace tiempo sin verte.
—Hola —contestó Annie con una sonrisa tierna.
Las dos se trataban como si nada de lo que pasó entre ellas les hubiera causado dolor, cómo si la separación de cinco años hubiera dejado indiferencia en sus corazones. Se veía tan fácil ocultar lo que sentía cada una.
Platicaron de todo. Annie le contó lo que había hecho en estos cinco años; la muerte de su madre, los países que había visitado y todo lo que había aprendido. Veía a Mariana con la mirada perdida, como si no estuviera escuchando nada de lo que le decía, había algo que no le gustaba, se molestó un poco y se paró del lugar donde estaban sentadas.
—Tengo que irme. Me agradó volver a verte —dijo Annie.
Mariana la miró, recordó todas esas veces que en sus sueños le pedía que se quedara, quería gritarle esas palabras pero no podía, no estaba segura si Annie aún la amaba. "¿Te quedas conmigo?" pensó Mariana al sujetar el brazo de Annie.
—¿Te... te puedes quedar un rato más?... ¡¡Podemos tomar un café!! —decía Mariana emocionada como una niña para que Annie aceptara— ¡¡En mi casa!!
—¿Un café?... Está bien, sólo espero no derramarlo sobre ti —y sonrió divertida.
—No, ya sabes lo que te espera si lo haces —le dijo señalándola con el dedo.
—Sí. Escuchar tu lindo lenguaje.
Salieron de aquel lugar. Caminaron hasta la casa de Mariana, ninguna de las dos dijo palabra alguna en el trayecto.
Mariana estaba nerviosa de estar nuevamente con Annie, con la persona que jamás debió separarse. Tomaban café en la sala de su casa. Mariana se dio cuenta de la madurez de Annie, no sólo en su forma física, también su alma había crecido. Mientras Mariana aún conservaba su inocencia, su inseguridad y un gran amor que no pudo demostrarle.
Annie miraba a Mariana del otro extremo, sin querer de sus labios se dibujó una sonrisa tierna y burlona.
—¿Por qué te ríes? —dijo Mariana sonrojada.
—Creí que morirías de vieja dentro del colegio... —Annie dejó su taza de café en la pequeña mesa de centro, tomó aire y continuó con una voz altanera— Señorita Guilloth, nunca la imaginé fuera de él...
Mariana se levantó, hizo a un lado la taza de Annie y quedaron frente a frente. Esta vez la que estaba nerviosa era Annie. No quería volver a sentir lo mismo. No quería aferrarse a Mariana, deseaba pero no quería besar esos labios, ni tenerla cerca.
—¿Tú crees que después de que grité que te amaba iban a permitirme que permaneciera en ese lugar?
Mariana se acercó sutilmente al rostro de Annie, nuevamente después de tanto tiempo volvió a sentir su respiración y escuchar su corazón latir tan fuerte. Quería sentir nuevamente esos labios que besó muy pocas veces, necesitaba ahogar esa necesidad de sentirla suya. Pero Annie tuvo otra reacción, se levantó rápido del lugar y no dejó que Mariana tocara sus labios.
Mariana agachó la cabeza y suspiró. No sabía si seguir intentando probar si ese amor aún existía en el corazón de Annie.
—Tarde o temprano tenía que salir de aquel lugar, sino iba a volverme loca con tantos fantasmas, o recuerdos o lo que sea —continuó Mariana.
—¿Fantasmas? —Annie la miró sorprendida.
—Era eso o mi imaginación... "el vuelo", el invernadero, mi nombre, una margarita y una rosa que no sé de donde salieron, esas dos pequeñas… —decía un tanto desesperada— y lo último, esa música de violín en el último día que pise ese colegio.
—Vaya y yo creí que estaba loca y tú lo estás más —Annie sonrió, pero ese comentario no le hizo la menor gracia a Mariana—. A mí no me pasaron cosas tan grandes.
—¿También a ti?
—Sí, después que regrese de Londres, que también fue el último día en el colegio, en "el vuelo", una chica de ojos azules —Annie pensaba en todas las cosas extrañas que le pasaron—. En la jaula, junto al invernadero, palomas... ¡Escuchaba palomas y no había nada! —dijo incrédula.
