"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

7 de noviembre de 2011



VI


Pasó por la dirección, asomándose por la ventana y no vio a nadie. Quizá las cosas no estaban tan mal y tal vez habían llamado a Natalia para otro asunto, pero las miradas de sus compañeros le hicieron dudar de lo último. No buscó a Natalia en la escuela, tenía un puesto muy importante en la junta directiva de los académicos. Varios días a la semana cumplía con la revisión de exámenes, pero sobre todo con el periódico escolar. Su inteligencia y su don de la palabra le permitían tener privilegios con todos los profesores, así que no interrumpía su labor. No permaneció ni un segundo más dentro de la escuela, no soportaba tantos murmullos y palabras llenas de prejuicios sin valor. Caminó por las calles por varias horas. Se preguntaba cómo fue que se enteraron si todo lo mantenían con suma discreción. No querían que nadie se diera cuenta de nada. Seguía pensando, repasando cada momento en el que hubieran podido cometer algún error para que los demás se dieran cuenta. No pudo haber sido su culpa, a veces ni siquiera se miraban. Cuando era requerido se limitaban a saludos discretos, miradas esquivas y murmullos fugaces. Ni siquiera aparentaban una amistad dentro de la escuela. El error no pudo haber venido de ellas.
Después de un rato regresó a casa sin saber por qué lo hizo. Se encontró a su madre sentada en la sala, con una cara que hasta el mismo demonio le hubiera temido. Estaba acostumbrada a ver la mirada de frialdad en su rostro. Siguió de largo sin tomar en cuenta su presencia.
—¡¿No te basta con alterarme a mí, Andrea?! ¿No te basta? —Gritaba Patricia sin control—. ¿Ahora te gusta gritarlo a los cuatro vientos?
No le tomó mucha importancia a su comentario, sólo le impresionó que ahora tuviera preguntas nuevas para reclamarle. No quería discutir con ella, así que se disponía a subir las escaleras.
—¡Te expulsaron de la escuela! —Gritó, con lágrimas de vergüenza en sus ojos—. ¡Te dije que nunca aceptarían tu relación con Natalia!
—No puede ser —murmuró incrédula.
Pensó en Natalia sin poder evitarlo. Permaneció inmóvil, pensando en qué sería de su futuro y de su sueño, no podría ser la mejor novelista de México si también la expulsaron de la escuela. Su madre empezaba a gritarle como era su costumbre y como una costumbre de Andrea, la ignoraba. Se sentó en el rellano de la escalera mientras una y otra vez escuchaba a Patricia decirle que sentía vergüenza por ella. Quedó inmóvil, desconcertada, tenía miedo y todo eso la paralizó por completo. Ni siquiera se dio cuenta cuando Patricia dejó de gritarle, cuando pudo reaccionar salió de su casa y caminó por mucho tiempo.
No podía ir a la casa de Natalia, se sentía avergonzada por robarle su sueño. No deseaba volver a su casa donde la única persona que estaba la odiaba y se avergonzaba de ella. Al menos sabía que su madre no había sido, no iba a exponerse al reclamo de la sociedad por fastidiarle la vida. Su secreto estaba a salvo con ella desde hacía años. No pudo ser su madre. Andrea sentía ganas de escapar, de regresar el tiempo y quedarse con el instante cuando conoció a Natalia. Por un momento pensó que hubiera sido mejor no dejar salir sus sentimientos y dejarlos por siempre ocultos en su corazón; guardarlo y quedarse con la esperanza de que algún día se fuera.
Empezó a soplar el viento desde el sur, despeinando su cabello y llevándose todas las ganas que tenía de huir. Lo sintió chocando suave sobre su rostro, silbando sigilosamente, casi imperceptible. Parecía que le murmuraba un secreto al oído, palabras dulces que le acariciaban el corazón, dándole fortaleza. Paró de golpe y miró al cielo. Un azul intenso marcaba la llegada de la tarde. Las nubes empezaban a distinguirse entre el cielo, anunciando una noche fría. «Las nubes de invierno», pensó Andrea. Corrió con prisa hasta llegar a su casa y, como lo imaginó, su abuela estaba sentada en la mecedora mirando el cielo como todos los días.
—Abuela —dijo. Apenas si podían salir las palabras de su boca, le faltaba el aire por tanto que había corrido—, ¿qué tienen las nubes de invierno?
Helena miró hacia el cielo. Llegaría a la parte más hermosa que había vivido, pero también recordaría todo lo que tuvo que pasar para llegar ahí y, sobre todo, entender una vez más por qué no se quedó ahí.
—¿Qué tienen las nubes de invierno? —insistió.
Todos sus recuerdo se fueron hacia una chica agresiva, fuerte y decidida…, pero su imagen en su memoria se difuminaba como las nubes de invierno.


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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.