"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

29 de diciembre de 2011

I
Mariana se acercó a ella y la abrazó, Annie no sabía qué hacer. Mariana le había mostrado muchas veces cariño pero nunca lo había sentido de esa manera, se sentía cálida y segura dentro de esos brazos. Sólo quería estar ahí y nunca separase de ella, "Intentaré soportar todo lo que pueda" pensaba Annie. Ese abrazo fue el más largo que se habían dado desde que eran amigas.
—¿Sabes que eres lo más importante en mi vida? —Mariana dejó de abrazarla y la miró a los ojos— Y siempre quiero que seas lo más importante en mi vida.
—Sí.
—¿Te quedas conmigo? —dijo con una sonrisa dulce...
***
Han pasado cinco años desde que se separaron. Annie regresó a Londres ese mismo día que habló con Mariana y nunca más volvieron a tener comunicación. Dos años después su Madre murió y heredó una gran fortuna. Como ya nada la ataba a una vida moderada, viajaba constantemente, ya no le importaba su vida, todo lo disfrutaba sin medida. Desde su casa en Londres se ocupaba de los asuntos financieros de las varías empresas que tenía en muchos países. Tenía una pequeña oficina en su casa la cual siempre ocupaba para alejarse del mundo más que para trabajar.
—¿Y ahora a dónde Sebastián?... ¿Australia?... ¡Ya tengo los boletos de avión! —dijo, cuando por sus ojos le pasaba los boletos.
—Me temo que no señorita.
—¿Por qué Sebastián? —Annie se sentó sin muchas ganas.
Sebastián tomó los papeles del escritorio donde se encontraba Annie y los leía angustiado.
—¡Debe ir a Florencia tiene que...!
—¿Florencia? —dijo interrumpiendo.
—Sí, Florencia, la empresa que...
—¿En Italia?
—Sí —decía Sebastián extrañado— tiene que...
—¿Dónde sirven comida italiana?
—¡Sí! —contestó aún más extrañado a una pregunta tan obvia.
—Su comida favorita —se levantó y miraba tras la ventana aquel pequeño y único árbol en su inmenso jardín.
—La empresa tiene algunos fallos y si no va de inmediato puede perder una gran fortuna.
Annie sonrió triste sin dejar de mirar por la ventana, después lo miró con los ojos abatidos.
—Sabes que no me importa el dinero Sebastián, y nada en esta vida… ya nada importa.
—Pero...
—Pero nada Sebastián, ya todo terminó...
—Si es por la señorita Mariana le aseguro que si usted yo podría... —decía Sebastian. No tenían noticias de Mariana desde hace mucho tiempo, pero él sabía que si Annie se lo pedía la encontraría a como dé lugar.
—¡¡Si vuelves a mencionar su nombre te mato...!! —reaccionó un poco exaltada.
—Está bien, está bien, y que hay de... —pensó durante un tiempo mencionar o no ese nombre— ¿Victoria?
—¡Ya estarías muerto!... ¡¡Jamás vuelvas a mencionar ese nombre!!
—Su padre estaba muy interesado en esa empresa —dijo cambiando de tema, y la táctica que siempre usaba para manipularla, su padre, sabía que no podía negarse.
Annie miró nuevamente ese árbol, el simple hecho de pensar en Italia, le traía muchos recuerdos que no eran formulados en su memoria, porque no había tales recuerdos en ese lugar, sólo un pudo haber sido, que no lo fue y nunca lo será.
—El avión sale mañana, tengo las reservaciones —dejó los boletos sobre el escritorio.
—Claro.
—Mañana paso por usted —dijo y se retiró.
Annie se quedó ahí mirando, sólo mirando aquel árbol.
—Mariana —las lágrimas rodaban por sus mejillas.
A la mañana siguiente, como si el tiempo no hubiera pasado, Annie estaba en ese mismo lugar contemplando aquel mismo árbol, con aquella misma nostalgia en su mirada que ya guardaba desde hace años.
—Niña —entró una mujer mayor despertando a Annie de su profunda melancolía.
—¿Nana, crees que ya es momento de quitar ese árbol?
—¿Tú lo crees, niña?
—Tal vez, sí —Annie sonrió tan triste que su Nana pensó que en cualquier momento lloraría.
—¿Ahora a dónde irás niña? —le preguntó, porque sabía que cada fin de semana se iba a algún lugar extraño con Sebastián.
Annie volvió su vista aquel árbol y pensó por largo tiempo.
—Sebastián no irá conmigo ahora Nana... esta vez iré sola.
—¿Sebastián no irá?
—No —Annie miró el reloj que se encontraba junto a una fotografía de su padre, agachó la cabeza como si le pidiera perdón a aquel retrato—. Se me hace tarde, debo irme.
Annie decidió salir de la oficina, dio la vuelta y miró ese árbol tras el cristal de la venta.
—Nana, cuando regrese... ese árbol, ya no quiero que este ahí.
Annie besó la frente de su Nana, de su amiga y su segunda madre. Aquella mujer la había cuidado desde bebé, compartía sus alegrías y sus tristezas.
—¿Dónde está aquella sonrisa que vi aquella vez? —decía mirando ese mismo árbol que Annie observa con gran insistencia.
Annie desde la muerte de su padre dejó de sonreír, era una persona fría, no confiaba en nadie. Su Nana empezó a recordar un momento de la vida de Annie que jamás olvidara...
—¡¡Nana!!
Decía Annie entrando por la puerta trasera de la cocina y discutiendo con su chofer y amigo, Sebastián.
—¡Nana! —dijo una vez más— ¡¡Vi los ojos más bellos y verdes del mundo!!
—¡No eran verdes! —dijo Sebastián— ¡¡Son azules!!... tan azules como los míos— en un tono de altanería.