—Entonces la historia si era real.
—¿Qué historia?
—De Mariana, Mariana Durkeim y la chica que era su compañera de cuarto —pensó Mariana—. Todo empezó cuando grabaste tu nombre en aquel corazón, un amor prohibido, para el mundo… —Mariana se acercó a Annie, muy cerca de ella— menos para ellas.
El corazón de Annie volvió a latir con intensidad al sentir el tibio cuerpo de Mariana.
—¡Tienes una linda casa! —dijo Annie dando media vuelta y mirando a todos lados.
—No es mía, es tuya... ¿Lo recuerdas? —contestó triste por la reacción de Annie.
Annie recorrió el lugar mientras Mariana la seguía con la mirada. Era obvio que Annie ya no la quería. Los ojos azules de Annie ensombrecieron de tristeza cuando vio un cuadro colgado en la pared, era una fotografía de Mariana, detrás de ella había una chica rubia que la abrazaba. Mariana se dio cuenta que la vista de Annie se enfocaba en esa fotografía, volvió a acercarse y se paró justo detrás de Annie.
—Se llama Cristin... vivo con ella desde hace cuatro años.
—¿¡Cuatro años!?... ¿Sólo un año te bastó para olvidarme?, Gracias —le dijo abatida, pero guardando esa indiferencia.
Annie vio que al lado de la fotografía estaba un poema que Mariana escribió para Cristin y el estómago se le revolvió de coraje. Annie dio la vuelta para encarar a Mariana.
—¿Ahora escribes para ella? —le dijo fríamente y disimulando una sonrisa.
Mariana la vio enojada, salió de la sala y subió las escaleras hacia su habitación. Annie la siguió para reclamarle. Entró a la habitación, Mariana buscaba con desesperación algo entre sus cosas.
—¡¿Por qué huyes de todo?!... ¿No te gusta decir la verdad?... ¿Por qué no aceptas que fui nada para ti? —gritaba con desesperación.
Mariana seguía buscando. Annie empezó a llorar por su reacción.
—¿Sabes? —decía Annie con suma melancolía— Nunca fuiste mía...
Esas palabras hicieron que Mariana parara de golpe en su búsqueda y la miraba fijamente.
—Fuiste de Saúl... de Victoria... nunca fuiste mía —dijo Annie resignada.
—¡¡Jamás fui de Victoria y tú lo sabes!! —le dijo enojada y siguió buscando.
—No me refiero a eso... como amigas estuvimos mucho tiempo juntas... como amantes, nuestro amor fue nada... siempre te amé Mariana, no he podido olvidarte y sin embargo tú...
Mariana encontró lo que tanto estaba buscando y se lo arrojó.
—¡Nunca pude olvidarte! —dijo Mariana— mucho menos engañarte... esa es la prueba.
Las manos de Annie temblaban al sostener el cuaderno que Mariana no dejaba que nadie leyera. Eran poemas y todos llevaban el nombre de Annie al final.
—¡¡Te esperé!!... ¡¡Espere a que volvieras!! —decía Mariana ahogándose en sus lágrimas— Todos los días rogaba porque algún día regresaras a mi lado y permanecieras ahí... ¡¡Mi vida se escapaba cada día esperando a que volvieras!!
Annie la miró, sus ojos no dejaban de llorar, ver a Mariana de esa manera le rompía el corazón, ambas sabían que perdieron mucho tiempo para estar juntas. Annie se acercó a Mariana intentando abrazarla, ahora fue Mariana quien la rechazó.
—Me acostumbraste tanto a ti, que no sabía si te esperaba porque te amo o porque solías llegar... ¿Lo recuerdas? —intentó mirar los ojos azules llenos de lágrimas mientras secaba los suyos— ¿Recuerdas aquella vez que te busqué desesperadamente?... Esa vez en la que mi alma se ahogaba al imaginar mi vida sin ti... creí que al embriagarme me olvidaba de mi cobardía y entender ese nuevo sentimiento por ti y la única forma en la que pude ahogarlo fue abrazarte... ¡No debimos separarnos!
