"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

26 de diciembre de 2011



I

Ya habían pasado varios meses desde aquellos días en que su amistad se puso en juego. Las cosas no volvieron a ser las mismas aunque todos querían aparentar lo contrario. Annie ya no buscaba a Mariana con frecuencia y ella lo sentía, las dos sabían que las cosas tenían que arreglarse por sí solas. Saúl y Mariana volvieron, su relación era la misma, ya no tocaban el tema para nada, no hablan de Annie, solo eran ellos dos y nada más importaba. Pero ahora los sentimientos de Mariana empezaban a cambiar y ella no se daba cuenta o no quería darse cuenta. Solo se necesitaba una chispa para que ese nuevo sentimiento ardiera en su interior… y llegó.

Mariana se divertía jugando con Saúl en una de las jardineras del colegio. Saúl era un experto para hacer reír a Mariana con cualquier tontería, tocaba sus costillas para hacerla reír más. Mariana tuvo que abrazarlo para que dejara de hacerlo, su felicidad desapareció en ese abrazo, lo que vieron sus ojos verdes no le agradó para nada y Saúl se dio cuenta de su silencio.

—¿Te pasa algo?

—No… no es nada —recargó su cabeza en el pecho de Saúl, estaba confundida por lo que había visto.

Saúl la abrazó y giró sus cuerpos. Él quedó en el lugar de Mariana, miró hacia enfrente y en uno de los árboles, no muy lejos de ellos, vio a Annie en un plan serio con una chica. No era una situación muy obvia, ya que tenían que cuidarse dentro del colegio, pero eso fue demasiado obvio para Mariana. Saúl se dio cuenta que esa fue la razón por la cual el ánimo de Mariana había cambiado.

—¿Estás bien? —le dijo mientras bajaba la mirada para verla a los ojos.

—Sí, estoy bien… solo empezó a dolerme la cabeza.

—¿Segura que es la cabeza… y no el corazón? —preguntó.

—¡¿Qué?! —le sonrió amargamente.

—No, nada. ¿Tomamos un café?

—Si… será mejor.

Saúl, con intención, la llevaba por donde Annie estaba para ver la reacción de Mariana.

—¡No! —dijo Mariana apretando la mano de Saúl— Mejor caminemos.

Lo tomó del brazo y se fueron en dirección opuesta. El viento arrastraba las hojas por su camino, no era tan tarde ni tan de mañana, el clima nublado no dejaba ni adivinar qué hora del día era. Caminaban por el colegio, Mariana aún estaba confundida por lo que había visto, la imagen venía a su mente y se angustiaba, no entendía lo que estaba experimentando dentro de ella. Pasaba su mano sobre sus ojos como si quisiera borrar esa imagen.

—¿Entonces qué, si vamos? —preguntó.

Estaba perdida en sus pensamientos y no escuchaba a Saúl.

—¡Mariana, te estoy hablando! —dijo un poco molesto.

—Lo siento no te estaba escuchando.

—Si me doy cuenta. ¿Qué es lo que te pasa? Llevo todo el día contigo y tú no lo estás… ni siquiera sé dónde estás ahora.

—Está bien, no te enojes —trató de tranquilizarlo pero ya era tarde, ya estaba muy molesto.

—¡Cómo no quieres que me enoje si tú no!

—¡¡Mariana!! —gritó Annie interrumpiendo a Saúl.

Annie llegó corriendo hasta donde estaban.

—¡Te busque por todas partes! —decía mientras movía sus manos, parecía estar muy feliz— Es que yo… ven, quiero presentarte a alguien especial.

La tomó de la mano y la llevaba casi arrastras. Mariana ya se imaginaba a quien le iba a presentar y no quería, no estaba preparada para eso. Llegaron los tres un poco agitados. Las esperaba una chica de mediana estatura, de rizos castaños y unos ojos claros, por su forma física era un poco parecida a Mariana, pero se veía que era una chica de carácter fuerte.

—Mariana, Saúl —Annie tomaba aire mientras hablaba—. Ella es Diana… mi novia.

—¿Tu… novia? —preguntó Mariana fríamente.

—Sí —Annie miraba a Mariana, estaba confundida por su reacción.

—Es un placer conocer a la mejor amiga de Annie, me ha habla mucho de ti —decía Diana y extendía su mano a Mariana la cual tardó mucho en contestar.

