"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

26 de diciembre de 2011




II

Mariana estaba inquieta, caminaba de un lado para otro, Saúl sólo la observaba preocupado. Ni siquiera tuvieron tiempo de llegar a su casa. Las malas noticias llegaron pronto a los oídos de Mariana.

—Debes calmarte, ella estará bien —le dijo sujetándola del brazo.

—No debí dejarla sola.

—No estaba sola, la dejamos con Diana.

—¡Pues da lo mismo! —dijo Mariana y se soltó del brazo de Saúl con fuerza.

Seguían esperando afuera de la habitación donde Annie y el doctor se encontraban, su situación era grave.

—¿Doctor cómo está? ¿Se pondrá bien? —preguntó Mariana al doctor que salía de la habitación.

Su silencio dijo más que mil palabras, Mariana lo entendió y entró a la habitación, ni siquiera le dio tiempo al doctor de detenerla. Mariana quedó perpleja al ver a su amiga hundida en esa cama con aparatos en todo el cuerpo, nunca imaginó que sería tan grave, tenía raspones y fracturas, pero eso era lo de menos.

—No me dejes sola —tomó su mano—, no seré quien soy si te vas.

Afuera el doctor y Saúl conversaban sobre la salud de Annie.

—Su situación es grave, el estado en el que venía complicó más las cosas… si no despierta del coma, no pasará de esta noche.

—Lo entiendo —dijo Saúl preocupado.

—¿Es familiar? —preguntó el doctor señalando la puerta.

—No, solo son amigas —decía Saúl y miraba la puerta—. Creo que soy la razón por la que aún siguen siendo amigas.

—Deberían llamar a sus padres —sugirió el doctor manteniendo la serenidad que siempre tienen los médicos—, no tiene muchas posibilidades de sobrevivir.

—Ella vive sola, su madre vive en Londres desde hace tiempo.

—Entiendo —dijo el doctor.

Mariana no paraba de llorar, sabía que si Annie se iba se sentiría culpable por haberla dejado y por haberse molestando con ella cuando no entendía bien sus propios sentimientos.

—Annie debes aguantar, ¡hazlo por mí! —Mariana apretó más la mano de Annie— No te rindas, por favor… ¡No me dejes! —acarició sus ojos con sus dedos— ¿Dime cómo puedo entender la mirada de tus ojos cerrados? Yo te amo.

Ya antes le había dicho que la amaba, pero esas palabras no eran escuchadas por Annie. Hasta ahora Mariana no había comprendido que ese amor era de la misma calidad que el suyo. Mariana la miraba fijamente, le causaba miedo verla tan débil e inofensiva, pero en parte una gran ternura, sentía la necesidad de protegerla. Se inclinó para besar su frente mientras secaba sus lágrimas, pero el beso no llegó a su destino, le dio un dulce beso en los labios y sintió lo que no había sentido antes, una calidez que recorrió su cuerpo. Se dio cuenta que Annie abría los ojos y se separó de ella.

—¡Vaya! ¡Cómo la bella durmiente! —dijo Mariana y acarició dulcemente su cara.

—Sí, tienes razón… como la bella durmiente —dijo la enfermera que estaba detrás de Mariana.

—¿Está bien? —preguntó avergonzada.

—¡Cómo no va a estarlo! —miró a Mariana de una forma que hizo que se sonrojara—La despertaste del coma.

—¡¿Coma?!

—Hace un momento estaba en coma, ¿me permites revisarla? —le dijo para que se marchara.

—Por favor no se lo diga —decía cuando salía de la habitación¬—, ella no lo entendería.

Mariana salió de la habitación diciéndose que la que no entendía era ella. Besó a Annie y no se explicaba por qué lo hizo. El doctor aún hablaba con Saúl. Mariana los vio y despertó del trance en que sus sentimientos estaban.

—¡¡Despertó!! —dijo Mariana.

—¡No es posible! —reaccionó el doctor incrédulo y se metió a la habitación de Annie.

Mariana y Saúl lo siguieron. La enfermera aún la estaba revisando, Annie se veía un poco confundida y cansada, no podía hablar ni moverse.

—¿Cómo paso esto? —le preguntó a la enfermera.

—No lo sé doctor —miró a Mariana asegurándole que guardaría su secreto.

—¿Va a estar bien doctor? —preguntó Mariana.

—Lo estará, si la dejamos descansar —dijo el doctor mientras los dirigía a la puerta.

—Salgamos, como dice el doctor, hay que dejarla descansar, después vendrás a visitarla —dijo Saúl y la sacó de la habitación—. Por lo que veo Diana corrió con más suerte.

—¿Por qué? —preguntó Mariana molesta.

—El doctor dice que solo tiene leves fracturas y raspones.

—¿Ah, sí?… Pues me encargare de que no sean leves.

—¿Mariana qué estás diciendo? ¿No crees que estás exagerando con tu comportamiento?

—¡¿Exagerando?!… ¡¿Viste cómo está Annie por su culpa?!

—¡No me refiero a eso! —dijo Saúl alejándose de Mariana para que se diera cuenta de sus palabras y de sus sentimientos.

Mariana dudó en seguirlo, tenía que aclarar sus pensamientos. En realidad estaba enojada con Diana por el accidente, o porque sentía algo más, una deuda más grande… ¿Acaso cobrar el amor que le había robado?

***

Pasaron algunas semanas Annie había mejorado.

—Hola, ¿cómo estás? —preguntaba Mariana entrando a la habitación

Encontró a Annie sentada en la cama, aún sus gestos eran de dolor por el accidente.

—Mucho mejor, gracias.

