I
—¿Así que ella es
Mariana? —preguntó Victoria, que se ocultaba con Annie en un extremo de la
puerta del Colegio para que nadie las viera.
—Sí, ella es —dijo Annie
mientras miraba a su amiga.
La estuvieron
observando por largo tiempo en el patio del Colegio. Annie le hablaba a Victoria
de Mariana, de cómo se conocieron, la forma tal dulce que Mariana tenía para
con ella. Después de un tiempo se alejaron del Colegio.
—¡Es muy hermosa! Y los
ojos azules que tiene, son bellos —dijo Victoria después de un largo silencio
que se apoderó de Annie.
—¡No! Tiene ojos
verdes… no azules.
—¿Verdes?, pues yo los
veo azules —Victoria volteó como si pudiera verla a lo lejos.
—No, tiene ojos verdes
—Annie la tomó del brazo y la obligó a seguir caminando.
Caminaron hasta llegar
al café donde siempre se veían todos los lunes cuando Annie no quería asistir
al colegio. Pidieron un café, era extraño lo que Annie estaba sintiendo, se
sentía un poco avergonzada y triste por estar observando a Mariana. Era la
única manera en que Victoria podía conocer a su mejor amiga. Tomó el café en
sorbos muy pequeños, mientras Victoria la miraba y se preguntaba por qué una
persona tan fuerte mostraba un carácter diferente cuando hablaba de Mariana.
—¿Cuándo se lo dirás a
Mariana… cuándo le dirás sobre lo nuestro? —preguntó impaciente.
—No lo sé —Annie dejó a
un lado su café y se recargó en el respaldo de la silla—. Aún no lo sé.
—¡Tienes que decirle, Annie!
—decía Victoria con insistencia.
—¡Tengo miedo! ¿Y si
deja de hablarme? No sé qué haría si deja de hablarme.
—Si en verdad es tu
amiga, no lo hará —Victoria se levantó de la mesa—. Tengo que irme, decirle o
no es tu decisión.
Victoria besó los
labios de Annie y se marchó. Annie después de un rato salió de aquel café y
empezó a caminar sin sentido por largo tiempo, pensaba como decirle a Mariana
sobre ella, sobre la relación que tenía con Victoria, con una persona que
Mariana no conocía.
—¡Annie! Annie —decía
una voz mayor detrás de ella.
Annie volteó rápido.
—¡¡Madre Clara, Hola!!
¿Qué hace por aquí?
—Creo que la pregunta
es, ¿qué haces tú por aquí?
No se había dado cuenta
que estaba caminando a las afueras de un convento.
—¿Por qué no estás en
el Colegio?... Y mira nada más cómo tienes ese uniforme, no te gusta usarlo,
¿verdad? Me recuerdas a una niña que… —la madre empezó acomodarle el suéter, se
dio cuenta de la tristeza de Annie y antes que pudiera decirle algo ella ya
estaba hablando.
—¿Madre, cree que
Mariana deje de hablarme? —le preguntó mientras miraba a un costado perdida y
triste.
—¿Por qué tendría que
hacerlo?
Annie la miró, dudó en
decirle pero a quién más podía contarle lo que estaba pasando y muy titubeante
le dijo:
—Porque, me gustan… me
gustan las chicas.
La madre Clara se
sorprendió, a su cabeza llegaron recuerdos de cuando ella cuidaba a los alumnos
de aquel colegio hace años, se acercó a Annie, la miró a los ojos y le preguntó
mortificada:
—¿Te gusta Mariana?
—¡No! No —respondió
rápido—, pero tengo miedo de que deje de hablarme o sienta asco por mí.
La madre dio un suspiro
de alivio al escuchar esa respuesta.
—Mariana es tu amiga y
jamás sentiría asco por ti… sé que puedes decírselo.
Annie y la madre
caminaron hasta el colegio. Annie no decía ni una palabra, estaba nerviosa y
asustada. Llegaron al colegio, la madre se paró al ver el edificio que estaba
frente a la capilla, a ese edificio que los alumnos llamaban "el
vuelo", cerró los ojos y un recuerdo no tan visible para su memoria hizo
que su cuerpo se estremeciera de miedo y tristeza.
—¿Madre? —dijo Annie al
verla inmóvil y temblando.
Antes de que abriera
los ojos susurró un nombre que Annie no alcanzó a distinguir bien.
—Todo estará bien —dijo
la madre limpiando algunas lágrimas de sus gastados ojos—, esta vez todo saldrá
bien.
