"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

29 de diciembre de 2011

II
Pasaron los días y los encuentros que tenía con Victoria eran muy frecuentes. Y en poco tiempo Victoria y Mariana se volvieron amigas. Paseaba con ella por el colegio, pensó que no tendría problemas pero...
—Señorita Guilloth, ¿qué significa esto? —le dijo Emilia, la coordinadora del Colegio. Mariana y Annie no eran de su agrado, por la relación tan amistosa que tenían.
—Sólo... sólo —Mariana no sabía que contestar, tenía que pensar en algo y rápido— ¡Le estoy  enseñando el colegio! —terminó por decir.
—Para eso está el comité, señorita Guilloth —remarcó Emilia.
—Viene de paso, va a inscribir a su hijo aquí... y el comité me pidió que le diera el recorrido.
—De acuerdo, señorita Guilloth —le dijo y se retiró.
Mariana suspiró aliviada porque la coordinadora había creído sus palabras. Victoria se le paró enfrente y la miró dudosa.
—Dígame, señorita Guilloth, ¿tan vieja me veo cómo para tener un hijo?
—¡No! —dijo apenada— Sólo era para despistar... si te das cuenta aquí vienen personas de edades distintas, desde niños de seis años, hasta personas como yo.
—Está bien, señorita Guilloth —le dijo haciendo burla a la coordinadora que era una vieja estirada—. Recuerda que sólo soy cuatro años mayor que tú.
“¿Cuatro años? ¿Cómo lo sabe si nunca le he dicho mi edad?” se preguntaba Mariana. Después de un rato ya no le dio importancia a ese comentario.
—Ven, te enseñaré un lugar donde nadie podrá molestarnos —dijo Mariana entusiasmada.
Llegaron a "el vuelo", Victoria quedó impresionada por tan peculiar lugar, Mariana la llevaba entre tantas cosa viejas hasta que llegaron a la barda. Mariana se sentía extraña, ya que no había estado con nadie más que no fuera Annie.
—Bueno, Victoria, este es "el vuelo" —dijo y extendió sus manos respirando con fuerza el aire.
—¿El vuelo? Interesante nombre.
—Sí, todo mundo cuenta su historia —dijo con tristeza.
—Me gustaría escucharla.
—No sé muy bien... además es una larga historia —dijo Mariana sin ganas.
—No importa tengo toda la tarde.
Mariana empezó a caminar hasta llegar al abandonado invernadero, recordó la vez que vio la margarita en el suelo y decidió no acercarse.
—Es una historia de amor… imposible, imposible para los demás… Mariana, así se llamaba la chica, igual que yo, ella gustaba de las flores y la jardinería. Era una niña rica, sus padres daban fuertes donativos al colegio. Ella se enamoró de su compañera, era un amor puro y sincero, porque las dos lo sentían. Ocupaban el mismo dormitorio, por mucho tiempo nadie se dio cuenta de su amor...
Mariana se dirigió a la jaula, Victoria la seguía con la mirada envuelta por la historia que le estaba contando.
—Y la otra chica… —continuó Mariana mientras sus manos se posaban en las barras viejas y oxidadas de aquella jaula— nadie sabe su nombre o nadie quiere recordarlo, mientras Mariana cuidaba de las flores, ella jugaba con las palomas que había en esta jaula. Su amor era grande y profundo… pero imposible.
Mariana miró a Victoria y volvió a donde ella estaba, miró hacia abajo de la barda.
—Cuando la otra chica se enteró de que su amor ya no podría ser... se suicidó, se lanzó desde aquí y dejó salir a las palomas de la jaula. Todos voltearon hacia arriba por el ruido que las palomas hacían y la vieron a ella parada sobre la barda con los brazos extendidos y se lanzó al vacío. Por esa razón lo llamaron "el vuelo"... las palomas jamás regresaron y es todo lo que sé.
—Qué tristeza.
—Sí, desde entonces el Colegio no es el mismo, no dejan subir a nadie aquí, y se prohibieron los dormitorios.
—Mariana —dijo Victoria en un suspiro mirando aquel viejo invernadero.
Mariana recordó las palabras de la madre Clara “Que su amor no termine así... Mariana Durkheim”, recordó el nombre de la chica.
—¡Mariana Durkheim! —dijo Mariana exaltada.
Tomó la mano de Victoria sin querer, pero la soltó rápido al darse cuenta de lo que había hecho.
—No te preocupes, no por tomar mi mano te comprometes conmigo o signifique que quieres algo… —le dijo sonriendo.