—¿Ya puedes hacer eso? —dijo preocupada.

—No sé, puedo intentarlo —y miró a Mariana pícaramente.

—¡No estés jugando! —se quejó.

Mariana estaba sonrojada por lo que Annie le había dicho y por esa mirada que le gustó.

—Está bien, ¿hacer qué entonces? —preguntó Annie.

—Pues… sentarte.

—No sé cuánto tiempo llevo acostada, además ya no siento la espalda.

—Ah, bueno —le dijo resignada.

Annie se dio cuenta que llevaba algo en las manos, la miró extrañada, no podía creer lo que era.

—¿Y esas flores? —preguntó

—Son para ti.

—¿Flores?

—No te gustan, ¿verdad?

—Sabes que no —le dijo al mismo tiempo que lo negaba con la cabeza.

—Bueno, que lastima —dijo tirando las flores al otro lado de la cama.

Se sentó a su lado, quería sentirla cerca, pero su cuerpo se estremeció con el simple contacto de su piel y aun así no quiso alejarse.

—¡Eso no era necesario! —le dijo Annie al ver el desperdicio de las flores.

—¿Por qué, si no te gustan?

—Sí, pero pueden darle alegría a este cuarto —Annie suspiró al ver lo frío y apagado de su habitación— y a mi vida.

—Si es para eso… aquí estoy —Mariana sonrió dulcemente.

—No gracias, prefiero las flores —dijo Annie—. Son menos peligrosas.

—Está bien —le contestó un poco triste.

—¡Cálmate! Solo estaba bromeando —dijo—, como siempre tan sensible.

—¿Interrumpo algo? —entró la enfermera.

Mariana no pudo evitar sonrojarse y rápidamente se alejó de Annie. Intentaba calmar su nerviosismo mirando hacia a todos lados.

—No, no… estábamos… nada —dijo Mariana tartamudeando.

—Sólo vine a ver si estabas bien —se dirigió a Annie.

—Sí, estoy bien —dijo. Annie miraba a Mariana extrañada porque no despegaba la mirada del suelo, estaba inquieta y el rubor de sus mejillas aumentaba.

—Sí… creo que estás muy bien. Te veré más tarde entonces —la enfermera miró a Mariana, sonrió divertida y salió.

—¿Te pasa algo? —preguntó Annie y llegó con mucha dificultad hasta donde estaba Mariana para escuchar su respuesta.

—No, no es nada.

—¿Entonces por qué cuando entra la enfermera te pones inquieta? Ni siquiera puedes verla, —Annie la miró asustada— ¿pasó algo?

—Nada… solo no me gustan estos lugares —respondió Mariana.

Nunca se había detenido a mirar el cuarto y sintió el vació que tiene cualquier hospital, ese olor a medicina por todas partes y el frío que no lo había sentido antes, o eso nunca le había importado.

—Pues para no gustarte vienes muy seguido, ¿en verdad es solo eso?

—Sí, es verdad.

Annie esperaba otra respuesta, una respuesta que hiciera ver que Mariana empezaba a quererla de otra manera. Un silencio se escuchó por la habitación. A veces el silencio entre ellas decía más que cualquier palabra, pero ahora ese silencio Mariana no podía interpretarlo, necesitaba saber si lo que pasaba por su mente era solo amor. Annie decidió regresar a la cama, aun estando parada por corto tiempo le causaba fatiga. El cuerpo de Mariana temblaba y su corazón se aceleraba, apretaba con fuerza un trozo de papel que guardaba en la bolsa de su abrigo, miraba a Annie y lo apretaba con más fuerza.

—¿Mariana, puedo hacerte una pregunta?

—Ya lo hiciste —le dijo sonriendo.

—¡Es en serio!

—Bien… dime.

—¿Cómo… está Diana? —sus ojos se humedecieron— Es que no la he visto.

—No lo sé —dijo sin mucha importancia—, y si aparece por aquí son capaz de golpearla.

—¿Tú?

—Sí, yo… por haberte hecho esto.

—Mariana ella no tuvo la culpa… las dos bebimos demasiado, las cosas se salieron de control sin querer y…

Mariana solo veía el mover de los labios de Annie tratando de explicarle lo que pasó esa noche, pero no le importaba eso, solo temía la preocupación y el interés que Annie reflejaba hacia Diana y eso le molestaba.

—¿Por qué hasta ahora me preguntas por ella? —preguntó Mariana con recelo.

—No sé… tenía miedo.

—Miedo, ¿de qué?

—De que me dijeras que ella… ella…

—¿De que estuviera muerta?

—Sí, eso —respondió Annie con tristeza.

—No, no lo está, pero cuando la vea lo estará —reclamó Mariana.

—¡Mariana! —dijo en tono de reproche.

—Sí, sí, ella no tuvo la culpa. ¿Tanto te importa?

—Sí, ella es mi…

—Tal vez no te quiera tanto —dijo Mariana interrumpiendo sus palabras.

—Sí, tal vez… me dejas sola.

Mariana se dio cuenta de la tristeza que inundaban los ojos azules de su amiga.

—¿Estás segura…?

—Sí, estaré bien.

—¿No quieres estar conmigo? —preguntó Mariana.

—No por ahora.

Mariana se dirigió a la puerta, volvió la mirada a su amiga. Vio como Annie llevaba sus manos a su rostro y empezaba a llorar, Mariana sacó el papel de su abrigo, lo miró y estuvo a punto de hacerlo pedazos, pero dirigió su vista a Annie, lo apretó con fuerza, volvió a guardarlo y salió de la habitación.


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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.