—Para mí también —dijo tomando su mano con fuerza.

—Y tú debes ser Saúl, ¿verdad?

—Sí, mucho gusto —respondió con una sonrisa.

Annie se dio cuenta que Mariana estaba incomoda con la situación, no entendía por qué se comportaba de esa manera, era como si estuviera celosa de Diana porque no dejaba de verla con cierto resentimiento.

—Qué les parece si para conocernos mejor… mejor dicho, conocerla mejor, nos vamos al bar de siempre —sugirió Annie para animar el momento.

—¡Claro! Ahí es donde pensábamos ir esta tarde —exclamó Saúl.

—¿Pensábamos ir? —preguntó Mariana enojada.

—Sí, te lo dije cuando estabas perdida en la luna hace un momento y dijiste que sí.

Ante ese comentario, Annie y Diana empezaron a reír, pero a Mariana no le causo gracia y tuvieron que callarse.

—Está bien —decía Mariana sin muchas ganas—, ¿nos vamos?

—¡No! Mejor nos vemos allá —dijo Annie y tomó el brazo de Diana.

—Como quieras —dijo un poco molesta.

El ambiente era agradable, la música un poco tranquila, disfrutaban de ir a esos lugares donde se podía platicar con tranquilidad sin tanta música y barullo. Mariana jugaba con sus manos sobre la mesa, Saúl solo la veía, sabía que no estaba feliz.

—No te agradó Diana, ¿verdad? —preguntó Saúl mientras esperaban.

—No sé, no la conozco —contestó fríamente y sin importancia.

—¿Entonces por qué reaccionas así?

—¡¿Así cómo?! —dijo molesta.

—¡Pues así! Enojada, como si te molestara que anduviera con Annie.

—Annie es mi amiga y no, no me molesta.

—¡Bien! —dijo Saúl sonriendo.

—¡Pues bien! —contestó Mariana sonriendo, sabía que había confundido a Saúl con su comportamiento y que ella misma estaba confundida— Parece que es agradable, y si a Annie le gusta… para mí está bien.

—¡Vaya! Creí que estabas celosa —dijo Saúl con alivio.

—¡¿Celosa?! —gritó Mariana— ¡Claro que no!

—¿Discutiendo otra vez? —decía Annie que llegaba con Diana de la mano.

Mariana miró fijamente las manos que se entrelazaban, no sabía lo que estaba pasando y empezó a sentir miedo, pero pudo reaccionar.

—Y tú, como siempre tan tarde —dijo tratando de tranquilizarse.

—Solo un poquito, estaba ocupada —y dirigió una mirada picara a Diana.

—¿Ah sí? Pues no queremos saber con qué —contestó Saúl.

—¡No seas indiscreto! —dijo Mariana dándole un leve golpe en el estómago.

—¿Qué? Solo no quiero saber qué estaban haciendo.

—¡Pues ni siquiera lo pienses! —le dijo preparándose para darle otro buen golpe.

—Está bien Mariana déjalo, a mí no me molesta y a Diana menos.

Mariana observaba cada movimiento de Annie, las atenciones que le ofrecía a Diana, las seguía con la mirada muy atenta como esperando alguna falla por parte de Diana. Mariana no estaba acostumbrada a ver a Annie con otra persona que no fuera ella. Tenía mil preguntas que hacerle y tenía que aceptar que estuviera con su mejor amiga. Annie se dio cuenta que Mariana no dejaba de ver a Diana, esos ojos verdes mostraban preocupación y eso le agradó.

Annie le hablaba muy de cerca a Diana, le sonreía y miraba a Mariana, como si quisiera provocar algo en ella.

—¿Y desde cuándo se conocen? —Mariana miró a Annie— Porque Annie nunca me habló de ti.

—No tiene mucho —dijo Diana pensando—, que será… unas… dos semanas.

—¡¿Semanas?! —se quejó Mariana.

—Sí, ¿hay algo de malo? —dijo Annie secamente.

—¿No crees que es demasiado pronto? —preguntó.

—¿Por qué?, ella siente lo mismo que yo —le dijo como reclamando que ella no correspondiera sus sentimientos.

—No hay nada de malo, y se ven tan lindas juntas —dijo Saúl abrazando a Mariana.