—Sebastián, son verdes y si fueran azules, aun así seguirían siendo hermosos y no como los tuyos —Annie se quedó pensando por un rato—… y tiene una voz linda.
—¿Linda?... ¿¡Acaso no escuchaste todo lo que te dijo!?
Su nana sólo veía la discusión, tenía una extraña sensación al ver a Annie tan entusiasmada como ya nunca la veía.
—¡¡Nana!! —se dirigió a ella, y de su cara se asomaba una sonrisa que iluminaba su rostro— ¡Su lenguaje es..., es como la de un camionero!
Annie y Sebastián reían sin parar y su Nana lo hacía también sin entender muy bien por qué sólo era feliz viendo sonreír a Annie otra vez.
—¡Pero, Nana! —dejó de reír Annie— ¡¡Tiene unos ojos verdes bellos!!
—¡No son verdes! —decía Sebastián.
—¡¡Sí, Sebastián, son verdes!!
Tomaron esa discusión por minutos sin dejar de gritarse y reír a momentos recordando las palabras de aquella chica de ojos verdes.
—¡Está bien Sebastián! —dijo Annie con la voz ya cansada de tanto discutir— Si son verdes, tú plantarás un árbol de arándano, ahí —dijo señalando el patio trasero.
—Pero señorita, a su madre no le gustan los árboles, ella adora su jardín así como está.
—¡De eso se trata la apuesta Sebastián! —Annie extendió la mano— ¿Aceptas?
—¡De acuerdo! —dijo Sebastián y tomó su mano.
Era el segundo fin de semana que Annie regresaba a su casa en Londres y esta vez llegaba más feliz que la semana anterior.
—¿Sebastián, de qué color son sus ojos? —decía Annie con una sonrisa maliciosa.
—Verdes, señorita —dijo apenado y sacando un pequeño árbol de la parte trasera del auto.
—Hora de cumplir tu paga... —Annie se alejó con una sonrisa en sus labios.
—¿Puedo saber qué significa eso, señorita? —dijo su madre cortando su paso.
—¡Verdes! —volvió a dibujarse otra sonrisa aún más grande— ¡¡Cómo el arándano!!
Una pequeña ráfaga de viento movía las hojas de aquel pequeño árbol.
—¿Dónde quedó aquella niña alegre? —decía su Nana al volver a la cruda realidad— ¿Dónde está esa niña maravillada con esos ojos verdes? Esos ojos verdes que ahora le traen amargura...
—¡Matilde! —entró Sebastián— ¿Dónde está la señorita?
—Se fue hace un rato.
—¿Se fue?... ¿A dónde?
—No lo sé.
—¿Qué?
Sebastián fue al escritorio donde Annie guardó los boletos de avión junto con los de Australia, pero en ese cajón sólo estaban los boletos a Italia.
***
—¿No sabes cuánto tiempo estaremos allá? —preguntó Mariana.
—No estoy segura de cuánto tiempo nos llevemos, sabes que confían en nosotras, sino ni siquiera pisaríamos ese lugar, ninguna buena empresa nos ofrece casa amueblada y una vida cómoda —Cristin se puso triste suspiró y continuó—. Si te gusta, estarás hasta hacerte viejita... ¿Segura que deseas ir?
—Sí, por mí está bien.
—¿Aunque no tengamos tiempo de casi nada?
—No importa.
—¡Es mejor la oficina en Florencia, es un caso muy extraño, sólo así de momento nos llamaron, si nos mandaban a otro lado hubiera sido el infierno, y claro como a ti te gusta Italia, será mucho mejor!
—No me gusta Italia —dijo Mariana con una pequeña sonrisa—. Me gusta su comida.
—Como sea, arregla tus maletas y paso por ti.
—¿¡Pero a dónde vas!? —preguntó angustiada.
—Sólo iré por los papeles a la oficina... no podemos irnos sin saber a quién nos enfrentaremos... ¿Por qué te preocupas tanto?... Reaccionas como si nunca fuera a volver.
—Lo siento.
—Te preparas y paso por ti.
Cristin salió del departamento, Mariana se quedó sólo mirando la puerta, tenía un miedo horrible a la soledad. Siempre imaginaba que Cristin nunca volvería, esa fue la consecuencia que dejó la partida de Annie.
Mariana se sentó en el pequeño sillón que daba a la ventana. Se alojaban en un pequeño departamento, su vida había sido complicada después de que dejó a su familia. Miraba las luces que iluminaban la gran ciudad. Pensaba en todo lo que había pasado en estos cinco años y cuando dejó su casa para vivir con Cristin, aún estaba confundida.
—Cada vez me alejo más de ti... —se decía— ¿Lo nuestro nunca volverá a ser?
Se quedó dormida, desde hacía tiempo tenía sueños con Annie, siempre le pedía que se quedara con ella.
—Mariana —decía una voz que la sacudía para despertarla— Mariana.
—¿Te quedas conmigo? —decía dormida y sollozando.
—Sí, lo estaré —dijo Cristin.
Mariana despertó, ni siquiera pudo sonreírle porque no era la persona de la cual le gustaría escuchar esas palabras. Sentía un vacío tan grande al saber que su amor estaba perdido en algún lugar del mundo.
—Pero si no te apuras nos dejará el avión —dijo Cristin con una sonrisa tierna y ayudándola a levantarse. Tenían escasos minutos para salir, preparaban su equipaje. Cristin sin querer tomó un cuaderno y trató de leer su contenido. Mariana se dio cuenta y se lo arrebató de las manos.
—¿Algún día me enseñarás lo que escribes ahí? —preguntó Cristin. Mariana la miró apenada—. Bien, no exigiré nada... son tus cosas y las respeto.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.