III
Annie esperaba a Saúl
afuera de audiovisuales. No quería hablar con nadie más, sólo quería que le
explicaran lo que había pasado.
—¡Annie!... Siempre que
te encuentro aquí me da miedo —le decía riendo— siempre me tenías cosas malas.
—¡No es cierto!, la
última vez no fue así.
—No, pero me hiciste
sentir muy mal.
—Lo siento.
—No te preocupes...
¿Cómo estás?
—¿Cómo crees que estoy?
—Pasa, hablamos adentro
—dijo Saúl abriendo la puerta.
Annie entró y llegaron
a su cabeza aquella escena, aquella vez que besó por primera vez a Mariana, lo
que originó el rompimiento de su amistad y el nacimiento de un amor que ahora
dolía.
—Estar aquí adentro no
sé si me trae buenos recuerdos —dijo y un escalofrío recorrió su cuerpo.
—Sé lo que pasó con
Mariana cuando estabas lejos —le dijo un poco triste—. Sé que te engañó.
—De eso quiero hablar
—sus ojos azules se humedecieron— ¿Por qué crees que lo hizo?
—Tal vez miedo a estar
sola, la dejaste cuando sus sentimientos estaban cambiando... ¡Estaba
confundida!
—¡¡Pero estabas tú!!
—dijo con desespero.
—¿A qué te refieres?
—Saúl sonrió.
—No, no digo que podía
consolarse o jugar contigo un rato... es que eres su amigo y aún la quieres...
—Annie, Mariana
necesitaba otro tipo de afecto no sólo el de un amigo o amiga, necesitaba
amor... ¡Te necesitaba a ti!
—¡Lo sé!
—A veces pienso que
Mariana no tuvo la culpa, sólo se dejó seducir por la primera persona que
entendía sus sentimientos.
—Victoria puede ser
así.
—¿La conoces? —dijo
extrañado.
—Digamos que estuvo
aquí con Mariana por un asunto de venganza.
—¿Por ti?
—Sí.
—Entonces Mariana no
tuvo la culpa —dijo en tono de esperanza.
—¡Ese es el problema!
—No entiendo.
—Cómo puedo confiar en
ella si al dejarla sola siempre va a correr a los brazos de alguien más.
—Tienes razón —dijo
Saúl—. Aún la amas ¿Cierto?
—No lo sé, creo que no.
—Annie, nunca digas que
no la amas si no puedes dejarla ir... Lo que sientes por Mariana va más allá de
todo lo que ha pasado —decía—. Si ella te ama de verdad, volverá aunque te haya
traicionado... aunque te haya lastimado, si tú la amas nada importa... y sé que
tú tienes el valor y ella la fe para construir ese amor de nuevo.
—Gracias Saúl —dijo Annie
al darse cuenta que era absurdo decir que no la amaba cuando Mariana aún vivía
muy dentro de su corazón. La buscaría e intentaría encontrar su perdón.
—No llores ahora ve con
ella.
Saúl abrazó a Annie,
repentinamente se alejó de ella la miró y le dijo:
—¿No hay cámara
grabando... o si? —y miró a todos lados.
—¡Qué gracioso! —dijo
sonriendo.
—Es que así empiezan
los problemas... después dirán que quieres algo conmigo.
—¡Ja!... Si fuera así
escogería a alguien mejor para hacerlo.
—¡Ah! perdón por no ser
de tu agrado.
—No, si eres de mi
agrado —le dijo—. De hecho, si quisiera a Mariana sólo como amiga tú serías el
novio perfecto para ella.
—No, no lo digas, fue
mejor así… nunca vi tanto amor en sus ojos como cuando habla contigo.
—Amor —dijo suspirando.
—Sí, amor y mucho…
—Saúl dirigió a Annie a la puerta— busca la felicidad ella te la dará, ya sabes
dónde está.
Annie subió a "el
vuelo" y no espero encontrarse con otra persona.
—¿Qué haces aquí? —dijo
molesta.
—Te estaba esperando...
quiero hablar contigo.
—¡¡No tengo nada de qué
hablar y mucho menos contigo!!
—¿Ni siquiera quieres
saber lo que hice con Mariana?
—Eres una...
—Shhh, no te conviene
insultarme.
—¡¡Nunca me convino
conocerte!! —dijo Annie muy molesta.
—Por qué, si conmigo
conociste el amor.
—¡¡Contigo conocí la
palabra, no la esencia!!
—Sí. La esencia la
conociste con Mariana... yo también Annie.