—Gracias —contestó Annie sin creer tanto sus palabras.

Mariana estaba molesta y confundida, apartándose de los brazos de Saúl continuó con el interrogatorio.

—Nunca te había visto por el colegio, ¿dónde vives?

—¡Oye! Estás peor que mi madre —contestó Annie.

—Bueno, no soy tu madre, pero sí tu mejor amiga… —le dijo sonriendo tiernamente— Y tengo que ver que estés en buenas manos.

—Sí, pero no tienes por qué tratarla así —y le devolvió la sonrisa.

—Déjala Annie esa preocupación solo demuestra que te quiere.

El comentario de Diana hizo que esas sonrisas dulces desaparecieran, ahora sus miradas mostraba un poco de tristeza que no disimulaban. Las dos recordaban lo que había pasado con el beso y que casi perdían su amistad.

—¿Dije algo malo? —repuso Diana al darse cuenta que pasaba algo entre ellas.

—No, nada… todo está bien —dijo Mariana y volvió a sonreír.

—Bueno, puedes seguir con el interrogatorio —le Diana decía mientras se ponía atenta para escuchar la otra pregunta.

—No, no es necesario… pasaste el examen.

—¡Ah! Qué alivio.

—Solo hazla feliz —y miró a Annie con una sonrisa tierna—, porque lo merece, lo merece todo.

—No, no tengo lo que en verdad quiero —dijo mirando a Mariana.

—¿Y qué es lo que quieres? —preguntó Diana sospechando.

—¿Qué quiero?, quiero… —decía sin dejar de mirar esos ojos verdes que tanto le gustaban— ¡Qué alguien nos atienda, no han traído nada a esta mesa! —dijo feliz y buscando a un mesero por todas partes.

Todo pasaba tranquilamente entre risas y bromas, los cuatro se llevaban como si se conocieran de siempre, sin importar que todos jugaran con los sentimientos de cada uno, sin saber que en esa mesa empezaba a nacer un nuevo amor.

—Bueno, ¡hay que brindar! —dijo Annie con una gran sonrisa y llevándose una cerveza a la boca.

—¿Qué te pasa? —reaccionó Mariana molesta y sujetando la mano de Annie— ¡Tú no tomas, no vas a tomar!

—¿Por qué no? ¡Estamos celebrando!

—¡Sí!, pero no dejaré que tomes —tomó la cerveza y la puso sobre la mesa.

—Solo será una —dijo Diana— ¡No te preocupes tanto!

—¡¡Soy su amiga y tengo que cuidarla!! —le dijo a Diana con desafió.

—¡Claro! Tú la cuidas cuando estás sobria. ¿Para qué ella cuide de ti cuando estés ebria? —respondió Diana molesta.

Mariana miró a Annie, no podía entender cómo a pesar de conocerse poco tiempo ella ya sabía las mayores cosas de sus vidas. Annie la miró avergonzada y arrepentida por lo que Diana le dijo.

—¡Yo no la obligaba! —volvió a mirar a Diana.

—¡Pues no veo que ella te esté obligando!

Mariana no reaccionó, estaba enojada, miraba a Annie y a Diana, pasaba su mirada de una a la otra, sabía que no podía quedarse callada.

—¡Tengo que cuidarla! —reaccionó bruscamente.

—Eso puedo hacerlo yo, ¿no crees? —le dijo con una sonrisa maliciosa.

—¡Soy su amiga!

—Sí, pero yo soy su novia…

—Lo sé, no tienes que decírmelo —dijo Mariana recargándose en el respaldo de la silla.

Saúl y Annie observaban la discusión sin decir palabra alguna, no sabían qué hacer. Mariana se sentía lastimada, no entendía su propio comportamiento, “creí que estabas celosa” las palabras de Saúl se repetían en su cabeza, pero no las tomaba en cuenta. Annie miró a Mariana y sin mucha importancia de lo que ella fuera a decir, se llevó la cerveza a la boca.

—¡Bien!, si quieres arruinar tu vida hazlo —dijo mientras se levantaba, sus ojos mostraban una profunda tristeza—. ¡Ya no me importa!

Mariana salió sin esperar a Saúl que iba detrás de ella. Annie miraba a todos lados, quería llorar y Diana la consolaba, sabía que parte de esa tristeza que reflejaba la mirada de Annie era su culpa.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.