I
Ya habían pasado varios
meses desde aquellos días en que su amistad se puso en juego. Las cosas no
volvieron a ser las mismas aunque todos querían aparentar lo contrario. Annie ya
no buscaba a Mariana con frecuencia y ella lo sentía, las dos sabían que las
cosas tenían que arreglarse por sí solas. Saúl y Mariana volvieron, su relación
era la misma, ya no tocaban el tema para nada, no hablan de Annie, solo eran
ellos dos y nada más importaba. Pero ahora los sentimientos de Mariana
empezaban a cambiar y ella no se daba cuenta o no quería darse cuenta. Solo se
necesitaba una chispa para que ese nuevo sentimiento ardiera en su interior… y
llegó.
Mariana se divertía
jugando con Saúl en una de las jardineras del colegio. Saúl era un experto para
hacer reír a Mariana con cualquier tontería, tocaba sus costillas para hacerla
reír más. Mariana tuvo que abrazarlo para que dejara de hacerlo, su felicidad
desapareció en ese abrazo, lo que vieron sus ojos verdes no le agradó para nada
y Saúl se dio cuenta de su silencio.
—¿Te pasa algo?
—No… no es nada
—recargó su cabeza en el pecho de Saúl, estaba confundida por lo que había
visto.
Saúl la abrazó y giró
sus cuerpos. Él quedó en el lugar de Mariana, miró hacia enfrente y en uno de
los árboles, no muy lejos de ellos, vio a Annie en un plan serio con una chica.
No era una situación muy obvia, ya que tenían que cuidarse dentro del colegio,
pero eso fue demasiado obvio para Mariana. Saúl se dio cuenta que esa fue la
razón por la cual el ánimo de Mariana había cambiado.
—¿Estás bien? —le dijo
mientras bajaba la mirada para verla a los ojos.
—Sí, estoy bien… solo
empezó a dolerme la cabeza.
—¿Segura que es la
cabeza… y no el corazón? —preguntó.
—¡¿Qué?! —le sonrió
amargamente.
—No, nada. ¿Tomamos un
café?
—Si… será mejor.
Saúl, con intención, la
llevaba por donde Annie estaba para ver la reacción de Mariana.
—¡No! —dijo Mariana
apretando la mano de Saúl— Mejor caminemos.
Lo tomó del brazo y se
fueron en dirección opuesta. El viento arrastraba las hojas por su camino, no
era tan tarde ni tan de mañana, el clima nublado no dejaba ni adivinar qué hora
del día era. Caminaban por el colegio, Mariana aún estaba confundida por lo que
había visto, la imagen venía a su mente y se angustiaba, no entendía lo que
estaba experimentando dentro de ella. Pasaba su mano sobre sus ojos como si
quisiera borrar esa imagen.
—¿Entonces qué, si
vamos? —preguntó.
Estaba perdida en sus
pensamientos y no escuchaba a Saúl.
—¡Mariana, te estoy
hablando! —dijo un poco molesto.
—Lo siento no te estaba
escuchando.
—Si me doy cuenta. ¿Qué
es lo que te pasa? Llevo todo el día contigo y tú no lo estás… ni siquiera sé
dónde estás ahora.
—Está bien, no te
enojes —trató de tranquilizarlo pero ya era tarde, ya estaba muy molesto.
—¡Cómo no quieres que
me enoje si tú no!
—¡¡Mariana!! —gritó Annie
interrumpiendo a Saúl.
Annie llegó corriendo
hasta donde estaban.
—¡Te busque por todas
partes! —decía mientras movía sus manos, parecía estar muy feliz— Es que yo…
ven, quiero presentarte a alguien especial.
La tomó de la mano y la
llevaba casi arrastras. Mariana ya se imaginaba a quien le iba a presentar y no
quería, no estaba preparada para eso. Llegaron los tres un poco agitados. Las
esperaba una chica de mediana estatura, de rizos castaños y unos ojos claros,
por su forma física era un poco parecida a Mariana, pero se veía que era una
chica de carácter fuerte.
—Mariana, Saúl —Annie tomaba
aire mientras hablaba—. Ella es Diana… mi novia.
—¿Tu… novia? —preguntó
Mariana fríamente.
—Sí —Annie miraba a
Mariana, estaba confundida por su reacción.
—Es un placer conocer a
la mejor amiga de Annie, me ha habla mucho de ti —decía Diana y extendía su
mano a Mariana la cual tardó mucho en contestar.
