"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

27 de diciembre de 2011

IV
La dulzura de tanto amor tenía que esconderse, no iba a ser permitido que el prestigio de tan reconocido colegio fuera manchado otra vez por un amor así. Ya todos sospechaban de su relación y eso era muy peligroso porque podían ser expulsadas del colegio, así que mantenían su relación a los ojos de los demás muy al margen de una amistad. Pero eso no funcionó por mucho tiempo, los rumores llegaron hasta los directivos y eran más vigiladas que cuando Annie se metía en problemas y hacía de las suyas.
Todas las tarde subían a “el vuelo” ahí nadie podía arriesgarse a buscarlas, pero ya no podían estar tan libres como antes viendo a todos desde arriba, así que se ocultaban sentándose bajo la pequeña barda. Esa tarde hubo algo más, algo de lo que nunca se habían dado cuenta. Se sentaron a conversar, Mariana miró que en la barda donde estaban recargadas había un corazón con su nombre, no muy visible por el tiempo. Annie se dio cuenta que examinaba la barda, se levantó y miró la inscripción.
—¿Crees qué se ella? —preguntó Annie intrigada.
—Tal vez… y el otro nombre que no se ve debe ser de ella… su compañera —tocó la pared y examinó cada línea que alcanzaba a apreciarse debajo del otro nombre.
—¡Eso es fácil! —dijo Annie. Tomó un clavo oxidado y empezó a grabar su nombre debajo del de Mariana.
—¡No, no lo hagas! —dijo asustada.
—Tranquila, no creerás esa historia… además lo nuestro no terminará así. Ningún superior del colegio lo sabe y nadie lo sabrá. Al menos el tiempo que sigamos aquí.
Annie siguió grabando su nombre en la barda, Mariana la miraba temerosa y con cierta preocupación de que esa historia fuera real.
—Ves, así se ve mejor… ahora si es un corazón completo —dijo Annie mirando el corazón y su nombre junto al de Mariana.
Mariana no dejaba de preocuparse, Annie la atrajo a sus brazos y le murmuró al oído:
—No pasará nada —acarició su cabello—. Todo estará bien para nosotras. Prepararé la cena para ti.
—Aún no quiero morir —le dijo asustada.
—Ja, muy graciosa… no cocino tan mal.
Mariana se apartó de sus brazos y la miró pícaramente.
—Espero que no sea lo único que hagas… mal —le dijo sonriendo.
Esa noche Annie estaba en vuelta en una magia especial, sabía que cocinaría por primera vez para el amor de su vida y ya no más para su mejor amiga. Como vivía sola, el arte en la cocina se le daba bien y sabía preparar platillos de muchas partes del mundo. Arreglaba todo tranquilamente, eran las nueve de la noche cuando escuchó que llamaban a la puerta. Su corazón empezó a agitarse, estaba nerviosa, abrió la puerta y vio a Mariana tan hermosa que la dejó sin habla.
—¿Me dejarás aquí toda la noche? —dijo Mariana al ver que Annie no reaccionaba.
—Te ves hermosa.
—Igual tú.
Sólo un abrazo dio comienzo a ese encuentro, y a una noche que estaría llena de amor y pasión. Annie la llevó adentro, a pesar de que Mariana la visitaba casi siempre, nunca había sentido tanta calidez en esa enorme casa como ahora. La esperaba una mesa con velas al centro, junto a una chimenea y una luz tenue. Mariana miró la foto familiar, era una de cuando Annie tenía como seis años, de una mirada dulce que había heredado de su padre y los rasgos finos de ambos.
Annie se esforzó para darle a Mariana la mejor noche de su vida. Trajo en elegantes charolas lo que sería su cena.
—Comida italiana —dijo Mariana emocionada.
—Crees que después de conocerte siete años, no sepa lo que te gusta. Sé muy bien todo lo que te gusta y no —le decía dulcemente—. Eres lo que más me importa Mariana.
Una música romántica las acompañó durante la cena y una luz tenue que ayudó a dar luz a las velas. Las dos se miraban y se sonreían tiernamente.
—¿Estás lista para el postre? ¬—preguntó. Annie se acercó tanto a Mariana que hizo que se pusiera roja y nerviosa— ¡Tranquila, es muy pronto para eso! —dijo y salió.