—¿Por qué lo hiciste?
—Sería tonto decir que
por amor, pero no, no fue así... ni siquiera lo hice por vengarme de ti... lo
hice para vengarme de ella, por robarme tu amor con esas palabras tontas de
"Siempre seremos amigas". ¡¡A pesar de que en ese momento no la
amabas, la querías mucho, no dejabas de hablar de ella!!... ¡¡Cuando te propuse
que le dijeras sobre nuestra relación, creí que iba a estallar en tu cara, que
iba a sentir asco por ti, pero no, la niña dulce no lo hizo, y la quisiste más
que a mí!!
Annie no le importó
toda esa actuación de sufrimiento y rencor de Victoria, sólo le interesaba
saber una cosa.
—¿Qué le hiciste?
Victoria sonrío
burlonamente viendo la reacción de Annie.
—Nada... no le hice
nada, me gustaría decirte que fue mía, pero no es así, no dejaba de buscarte, de
decir que te amaba y que te esperaría siempre. Lo dijo una y otra vez hasta que
se quedó dormida... ¿Sabes?... es hermosa cuando duerme.
Annie al escucharlo no
pudo evitar sonreír con alivio, dio un pequeño golpe en la barda en señal de
victoria y empezó alejarse de Victoria.
—¡Pero en verdad logré
algo! —le gritó Victoria— ¡Sabe que no confías plenamente en ella... la heriste
con tu comportamiento y no creo que te perdone!
Annie detuvo su caminar
alegre, se dio cuenta que eso era verdad, había herido la confianza que Mariana
le daba. Empezó a caminar nuevamente, pero ahora lo hacía lento y confuso.
Llegó a esa puerta
donde en muchas ocasiones dejaba a Mariana antes de que su corazón no aguantara
la necesidad de gritarle que la amaba.
—Buenas tardes señora...
¿Se encuentra Mariana?
La madre de Mariana le
tenía mucho cariño, sabía que le había regalado lo mejor a su hija.
— Annie que gusto, pasa
está en su habitación.
Annie entró y subió a
la habitación de Mariana. Entró sin tocar y la vio parada junto a la ventana.
—Enamórate de alguien
que vuelve a ti después de las peleas —dijo Annie. Mariana volteó un poco
sorprendida—. Recuerdo que tú me dijiste esas palabras —la miró a los ojos un
poco apenada— ¿Puedes volver a enamorarte de mí?
El silencio se apoderó del
lugar. Mariana no reaccionó como Annie lo esperaba. Mariana la miró molesta y
volvió su vista a la ventana, Annie se sintió desbastada con esa respuesta.
—Conocí a Victoria poco
después que a ti —dijo Annie cerrando la puerta, no quería acercarse a Mariana—.
Ella era algo más que una amiga…
—¿¡Por qué nunca me lo
dijiste, no confiabas en mí!? —reaccionó Mariana con enojo.
—¡Sí!
—¿¡Entonces!?... ¡Por
qué me entero después de que intenta jugar conmigo!
—¡¡No hizo nada
Mariana!!... Lo acaba de decir.
—¡Lo sé! Siempre lo
supe, Annie, aun estando ebria... ¡¡Sé lo que hago o no hago!!
—¿Qué?... ¿Por qué no
me lo dijiste?... ¿Por qué dejaste que sufriera?
—Cuando regresaste me
encontraste a mí no a una extraña... dudaste de lo que yo era... y que
importaba explicarlo todo, si no confías en mí.
—Si sabes lo que haces
cuando estás ebria... recuerdas la vez que estuviste abrazada a mí por más de
media hora, ¿Por qué lo hiciste?
—Sólo quería sentir el
calor que me daban tus brazos.
Annie recordaba cuando
podía confiar en Mariana, cuando era su amiga y podía tener todo su afecto.
Poder verla con alguien más sin sentir celos, pero eso se transformó en una
necesidad, estar con ella, saber que era de ella, cuando empezó amarla.
—Creo que me dabas más
amor cuando eras mi amiga... nunca debimos dejar de serlo.
—¡¡Será mejor que te
vayas!!
—Mariana.
—¡¡¡Qué te largues!!!
—gritó desgarrando su alma.
—¡Regresaré a Londres y
no volveré!
—¡Ya no me importa!
—dijo y regresó su mirada a la ventana.
—Te amo —le susurró
suavemente.
Annie esperó una
respuesta que no llegó, salió de la habitación ya sin decir nada, pensó que era
lo mejor para Mariana, siendo lo peor para ella.
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