"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

27 de diciembre de 2011


I

Algunos árboles empezaban a perder sus hojas, algunos conservaban unas cuantas amarillas y cada vez más secas. Los últimos rayos del atardecer hacían ver como si el fuego saliera de los árboles al reflejarse en sus hojas muertas.

Mariana gustaba de caminar sobre las hojas, adoraba el sonido que éstas hacían al pisarlas. Llevaba algunos libros entre sus brazos, se sentía algo sola de que Annie no caminara a su lado, pero sabía que en alguna parte de Londres había un gran amor que pensaba en ella. Disfrutaba de ese momento de paz y tranquilidad. Con elegancia y majestuosidad llevaba el uniforme azul del Colegio. Sus ojos verdes brillaban con aquel radiante sol que estaba a punto de ocultarse y respiraba el aire fresco de aquella tarde.

Perdida en sus pensamientos frente a ella se acercaba una silueta no más alta que ella, no la tomó en cuenta hasta que estuvieron a una distancia menor, porque había una tierna sonrisa que acompañaban a unos dulces ojos claros. Mariana no se explicaba porque esa persona le sonreía, pero por cortesía también le sonrió un poco apenada, y extrañada apresuró el paso. No pudo evitar ver a aquella mujer de rasgos finos, de un hermoso rostro, pero no más que sus ojos color miel. Mariana trató de esquivar a la mujer, pero ella se ponía en su camino jugando en cada movimiento que daba para intentar pasar. Mariana alzó la mirada, estaba sonrojada y sólo pudo sonreírle, la mujer se le acercó tanto que pudo sentir la tibieza de su cuerpo.

—Tu mirada verde es mucho más hermosa cuando sonríes —le dijo casi al oído y se alejó de ella.

Mariana giró para verla y reconoció aquella silueta "La nostalgia no va en tu mirada verde" recordó esas palabras que le había dicho esa mujer en el aeropuerto el día que Annie se marchó a Londres. La vio alejarse, se sentía envuelta en una extraña magia. El caminar de aquella mujer era seguro, su oscuro y rizado cabello se movía tan ligeramente como si burlara a las ráfagas del viento, que a comparación del suyo tenía que apartarlo de su rostro para seguirla viendo, hasta que se perdió al doblar la esquina.

***

Ya habían pasado más de dos semanas desde que Annie se fue a Londres, Mariana se sentía cada vez más sola, jamás había sentido el vacío que la acompañaba ahora, ni aun cuando eran amigas habían estado lejos una de la otra por más de dos días. Una tarde cuando Mariana salía del colegio.

—¡Señorita, Guilloth!

Se acercó a ella una hermana, que traía consigo a la madre superiora, que apenas podía estar de pie por la edad. Años antes era la orden religiosa que se encargaba de cuidar a los alumnos del colegio, pero aún acudían al Merceus como consejeras de los alumnos.

—¡Hermana Carmen!... ¡Madre Clara! —dijo entusiasmada y se acercó a ellas para saludarlas.

Annie y Mariana llevaban una relación muy amistosa con ellas, Annie tenía que llevar muchos regaños de la madre Clara por su comportamiento tan desastroso que llevaba dentro del colegio, y también gustaban de las galletas que llevaban con frecuencia.

—Nos enteramos que la señorita Villier, de que Annie regresó a Londres —dijo la hermana Carmen.

—Sí, tiene unas semanas que se fue —contestó con tristeza.

—¿Pero regresara? —preguntó la madre con angustia.

—Sí —Mariana miró a lo lejos entristecida y suspiró—. Eso espero.

La madre se apartó del brazo que la ayudaba a estar de pie para llegar a Mariana, tomó su rostro con su mano, que temblaba por la edad, e hizo que Mariana se agachara para escuchar las palabras que intentaba decirle.

—Mariana Durkheim —le susurró al oído.

Mariana se apartó extrañada y apenada le dijo:

—Me llamo Mariana Guilloth.

La madre volvió a tomarla con su mano, y con algunas lágrimas en los ojos le murmuró:

—Que su amor no termine así —le dio unas palmaditas en la mejilla de Mariana con ternura.

Mariana se quedó parada sin entender lo que le había dicho, o si lo entendió, pero no se explicaba cómo lo sabía, y se preguntaba quién era Mariana Durkheim. Ya era una rutina el caminar sola de regreso a casa, pensaba en Annie, miraba el suelo y como pisaba las hojas secas sobre el pavimento. Caminaba sin nada más hasta que recordó a la mujer del otro día. Mariana se paró de golpe y alzó la mirada lentamente con un poco de miedo por si se la encontraba, pero frente a ella sólo había hojas secas y las que caían de los árboles. Al darse cuenta que no había nadie dio un suspiro de alivio.

—Qué hermoso suspiro, ¿puedo saber para quién es?

La voz sonó detrás de ella. Mariana volteó rápido, ya sabía quién era. Esa misma voz de aquella mujer. Mariana no pudo evitar poner su cara de asombro al estar frente a ella.

—Lo siento, no fue mi intención asustarte —dijo la mujer apenada—. ¿Estás bien?