—Debemos bajar —dijo Mariana avergonzada.
Bajaron las escaleras, recorrieron algunos pasillos de ese mismo edificio hasta llegar a un lugar donde había cajas sobre las mesas, parecían archivos viejos y abandonados. Mariana empezó a buscar entre los papeles de las cajas.
—¿Puedo saber que buscas? —preguntó a Mariana al verla tan impaciente buscando.
—Sí, a Mariana Durkheim, ¿puedes buscarla por favor? —dijo.
Victoria al igual que Mariana, pasaba papeles por papeles de aquellas cajas.
—¡Lo tengo! —dijo Mariana y sacó un fólder azul lleno de polvo.
—¿Qué es lo que quieres de ella? —preguntó Victoria.
—Saber cómo se llamaba su compañera de cuarto... pero, pero aquí no, ¡¡No hay nada!! —dijo al examinar el fólder— ¡No menciona a nadie!
—Tal vez nunca existió —dijo Victoria llevando otro fólder—. Porque aquí hay datos de dos chicas y ocupaban el mismo dormitorio, tal vez Mariana nunca tuvo una compañera sino…
—¡No!, sí la tuvo... estas marcas son señales que había otro nombre aquí —le acercó el fólder a Victoria para que lo viera— Sólo… lo borraron... ¿Qué tanto pudo haber perjudicado a este colegio para que hicieran algo así?
—Es por eso que nadie sabe el nombre de la otra chica...
—Sí. Alguien lo sabe —dijo Mariana y pensó—, la madre Clara, ella trabajaba aquí antes.
—¿Quién? —preguntó Victoria al no escuchar bien el nombre.
—Esta parte del Colegio no está dentro del recorrido señorita Guilloth —entró Emilia provocando un susto enorme en las dos—. Y mucho menos los archivos de este Colegio —dijo y le arrebató el fólder de las manos.
Mariana no tuvo nada que decir y sólo salieron avergonzadas del lugar. Emilia ya no puso el fólder en el lugar que estaba, era un archivo, que consideraba, tenía que desaparecer.
***
Hace un mes que Annie se fue a Londres, no le hablaba muy seguido a Mariana, no sabía cómo estaba ella, no sabía nada y eso le dolía.
Un día, después de que recibió la llamada de Annie diciéndole que tardaría más de lo esperado, Mariana se sintió abandonada y cada vez más sola. De vez en cuando se veía con Victoria en el bar, por ahora era la única compañía que tenía. Saúl observaba a Mariana desde una mesa en la esquina, veía como Victoria jugaba con su cabello y eso le molestó. Se levantó de su mesa y a pasos rápidos se dirigió a Mariana. Sin saludarla a ella ni a Victoria, la tomó del brazo, se la llevó a la barra del bar y la sentó a la fuerza.
—¿Por qué eres tan agresivo? —se quejó Mariana, ya estaba un poco tomada.
—¿Mariana, qué estás haciendo? ¿Engañando a Annie?
—¡¡No!! —gritó.
—¿Entonces qué significa eso? —preguntó y señaló a Victoria.
—Saúl —decía Mariana mirándolo a los ojos—, ¿cuándo supiste que mis ojos eran verdes?
—¿Qué tiene que ver el color de tus ojos con esto? —dijo molesto.
—Sólo contesta, ¿cuándo?
Saúl no quería contestarle, sabía que Mariana ya estaba demasiado tomada, pero ella insistía en que le contestara la pregunta.
—Me cautiva el azul de tus ojos… —decía apenado después de un tiempo— Así empezaba el poema que me aventaste a la cara gritándome que tus ojos son verdes.
—Sí, es cierto —Mariana no pudo evitar reírse al recordar eso.
—Es difícil saber de qué color son, no cualquiera puede saber a la primera —aseguró Saúl.
”Pero la persona que más te amara, sabrá que son verdes, con sólo mirarte una vez”. Recordó las palabras de su padre.
—No cualquiera —y miró a Victoria—, no cualquiera —se levantó y dejó a Saúl más molesto que antes.
Mariana se sentía envuelta en un sueño, no se daba cuenta que lo único que quería hacer era librarse de la soledad que Annie le había dejado. Victoria jugaba con su cabello, se acercó a su oído y deposito un pequeño beso. Mariana se estremeció, no por el contacto de los labios de Victoria, recordó las palabras de Annie "Si alguien besa cualquiera de tus oídos, no le importas sólo juega" lo escuchó sólo una vez dentro de su cabeza y se apartó de Victoria un poco alterada.
