"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

29 de diciembre de 2011


II

Cada vez se sentía más confundía por sus sentimientos, sabía que Mariana no podía amarla de otra manera que no fuera sólo como amiga, intentaba alejarse de ella, pero de una u otra forma siempre terminaba a su lado… siempre a su lado.

Saúl y Mariana llevaban tres años de novios y Annie un poco menos callando sus sentimientos por ella. Saúl era el novio perfecto que cualquier mujer esperaba, era muy atento y cariñoso, se  pensaba que no había ningún detalle por muy pequeño que fuese que se le pudiera escapar.

—¿Qué es esto Saúl? —preguntó Mariana con cierto brillo en sus ojos por lo que Saúl le había entregado.

—Es un poema, sé que te gustan, y lo escribí para ti.

Annie le molestó que Mariana se viera tan feliz por ese detalle de Saúl. Mariana empezó a leer en silencio.

—Me cautiva el azul de tus ojos, ¿azul? —se quejó Mariana.

—¿Azul? —Annie preguntó con risa.

—¡¡Mis ojos son verdes!! —gritó Mariana aventándole el poema a Saúl en la cara y se alejó de ellos muy enojada.

—Saúl, ¿azules? —dijo Annie— ¡Eres un idiota!

—Annie, ¿no son azules? —preguntó con tristeza.

—¡No! No te has dado cuenta que tiene unos hermosos ojos verdes.

Annie fue a buscar a Mariana y la encontró mirando el viejo reloj de la capilla desde "el vuelo".

—¿Estás bien? —Annie se acercó a ella.

—¿Te has dado cuenta que el reloj siempre se detiene a las dos de la tarde, y que por un tiempo no avanza la manecilla que marca los segundos? —Mariana dejó de mirar el reloj y se dirigió a Annie— Pero aun así después de esa hora vuelve… como si nunca se hubiera detenido.

Annie la miró extrañada, nunca se había dado cuenta de ese detalle, aparte de que los cristales del reloj estaban rotos y no se podía ver muy bien.

—Es como si en un tiempo lejano se hubiera detenido la vida por primera vez —Mariana volvió su vista al reloj. Faltaba poco para que el reloj marcara las dos de la tarde— y desde esa vez, nuestra vida terminara por unos segundos.

Annie miraba a Mariana, sus palabras se oían tan tristes, no como ella acostumbraba a decirlas.

—Tal vez porque antes a esa hora servían la comida aquí y no creo que muchos alumnos pudieran haber sobrevivido —dijo Annie en broma para que Mariana pudiera sonreír, pero no lo logró y siguió con sus comentarios—: ¡Ah!, y lo más importante, tener que comer su odiosa comida. ¡Adoro la libertad que tiene ahora este Colegio!

A Mariana no le agradó mucho el comentario de Annie, sólo pudo emitir una pequeña sonrisa sin dejar de ver el reloj.

—¿Estás bien? —volvió a preguntar.

—Creo que exageré un poco con Saúl, ¿no crees? —dijo Mariana.

—No, él lo merece.

—Lo quiero, creo que lo perdonaré.

—¿Lo perdonarás?

—Sí, recuerda Annie, enamórate de alguien que vuelva a ti después de las peleas, sólo así llegas a comprender que tan grande es tu amor y el amor de esa persona.

—¿Lo perdonarás?

—Sí —murmuró—, iré a buscarlo.

Mariana dio la vuelta y sintió la presión de la mano de Annie.

—¡No!

—¿Qué pasa, Annie? —preguntó mirando la mano de Annie que cada vez la apretaba con más fuerza.

—¡No! —dijo una vez más desesperada.

—¿No? —preguntó.

No supo que contestarle, sólo dejó de sujetar su brazo y vio a Mariana alejarse. Ahora Annie miraba el reloj, lo miró cuando dieron las dos de la tarde, el reloj se detuvo y sintió como su corazón también lo hizo. Un extraño sonido de palomas detrás de ella la hicieron voltear, pero no había nada y aun así se oían. Annie miraba a todas partes intentando buscar de dónde venía ese ruido, se acercó a la enorme jaula abandonada de donde se supone que provenía, y antes de llegar a ella una paloma blanca en un vuelo rápido y fugaz se atravesó deteniendo su camino.

***

Ya eran demasiadas ocasiones en las que Annie sentía la desesperación de gritarle a Mariana lo que sentía por ella, ya no podía ocultárselo a nadie ni siquiera a Victoria. Aun así intentaba apagar esos sentimientos, negarse a sí misma que estaba enamorada de su mejor amiga.