Mariana no contestaba, sentía sus piernas temblar, había algo en esa mujer que no dejaba que su cabeza articulara palabra alguna. Se dejó envolver por esos ojos claros y una misteriosa sonrisa, que por alguna razón le recordaba a Annie. "Annie" pensó rápidamente.

—¿Estás bien? —volvió a preguntar acercándose más. Mariana dio un paso atrás como si quisiera huir— No te haré daño —dijo aquella mujer sonriendo.

—Perdón, sólo que... que...

—¿Qué, te extraña volver a verme? —preguntó.

—Sí.

—¿Crees qué te estoy siguiendo? —sonrió dulcemente.

—¡No! —dijo nerviosa.

—Pues... deberías pensar lo contrario, porque podría estar haciéndolo —le sonrió—. ¿Puedo caminar contigo?

Esa dulzura en cada palabra que decía, Mariana no sentía miedo al estar con ella, le proporcionaba cierta ternura y confianza. Las dos caminaban, Mariana sentía sus piernas temblar y sus manos apretaban con fuerza el libro que sostenía.

—Por cierto, mi nombre es Victoria Kovich —la miró, parecía que la sonrisa de sus labios nunca se borraba.

—Ma... Mariana... mi nombre es Mariana Guilloth—dijo nerviosa.

—¡Mariana! Hermoso nombre... para tan bella mujer.

—Gracias —le dijo sonrojada. Los ojos de Mariana se iluminaron, no tanto como el rubor de sus mejillas.

—¿No te da miedo caminar con una extraña?

—No. ¡No soy una niña! —contestó un poco molesta.

—Sí, de eso me doy cuenta perfectamente... —la miró de arriba abajo— no eres una niña.

"Niña" esa palabra hizo que recordara a Annie, "Parecías una niña tonta", las palabras le taladraron los pensamientos y reaccionó. Volvió a pararse de golpe, Victoria tuvo que mirar atrás a donde Mariana se había quedado.

—¿Pasa algo?

—Sí, tengo que irme.

—No te preocupes, sé dónde vives... te dije que pensaras lo contrario sobre mí —dijo sonriendo al ver la cara de Mariana.

Esta vez sí se asustó un poco, pero esa dulce sonrisa volvió aparecer en Victoria, y era como un dispositivo que la inyectaba de seguridad.

—No te asustes... en realidad no te estoy siguiendo —le dijo poniendo su mano en el hombro de Mariana— sólo que vivo en tu calle... por ahora, una mujer como yo sin nada que hacer en sus ratos libres salgo a caminar y te vi de casualidad salir de tu casa, después te encontré en la calle de regreso a casa... y ahora... créeme sólo es casualidad... sólo una hermosa casualidad.

Caminaron otro gran trayecto, Mariana por primera vez sentía que no había palabras en su boca, sólo se miraban y sonreían, faltaba poco para llegar a casa de Mariana.

—Y, la persona por la que llorabas, ¿ya regresó, o nunca lo hará? —preguntó impaciente.

La mirada de Mariana se puso más verde de lo acostumbrado entre miedo y tristeza.

—No, no ha regresado —le dijo triste y advirtiendo que regresara.

—¡Ah qué pena!, así que esos dulces ojos verdes seguirán tristes por mucho tiempo.

—¿Verdes?

—Sí, verdes —le dijo sin dudar—. Como el arándano.

Mariana frunció el ceño, no entendía lo que Victoria estaba diciendo.

—¿Cómo el arándano? —preguntó.

Victoria entre una pequeña sonrisa le dijo:

—Tú debes ser la hermosa flor del arándano, y tus ojos... del color del fruto... verde azulada —paró y la miró fijamente—. Pero definitivamente tu mirada verde es más hermosa cuando sonríes.

Victoria se alejó a pasos lentos, Mariana estaba extrañada, nunca nadie había hecho una comparación así de sus ojos. Empezó a caminar  más confundida que antes, se paró y miró a un costado, sin darse cuenta ya estaba frente a su casa.

Antes de acostarse recordaba las palabras de Victoria "Tu mirada verde es más hermosa cuando sonríes".

—Verde —decía Mariana mirándose al espejo. Sonreía consigo misma y en su mente se repetían las palabras que le dijo sobre el arándano y recordó las palabras que le dijo su padre cuando ella tenía seis años.

—¿Papi, por qué todos dicen que mis ojos son azules si son verdes? —le decía con ternura y tristeza.

—Porque sólo las personas que te aman sabrán que tu mirada es verde —le decía mientras la traía a sus brazos—, pero la persona que más te amará sabrá que son verdes, con sólo mirarte una vez.

—¿Por qué? —decía Mariana con los ojos llorosos y cada vez más desesperados.

—Porque así es el amor —y suspiró—. No importa el corto tiempo que te vea, siempre estarás en su mente... siempre tu mirada será lo único que desee ver.

Mariana recordó que sólo una persona pudo decir que sus ojos eran verdes con sólo verla por corto tiempo, y esa persona fue Annie. Muy pocos sabían el color de sus ojos, pero ahora Victoria lo supo, se dio cuenta a pesar de que Mariana lloraba en ese momento. Se recostó en su cama, su cabeza estaba llena de pensamientos, no sabía si en ellos estaba Annie o Victoria, suspiró y en ese suspiro se quedó dormida.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.