II
Cada vez se sentía más
confundía por sus sentimientos, sabía que Mariana no podía amarla de otra
manera que no fuera sólo como amiga, intentaba alejarse de ella, pero de una u
otra forma siempre terminaba a su lado… siempre a su lado.
Saúl y Mariana llevaban
tres años de novios y Annie un poco menos callando sus sentimientos por ella.
Saúl era el novio perfecto que cualquier mujer esperaba, era muy atento y
cariñoso, se pensaba que no había ningún
detalle por muy pequeño que fuese que se le pudiera escapar.
—¿Qué es esto Saúl?
—preguntó Mariana con cierto brillo en sus ojos por lo que Saúl le había
entregado.
—Es un poema, sé que te
gustan, y lo escribí para ti.
Annie le molestó que
Mariana se viera tan feliz por ese detalle de Saúl. Mariana empezó a leer en
silencio.
—Me cautiva el azul de
tus ojos, ¿azul? —se quejó Mariana.
—¿Azul? —Annie preguntó
con risa.
—¡¡Mis ojos son
verdes!! —gritó Mariana aventándole el poema a Saúl en la cara y se alejó de
ellos muy enojada.
—Saúl, ¿azules? —dijo Annie—
¡Eres un idiota!
—Annie, ¿no son azules?
—preguntó con tristeza.
—¡No! No te has dado
cuenta que tiene unos hermosos ojos verdes.
Annie fue a buscar a
Mariana y la encontró mirando el viejo reloj de la capilla desde "el
vuelo".
—¿Estás bien? —Annie se
acercó a ella.
—¿Te has dado cuenta
que el reloj siempre se detiene a las dos de la tarde, y que por un tiempo no
avanza la manecilla que marca los segundos? —Mariana dejó de mirar el reloj y
se dirigió a Annie— Pero aun así después de esa hora vuelve… como si nunca se
hubiera detenido.
Annie la miró
extrañada, nunca se había dado cuenta de ese detalle, aparte de que los
cristales del reloj estaban rotos y no se podía ver muy bien.
—Es como si en un
tiempo lejano se hubiera detenido la vida por primera vez —Mariana volvió su
vista al reloj. Faltaba poco para que el reloj marcara las dos de la tarde— y
desde esa vez, nuestra vida terminara por unos segundos.
Annie miraba a Mariana,
sus palabras se oían tan tristes, no como ella acostumbraba a decirlas.
—Tal vez porque antes a
esa hora servían la comida aquí y no creo que muchos alumnos pudieran haber
sobrevivido —dijo Annie en broma para que Mariana pudiera sonreír, pero no lo
logró y siguió con sus comentarios—: ¡Ah!, y lo más importante, tener que comer
su odiosa comida. ¡Adoro la libertad que tiene ahora este Colegio!
A Mariana no le agradó
mucho el comentario de Annie, sólo pudo emitir una pequeña sonrisa sin dejar de
ver el reloj.
—¿Estás bien? —volvió a
preguntar.
—Creo que exageré un
poco con Saúl, ¿no crees? —dijo Mariana.
—No, él lo merece.
—Lo quiero, creo que lo
perdonaré.
—¿Lo perdonarás?
—Sí, recuerda Annie,
enamórate de alguien que vuelva a ti después de las peleas, sólo así llegas a
comprender que tan grande es tu amor y el amor de esa persona.
—¿Lo perdonarás?
—Sí —murmuró—, iré a
buscarlo.
Mariana dio la vuelta y
sintió la presión de la mano de Annie.
—¡No!
—¿Qué pasa, Annie?
—preguntó mirando la mano de Annie que cada vez la apretaba con más fuerza.
—¡No! —dijo una vez más
desesperada.
—¿No? —preguntó.
No supo que
contestarle, sólo dejó de sujetar su brazo y vio a Mariana alejarse. Ahora Annie
miraba el reloj, lo miró cuando dieron las dos de la tarde, el reloj se detuvo
y sintió como su corazón también lo hizo. Un extraño sonido de palomas detrás
de ella la hicieron voltear, pero no había nada y aun así se oían. Annie miraba
a todas partes intentando buscar de dónde venía ese ruido, se acercó a la
enorme jaula abandonada de donde se supone que provenía, y antes de llegar a
ella una paloma blanca en un vuelo rápido y fugaz se atravesó deteniendo su
camino.
***
Ya eran demasiadas
ocasiones en las que Annie sentía la desesperación de gritarle a Mariana lo que
sentía por ella, ya no podía ocultárselo a nadie ni siquiera a Victoria. Aun
así intentaba apagar esos sentimientos, negarse a sí misma que estaba enamorada
de su mejor amiga.