Mariana esperaba impaciente, Annie regresó con un plato lleno de fresas con miel, era el postre favorito de Mariana. Annie tomó una fresa y se la acercó, Mariana aceptó comerla de su mano, sus labios quedaron cubiertos de miel. Annie la besó y disfrutó el dulce sabor. La miró fijamente, amaba el color de sus ojos verdes.
—¿Bailamos? —preguntó Annie.
Tomó la mano de Mariana, la levantó de la mesa y la atrajo a su cuerpo. Mariana estaba muy nerviosa, sólo seguía el ritmo suave de la música aferrada al cuerpo de Annie. Se perdía en el brillo de sus ojos azules que no dejaban de verla y una sonrisa tierna que la hacía sentir segura es sus brazos. Seguían bailando sin decir nada, Mariana recargó la cabeza en el pecho de Annie, la música no dejaba ese ritmo suave que esperaba cualquier pareja de enamorados. Mariana pensaba en lo que estaba sintiendo, preguntándose cómo había pasado todo, cómo sus sentimientos habían cambiado de tal manera que su mejor amiga le hacía sentir el amor más tierno y dulce que no había conocido jamás.
—Te amo Mariana —Annie rompió ese silencio.
Mariana la miró con ternura, sus ojos no disimulaban la felicidad que estaba experimentando.
—Y yo a ti.
Mariana la besó dulcemente, un poco inexperta para besar a una mujer, Annie se dio cuenta de eso, sonrió y le dijo:
—¿Sabes lo que dicen que significa cada beso?
—Si es algo cursi no creo que tú lo sepas —decía Mariana sonriendo, ya que Annie sólo gustaba de la poesía que escribía Mariana y nadie más, porque no la entendía—, o al menos que sí, y quieras decirme.
Annie no contestó nada. Seguían bailando suavemente. Mariana seguía mirándola esperando que le dijera algo, se acercó más a ella para sentir el calor de su cuerpo.
—Si alguien besa cualquiera de tus oídos, no le importas sólo juega contigo… en la mejilla… sólo le interesa tu amistad —y besó su mejilla— …eso también quiero de ti toda la vida. Si besa tu cabello —Annie depositó un pequeño beso en el cabello rubio—, no puede vivir sin ti. En la mano —tomó su mano y la besó dulcemente—, te adora. Con las manos en la cintura —abrazó la delgada cintura y volvió a besarla—, te ama demasiado para dejarte ir. Viéndote a los ojos —miró aquellos ojos verdes, Mariana entendió el mensaje y fue ahora ella quien la besó—, necesita que la beses. En el cuello —besó el cuello de Mariana—, te quiero para mí.
Ese beso fue recorriendo todo el cuello de Mariana, recorrió cada parte de ella. Estaban envueltas en una pasión desbordante. Sin darse cuenta dejaron de bailar y sólo se fundían en cada beso. Annie empezó a despojarla de sus ropas, Mariana reaccionó asustada con lo que estaba haciendo.
—Si no quieres no lo haremos —le dijo dulcemente para tranquilizarla.
—Si quiero, pero… pero…
—No importa… lo entiendo, lo que importa es que estás conmigo ahora.
—Lo siento —dijo apenada Mariana y agachó la cabeza.
—No te disculpes, todo llegará a su tiempo…
—No quiero decepcionarte.
—¿Tú? —tomó su rostro entre sus manos y le dijo—: Nunca lo harás.
Esa noche no hubo más que comprensión y ternura, platicaron de todo como si acabaran de conocerse.
***
En la clase de economía no tenían que ocultarse tanto, sus compañeros las aceptaban y comprendían su amor. Ellas aprovechaban esos momentos para demostrar la felicidad que sentían. Mariana jugaba con las manos de Annie, las dos estaban felices por su amor.
—¿Qué? —preguntó Mariana al ver que Annie no dejaba de verla.
—Cuando sonríes… me cuesta creer que estás para mí.
Mariana sonrió al escuchar esas palabras tan dulces.
—Cada vez que me reflejo en tus ojos —le decía Mariana—, eres un sentimiento que mi corazón no puede negar, me haces feliz cuando estás cerca.
—Hola —interrumpió un chico apenado.
