"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

29 de diciembre de 2011

I
—¿Así que ella es Mariana? —preguntó Victoria, que se ocultaba con Annie en un extremo de la puerta del Colegio para que nadie las viera.
—Sí, ella es —dijo Annie mientras miraba a su amiga.
La estuvieron observando por largo tiempo en el patio del Colegio. Annie le hablaba a Victoria de Mariana, de cómo se conocieron, la forma tal dulce que Mariana tenía para con ella. Después de un tiempo se alejaron del Colegio.
—¡Es muy hermosa! Y los ojos azules que tiene, son bellos —dijo Victoria después de un largo silencio que se apoderó de Annie.
—¡No! Tiene ojos verdes… no azules.
—¿Verdes?, pues yo los veo azules —Victoria volteó como si pudiera verla a lo lejos.
—No, tiene ojos verdes —Annie la tomó del brazo y la obligó a seguir caminando.
Caminaron hasta llegar al café donde siempre se veían todos los lunes cuando Annie no quería asistir al colegio. Pidieron un café, era extraño lo que Annie estaba sintiendo, se sentía un poco avergonzada y triste por estar observando a Mariana. Era la única manera en que Victoria podía conocer a su mejor amiga. Tomó el café en sorbos muy pequeños, mientras Victoria la miraba y se preguntaba por qué una persona tan fuerte mostraba un carácter diferente cuando hablaba de Mariana.
—¿Cuándo se lo dirás a Mariana… cuándo le dirás sobre lo nuestro? —preguntó impaciente.
—No lo sé —Annie dejó a un lado su café y se recargó en el respaldo de la silla—. Aún no lo sé.
—¡Tienes que decirle, Annie! —decía Victoria con insistencia.
—¡Tengo miedo! ¿Y si deja de hablarme? No sé qué haría si deja de hablarme.
—Si en verdad es tu amiga, no lo hará —Victoria se levantó de la mesa—. Tengo que irme, decirle o no es tu decisión.
Victoria besó los labios de Annie y se marchó. Annie después de un rato salió de aquel café y empezó a caminar sin sentido por largo tiempo, pensaba como decirle a Mariana sobre ella, sobre la relación que tenía con Victoria, con una persona que Mariana no conocía.
—¡Annie! Annie —decía una voz mayor detrás de ella.
Annie volteó rápido.
—¡¡Madre Clara, Hola!! ¿Qué hace por aquí?
—Creo que la pregunta es, ¿qué haces tú por aquí?
No se había dado cuenta que estaba caminando a las afueras de un convento.
—¿Por qué no estás en el Colegio?... Y mira nada más cómo tienes ese uniforme, no te gusta usarlo, ¿verdad? Me recuerdas a una niña que… —la madre empezó acomodarle el suéter, se dio cuenta de la tristeza de Annie y antes que pudiera decirle algo ella ya estaba hablando.
—¿Madre, cree que Mariana deje de hablarme? —le preguntó mientras miraba a un costado perdida y triste.
—¿Por qué tendría que hacerlo?
Annie la miró, dudó en decirle pero a quién más podía contarle lo que estaba pasando y muy titubeante le dijo:
—Porque, me gustan… me gustan las chicas.
La madre Clara se sorprendió, a su cabeza llegaron recuerdos de cuando ella cuidaba a los alumnos de aquel colegio hace años, se acercó a Annie, la miró a los ojos y le preguntó mortificada:
—¿Te gusta Mariana?
—¡No! No —respondió rápido—, pero tengo miedo de que deje de hablarme o sienta asco por mí.
La madre dio un suspiro de alivio al escuchar esa respuesta.
—Mariana es tu amiga y jamás sentiría asco por ti… sé que puedes decírselo.
Annie y la madre caminaron hasta el colegio. Annie no decía ni una palabra, estaba nerviosa y asustada. Llegaron al colegio, la madre se paró al ver el edificio que estaba frente a la capilla, a ese edificio que los alumnos llamaban "el vuelo", cerró los ojos y un recuerdo no tan visible para su memoria hizo que su cuerpo se estremeciera de miedo y tristeza.
—¿Madre? —dijo Annie al verla inmóvil y temblando.
Antes de que abriera los ojos susurró un nombre que Annie no alcanzó a distinguir bien.
—Todo estará bien —dijo la madre limpiando algunas lágrimas de sus gastados ojos—, esta vez todo saldrá bien.
