"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

27 de diciembre de 2011



III

Las cosas volvieron a ser como antes, la única diferencia era que Mariana le ponía más atención a Annie desde que salió del hospital, sentía la necesidad de estar con ella, de sentirla sólo para ella.

La sala del auditorio estaba llena, a lo mucho cabían como cincuenta personas, incluyendo a los maestros. Mariana por ser una de las mejores alumnas de literatura del colegio, había sido invitada para abrir la presentación de los nuevos alumnos que gustaban de la poesía. Hacía varios años que Mariana dejó de escribir por un problema en los ojos, se sentía incomoda intentar escribir lo que no veía con claridad, para ella era una oportunidad de volver a hacer lo que más le gustaba. Mariana dirigió a Annie a uno de los lugares vacíos que había al frente, después llegó Saúl y se sentó a su lado. Annie lo miraba avergonzada, pero Saúl actuaba diferente, era amable con ella, y se sintió incomoda por su comportamiento tan gentil. Ella pensaba que Saúl tenía que odiarla por lo que le había hecho.

Annie miraba a Mariana en el pequeño escenario, siempre la veía tan elegante y hermosa con el uniforme azul. Mariana hablaba con los maestros que preparaban todo, acomodaron los micrófonos y despejaron el escenario hasta que Mariana se encontró sola frente al micrófono. Miró a Annie y sonrió dulcemente, sacó sus lentes, se los puso y volvió a ver a Annie. Sabía que a ella le causaba risa verla con lentes y esta vez no fue la excepción, Annie estaba sonriendo, pero no con burla sino con ternura. Mariana sacó de su bolsa un papel arrugado, lo deslizó hasta hacerlo visible, el silencio se escuchó y la dulce voz de Mariana empezó a resonar.

Evitando…

Evitando tus ojos

Para que no atormentes mi alma,

Con una mirada azul que pueda robarla.

Evitando tu voz

Que pronuncian palabras tan profundas,

Que puedan perturbar mi alma.

Evitando un abrazo

Del cual no pueda escapar

Y quedar atrapada por la eternidad.

Evitando tus manos

Que sin saberlo me han hecho temblar

Y estremecer en cada contacto.

Evitando tu sonrisa clara

Que parte mi corazón

En cada resonancia.

Evitando tus silencios

Que puedan desnudar mi alma

Y encontrar la verdad de los sueños y esperanzas…

Cada palabra que decía ponía a murmurar a todos, Annie sentía las miradas sobre ella, su cuerpo empezaba a temblar y no despegaba la vista de Mariana, pensaba que el poema podía ser para ella, pero no estaba segura, porque Saúl estaba a su lado y podía ser para él.

Evitando el sentir de tus labios

Como aquella primera y única vez que me besaron,

Y sentir nuevamente el fuego que despertaron…

Esas palabras la hicieron estremecer, porque en verdad estaba hablando de ella, y esa mirada de Mariana al decirlas, sus ojos la veían a ella y no a Saúl.

Evitando el dolor de morir

Al creer perderte, evitando tan sólo…

La verdad del amor y el alma.

Terminó con una pequeña sonrisa, todos aplaudieron un poco tarde, estaban desconcertados y confundidos por ese poema. Mariana bajó del escenario, Saúl se dirigió hacia ella y la abrazó, la esperanza de Annie se desvaneció tan rápido como llegó la ilusión en ese abrazo.

—¡Bien hecho! —dijo Saúl.

—Gracias.

Mariana llegó al lugar donde estaba Annie, aún las miradas se sentían sobre ellas y las palabras se dejaban escuchar. Annie todavía no podía moverse muy bien por lo del accidente.

—¿Te gusto? —preguntó Mariana.

—Sí, es muy bonito —le contestó triste.

Mariana no comprendió, pensó que Annie había entendido el mensaje, pero tal vez ya era demasiado tarde y Annie ya no sentía nada por ella. Lo demás sólo fue silencio, escuchaban las poesías de los demás alumnos. Mariana miraba a Annie que estaba muy atenta escuchando a los demás, sólo pensaba que ya era demasiado tarde para que lo de ellas funcionara. Annie sintió la mirada y volteó rápido, Mariana sólo reaccionó con una sonrisa al ser atrapada de esa manera.