—¿¡Por qué no me perdonaste!? —dijo Annie desesperada.
—Por...
Escucharon ruidos en la sala. Mariana secó sus lágrimas y salió, cerró la puerta de la habitación. Annie se acercó para escuchar lo que pasaba, después de unos minutos escuchó a Mariana un poco exaltada y Annie abrió la puerta para saber lo que pasaba...
—¡¡No te voy a dejar!!... Prometí estar contigo hasta el final... y voy a cumplirlo —le gritaba Mariana a Cristin.
Annie cerró la puerta y esperó a Mariana, que llegó minutos después. Se levantó de la cama y se dirigió a la puerta que estaba por cerrar.
—Hasta el final —dijo Annie y tomó la perilla de la puerta para salir, pero no tenía el valor de abrir.
—Conocí a Cristin meses después de que tú te fuiste, ella estaba igual que yo, acabada, con el alma destrozada...
—¿Y qué le ofreciste… —se volvió Annie hacia Mariana— tu amistad?
Mariana la miró molesta por el sarcasmo que utilizó Annie en sus palabras.
—Sí, le ofrecí mi amistad...
Annie volvió a tomar la perilla de la puerta abriéndola lentamente sin dejar de ver a Mariana.
—Ella me ofreció lo mismo... sólo amistad... ¡¡Estaba enamorada!! De un amor que no le correspondió en los momentos difíciles y eso le destrozó el alma —Mariana la miró con los ojos angustiados— ¡¡La persona de la cual estaba enamorada le falló!!
Annie no creyó mucho esas palabras, sólo movió la cabeza con enfado y dio la vuelta.
—¡¡No vivirá mucho tiempo!! —gritó Mariana con rabia y enojo— ¿Eso es lo que quieres saber?... ¿Eso es lo que te tendría feliz?... ¿¿Saber que va a morir??...
—¡No! —se quejó Annie.
—Es mi amiga, ella sabe de ti, de lo nuestro...
Mariana cerró la puerta sin siquiera dejar que Annie pudiera hacer ningún movimiento. La miró a los ojos y por fin después de guardarlo tanto tiempo en su alma, dejó salir esas palabras que ya no podía callar.
—Te amo...
Era lo único que Annie necesitaba escuchar para que su alma volviera a arder de esa manera, sintió lo que hace tiempo dejo de sentir. La abrazó y empezó a besar su rostro suavemente, sus manos empezaron a jugar con las suyas. Mariana la abrazó con fuerza mientras lentamente la recostaba sobre la cama. La miró con una gran ternura...
—Hoy sólo quiero vivirte sin ayer, sin mañana, sin las pesadas cadenas que muchas veces nos atan inexorablemente a las palabras… —Annie no quedó sorprendida ante esas palabras. Continuó Mariana, acariciando ese cabello oscuro con ternura— Hoy pretendo amarte con la fuerza brutal de la pasión desbocada de nuestros cuerpos temblando, de la carne que se busca y se humedece al contacto con la primera mirada… —Mariana sintió un leve calor llegando a sus mejillas por aquellas palabras y ante una tímida sonrisa de Annie en señal de aprobación— Hoy me entrego completa... sin esperar trascender, sin pretender retenerte, sin aspirar a una vida, más allá de este placer...
Annie cerró la boca de Mariana con un beso y sus manos recorrían su tersa piel, la besó una vez más, después cerró la boca de Mariana con su dedo...
—Ámame hoy que puedes ceñir mi cuerpo y tus dedos pueden recorrer mi piel... Ámame hoy que soy tu presente porque ya mañana que vea una quimera tu fuego en mi hoguera no podrá ya arder… —Mariana sonrió extrañada, pero gustosa al escuchar eso. Extraño que Annie intentara alguna poesía— Ámame hoy que la vida es nuestra y el tiempo es aliado de este nuestro amor que quizás mañana ya te hayas marchado y otro ser amado beba mi pasión… —le dijo muy cerca al oído esas palabras, que Mariana no hizo más que tomar su rostro entre sus manos y mirarla con una expresión de confusión en su rostro al entender que se estaba despidiendo— No pienses en nada al besar mi regazo piérdete en mi fuego y dame tu calor que nada es eterno bajo este cielo y quizás mañana ya no oigas mi voz.