Annie estaba nerviosa, no sabía cuál iba a ser la reacción de Mariana. Las dos estaban en "el vuelo".
—Me gusta este lugar, es bueno haberlo encontrado, aquí podemos escondernos los días que hagamos travesuras —decía Mariana con su voz dulce e inocente—, mejor dicho, el día que tú hagas travesuras.
—Sí —contestó Annie abatida.
—¿Te pasa algo, Annie? —preguntó preocupada.
Annie era de un carácter fuerte pero siempre alegre con Mariana. Ahora era el momento de decirle lo que pasaba, contarle a su mejor amiga su secreto, poner a prueba esa amistad.
—Mariana, tengo algo que decirte, y si quieres alejarte de mí después de esto... lo entenderé.
Mariana la miró sin entender lo que estaba diciendo, sabía que no era algo que la dañaría, Annie jamás se atrevería a hacerle algo.
—No creo que sea tan grave, ¡Claro que si me dices que tienes sida, lepra o que te gustan las chicas, saldré corriendo muy veloz!
Esas palabras le hicieron entender que Mariana si sentiría asco por ella, pero no había marcha atrás tenía que confesárselo porque ya no lo soportaba.
—¡Sólo estaba jugando! —dijo Mariana cuando vio la expresión triste de su amiga— Créeme que nada sería tan malo como para dejarte, eres mi mejor amiga y nunc...
—En realidad sí, me gustan las chicas —lo dijo tajante, tenía que aprovechar esas palabras, tenía que probar si esa amistad en verdad era buena.
Mariana dejó de sonreír.
—¡Pero no te preocupes, no me fijaría en ti, porque eres mi mejor amiga! —repuso rápidamente.
Annie veía la expresión asustada de Mariana, miró su cuerpo temblar de miedo. Mariana tomó aire para tranquilizarse y puso una mirada tan fría, Annie sabía que su amistad ya había terminado.
—¿Sabes? Acabas de desilusionarme —dijo seriamente.
—Perdóname, si tú lo quieres no volveré a hablarte.
—¿Así qué no te fijarías en mí?
Annie quedó confundida con esa pregunta.
—¿No entiendo?
—Pues yo sí… no me consideras una mujer de la cual te puedas enamorar —dijo y volvió a sonreír.
—¿Estás jugando conmigo? —preguntó Annie sonriendo nerviosa.
—Claro que si tonta, respeto tus gustos... bueno tus nuevos gustos, y tendrás que hacer algo mejor que esto para alejarte de mí… siempre seremos amigas.
—¿Entonces no me dejaras de hablar por esto? —preguntó un tanto emocionada.
—Ya te dije que no, somos amigas.
Annie sonrió con alivio al escuchar esas palabras.
—Y dime, ¿hay una persona especial? —dijo Mariana dándole un leve golpe en el costando.
—No, aún no —dijo sonrojada. Annie pensó en Victoria pero por alguna razón no quiso decirle nada.
—¿Sabes qué puedes confiar en mí?
—¡Lo sé! Lo sé, sólo que aún no hay nadie en especial.
***
Pasaron algunos años, su amistad era como siempre, nada había cambiado y Annie nunca se imaginó que sus sentimientos cambiarían.
—¡Mariana! —gritaba Annie y venía a toda velocidad para alcanzarla en la salida del colegio.
Era una mañana tranquila de otoño y las hojas caían. Algunos alumnos entraban a tomar sus clases matutinas, mientras Annie venía a toda prisa intentando alcanzar a Mariana.
—¡Feliz cumpleaños! —dijo y le acercó una flor.
—¿Tú, con flores? —Mariana sonreía feliz al saber que Annie podía hacer cualquier cosa por ella.
—¿Qué? ¡Es para ti no para mí! Sabes que no me gustan esas cosas, toma, toma —decía para que tomara la flor.
—Gracias —dijo y la abrazó.
—Ya tienes veintidós años, ya estás vieja —le dijo al oído con un tono de burla.
—Sí, mira que dentro de un mes tendrás la misma edad que yo —le dijo golpeando su nariz con la flor y empezó a caminar, Annie la seguía pasos atrás.
—¡No me lo recuerdes! —Annie paró de reír y suspiró— Pero entre más años tienes, más hermosa te pones.
Mariana volteó sorprendida y sonrojada. Annie se paró de golpe impresionada por su propio comentario. "¿Por qué diablos dije eso?", pensó Annie asustada.