Salieron las dos del auditorio, Mariana ayudaba a Annie a caminar, pero ella se soltó de su brazo con fuerza y un poco molesta.

—¡Mariana ya no tienes que hacer esto, ya estoy mejor!

Los ojos verdes se encontraron con los azules, todavía un poco cansados y la cara con algunos raspones.

—No discutas conmigo, voy a cuidarte, además… quiero estar contigo —dijo apenada.

—¿De verdad?… Claro eres mi amiga y tienes que cuidarme —contestó Annie tratando de borrar sus propias ilusiones.

—Si soy tu amiga… —decía resignada— pero hay algo que…

Annie no escuchó el final de esa frase cuando se dio cuenta que el color verde de los ojos de Mariana cambiaron, se veían inyectados de ira.

—¿Qué pasa? —preguntó Annie.

Las palabras de Annie se esfumaron en su boca, Mariana se dirigía a pasos rápidos a una silueta que estaba detrás de Annie, no a una gran distancia. Annie tuvo que hacer mucho esfuerzo para llegar al lugar donde Mariana se encaraba con una persona de su misma estatura, Annie se dio cuenta que esa silueta era la de Diana.

—¿Cómo te atreves a estar aquí? —preguntó Mariana con rabia.

—No me gusta escapar de mis problemas.

—En verdad…

Mariana estaba tan enfurecida que no media cada palabra que le estaba diciendo a Diana, con un lenguaje nada amable. Annie se reía con todo lo que Mariana decía, hacía mucho tiempo que no la escuchaba expresarse así. Todos veían asombrados la discusión que tenían, no pensaban que en una persona como Mariana existiera un lenguaje así.

—Es lo que me encanta de ella... —le dijo Annie divertida al tipo que estaba a su lado— ¡Peor que un camionero!

Pero la diversión de Annie y las malas palabras de Mariana fueron cortadas por Diana.

—¡¡Al menos no niego mis sentimientos!! —gritó Diana.

—¡¡Estás loca!!

—¡¡No tanto como tú lo estás por ella!! —dijo señalando a Annie.

Mariana miró a Annie con angustia y desesperación.

—¿Por qué no tienes el valor de decírselo? ¡Anda, dile que la amas!

—No tengo nada que decirle —Mariana agachó la cabeza—, porque yo no la amo.

Mariana salió corriendo del lugar con unas lágrimas entre sus ojos.

Mariana estaba en “el vuelo”, ese lugar le traía un poco de paz y buscaba el valor para decir sus sentimientos. Necesitaba un poco de fuerza para que su amor terminara bien. Annie observaba desde lejos a Mariana, sabía que sus sentimientos por ella no se habían ido, la amaba como la primera vez desde que dejó de considerarla su amiga, tenía que resignarse a que ella no la quisiera de la misma manera.

—Hola —Annie se acercó— ¿Sabes?, empiezo a odiar este lugar.

—¿Por qué? Tiene una vista hermosa —le dijo mirando la capilla y el bosque de árboles colosales que rodeaban el colegio.

—Sí —dijo mirando a Mariana—, muy hermosa.

—¿Qué es lo que no te gusta? —preguntó.

—Por ahora… el trabajo que me costó subir hasta aquí… aún me duelen las costillas y las piernas.

—Lo siento, no debí dejarte abajo —le dijo trayéndola con cuidado a la barda.

—¡Oh, no te preocupes!… Tenías que salir corriendo —dijo Annie riendo.

—Perdón por todo lo que le dije a Diana.

—No importa, sé que no lo merece… pero ya lo dijiste.

—¿Todavía la quieres? —preguntó Mariana inconscientemente.

—¿Eso te importaría? —respondió Annie con otra pregunta.

—No lo sé.

Dejaron de mirarse, callaron por largo tiempo. La tarde empezaba a caer, los ojos de cada una se iluminaba con la luz del sol que se ocultaba, parecía no haber viento pero las hojas caían de algunos árboles. Annie miraba de reojo a Mariana, adoraba como se veía su cabello con los últimos rayos del sol, sus ojos verdes iluminados y entristecidos.

