"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

13 de diciembre de 2011



V



Todos los días Amelia se las ingeniaba para entrar al castillo y llegar a la alcoba de Selene para llevarle manzanas y algunas flores que crecían en el campo. Selene parecía no conocer más camino que los pasillos que la conducían al comedor, a la alcoba de los reyes y su propia alcoba. El pequeño lobo siempre la esperaba afuera. Una tarde los guardias que hacían ronda por el castillo la miraron entrar a la alcoba de Selene y llamaron al rey y a la reina antes de actuar. El rey y los guardias entraron a la alcoba provocando susto entre las dos niñas.


—¡¿Qué haces aquí?! —gritó el rey.


Amelia agachó la mirada sin responder, la reina miró sus pequeñas manos y su rostro se iluminó de alegría y corrió hacia ella.


—¿Cómo te llamas? —preguntó para estar segura, y acariciaba su pequeña mano, pero sin levantar sospechas.


El rey no entendía la actitud de la reina, mandó a retirar a los guardias al ver que la niña no representaba ningún peligro para su hija.


—Amelia —decía tímidamente—. Sólo traigo manzanas para Selene.


Dejó caer al piso las manzanas que traía entre sus brazos. La reina seguía maravillada por esa inocente mirada azul.


—Te puedes quedar —decía la reina—. Puedes ser amiga de Selene, la hará bien tu compañía.


El rey salió molesto al ver que todo había sido una falsa alarma y que su presencia no era requerida en aquel lugar.


Amelia pasaba todos los días con Selena. Dora fue reubicada en una casa dentro del castillo, cosa que a los guerreros en un principio no les gusto. Tiempo después lo vieron como una oportunidad que no podían desaprovechar. Amelia seguía viéndose con sus amigos, los cuales le seguían enseñando las técnicas de guerra y el uso de la espada. Amelia era toda una experta en armas y combate. Así pasaron los años sin ningún contratiempo. El rey llegó a pensar que los rebeldes se habían cansado y que su reino estaba a salvo de ellos. Amelia y Selene ya contaban con dieciséis años. Como no había signos de los rebeldes el rey ya permitía que Selene saliera de vez en cuando del castillo. Selene seguía vistiendo ropas elegantes como la princesa que era, Amelia seguía siendo la misma chica humilde pero vistiendo peculiares atuendos de guerrero, cosa que al rey no le agradaba tanto.


—¡¡Terryes!! —gritaba Amelia al lobo que se alejaba de ellas. Aquel cachorro había crecido como debía y podía causarle temor a cualquiera que se le acercara— ¡Vuelve aquí!


El lobo regresó a ellas a toda velocidad y empezó a jugar con Selene. Desde que estaban juntos le empezó a tomar un cariño mayor que el que le tenía a Amelia que era su dueña. Selene lo cuidaba mucho y le mostraba más cariño por eso siempre la cuidaba más a ella. Caminaban los tres entre el bosque. De pronto el lobo empezó a gruñir hacia unos matorrales. Empezaron a salir varios sujetos con los rostros cubiertos y empuñando una espada en las manos. Amelia hizo hacia atrás a Selene para protegerla. No tenía con que pelear, sólo con sus manos, sabía que podía protegerla hasta donde pudiera. Empezaron a atacarla, pero sin causarle gran daño. Amelia pudo esquivar varios ataques hasta que obtuvo la espada de uno de sus enemigos y empezó a luchar con mayor gracia. Selene, para no estorbarle en la batalla, se protegió junto a un árbol. Uno de los enemigos se aproximaba a ella, pero el lobo no dejó que se acercara mucho, terryes la protegió hasta que todos huyeron despavoridos al ver que no podían ganarle en combate a Amelia. 


—La hemos entrenado bien —dijo uno de aquellos hombres cuando se alejaban —. Está lista para la batalla final.


Regresaron lo más pronto posible hasta el castillo, Selene tenía su semblante aún más pálido. Amelia no podía creer lo que miraba, en el portón del castillo los esperaba el rey y el jefe de la guardia real. Ambos estaban a caballo y detrás de ellos los mejores hombres. Unos a caballo y otros a pie, parecía que estaban listos para la guerra.


—¡Selene aléjate de ella! —ordenó el rey.


—Padre… ella no tuvo la culpa —intentó disculpase Selene.


Ambas caminaron hacia el rey para explicarle que no fue culpa de ninguna de las dos. No se alejaron mucho del castillo como para provocar un ataque.


—¡Espero que sigas lista para la batalla Amelia! —le arrojó una espada adornada con rubíes azules en un tono rey. Era una espada de la guardia real, tenía los emblemas del rey y denotaba un alto rango.


—¡Desde ahora eres jefe de la guardia real de Selene! —gritó el jefe de la guardia real.


Amelia sonrió al saber que protegería a Selene.


—Pero ahora esta batalla es de todos —dijo el rey y emprendió la marcha.


—El caballo es tuyo, vámonos…


Amelia montó un caballo blanco justo a su medida. Le daba un poderío impresionante. Se fueron a todo galope a perseguir a los rebeldes que pensaron se refugiaron en el bosque. Pasaron toda la noche buscándolos pero no encontraron rastros de nadie. Cuando Amelia peleaba con esos hombres uno de los guardias del rey las había seguido para no dejarlas tan desprotegidas. Durante la batalla se mantuvo oculto observando la habilidad de Amelia, cuando vio todo bien fue a contarle de inmediato al rey. Así Amelia se hizo jefe de la guardia real de Selene. Aunque nunca imaginó que eso le fuera a cambiar todo. Como su guardia real no podía estar mucho tiempo con ella, ya que debía cuidar de que siempre el lugar en el que estuviera fuera seguro. Selene ya pasaba la mayor parte de su tiempo con terryes y no con Amelia, cosa que no le gustaba mucho.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.