—¿Hice algo malo? —preguntó.
—No, nada —tomó su bebida y se la llevó a la boca.
Victoria parecía satisfecha con todo lo que Mariana estaba bebiendo, y alegre porque sabía que pronto Mariana estaría inconsciente.
—¿Mariana nos vamos? —preguntó Saúl.
—No, Annie me llevará a casa, como siempre —dijo Mariana y volvió a tomar su bebida.
—Mariana, Annie no está aquí —le aseguró Saúl.
—¡¡Cierto!! Lo olvidé,  Annie no está, que lastima, ¿y por qué no está? ¡Ya sé! Fue a cuidar a su Mamá a Londres. ¿Saben?, su madre es muy linda, nunca la he visto, pero si es como Annie debe ser muy hermosa, ¿verdad?
—Sí, sí lo es —contestó Victoria.
Saúl y Mariana quedaron extrañados con la respuesta de Victoria, ya que Mariana jamás le había hablado de ella.
—Vamos Mariana, yo te llevaré a casa, ya tomaste demasiado y no sabes lo que dices —insistió Saúl.
—¡¡No quiero!! —gritó con toda la fuerza que aún podía salir de su boca— Y aun estando ebria sé lo que digo y lo que hago. Así que déjame tranquila, quiero quedarme más tiempo.
—No te preocupes Saúl, yo la llevo a su casa —decía Victoria—, Mariana estará bien.
—Es por eso que me preocupo —dijo murmurando.
—Perdón.
—Que estoy de acuerdo, sólo cuídala bien —dijo Saúl y se alejó de su mesa un poco preocupado por haber dejado a Mariana.
Después de un largo rato Mariana ya está un poco inconsciente.
—Creo que es hora de irnos —dijo Victoria.
—Sí, tenemos que irnos —Mariana miró a todo lados y empezó a llorar—. Annie no está, no puede llevarme a casa.
—Yo te llevaré Mariana.
Tomó a Mariana del brazo y la sacó del lugar. Todo el camino decía incoherencias y sólo hablaba de lo mucho que extrañaba a Annie. Había algo extraño en Victoria, no se notaba que fuera la misma persona que Mariana había conocido.
—¿Dónde estamos? —preguntó Mariana confundida al ver un lugar confortable pero extraño para ella.
—Estamos en mi casa… ven debes dormir un rato.
—No, quiero volver a mi casa —dijo, y tambaleándose se dirigía a la puerta.
—No te preocupes, aquí estás bien —la tomó del brazo y la llevó a su habitación.
Mariana se recostó en la cama, Victoria se sentó junto a ella y empezó a desvestirla.
—¿Qué haces? —reaccionó confundida.
—Sólo es para que duermas cómoda… eres hermosa —le dijo acariciando su piel suave y tersa.
Victoria se acercó lentamente al rostro de Mariana, y empezó a recorrerlo con sus labios.
—Es la única manera en la que puedes librarte de la soledad —Victoria miró a Mariana con cierto fuego de ira—. Esta es una dulce venganza.
Mariana despertó con un fuerte dolor de cabeza, miró a todos lados, se percató de que estaba desnuda y tapó rápido su cuerpo con la sábana. Victoria estaba sentada en la esquina de la cama vistiéndose.
—¿Qué pasó? —preguntó Mariana sin intención de preguntar.
—Nada, nada que tú no hubieses querido.
Victoria terminó de vestirse y salió de su habitación. Mariana se levantó y empezó a vestirse.
—Claro, nada de lo que yo no hubiera querido —dijo Mariana y sonrió con un poco de remordimiento.
Mariana subió a "el vuelo", se sentía aliviada recordando todas aquellas cosas que pasaba junto a Annie, era un buen lugar para escribir sobre lo que estaba sintiendo en su interior. Tomó su cuaderno y opacó sus dulces ojos verdes con los cristales de unos lentes, no le gustaban pero tenía que usarlos para no lastimar sus ojos. Abrió su cuaderno y empezó a leer suavemente.
Nunca había pensado en ti,
Nunca había imaginado como eras;
Tan llena de verdad y luz,
Tan llena de ternura y pureza.
A veces ya no puedo decirlo,
Es cuando cierro mis ojos y te encuentro...
Eres un mar de esperanzas,
Un ángel sin alas.
La luz que me hace brillar,
El sueño escondido,
Eres el secreto no compartido,
Eres la fuerza que he encontrado,
Para que mis pies no toquen el suelo...