—Para mí también —dijo
tomando su mano con fuerza.
—Y tú debes ser Saúl,
¿verdad?
—Sí, mucho gusto
—respondió con una sonrisa.
Annie se dio cuenta que
Mariana estaba incomoda con la situación, no entendía por qué se comportaba de
esa manera, era como si estuviera celosa de Diana porque no dejaba de verla con
cierto resentimiento.
—Qué les parece si para
conocernos mejor… mejor dicho, conocerla mejor, nos vamos al bar de siempre
—sugirió Annie para animar el momento.
—¡Claro! Ahí es donde
pensábamos ir esta tarde —exclamó Saúl.
—¿Pensábamos ir?
—preguntó Mariana enojada.
—Sí, te lo dije cuando
estabas perdida en la luna hace un momento y dijiste que sí.
Ante ese comentario, Annie
y Diana empezaron a reír, pero a Mariana no le causo gracia y tuvieron que
callarse.
—Está bien —decía
Mariana sin muchas ganas—, ¿nos vamos?
—¡No! Mejor nos vemos
allá —dijo Annie y tomó el brazo de Diana.
—Como quieras —dijo un
poco molesta.
El ambiente era
agradable, la música un poco tranquila, disfrutaban de ir a esos lugares donde
se podía platicar con tranquilidad sin tanta música y barullo. Mariana jugaba
con sus manos sobre la mesa, Saúl solo la veía, sabía que no estaba feliz.
—No te agradó Diana,
¿verdad? —preguntó Saúl mientras esperaban.
—No sé, no la conozco
—contestó fríamente y sin importancia.
—¿Entonces por qué
reaccionas así?
—¡¿Así cómo?! —dijo
molesta.
—¡Pues así! Enojada,
como si te molestara que anduviera con Annie.
—Annie es mi amiga y
no, no me molesta.
—¡Bien! —dijo Saúl
sonriendo.
—¡Pues bien! —contestó
Mariana sonriendo, sabía que había confundido a Saúl con su comportamiento y
que ella misma estaba confundida— Parece que es agradable, y si a Annie le
gusta… para mí está bien.
—¡Vaya! Creí que
estabas celosa —dijo Saúl con alivio.
—¡¿Celosa?! —gritó
Mariana— ¡Claro que no!
—¿Discutiendo otra vez?
—decía Annie que llegaba con Diana de la mano.
Mariana miró fijamente
las manos que se entrelazaban, no sabía lo que estaba pasando y empezó a sentir
miedo, pero pudo reaccionar.
—Y tú, como siempre tan
tarde —dijo tratando de tranquilizarse.
—Solo un poquito,
estaba ocupada —y dirigió una mirada picara a Diana.
—¿Ah sí? Pues no
queremos saber con qué —contestó Saúl.
—¡No seas indiscreto!
—dijo Mariana dándole un leve golpe en el estómago.
—¿Qué? Solo no quiero
saber qué estaban haciendo.
—¡Pues ni siquiera lo
pienses! —le dijo preparándose para darle otro buen golpe.
—Está bien Mariana
déjalo, a mí no me molesta y a Diana menos.
Mariana observaba cada
movimiento de Annie, las atenciones que le ofrecía a Diana, las seguía con la
mirada muy atenta como esperando alguna falla por parte de Diana. Mariana no
estaba acostumbrada a ver a Annie con otra persona que no fuera ella. Tenía mil
preguntas que hacerle y tenía que aceptar que estuviera con su mejor amiga. Annie
se dio cuenta que Mariana no dejaba de ver a Diana, esos ojos verdes mostraban
preocupación y eso le agradó.
Annie le hablaba muy de
cerca a Diana, le sonreía y miraba a Mariana, como si quisiera provocar algo en
ella.
—¿Y desde cuándo se
conocen? —Mariana miró a Annie— Porque Annie nunca me habló de ti.
—No tiene mucho —dijo
Diana pensando—, que será… unas… dos semanas.
—¡¿Semanas?! —se quejó
Mariana.
—Sí, ¿hay algo de malo?
—dijo Annie secamente.
—¿No crees que es
demasiado pronto? —preguntó.
—¿Por qué?, ella siente
lo mismo que yo —le dijo como reclamando que ella no correspondiera sus
sentimientos.
—No hay nada de malo, y
se ven tan lindas juntas —dijo Saúl abrazando a Mariana.
—Gracias —contestó Annie
sin creer tanto sus palabras.
