"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

27 de diciembre de 2011

V
Los días pasaron, Mariana y Annie se divertían escondiéndose de los demás como si fueran unas niñas. Tomaban su amor como un reto; el perderse de los demás hacía que disfrutaran más su amor, en lo que cabía todo era perfecto. Una noche Mariana llegó inesperadamente a la casa de Annie demasiado nerviosa, pero decidida a lo que iba, estaba dispuesta a entregar todo su amor, su cuerpo y su alma al amor de su vida. Tocó lo más fuerte y rápido que pudo. Annie puso una cara de sorpresa al encontrarse a Mariana.
—Estoy lista…
—¿Lista para qué? —preguntó Annie extrañada.
—Quiero estar contigo esta noche —le dijo cerrando la puerta.
Se quitó su abrigo insinuándole que estaba hablando en serio. Annie quedó sorprendida con el comportamiento tan atrevido de Mariana.
—Pero… Mariana.
Mariana no la dejó continuar, tomó su rostro entre sus manos y la besó con desesperación, al parecer a cada una le gustaba robar los besos de la otra. Se necesitaban y eso podía notarse en cada mirada, en cada caricia y en cada beso, pero no todo… es para siempre.
Esa pasión terminó cuando escucharon un molesto ruido de un pequeño aparato que no dejaba de sonar.
—Tienes que contestar —dijo Mariana.
—Y qué importa quién sea —y volvió a besarla.
—Debe ser importante si llaman tan tarde.
Annie tuvo que dejar esa pasión por un momento, le sonrió a Mariana y fue a contestar. Ese brillo en sus ojos desapareció, su cara se puso tan tensa y asustada. Mariana la miraba, sabía que era algo grave porque las manos de Annie temblaban, se sentó a su lado. Annie estaba preocupada, colgó el teléfono sin decir nada, puso sus manos sobre sus piernas y tomó su cabeza con desesperación.
—¿Qué pasa? —preguntó Mariana asustada.
Aquellos ojos azules se inundaron de lágrimas.
—Tengo que irme a Londres… mi madre está muy grave.
No eran más de las tres de la mañana, había tanta gente como si no fuera de madrugada, como si el tiempo no pasara en ese lugar. Reservó el primer vuelo a Londres, el avión salía a las cuatro de la mañana. El viento soplaba con intensidad, era un frío insoportable, sólo unos abrigos podían quitar el frío a esos dos cuerpos, ya nada había de esa calidez de la noche anterior.
—Volveré… te lo prometo —le dijo tomando su mano.
—Lo sé, no tienes que prometerlo.
—¡No quiero perderte! —se quejó Annie.
—Nunca me perderás… nuestro amor no terminará aquí, ni hoy, ni nunca… aquí estaré pase lo que pase.
Llegó el momento de despedirse, miraban a todas parte, no sabían si besarse o sólo abrazarse, pero Annie sólo la abrazó, besó su cabello y le dijo entre sus brazos:
—No podría vivir sin ti… espérame.
Mariana esperaba algo más que un abrazo, pero tenía que entender que su amor no era muy bien visto por los demás.
—No importa lo que tardes —Mariana la besó en la frente—, te esperaré.
Mariana se quedó parada por largo tiempo mirando el lugar donde el amor de su vida se había marchado. Sintió que alguien la observaba, miró a todos lados, pero ninguna cara se le hizo conocida. Secó algunas lágrimas de su terso rostro, se sentó y se hundió en sus manos. Trataba de que su cabello no cayera al frente y le cubriera la cara, secaba sus lágrimas y volvía a recoger su cabello. Dejó sus manos sobre su cabeza y la mirada fija al piso. Por alguna razón no quería marcharse, no tenía la fuerza para salir de ese lugar. El tiempo pasó, Mariana no quería irse, aún estaba hundida y no despegaba sus ojos del piso.
—Disculpa.
Mariana no quería escuchar pero esa dulce voz insistía tanto.
—¡Disculpa!… Te estoy hablando a ti.
Mariana alzó la mirada llorosa.
—¿Puedo sentarme?
—Sí —contestó un poco molesta y volvió a agachar la cabeza.
La mujer se sentó a su lado, ya se veía un poco mayor que Mariana.
—Adivino, ¿el amor de tu vida se marchó?
Mariana seguía sin hacerle caso.
—Sí, por la cara que tienes es muy seguro —se acercó y le susurró al oído— y qué, ¿ella no volverá?
Mariana sonrió incomoda pero sin verla.
—¿Sabes por qué sé que es ella y no él? —insistía aquella mujer.
Estaba dispuesta a llamar la atención de Mariana con su comentario, pero no lo logró, Mariana seguía sin verla.
—Bueno… la verdad es que no lo sé —se levantó y le dijo—: La nostalgia no va en tu mirada verde.
Mariana alzó la cabeza extrañada, pero aquella mujer se había alejado tan misteriosamente como había llegado.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.