Bastó eso para entender la necesidad de sentirse una de la otra, una noche intensa, donde se jugaba algo más que un sentimiento.
El amanecer fue testigo de aquella entrega, esos primeros rayos de sol no se comparaban con el brillo de los ojos de cada una, ni la tibieza que pasaba por la ventana podía competir con la calidez de sus cuerpos y el cansancio les impediría huir de cualquier cosa. Mariana estaba recostada sobre el brazo de Annie, cerró los ojos con tranquilidad y suavemente susurraba cuando empezaba a quedarse dormida:
—¿Te quedas conmigo?
Annie besó su frente sin decir palabra alguna, Mariana ante ese contacto terminó por quedarse dormida. Annie se levantó y empezó a vestirse sin dejar de observar aquel cuerpo perfecto. La miró durante mucho tiempo y una lágrima resbalaba por su mejilla. Tomó el cuaderno y salió de la habitación; al pasar por la sala miró el cuadro de Mariana con Cristin "Hasta el final" pensó Annie.
—¿Te vas? —decía Cristin cuando se la encontró afuera en el pasillo con una sábana cubriendo su cuerpo porque había decidido no entrar a la casa—. ¿Vas a dejarla sola?
—Sí, ella tiene que... que.
—¿Cuidarme?
Annie sólo pudo asentir con la cabeza, le dolía que eso fuera verdad.
—¿Es así?... ¿Es lo que te impide quedarte? —dijo Cristin acercándosele— Eres tan celosa... ¿Cómo puedes sentir celos de algo que no quieres que te pertenezca?... Si te quedas... me haré a un lado... sólo quiero dejarla contigo.
Annie entre una sonrisa tierna y mal disimulada.
—Conozco a Mariana y sé que ella te buscaría donde sea —agachó la cabeza y suspiró—. Si cumple sus promesas.
Cristin se dio cuenta que Annie entre sus manos llevaba aquel cuaderno que Mariana jamás dejó que tocara.
—Todo lo que escribía era para ti, ¿Verdad?
Annie lo examinó por mucho tiempo, lo veía con tristeza, con lágrimas en los ojos se lo entregó a Cristin.
—Mariana está enamorada de otra persona... y no soy yo.
Cristin con extrañeza de lo que Annie acababa de decir, quería saber si era cierto que Mariana estaba enamorada de alguien más. Abrió el cuaderno y leía entre párrafos.
—Sientes celos hasta de ti misma... ¿Por qué? —dijo molesta.
—¿Has estado enamorada? —Annie reaccionó demasiado tarde, recordó lo que Mariana le había contado sobre la vida de Cristin— Lo siento, no, no quise...
—Sí, sé lo que es sentir celos... pero lo tuyo es egoísmo... le haces daño a Mariana y a ti. Cuando conocí a Mariana era una chica temerosa, insegura... le temía a la soledad... no encontraba consuelo en nada.
—Pues tú la consuelas muy bien —Annie dio la vuelta y se alejó.
—¡¡Annie!! —gritó Cristin sin encontrar respuesta.
Cristin entró a la habitación. Mariana aun dormía, la observó por largo tiempo, no entendía como Annie podía dejar a una persona como ella.
—Hola... bueno días —Dijo Cristin al notar que Mariana despertaba.
—¿Y Annie?
—Lo siento Mariana.
Envolvió su desnudo cuerpo con la manta y se levantó rápido.
—Se fue ¿Verdad?... ¿Se fue?
Mariana fue hacia la ventana que había junto a la calle.
—¿Por qué?... ¿Por qué? —su voz se confundía con los sollozos y las lágrimas.
Annie dejó la empresa en manos de Carlos y regresó a Londres. Mariana jamás volvió y Cristin nunca supo más de ella. Ninguna de las dos hizo intento de encontrarse de nuevo, su amor era tan grande que parecía que le temían al hecho de estar por siempre juntas.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.