Terminó de leer y su mirada se perdió a lo lejos, sus labios empezaron a moverse y su voz se oía entrecortada por el llanto que intentaba que no se apoderara de ella.
Sin embargo...
Siento que el tiempo se ha perdido,
Pues nunca quise ver lo que tu amor pudo hacer,
Es cuando siento que mis sueños ya no podrán volar.
Quisiera que en este momento detuvieras mi corazón,
Como lo hiciste aquella vez en la que intente no llorar,
En la que mis emociones se desbordaron...
Y mi cuerpo se quedó sin fuerzas,
Y mi corazón sin ninguna defensa...
Ante esa mirada azul...
Detuvo sus palabras para que en su cabeza se pudiera visualizar con exactitud la hermosura de los ojos azules de Annie, cerró los ojos y sonrió dulcemente para ese bello recuerdo.
Ante esa mirada azul llena de verdad,
Sólo me queda esperar y...
Guardó silencio al sentir a alguien detrás de ella...
—De Mariana… para Annie —dijo Victoria sonriendo.
—¿Annie? —dijo Mariana sorprendida ya que nunca le había hablado claramente de sus sentimientos por ella.
—Sí, Mariana y Annie —dijo y señaló el corazón en la barda—. ¿Es ella por quién lloras?
Mariana miró el corazón detrás de ella, se le había olvidado ese pequeño detalle, sonrió y se llevó la mano al rostro para poder quitarse los lentes.
—No —dijo Victoria deteniendo la mano de Mariana—. Te ves muy linda con ellos… y quiero que me leas algo de lo que escribes, de lo que escribes para Annie.
Victoria miró otra vez el corazón en la barda y se agachó un poco sorprendida. Lo examinó por un largo tiempo mientras Mariana la veía extrañada por su comportamiento.
—¿Por qué tu nombre y el corazón son menos visibles que el nombre de Annie? —preguntó impaciente.
—Porque ese nombre y el corazón llevan mucho tiempo allí.
Victoria se levantó y la miró más confundida que antes. No tenía intensión de preguntarle, pero tenía una gran curiosidad de saber el porqué.
—¿Recuerdas a Mariana Durkheim?
—Sí —contestó Victoria sin entender.
—Bien, pues ese corazón es de ella, lo encontramos por casualidad, sólo se veía el nombre de Mariana… y Annie sólo grabó el suyo.
—Ah, ya entiendo.
Mariana le sonreía nerviosa al saber que Victoria ya sabía quién era la persona por la que sufría y cual era esa manera en la que sufría.
—¿Me leerás algo? —preguntó Victoria después de un rato.
—Yo… yo —titubeó Mariana poniéndose roja.
—Sólo algo pequeñito —dijo dulcemente para que Mariana se tranquilizara.
Tomó su cuaderno y pensó en el poema que había escrito ayer después de la llamada que recibió de Annie diciendo que tardaría mucho más tiempo en regresar. Tomó aire y empezó a leer…
En este tiempo…
Tu amor detuvo mi corazón
Sin esperarte llegaste,
Sin esperarte hiciste todo cambiante.
Ahora no estás para responderme
Ahora que los vientos se hacen más fuertes
Ahora que infinitas miradas me aguardan
Y entre ellas no brilla la tuya...
Intento comprender el momento y hacerlo mío,
Pero quiero compartirlo contigo.
Ya no hay palabras, esta vez permaneceré callada,
Esta vez...
Mariana paró de leer al ver los dedos de Victoria sobre el cuaderno, decidió no mirarla y sólo veía como lentamente el cuaderno se alejaba de sus manos. Su corazón empezó a temblar con una fuerza demasiado grande para ella, alzó la vista y vio el rostro de Victoria acercándose a ella para besarla. Mariana cerró los ojos y antes de que tocara sus labios le preguntó:
—¿Has estado enamorada?
Mariana abrió los ojos y se separó de ella, aunque no fue mucha la distancia.
—Sí —contestó Victoria.
—¿Te imaginas estando con alguien más, amando a otra persona? Eso no se puede hacer.
—No, pero te imaginas que aquella persona que amas está con alguien más.
—Sí, puedo imaginarlo… y no, no quiero hacerlo.
—Es difícil saber que a la persona que amas, no le interesas más… ¿Crees que vale la pena esperar?
—Sí, porque la amo y ella a mí… nuestro amor es eterno.
Victoria le dio una sonrisa tierna y se volvió a acercar, Mariana sentía que no podía moverse.
—El amor es eterno mientras dura —le dijo y le dio una palmadita más tierna y dulce que jamás había sentido.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.