—¡No puedes negarlo, Annie, la amas!

—¡¡No es cierto!!

Victoria ya empezaba a dudar de los sentimientos de Annie por ella, sabía que Mariana era algo más que su amiga, pensaba que esa era la razón por la cual Annie no podía entregarse a ella.

—Si no la amaras, no hablarías de ella todo el tiempo.

—¡¡Es mi amiga!! Es obvio que quiera hablar de ella, es la única persona que está conmigo —dijo Annie molesta.

—¿La única? —Victoria sonrío porque su presencia había sido ignorada por la vida de Annie— Espero que ella nunca te deje.

—¿Qué?

—Annie, me iré a Londres y quiero que vengas conmigo —dijo Victoria, pero sabía que Annie la rechazaría.

—Londres —dijo Annie pensando en su madre que no veía desde hace tiempo.

—¡Sí, Annie!, a Londres, ahora mismo… O que, ¿te dolería dejar a Mariana?

—Mariana —susurró su nombre y pensó en todas aquellas veces que intentó alejarse de ella y no lo lograba, esta era la oportunidad que podía aprovechar, ¿o no?

—Espero tu respuesta, ¿vendrás conmigo?

Annie pensó por mucho tiempo, no quería perder la amistad de Mariana, aun sabiendo que si se quedaba sólo era cuestión de tiempo para que ya no pudiera ocultar sus sentimientos.

—Está bien, me iré contigo a Londres.

Esa tarde Annie no regresó al colegio, estaba en el aeropuerto con Victoria, sin equipaje, ni siquiera el uniforme azul que tanto le molestaba pudo quitárselo. Annie jugaba con los botones dorados de su uniforme que tenían el emblema del colegio, y uno a uno los empezó a atar y recordaba a Mariana. Recordaba cuando ella lo hacía y las palabras que siempre decía: " Annie, tienes que portarte bien" decía mientras abotonaba el primero, pasaba al segundo botón, "Debes entrar a tus clases" y pasaba al tercero "Ya no te salgas tanto del colegio". Annie recordaba esas palabras que siempre le decía, empezó al sentir un gran vacío cuando llegó al cuarto botón y recordó. "Pero sobre todo" decía Mariana cuando le abotonaba y pasaba al quinto "Nunca, nunca te alejes de mí" y terminaba con una caricia en la mejilla de Annie. Fue tan grande su desesperación al recordar esas palabras.

—¡No puedo! ¡No puedo irme!

—¡¡Annie!! —gritaba Victoria al verla alejarse.

Annie no supo ni cómo llegó al colegio, fue como un sueño aquel instante en el que estaba dispuesta a dejar a Mariana sin decir nada.

—Annie, ¿dónde estabas? —preguntó Mariana al topársela en la entrada del colegio— ¡Te busqué por todas partes! ¿Dónde te metiste?

—Bueno, sólo, yo… ah… —intentó decir mientras entraba al Colegio.

Mariana la miró extrañada porque Annie tenía bien puesto el uniforme y estaba dispuesta a entrar al colegio.

—Ven, vamos al café y tomamos una bebida alcohólica —dijo Mariana y la tomó del brazo sin esperar su respuesta.

—¡Pero aún tienes una clase!

—Sí, pero no quiero entrar —sujetó su brazo con más fuerza y la llevaba a la salida.

—¿Cómo? ¡¡Mariana Guilloth no quiere entrar a su clase!!

—¡No! —fue lo único que dijo.

—¡Qué pasará con el mundo, esto es algo increíble! —dijo Annie al ver tan convencida a Mariana de no entrar a su clase.

—Sí, lo mismo digo, que usted señorita Villier tenga bien puesto el uniforme.

—Tú lo hiciste… como siempre —dijo con tristeza.

—Ah, ¿sí? —dijo pensando— Ya vámonos.

Mariana caminaba del brazo de Annie, el café no estaba muy lejos del colegio así que se iban caminando.

—¿Dónde estuviste? —preguntó mientras caminaban.

—Estaba en mi casa, me quedé dormida hasta tarde.

—¿Sabes?, tuve un mal presentimiento, me sentía inquieta y angustiada.

—¿Por qué?

—No lo sé, salí a buscarte a tus clases y no estabas, te busque en "el vuelo" y entre menos te encontraba mi angustia crecía más… pero no importa, ya estás aquí —dijo y se apretó con más fuerza al brazo de Annie.

Llegaron al café y tomaron la mesa que siempre acostumbraban, y como siempre Mariana no tardaba en estar en malas condiciones en tan pocos minutos.

