"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

29 de diciembre de 2011

I
"Cuándo puedes dejar de sentir… cuándo, si tu corazón aún puede latir. Tan falso e irremediable es dejar de sentir amor, la duda más pequeña puede romper los momentos más felices, los momentos mejor vividos. Luchas contra algo que no existe, pero lo sientes tan intenso en ti, algo por lo cual vale la pena vivir..."
Mariana cerró el libro que tenía en sus manos, miró a todos lados, la biblioteca parecía un lugar que sólo ella conocía. Miró a las pocas personas que había en las mesas un poco alejadas de ella... "¿Vale la pena sufrir lo que estoy sufriendo si aún la amo?". Hacía esa pregunta al mirar cada uno de esos rostros cansados. Miró nuevamente el libro, "¿En verdad vale la pena vivir?". Recostó su cabeza sobre el libro, poco a poco empezaba a quedarse dormida cuando un escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar el susurro de su nombre en su oído. Mariana lentamente alzó la cabeza olvidándose de aquel sueño que sentía y frente a ella se encontró una rosa blanca. Buscó por todas partes a Annie y sin encontrarla salió de la biblioteca. Mariana aún buscaba los ojos de Annie al salir de ese lugar, miraba cada movimiento en el Colegio, intentando encontrar a unos intensos ojos azules. Hacía demasiado frío para ser noviembre, las hojas caían y el viento soplaba con tanta fuerza.
Annie había vuelto al colegio dos días después de su regreso, sólo hasta entonces tuvo el valor de volver. Estaba en aquel lugar, en "el vuelo", lo sentía vacío y triste, pero no más de lo que sentía en su interior. Annie miraba el reloj de la capilla, estaba desesperada y triste, no entendía lo que Mariana había hecho. Quería gritar, sacar de su alma tanto dolor. Escuchó el sonido de una paloma posarse en la barda a un lado de ella, volteó rápidamente y se encontró a una chica como de 17 años de una mirada azul, tan intensa como la de ella e igual de triste. Las manos de esa chica acariciaban a la paloma blanca. Annie miró a todos lados preguntándose de donde había salido esa chica.
—Es difícil, ¿Verdad? —dijo la chica mirándola a los ojos— Es difícil ver a la persona que amas amando a alguien más.
Su mirada azul se fijó en el patio, Annie volteó hacia esa mirada y se topó con la silueta de Mariana con Victoria en el patio del colegio y en ese mismo momento Mariana miró hacia arriba. Fue como si ninguna de las dos se viera aunque sus miradas estuvieran fijas una de la otra. Annie agachó la cabeza y con la voz entre cortada le contestó:
—Sí... muy difícil.
—Mariana —dijo la chica dulcemente.
El viento empezó a soplar con fuerza, la paloma se alejó y Annie la siguió con la mirada hasta que se perdió entre los árboles, cuando volteó la chica había desaparecido.
***
—¡Mariana! —gritó Victoria cuando la vio pasar a su lado un poco distraída.
—¿Victoria, qué haces aquí?
—Bueno, sólo vine a decirte lo que en realidad pasó esa noche.
—No es necesario que digas nada, yo... —el sonido de un violín empezó a escucharse desde "el vuelo". Mariana miró a Victoria extrañada porque no prestaba atención. El sonido se hacía más fuerte tocando una suave melodía que llenaba de nostalgia el corazón de Mariana. Miró hacia arriba, sin darse cuenta sus ojos empezaban a nublarse por las lágrimas que inexplicablemente rodaban por sus mejillas.
—Mariana —dijo Victoria— ¿Estás bien?
Mariana la miró desconcertada, como si sus sentidos hubieran sido atrapados por aquella melodía.
—No es nada —dijo Mariana limpiando sus lágrimas y se fue.
***
Annie sintió un leve mareo porque no sabía lo que pasó en ese instante. Volteó al patio para ver si encontraba a Mariana pero ya no estaba, así que bajó corriendo de aquel lugar para buscarla. Recorría los pasillos de los edificios intentando encontrarla, estaba molesta y triste, pensando desde cuándo Mariana salía con Victoria, preguntándose desde cuando la engañaba. En un instante sus miradas tropezaron, en Annie había dolor y enojo, en Mariana sólo indiferencia. Mariana dejó de mirarla y siguió su camino, Annie la detuvo jalándola del brazo cuando pasaba a su lado.
—¿Por qué?... ¿Por qué no puedes enfrentarme?