—¿Y tienes planes para hoy? —preguntó Annie para librarse de ese momento vergonzoso.
—Sí, Saúl me invitó a comer.
—Ah sí, Saúl —dijo con cierto enfado— ¿Estarás toda el día con él?
—Sí, creo que sí.
—Ya pasas más tiempo con él que conmigo —se quejó casi en silencio Annie.
—¿Qué?
—Nada, nada. Entonces nos vemos mañana.
Annie regresó por donde había venido dejando a Mariana confundida. "Saúl, ¿Por qué tiene que estar con él?", pensaba Annie "¿Por qué no?, si es su novio" tenía una pequeña discusión en su cabeza, "No me importa que sea su novio, es un idiota no la merece" "Diablos por qué tengo que decir esas cosas" se daba pequeños golpes en la cabeza, algunos compañeros la veían por su comportamiento raro. "¿Qué rayos me ven? ¿Qué les importa si estoy enamorada de mi mejor amiga?", se paró y dio la vuelta hacia la puerta donde Mariana esperaba a Saúl.
—¿Enamorada? —casi lo dijo en un suspiro ahogado, saliendo en un susurro a su exterior, pero quemándole el alma por dentro— ¿Enamorada de Mariana?
"Eso no puede ser" volvió con su pequeña charla interior "Eso no puede ser", seguía viendo a Mariana "Le prometiste no enamorarte de ella". Vio como Saúl llegó donde Mariana lo esperaba, la abrazó y la besó, Annie sintió un pequeño desajuste en su mundo y una presión tan grande en el pecho, "Eso no puede ser" Annie apretó sus puños con fuerza "Lo de ellos no puede ser" avanzó con pasos largos hacia ellos "¿ Annie qué haces? Detente no puedes hacerle esto a Mariana… ¡Rayos Annie detente!", justo cuando estaba a pasos de llegar a ellos reaccionó y dio la vuelta. "No puedes hacer eso".
—¡Annie! —gritó Saúl al verla.
"Maldita sea qué quiere" pensó Annie y limpió sus ojos que apenas dejaban escapar unas lágrimas
—Sí —contestó Annie dándole la más amable sonrisa que podía salir de sus labios para él.
—¿Por qué no vienes con nosotros? —dijo Saúl, trataba de ganársela, desde hace tiempo siempre notó un poco de molestia por parte de Annie.
—¡¡Sí!! También quiero estar contigo hoy —dijo Mariana y tomó la mano de Saúl.
Annie miró las manos, se sintió confundida, ahogada, triste, miró a Mariana e intentaba que sus ojos no mostraran su desesperación. Sintió que su alma desfallecía con esa escena; su cuerpo temblaba, lentamente daba pasos hacia atrás mirando a todos lados, como intentando escapar de esa pesadilla, hasta que nuevamente se topó con los ojos verdes de Mariana, le sonrío amargamente, dio la vuelta y salió corriendo.
—¡Annie! —gritó Mariana.
Los ojos azules de Annie empezaban a nublarse con las lágrimas, que una a una le desgarraban el alma. Corría pero cada paso que daba se le hacía eterno y pesado hasta que llegó a "el vuelo".
—¡No puede ser! —decía mientras se dejaba caer al piso y apretaba su cabeza con fuerza— ¡No puedes enamorarte de ella!
Al día siguiente Annie estaba nuevamente en "el vuelo" miraba el viejo reloj, pensaba en Mariana, pero no de la misma manera que antes, sabía que eso no estaba bien, sabía que debía apagar esos sentimientos y alejarse de ella.
—¡¡Annie!! —gritó Mariana dándole un leve golpe en la espalda— ¿Qué pasó contigo ayer? ¿Por qué te fuiste de esa manera?
—No me sentía bien, tenía ganas de vomitar —dijo.
—¿Ya te sientes mejor? —preguntó preocupada.
—Sí, yo creo que fue algo que comí, pero ya me siento mejor.
—¿Sabes qué necesitas? —se acercó Mariana a Annie muy sospechosa.
—¿Qué? —preguntó Annie y la miró confundida.
—¡Un abrazo de una buena amiga! —dijo Mariana y abrazó a Annie.
Se sintió extraña, pero le gustaba esa sensación "Sólo amiga", pensaba Annie "Tengo que cumplir mi promesa".

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.