—¡Luís! —dijo emocionada Annie— Ya te me habías perdido.
—Hola Mariana, ¿cómo estás?
—Bien gracias —respondió.
—Se ven bien juntas… como siempre —dijo Luís.
—¿Esto? —señaló Mariana a Annie como si fuera un premio— Debo agradecértelo.
Mariana se levantó y le dio un dulce beso en la mejilla.
—¡Oye!, me voy a poner celosa —se quejó Annie.
—No, no te preocupes, ya me voy —la expresión de Luís era de tristeza— ¡Sólo sean felices!
—¿Qué le pasa? —preguntó Mariana confundida.
—Sabes… él está enamorado de ti.
—¡Sí claro!, de hecho todo el colegio —dijo con sarcasmo.
—Es verdad, por eso me ayudó con lo del video.
—Es muy lindo… y un buen amigo —suspiró Mariana.
—Sí, es cierto.
Mariana miró el reloj, sabía que debían separase por un tiempo, pero no lo deseaba, sólo quería estar con la persona que amaba, pero tenía que resignarse…
—¿Nos veremos en el almuerzo? —le dijo a Annie para que se diera cuenta que tenía que marcharse a su otra clase.
—No, sabes que ya no podemos estar tan libres, todo mundo nos vigila como si fuéramos delincuentes… sabes que el prestigio de este colegio no puede mancharse otra vez —dijo Annie sonriendo—. Mejor me esperas en “el vuelo”.
—Sí —dijo Mariana, le dio un beso en la frente y Annie se marchó.
Ya en “el vuelo”. Mariana esperaba impaciente, miró la barda y el corazón donde estaba su nombre, se agachó y recorrió con sus dedos el nombre de ella y el de Annie. Un escalofrió recorrió su cuerpo, “Lo nuestro no terminará así” recordó las palabras de Annie.
—Mariana —se escuchó una voz dulce pero sin vida.
Mariana se levantó rápido y miró atrás, pero no había nadie. Vio que la puerta del invernadero, ya a punto de caerse, se azotaba con el aire y volvió a escuchar su nombre proviniendo de aquel lugar. Mariana se acercó lentamente, a pasos de llegar a la puerta, terminó por derrumbarse a sus pies. Se metió con mucho cuidado, y en el suelo encontró una margarita blanca en una pequeña maceta. Cuando estaba a punto de agacharse a recogerla, sintió una mano en su espalda y volteó asustada.
—¿Qué haces? —preguntó Annie.
—¡Me asustaste!, Sólo vine por… —Mariana miró al suelo y se dio cuenta que sólo había tierra y macetas rotas y viejas. Se preguntó si lo de la margarita había sido una alucinación.
—¿Sólo viniste por…? —volvió a preguntar.
—Nada… nada.
Salieron del invernadero, llegaron a la barda y se sentaron. Annie le platicaba del trabajo que le costó subir, tuvo que evadir a las personas que la estaban vigilando, pero Mariana no dejaba de ver el invernadero con temor.
—¿Hay algo de especial en esa cosa? —preguntó al ver que Mariana no le prestaba atención.
Mariana suspiró y contestó:
—Nada… sólo que es muy extraño… el ambiente se siente muy pesado. Hace un rato escuche que alguien me hab…
Annie apagó las palabras de Mariana con un beso dulce y muy profundo.
—Sólo quería esto, en toda la tarde es lo único que quería, el sabor que me dan tus labios —dijo Annie— y si ya no quieres estar aquí, ya podemos marcharnos… además tampoco quiero estar aquí este día. Es peligroso…
—¿Por qué no? —la miró extrañada.
—¿No has escuchado los rumores que circulan por todo el colegio…? —le preguntó Annie.
—¿Los que dicen que tú y yo somos amantes? —Mariana sonrió divertida.
—Muy aparte de esos… hoy es otro aniversario más del accidente.
—¿El accidente de la chica que se…? —Mariana la miró asustada.
—Sí, así que mejor nos vamos.
Se levantó y tomó la mano de Mariana para ayudarla a ponerse de pie, ambas sonreían, aunque Mariana lo hacía con cierto miedo. Antes de perderse entre tantas cosas, Mariana miró hacia el invernadero y otro escalofrío volvió a recorrer su piel.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.