Annie estaba nerviosa,
no sabía cuál iba a ser la reacción de Mariana. Las dos estaban en "el
vuelo".
—Me gusta este lugar,
es bueno haberlo encontrado, aquí podemos escondernos los días que hagamos
travesuras —decía Mariana con su voz dulce e inocente—, mejor dicho, el día que
tú hagas travesuras.
—Sí —contestó Annie abatida.
—¿Te pasa algo, Annie?
—preguntó preocupada.
Annie era de un
carácter fuerte pero siempre alegre con Mariana. Ahora era el momento de
decirle lo que pasaba, contarle a su mejor amiga su secreto, poner a prueba esa
amistad.
—Mariana, tengo algo
que decirte, y si quieres alejarte de mí después de esto... lo entenderé.
Mariana la miró sin
entender lo que estaba diciendo, sabía que no era algo que la dañaría, Annie jamás
se atrevería a hacerle algo.
—No creo que sea tan
grave, ¡Claro que si me dices que tienes sida, lepra o que te gustan las chicas,
saldré corriendo muy veloz!
Esas palabras le
hicieron entender que Mariana si sentiría asco por ella, pero no había marcha
atrás tenía que confesárselo porque ya no lo soportaba.
—¡Sólo estaba jugando!
—dijo Mariana cuando vio la expresión triste de su amiga— Créeme que nada sería
tan malo como para dejarte, eres mi mejor amiga y nunc...
—En realidad sí, me
gustan las chicas —lo dijo tajante, tenía que aprovechar esas palabras, tenía
que probar si esa amistad en verdad era buena.
Mariana dejó de
sonreír.
—¡Pero no te preocupes,
no me fijaría en ti, porque eres mi mejor amiga! —repuso rápidamente.
Annie veía la expresión
asustada de Mariana, miró su cuerpo temblar de miedo. Mariana tomó aire para
tranquilizarse y puso una mirada tan fría, Annie sabía que su amistad ya había
terminado.
—¿Sabes? Acabas de
desilusionarme —dijo seriamente.
—Perdóname, si tú lo
quieres no volveré a hablarte.
—¿Así qué no te
fijarías en mí?
Annie quedó confundida
con esa pregunta.
—¿No entiendo?
—Pues yo sí… no me
consideras una mujer de la cual te puedas enamorar —dijo y volvió a sonreír.
—¿Estás jugando
conmigo? —preguntó Annie sonriendo nerviosa.
—Claro que si tonta,
respeto tus gustos... bueno tus nuevos gustos, y tendrás que hacer algo mejor
que esto para alejarte de mí… siempre seremos amigas.
—¿Entonces no me
dejaras de hablar por esto? —preguntó un tanto emocionada.
—Ya te dije que no,
somos amigas.
Annie sonrió con alivio
al escuchar esas palabras.
—Y dime, ¿hay una
persona especial? —dijo Mariana dándole un leve golpe en el costando.
—No, aún no —dijo
sonrojada. Annie pensó en Victoria pero por alguna razón no quiso decirle nada.
—¿Sabes qué puedes
confiar en mí?
—¡Lo sé! Lo sé, sólo que
aún no hay nadie en especial.
***
Pasaron algunos años,
su amistad era como siempre, nada había cambiado y Annie nunca se imaginó que
sus sentimientos cambiarían.
—¡Mariana! —gritaba Annie
y venía a toda velocidad para alcanzarla en la salida del colegio.
Era una mañana
tranquila de otoño y las hojas caían. Algunos alumnos entraban a tomar sus
clases matutinas, mientras Annie venía a toda prisa intentando alcanzar a
Mariana.
—¡Feliz cumpleaños!
—dijo y le acercó una flor.
—¿Tú, con flores?
—Mariana sonreía feliz al saber que Annie podía hacer cualquier cosa por ella.
—¿Qué? ¡Es para ti no
para mí! Sabes que no me gustan esas cosas, toma, toma —decía para que tomara
la flor.
—Gracias —dijo y la
abrazó.
—Ya tienes veintidós
años, ya estás vieja —le dijo al oído con un tono de burla.
—Sí, mira que dentro de
un mes tendrás la misma edad que yo —le dijo golpeando su nariz con la flor y
empezó a caminar, Annie la seguía pasos atrás.
—¡No me lo recuerdes! —Annie
paró de reír y suspiró— Pero entre más años tienes, más hermosa te pones.
Mariana volteó
sorprendida y sonrojada. Annie se paró de golpe impresionada por su propio
comentario. "¿Por qué diablos dije eso?", pensó Annie asustada.