—¡No puedes negarlo, Annie,
la amas!
—¡¡No es cierto!!
Victoria ya empezaba a
dudar de los sentimientos de Annie por ella, sabía que Mariana era algo más que
su amiga, pensaba que esa era la razón por la cual Annie no podía entregarse a
ella.
—Si no la amaras, no hablarías
de ella todo el tiempo.
—¡¡Es mi amiga!! Es
obvio que quiera hablar de ella, es la única persona que está conmigo —dijo Annie
molesta.
—¿La única? —Victoria sonrío
porque su presencia había sido ignorada por la vida de Annie— Espero que ella
nunca te deje.
—¿Qué?
—Annie, me iré a
Londres y quiero que vengas conmigo —dijo Victoria, pero sabía que Annie la
rechazaría.
—Londres —dijo Annie pensando
en su madre que no veía desde hace tiempo.
—¡Sí, Annie!, a
Londres, ahora mismo… O que, ¿te dolería dejar a Mariana?
—Mariana —susurró su
nombre y pensó en todas aquellas veces que intentó alejarse de ella y no lo
lograba, esta era la oportunidad que podía aprovechar, ¿o no?
—Espero tu respuesta,
¿vendrás conmigo?
Annie pensó por mucho
tiempo, no quería perder la amistad de Mariana, aun sabiendo que si se quedaba
sólo era cuestión de tiempo para que ya no pudiera ocultar sus sentimientos.
—Está bien, me iré
contigo a Londres.
Esa tarde Annie no
regresó al colegio, estaba en el aeropuerto con Victoria, sin equipaje, ni
siquiera el uniforme azul que tanto le molestaba pudo quitárselo. Annie jugaba
con los botones dorados de su uniforme que tenían el emblema del colegio, y uno
a uno los empezó a atar y recordaba a Mariana. Recordaba cuando ella lo hacía y
las palabras que siempre decía: " Annie, tienes que portarte bien"
decía mientras abotonaba el primero, pasaba al segundo botón, "Debes
entrar a tus clases" y pasaba al tercero "Ya no te salgas tanto del
colegio". Annie recordaba esas palabras que siempre le decía, empezó al
sentir un gran vacío cuando llegó al cuarto botón y recordó. "Pero sobre
todo" decía Mariana cuando le abotonaba y pasaba al quinto "Nunca,
nunca te alejes de mí" y terminaba con una caricia en la mejilla de Annie.
Fue tan grande su desesperación al recordar esas palabras.
—¡No puedo! ¡No puedo
irme!
—¡¡Annie!! —gritaba Victoria
al verla alejarse.
Annie no supo ni cómo
llegó al colegio, fue como un sueño aquel instante en el que estaba dispuesta a
dejar a Mariana sin decir nada.
—Annie, ¿dónde estabas?
—preguntó Mariana al topársela en la entrada del colegio— ¡Te busqué por todas
partes! ¿Dónde te metiste?
—Bueno, sólo, yo… ah…
—intentó decir mientras entraba al Colegio.
Mariana la miró
extrañada porque Annie tenía bien puesto el uniforme y estaba dispuesta a
entrar al colegio.
—Ven, vamos al café y
tomamos una bebida alcohólica —dijo Mariana y la tomó del brazo sin esperar su
respuesta.
—¡Pero aún tienes una
clase!
—Sí, pero no quiero
entrar —sujetó su brazo con más fuerza y la llevaba a la salida.
—¿Cómo? ¡¡Mariana Guilloth
no quiere entrar a su clase!!
—¡No! —fue lo único que
dijo.
—¡Qué pasará con el
mundo, esto es algo increíble! —dijo Annie al ver tan convencida a Mariana de
no entrar a su clase.
—Sí, lo mismo digo, que
usted señorita Villier tenga bien puesto el uniforme.
—Tú lo hiciste… como
siempre —dijo con tristeza.
—Ah, ¿sí? —dijo
pensando— Ya vámonos.
Mariana caminaba del
brazo de Annie, el café no estaba muy lejos del colegio así que se iban
caminando.
—¿Dónde estuviste?
—preguntó mientras caminaban.
—Estaba en mi casa, me
quedé dormida hasta tarde.
—¿Sabes?, tuve un mal
presentimiento, me sentía inquieta y angustiada.
—¿Por qué?
—No lo sé, salí a
buscarte a tus clases y no estabas, te busque en "el vuelo" y entre
menos te encontraba mi angustia crecía más… pero no importa, ya estás aquí
—dijo y se apretó con más fuerza al brazo de Annie.
Llegaron al café y
tomaron la mesa que siempre acostumbraban, y como siempre Mariana no tardaba en
estar en malas condiciones en tan pocos minutos.
