"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

7 de noviembre de 2011


I


—Es el proyecto que tenemos para que el sector noroeste de la sierra de Chiapas sea una zona turística. La mejor que podrían encontrar en toda la región… y posiblemente en todo México. Podríamos lograrlo con facilidad, con su apoyo, por supuesto —aseguró en una sonrisa, para que los inversionistas se convencieran de que el proyecto sería una muy buena inversión a futuro.
La presentación se llevaba a cabo en el salón principal de un lujoso hotel en Nueva York. Parecía una cena de gala; claro, después de la junta lo sería si llegaban a firmar todos los inversionistas la aprobación del proyecto. Las mesas estaban recubiertas por manteles blancos, con el emblema de la empresa y algunas con las del hotel. Los centros de mesa eran flores frescas, a las cuales nadie les prestaba ni el más mínimo interés. Los ojos de hombres y mujeres presentes se centraban en Helena y en la imagen proyectada de un lugar potente lleno de naturaleza: verde y pacífica. Había tomas desde tierra y algunas desde el aire. Pasaban las diapositivas una y otra vez. Era impresionante todo lo que podían ver. Sabían que la inversión tendría que ser exagerada para lograr lo que se pretendía. Los permisos que se debían pagar serían muchos y de gran cantidad. Empezaban a escucharse murmullos de dudas. Helena se dio cuenta, ya esperaba algo así; el proyecto era sumamente ambicioso. Miró a su asistente y le asintió con la cabeza. Las imágenes de la inmensidad de los árboles estaban cambiando por lo que sería una de las zonas más lujosas en la sierra de Chiapas. La animación no lo hacía ver tan inalcanzable. En unos segundos todo se veía mejor, el proyecto estaba hecho. Los ojos de los presentes empezaban a cambiar de brillo, su mirada se veía codiciosa.
Helena miró la misma imagen y continuó con una sonrisa dibujada en su rostro:
—Sin duda será una excelente inversión. Chiapas se convertirá en la mejor zona turística de México.
Hablaba el español perfectamente desde que era muy joven. Vivía con una persona de origen latino, la mayoría en su trabajo venían de países de habla hispana, siempre tenía que hablar en español. No tenía raíces latinas, pero había algo que la orillaba a rodearse de personas así. Incluso el idioma español no se le dificultó en nada. Antes de conocer a Jessica lo hablaba perfectamente, por eso no le fue difícil enamorarla. Y de su perfecto acento español lo necesitaba ahora, sería su mejor pasaporte de convencimiento. Era en México donde se llevaría a cabo el proyecto, y creía prudente darles el mayor peso a los inversionistas mexicanos, aunque la gran mayoría eran canadienses y americanos. Había traductores siguiendo sus palabras mientras hablaba. Sabía que los inversionistas podían estar bien enterados de lo que decía, lo veía en las expresiones de su rostro.
—Chiapas será la mejor zona turística.
—¡Sí! —Se oyó una voz molesta entre los espectadores—. ¡¿Y para que sea contaminada?!
—¿Perdón? —Helena se sintió incomoda y confundida, no sabía exactamente de dónde provenía la voz.
Desde una de las primeras mesas se levantó una mujer joven de escasos veintiocho años, su cabello castaño claro le llegaba un poco abajo del hombro, y el brillo de sus ojos verde olivo, a Helena le parecieron los más hermosos que había visto en su vida. Sus ojos tenían el fuego que hace mucho se había apagado en los suyos. Las facciones de su rostro eran marcadas por un carácter firme y una voz autoritaria. La mujer llegó hasta el estrado, evitando a los guardias de seguridad que intentaron detenerla. Era un evento importante, había inversionistas de Nueva York y Utah, invitados del Oeste de Canadá y sobre todo de México.
—Usted ha vivido siempre en la ciudad, en la gran ciudad de Nueva York —decía la joven de ojos verdes, con reclamo y arrogancia, haciendo énfasis en sus palabras casi con repulsión—. No sabe lo que es la naturaleza, contemplar lo maravilloso de la sierra, la tranquilidad que da…
—¿Puedo saber quién es usted? —preguntó Helena, manteniendo la calma.
—¡La sierra de Chipas le pertenece a su gente! —Decía ignorando la pregunta—. ¡Y no a la codicia de todos ustedes!
Hombres y mujeres, que entendieron sus palabras, se sintieron completamente ofendidos. Las frases de desapruebo empezaron a escucharse, algunos se levantaron en disposición de marcharse. Los guardias de seguridad no hicieron el intento de acercarse y sacarla del salón de la recepción, ante todo era una mujer y la respetaban.
—¡Las personas no necesitan algo como esto! —Señaló la imagen proyectada— ¡Porque nunca será suyo! Trabajaran por una tierra que se les será arrebatada.
—¿Quién es usted? —insistió Helena.
—Mi nombre es Lorena Vilard, soy médico desde hace cinco años en la sierra de Chiapas, un lugar que ustedes pretenden convertir en lo que no es.
Helena se sintió nerviosa y sin defensa, incapaz de debatir algo tan obvio. No podía permitir que Lorena siguiera con su argumento, no era una buena imagen para la empresa y mucho menos que los inversionistas estuvieran presentes en la discusión.
—La junta se pospone hasta mañana, a la misma hora —dijo Helena, nerviosa.
Tomó a la mujer del brazo, pero Lorena se soltó con fuerza y se dirigió a los micrófonos una vez más.
—¡Nadie dejará que se construya un hotel en la sierra de Chiapas! —gritó enérgica. Los inversionistas que estaban por marcharse se detuvieron para escucharla—: Pueden ahorrarse su dinero o desperdiciarlo en vano.