Mariana estaba molesta
y confundida, apartándose de los brazos de Saúl continuó con el interrogatorio.
—Nunca te había visto
por el colegio, ¿dónde vives?
—¡Oye! Estás peor que
mi madre —contestó Annie.
—Bueno, no soy tu
madre, pero sí tu mejor amiga… —le dijo sonriendo tiernamente— Y tengo que ver
que estés en buenas manos.
—Sí, pero no tienes por
qué tratarla así —y le devolvió la sonrisa.
—Déjala Annie esa
preocupación solo demuestra que te quiere.
El comentario de Diana
hizo que esas sonrisas dulces desaparecieran, ahora sus miradas mostraba un
poco de tristeza que no disimulaban. Las dos recordaban lo que había pasado con
el beso y que casi perdían su amistad.
—¿Dije algo malo?
—repuso Diana al darse cuenta que pasaba algo entre ellas.
—No, nada… todo está
bien —dijo Mariana y volvió a sonreír.
—Bueno, puedes seguir
con el interrogatorio —le Diana decía mientras se ponía atenta para escuchar la
otra pregunta.
—No, no es necesario…
pasaste el examen.
—¡Ah! Qué alivio.
—Solo hazla feliz —y
miró a Annie con una sonrisa tierna—, porque lo merece, lo merece todo.
—No, no tengo lo que en
verdad quiero —dijo mirando a Mariana.
—¿Y qué es lo que
quieres? —preguntó Diana sospechando.
—¿Qué quiero?, quiero…
—decía sin dejar de mirar esos ojos verdes que tanto le gustaban— ¡Qué alguien
nos atienda, no han traído nada a esta mesa! —dijo feliz y buscando a un mesero
por todas partes.
Todo pasaba
tranquilamente entre risas y bromas, los cuatro se llevaban como si se
conocieran de siempre, sin importar que todos jugaran con los sentimientos de
cada uno, sin saber que en esa mesa empezaba a nacer un nuevo amor.
—Bueno, ¡hay que
brindar! —dijo Annie con una gran sonrisa y llevándose una cerveza a la boca.
—¿Qué te pasa?
—reaccionó Mariana molesta y sujetando la mano de Annie— ¡Tú no tomas, no vas a
tomar!
—¿Por qué no? ¡Estamos
celebrando!
—¡Sí!, pero no dejaré
que tomes —tomó la cerveza y la puso sobre la mesa.
—Solo será una —dijo
Diana— ¡No te preocupes tanto!
—¡¡Soy su amiga y tengo
que cuidarla!! —le dijo a Diana con desafió.
—¡Claro! Tú la cuidas
cuando estás sobria. ¿Para qué ella cuide de ti cuando estés ebria? —respondió
Diana molesta.
Mariana miró a Annie,
no podía entender cómo a pesar de conocerse poco tiempo ella ya sabía las
mayores cosas de sus vidas. Annie la miró avergonzada y arrepentida por lo que
Diana le dijo.
—¡Yo no la obligaba!
—volvió a mirar a Diana.
—¡Pues no veo que ella
te esté obligando!
Mariana no reaccionó,
estaba enojada, miraba a Annie y a Diana, pasaba su mirada de una a la otra,
sabía que no podía quedarse callada.
—¡Tengo que cuidarla!
—reaccionó bruscamente.
—Eso puedo hacerlo yo,
¿no crees? —le dijo con una sonrisa maliciosa.
—¡Soy su amiga!
—Sí, pero yo soy su
novia…
—Lo sé, no tienes que
decírmelo —dijo Mariana recargándose en el respaldo de la silla.
Saúl y Annie observaban
la discusión sin decir palabra alguna, no sabían qué hacer. Mariana se sentía
lastimada, no entendía su propio comportamiento, “creí que estabas celosa” las
palabras de Saúl se repetían en su cabeza, pero no las tomaba en cuenta. Annie miró
a Mariana y sin mucha importancia de lo que ella fuera a decir, se llevó la
cerveza a la boca.
—¡Bien!, si quieres
arruinar tu vida hazlo —dijo mientras se levantaba, sus ojos mostraban una
profunda tristeza—. ¡Ya no me importa!
Mariana salió sin
esperar a Saúl que iba detrás de ella. Annie miraba a todos lados, quería
llorar y Diana la consolaba, sabía que parte de esa tristeza que reflejaba la
mirada de Annie era su culpa.
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