—¿Qué tienes, Annie?
—preguntó al verla todo el tiempo de una manera triste.
—Nada Mariana, nada.
¡¡Ya deja de beber de esa manera!! —dijo Annie e intentó quitarle la cerveza.
—No, no… ¡No! No puedes
prohibirme eso, sabes que es lo único que no puedes hacer.
—Mariana eres muy
graciosa cuando tomas.
"Ya no puedo
negarlo, ya no puedo negarlo" pensaba con tristeza mientras recargaba sus
brazos en la mesa y miraba a Mariana "¡Por qué tiene que pasarme esto, no
puedo enamorarme de ella!... ¿Por qué ella no puede amarme de otra manera?...
Por qué sólo puede hacerlo como amiga… ¿Por qué Mariana?" Annie a pesar de
la angustia que estaba pasando en su interior sonreía por los gestos tan
graciosos que hacía Mariana.
—¡¡Sonreíste!! —dijo
Mariana— En toda la tarde habías estado triste.
—Tú le das alegría a mi
vida.
—¡¡Bien!! Brindemos por
eso —dijo y le acercó la cerveza a Annie para que la tomara.
—¡No Mariana! Sabes que
no me gusta eso.
—¿Por qué?
—Porque si tú tomas,
¿quién va a cuidarte?
—Sí, tienes razón,
¿sabes?... Eres mi ángel de la guarda, eres la mejor amiga que puede existir en
el mundo —decía Mariana contando sus dedos—. Eres la persona que nunca se
alejaría de mí. ¡Sólo falta que algún día llegues a ser mi novia! —empezó a
reír Mariana— Eso se oyó muy gracioso.
—Sí, ya no sabes lo que
dices —dijo con melancolía.
—Annie, sí lo sé —dijo
triste, porque ella sabía que aun estando así sabía lo que decía.
—Ven, vamos… tengo que
llevarte a tu casa.
—De acuerdo, sabes que
obedezco todo lo que tú digas.
—Si... sólo cuando
estás en estas condiciones. Porque si no fuera así no me harías caso y empezarías
de necia como siempre.
Annie la llevó hasta la
entrada de su casa, se despidieron como siempre. Annie estaba por marcharse, se
sentía tan cansada que tal vez ya no podía soportar un minuto más con ella, si
sólo tenía que verla como su amiga.
—Annie.
—Sí —Annie volteó
embriagada por la forma en que Mariana menciono su nombre.
Mariana se acercó a
ella y la abrazó, Annie no sabía qué hacer. Mariana le había mostrado muchas
veces cariño pero nunca lo había sentido de esa manera, se sentía cálida y
segura dentro de esos brazos. Sólo quería estar ahí y nunca separase de ella,
"Intentaré soportar todo lo que pueda" pensaba Annie. Ese abrazo fue
el más largo que se habían dado desde que eran amigas.
Pero aquella vez había
quedado en el pasado, no había hoy un abrazo, lo único que había eran unas
miradas que podían haber congelado el infierno, por esa mirada furiosa de Annie
y la frialdad e indiferencia de Mariana.
—¿Tú? —Annie miró a Victoria
y a Mariana, por su mente pasaron muchas cosas, tanto tiempo alejada de ella,
se esperaba lo peor.
—Sí, yo… no me digas,
¿te olvidaste de mí? ¡No lo creo!
—¿Qué haces aquí?
—preguntó Annie viendo a Mariana para poder omitir la pregunta que no quería
hacer "¿Qué haces con ella?".
Victoria le dio una
sonrisa burlona al ver su reacción.
—Bueno… con ella conseguí
lo que no tuve contigo.
Annie miró a Mariana
con tristeza, incrédula y con rabia. Mariana no se defendía, no reaccionaba, en
su cabeza se preguntaba qué tanto Annie conocía a Victoria y por las palabras
de Victoria era obvio que la conocía más que a ella. Annie esperaba una
explicación de Mariana.
Victoria salió de la
casa, sabía que ya había causado el suficiente daño entre ellas dos.
—Que la disfrutes —le
susurró al oído.
Annie no pudo moverse,
sus ojos aún miraban a Mariana esperando alguna reacción, suplicando una
explicación que hiciera borrar ese pensamiento de que Mariana estuvo con Victoria.
—¿Por qué? —le preguntó
con un gran dolor en su voz.
Mariana la miró
fijamente como si estuviera viendo a una desconocida. La mirada de Mariana era
sin arrepentimiento, no sentía nada, como si no le importara lo que Annie estuviera
sintiendo. Mariana movió la cabeza negando lo que estaba pensando Annie y cerró
la puerta sin decir nada.
—¡Mariana! —gritó Annie
golpeando la puerta con la mano.
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