Lorena bajó del estrado para salir de la sala de juntas, sin importarle la mirada atónita de Helena y mucho menos el desconcierto de los inversionistas de México, por lo pronto había logrado su objetivo. Rodeó la sala de juntas, imponiendo su carácter arrogante, como en una cacería furtiva. Sintió las miradas de todos los presentes, casi tuvo la necesidad de salir corriendo, pero no permitiría a su imagen decaer por un momento de nerviosismo, a pesar de que sentía el estómago en la garganta, salió con la mirada altiva.
—La junta se pospone hasta mañana, a la misma hora —dijo Helena, para calmar los murmullos.
Bajó del estrado, evitando las miradas de sus jefes, que no tenían ni la menor idea de lo que había pasado, esperaban una explicación del incidente. Helena no quiso contestar ninguna de las preguntas que escuchaba a su paso; risas nerviosas era lo único que obsequiaba. Fue un tormento dejar al aire tantas preguntas, preguntas que ella también se hacía. Confundida se acercó a Marco, uno de sus asistentes, y se lo llevó casi hasta la entrada del salón de juntas.
—¿Por qué está aquí? —preguntó casi entre susurros.
Su asistente, un poco asustado y nervioso, revisó las listas para ver si su nombre aparecía entre los invitados.
—Está registrada. Su nombre es Lorena Vilard, médico de la sierra desde hace más de cinco años, estaba invitada porque aprobaba el proyecto.
—Tú lo has dicho, lo aprobaba…, y parece que ahora no —decía angustiada—. ¿En qué habitación la registraron?
Helena correspondía las miradas que pasaban junto a ella y compartía las mismas sonrisas a medias, sin ánimo. Los inversionistas estaban desconcertados, al punto de considerar el proyecto como un fracaso.
—Habitación dieciséis —volvió a revisar sus listas—. Sí, la dieciséis.
—Trata de calmar a todos —decía Helena, mirando a sus jefes—. Intentaré averiguar por qué cambió de decisión.
Helena se apresuró a llegar a la habitación. Tenía que convencerla de que no podía hacer eso, millones de dólares se invertirían en el proyecto y su nivel profesional aumentaría al conseguir la aprobación del plan de estrategia por parte de los inversionistas. El proyecto era el pasaporte de Helena para enviarla a otra empresa, en otro país y el boleto para alejarla de la amargura de su vida. Necesitaba un escape, cualquier excusa. El punto de quiebre no lo soportaba, no terminaba de desgajarse y arreglo no tenía. La decisión definitiva era algo que no podía tomar.
Al pasar por una de las estancias del hotel se encontró a Lorena, mirando con insistencia el cielo. Miró a todos lados sin encontrar un respaldo, estaba sola, afrontando su mayor obstáculo, el único que había sentido así en toda su carrera. Dio un suspiro hondo para calmar toda su ansiedad. Se acercó a Lorena esperando poder convencerla de que dejara todo como estaba y que tenía que dejarla seguir con su trabajo.
—¿Algún ovni? —preguntó bromeando.
—¿Las nubes siempre se ven así?
Helena la miró impresionada, dibujando una sonrisa de incredulidad. Lorena no reaccionó como creía que lo haría. Esperaba un golpe o palabras desagradables. Pensó que hablaría con la misma mujer de carácter agresivo que se atrevió a retarla frente a inversionistas que juegan un papel importante en su trabajo.
—No entiendo.
—¡Las nubes en el cielo! —Decía Lorena, desesperada—. ¿Siempre se ven así?
Se acercó titubeante hacia Lorena y miró al cielo. Estaba espeso con un manto de nubes grises siendo apenas las seis de la tarde, parecía que una tormenta estaba a punto de llegar, sin embargo el cielo era así. Las nubes estaban ahí, sin magia alguna…, como todos los días de su vida.
—Las nubes son nubes, siempre están igual —dijo.
—¡No es cierto! —Reclamó—. Las nubes son diferentes en cada estación del año.
—Son nubes —aclaró, sin entender la postura de Lorena por algo tan insignificante.
—Empieza el invierno…, las nubes de invierno siempre son diferentes —insistió, como si hablara con alguien de todos los días.
Helena se quedó inmóvil sin entender a quién estaba escuchando. Miró cuidadosamente su perfil, casi perfecto. Su semblante era tranquilo, incapaz de albergar a una persona con un carácter tan explosivo como se mostró en la sala de juntas. Hasta sus ojos verdes, que buscaban con desesperación algo que no encontraría en el cielo de Nueva York, eran dulces. Se preguntaba dónde estaba la mujer de hace un rato. No esperaba una conversación tan extraña y tan natural al mismo tiempo. Podía continuar así toda la noche si se lo pedía. Todo lo que había planeado se desmoronó con una simple pregunta: ¿Las nubes siempre se ven así? Helena era muy metódica para hacer las cosas. De camino a buscar a Lorena, su cabeza estuvo ideando el argumento perfecto que diría para su defensa. Tenía hecha cada frase que iba a utilizar. Su imaginación había hecho la escena perfecta: un debate de principios y de logros a futuro para ambas partes. Si se lo proponía era la persona más sutil y convincente del mundo. Todo lo tenía planeado, pero Lorena le había cambiado toda la jugada.
Lorena dio el último vistazo al cielo con ojos de decepción, dio la vuelta y se alejó sin decirle palabra alguna.
—¡Mi nombre es Helena Rusenberg! —gritó, cuando la vio alejarse.
«¿Las nubes de invierno?» Se preguntó mirando el cielo gris. Olvidó por completo lo que iba a decirle a Lorena y se quedó un buen tiempo contemplando el cielo, que nunca lo había mirado tanto ni tan detenidamente.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.