—¿Qué tienes, Annie? —preguntó al verla todo el tiempo de una manera triste.

—Nada Mariana, nada. ¡¡Ya deja de beber de esa manera!! —dijo Annie e intentó quitarle la cerveza.

—No, no… ¡No! No puedes prohibirme eso, sabes que es lo único que no puedes hacer.

—Mariana eres muy graciosa cuando tomas.

"Ya no puedo negarlo, ya no puedo negarlo" pensaba con tristeza mientras recargaba sus brazos en la mesa y miraba a Mariana "¡Por qué tiene que pasarme esto, no puedo enamorarme de ella!... ¿Por qué ella no puede amarme de otra manera?... Por qué sólo puede hacerlo como amiga… ¿Por qué Mariana?" Annie a pesar de la angustia que estaba pasando en su interior sonreía por los gestos tan graciosos que hacía Mariana.

—¡¡Sonreíste!! —dijo Mariana— En toda la tarde habías estado triste.

—Tú le das alegría a mi vida.

—¡¡Bien!! Brindemos por eso —dijo y le acercó la cerveza a Annie para que la tomara.

—¡No Mariana! Sabes que no me gusta eso.

—¿Por qué?

—Porque si tú tomas, ¿quién va a cuidarte?

—Sí, tienes razón, ¿sabes?... Eres mi ángel de la guarda, eres la mejor amiga que puede existir en el mundo —decía Mariana contando sus dedos—. Eres la persona que nunca se alejaría de mí. ¡Sólo falta que algún día llegues a ser mi novia! —empezó a reír Mariana— Eso se oyó muy gracioso.

—Sí, ya no sabes lo que dices —dijo con melancolía.

—Annie, sí lo sé —dijo triste, porque ella sabía que aun estando así sabía lo que decía.

—Ven, vamos… tengo que llevarte a tu casa.

—De acuerdo, sabes que obedezco todo lo que tú digas.

—Si... sólo cuando estás en estas condiciones. Porque si no fuera así no me harías caso y empezarías de necia como siempre.

Annie la llevó hasta la entrada de su casa, se despidieron como siempre. Annie estaba por marcharse, se sentía tan cansada que tal vez ya no podía soportar un minuto más con ella, si sólo tenía que verla como su amiga.

—Annie.

—Sí —Annie volteó embriagada por la forma en que Mariana menciono su nombre.

Mariana se acercó a ella y la abrazó, Annie no sabía qué hacer. Mariana le había mostrado muchas veces cariño pero nunca lo había sentido de esa manera, se sentía cálida y segura dentro de esos brazos. Sólo quería estar ahí y nunca separase de ella, "Intentaré soportar todo lo que pueda" pensaba Annie. Ese abrazo fue el más largo que se habían dado desde que eran amigas.

Pero aquella vez había quedado en el pasado, no había hoy un abrazo, lo único que había eran unas miradas que podían haber congelado el infierno, por esa mirada furiosa de Annie y la frialdad e indiferencia de Mariana.

—¿Tú? —Annie miró a Victoria y a Mariana, por su mente pasaron muchas cosas, tanto tiempo alejada de ella, se esperaba lo peor.

—Sí, yo… no me digas, ¿te olvidaste de mí? ¡No lo creo!

—¿Qué haces aquí? —preguntó Annie viendo a Mariana para poder omitir la pregunta que no quería hacer "¿Qué haces con ella?".

Victoria le dio una sonrisa burlona al ver su reacción.

—Bueno… con ella conseguí lo que no tuve contigo.

Annie miró a Mariana con tristeza, incrédula y con rabia. Mariana no se defendía, no reaccionaba, en su cabeza se preguntaba qué tanto Annie conocía a Victoria y por las palabras de Victoria era obvio que la conocía más que a ella. Annie esperaba una explicación de Mariana.

Victoria salió de la casa, sabía que ya había causado el suficiente daño entre ellas dos.

—Que la disfrutes —le susurró al oído.

Annie no pudo moverse, sus ojos aún miraban a Mariana esperando alguna reacción, suplicando una explicación que hiciera borrar ese pensamiento de que Mariana estuvo con Victoria.

—¿Por qué? —le preguntó con un gran dolor en su voz.

Mariana la miró fijamente como si estuviera viendo a una desconocida. La mirada de Mariana era sin arrepentimiento, no sentía nada, como si no le importara lo que Annie estuviera sintiendo. Mariana movió la cabeza negando lo que estaba pensando Annie y cerró la puerta sin decir nada.

—¡Mariana! —gritó Annie golpeando la puerta con la mano.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.