—Lo que dijo Diana… —dijo Mariana interrumpiendo la exploración que Annie le hacía.

—No, no tienes que decir nada, sé que no sientes nada por mí.

—Por favor déjame terminar.

—Está bien.

—Lo que dijo… —tomó aire— es verdad.

—Pero… pero… bien, bien sigue hablando.

—No sé cuándo pasó… no, no tengo idea de cuando mis sentimientos cambiaron… No sé lo que siento… estoy confundida… no sé qué me pasa, cuando me pidieron que escribiera el poema, lo hice pensando en ti… iba entregártelo en el hospital, pero no querías estar conmigo… ¡No sé qué pasa! —dijo Mariana angustiada.

—No digas nada… no pienses demasiado, los sentimientos son extraños —Annie se acercó a ella.

—Y cuando no estoy contigo, siento que el aire le falta a mis pulmones, ya no puedo vivir si no es estás junto a mí… ya no quiero estar sin ti… te necesito.

—¿Y Saúl? —Annie rompió la magia del momento. Mariana sonrió y volvió a mirar la capilla.

—Nuestra relación… ya terminó.

—¿Qué? —dijo Annie entre alegría y curiosidad.

—Días después de tu accidente, habló conmigo… dijo que mis sentimientos estaban cambiando y que no era él la persona que deseaba a mi lado.

Annie quedó perpleja con la noticia.

—Ahora entiendo porque Saúl nunca fue a visitarme, sé que no le agrado pero…

—No, él me llevaba al hospital a verte… dijo que eso era lo mejor.

—Y para ti, ¿es lo mejor? —preguntó Annie.

—Sí —Mariana se acercó a ella—, porque más que en él, pensaba en ti… todo el tiempo —tomó la mejilla de Annie—, sólo pensaba en ti.

El acercamiento de Mariana fue una invitación para que la besara y Annie no podía dejar pasar esta oportunidad, volvió a acercarse como antes, pero ahora estaba segura que iba a encontrar una respuesta. Mariana antes de cerrar los ojos le sonrió a esa dulce mirada azul. Sus labios se unieron tiernamente porque ahora las dos deseaban ese encuentro. Algunas hojas caían sobre ellas mientras se fundían en un abrazo que acompañó ese beso hasta el final.

—¿Sabes? —decía Mariana quitando algunas hojas del oscuro cabello de Annie— Este beso me gusto más que el primero… más que el segundo… y mucho más que el tercero.

—¿Eh?… Si sólo te bese una vez.

—No, en realidad tus labios han tocado tres veces los míos —le dijo tocando los labios de Annie con sus dedos.

—Pues no recuerdo las otras dos —dijo pensando.

—El segundo fue aquí, estabas inconsciente por tanto que habías tomado.

—¡Ah! Por eso no lo recuerdo, te prometo que no lo volveré a hacer… —Annie alzó la mano en un gesto de promesa— ¿Y el tercero?

Mariana se volteó y sus mejillas cambiaron de color y sonreía avergonzada.

—Bueno, en realidad yo… yo te besé.

—¡¿Cómo?! —preguntó con alegría.

—Sí, en el hospital… te desperté del coma, con un dulce beso de amor.

—¿Amor?

—Sí… amor —dijo Mariana.

Sus cuerpos volvieron a encontrarse con un abrazo y Annie le reclamó al oído en un tono pícaro y dulce:

—Tú eres la culpable.

—¿Culpable? ¿De qué? —preguntó Mariana.

Annie le seguía hablando dulcemente al oído.

—De que la enfermera siempre entraba diciéndome “¿Cómo está la bella durmiente?” —dijo— pensé que quería algo conmigo.

—Es mucho mayor que tú —le aseguró Mariana.

—Bueno, ya sabes lo que dicen, para el amor no hay edad… supongo que te vio.

—Sí, casi me da un infarto cuando salió detrás de mí… me daba pena verla.

Las dos reían, pero no dejaban de abrazarse, sus corazones ya se habían fundido. Una linda tarde acompañó ese encuentro y la primera estrella fue testigo de un sueño que renace.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.