—¿Y tienes planes para
hoy? —preguntó Annie para librarse de ese momento vergonzoso.
—Sí, Saúl me invitó a
comer.
—Ah sí, Saúl —dijo con
cierto enfado— ¿Estarás toda el día con él?
—Sí, creo que sí.
—Ya pasas más tiempo
con él que conmigo —se quejó casi en silencio Annie.
—¿Qué?
—Nada, nada. Entonces
nos vemos mañana.
Annie regresó por donde
había venido dejando a Mariana confundida. "Saúl, ¿Por qué tiene que estar
con él?", pensaba Annie "¿Por qué no?, si es su novio" tenía una
pequeña discusión en su cabeza, "No me importa que sea su novio, es un
idiota no la merece" "Diablos por qué tengo que decir esas
cosas" se daba pequeños golpes en la cabeza, algunos compañeros la veían
por su comportamiento raro. "¿Qué rayos me ven? ¿Qué les importa si estoy
enamorada de mi mejor amiga?", se paró y dio la vuelta hacia la puerta
donde Mariana esperaba a Saúl.
—¿Enamorada? —casi lo
dijo en un suspiro ahogado, saliendo en un susurro a su exterior, pero
quemándole el alma por dentro— ¿Enamorada de Mariana?
"Eso no puede
ser" volvió con su pequeña charla interior "Eso no puede ser",
seguía viendo a Mariana "Le prometiste no enamorarte de ella". Vio
como Saúl llegó donde Mariana lo esperaba, la abrazó y la besó, Annie sintió un
pequeño desajuste en su mundo y una presión tan grande en el pecho, "Eso
no puede ser" Annie apretó sus puños con fuerza "Lo de ellos no puede
ser" avanzó con pasos largos hacia ellos "¿ Annie qué haces? Detente
no puedes hacerle esto a Mariana… ¡Rayos Annie detente!", justo cuando
estaba a pasos de llegar a ellos reaccionó y dio la vuelta. "No puedes
hacer eso".
—¡Annie! —gritó Saúl al
verla.
"Maldita sea qué
quiere" pensó Annie y limpió sus ojos que apenas dejaban escapar unas
lágrimas
—Sí —contestó Annie dándole
la más amable sonrisa que podía salir de sus labios para él.
—¿Por qué no vienes con
nosotros? —dijo Saúl, trataba de ganársela, desde hace tiempo siempre notó un
poco de molestia por parte de Annie.
—¡¡Sí!! También quiero
estar contigo hoy —dijo Mariana y tomó la mano de Saúl.
Annie miró las manos,
se sintió confundida, ahogada, triste, miró a Mariana e intentaba que sus ojos
no mostraran su desesperación. Sintió que su alma desfallecía con esa escena;
su cuerpo temblaba, lentamente daba pasos hacia atrás mirando a todos lados,
como intentando escapar de esa pesadilla, hasta que nuevamente se topó con los
ojos verdes de Mariana, le sonrío amargamente, dio la vuelta y salió corriendo.
—¡Annie! —gritó
Mariana.
Los ojos azules de Annie
empezaban a nublarse con las lágrimas, que una a una le desgarraban el alma.
Corría pero cada paso que daba se le hacía eterno y pesado hasta que llegó a
"el vuelo".
—¡No puede ser! —decía
mientras se dejaba caer al piso y apretaba su cabeza con fuerza— ¡No puedes
enamorarte de ella!
Al día siguiente Annie estaba
nuevamente en "el vuelo" miraba el viejo reloj, pensaba en Mariana,
pero no de la misma manera que antes, sabía que eso no estaba bien, sabía que
debía apagar esos sentimientos y alejarse de ella.
—¡¡Annie!! —gritó
Mariana dándole un leve golpe en la espalda— ¿Qué pasó contigo ayer? ¿Por qué
te fuiste de esa manera?
—No me sentía bien,
tenía ganas de vomitar —dijo.
—¿Ya te sientes mejor?
—preguntó preocupada.
—Sí, yo creo que fue
algo que comí, pero ya me siento mejor.
—¿Sabes qué necesitas?
—se acercó Mariana a Annie muy sospechosa.
—¿Qué? —preguntó Annie y
la miró confundida.
—¡Un abrazo de una
buena amiga! —dijo Mariana y abrazó a Annie.
Se sintió extraña, pero
le gustaba esa sensación "Sólo amiga", pensaba Annie "Tengo que
cumplir mi promesa".
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