—¿Para qué?... —dijo Mariana soltando su brazo con fuerza— ¡Si sólo quieres que escuche todo lo malo que piensas de mí!
—¿Por algo lo digo, no crees?
Mariana reaccionó dándole una bofetada. Ese momento hizo que sus compañeros se detuvieran a ver lo que estaba pasando entre ellas.
—¡Cuando regresaste de Londres, me encontraste a mí, no a una...! —Mariana cortó sola sus palabras— Y sin embargo yo, sigo esperando... ¡Aún sigo esperando a que regreses!
Mariana extendió la mano enseñándole la rosa, que pensó que Annie le había dejado en la biblioteca.
—Lindo obsequio… ¿Qué, te la dio Victoria, la persona que ahora amas? —dijo Annie muy molesta.
—¡¡Tú eres a la única persona que amo!! —gritó.
Annie abrió los ojos impresionada por lo que Mariana gritó sin importarle las personas que estaban a su alrededor, Mariana dio la vuelta y empezó a alejarse.
—¡¡¡Prometiste esperarme!!! —gritó Annie con rabia.
Mariana volteó, sólo había dado tres pasos.
—¡¡¡Lo hice!!!... —gritó con la misma intensidad de Annie— Y creo que aún lo sigo haciendo —la miró a los ojos como si estuviera buscando algo que había perdido y ya nunca más regresaría.
Mariana se alejó sin decirle nada más. Parecía que ya no había más arreglo entre ellas que alejarse para no lastimarse más. Annie se quedó parada sin reacción alguna, no entendía el comportamiento de Mariana. Annie buscaba respuestas, aliviar su dolor y entender tantas cosas.
Mariana caminaba furiosa, le dolía en el alma que Annie desconfiara de ella. Miró la rosa que tenía en sus manos y la apretó con fuerza, con una gran rabia. Sólo quería deshacerse de ella al pensar que no fue Annie quien se la dio. Su mirada buscaba un bote de basura, pero la capilla fue lo primero que llamó su atención y entró. Por alguna razón a Annie y a ella no les gustaba ese lugar. Era la primera vez que Mariana entraba a la capilla, le impresionó la arquitectura tan antigua que tenía, ya un poco apagada por el tiempo. La capilla estaba más vacía que la biblioteca, Mariana miró a todos lados sin encontrar a nadie, llegó hasta el altar, depositó la rosa en el piso dio la vuelta y caminaba hacia la salida un poco más tranquila.
—Mariana.
Escuchó mencionar su nombre, dio la vuelta y en una de las bancas frente al altar había dos chicas muy pequeñas, no pasaban la edad de 15 años. Una de ellas lloraba.
—¡Mariana debes calmarte! —decía la chica y la abrazaba— ¡Estaré siempre contigo!
Mariana caminaba hacia ellas con lentitud, de alguna manera se le hacían familiares esas dos pequeñas. Lo que se le hacía extraño era no entender porque no las había visto antes en el colegio. Escuchaba su conversación muy lejana, con ecos, como si no estuvieran en esta vida, y lo único que viera fuera a dos fantasmas.
—¿Mariana?
Escuchó su nombre detrás de ella y volteó asustada.
—¿Mariana, qué haces aquí? —preguntó la madre Clara, ya que cuando les daba asesoría nunca querían asistir a la capilla.
—Madre yo... —dijo Mariana y dio media vuelta para señalar a esas dos pequeñas. Mariana quedó sorprendida porque ya no estaban.
—¿Mariana, estás bien?
—Sí, sólo... —se quedó pensando en esa voz, era la misma voz que escuchó aquella vez en el invernadero mencionar su nombre, la misma voz que escucho en la biblioteca, la misma forma dulce y triste resonaba en su cabeza.
—¿Pasa algo?
—¿Quién es Mariana Durkheim? —sólo atinó a decir.
—¿Qué hay con ella?
—Sólo quiero saber que pasó —Mariana recordó a la chica que consolaba a Mariana y le encontró cierto parecido a Annie— ¿Cómo se llamaba su compañera de dormitorio? Se parece a Annie, ¿verdad?
La madre dio pasos atrás, no quería recordar nada de lo que ella vivió en el Merceus.
—Señorita Guilloth... su lugar no es aquí —dijo Emilia detrás de la madre Clara.
Mariana volteó hacia atrás recordando a esas pequeñas, miró a la madre Clara desconcertada, agachó la cabeza y no supo que decir. Salió de la capilla sin entender nada.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.