"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

7 de noviembre de 2011




IV


Chiapas nunca se le hizo interesante, no más allá de las cosas naturales que le gustaba mirar. Su región era un lugar un tanto aburrida para la mayoría de los visitantes; cerca de la sierra, pero lejos de las bellezas naturales con las que contaba Chiapas. No había otra cosa mejor en la región que la inmensidad de los árboles por las calles. Para Andrea, que entre más crecía, perdía el interés por el lugar, ya no gustaba tanto de subirse a los árboles y quedarse ahí hasta que anochecía o le daba hambre. Por un tiempo llegó a pensar que lejos de ahí había algo mejor y más hermoso que ver; hasta que una mañana, algunos otoños atrás, se topó con una dulce sonrisa. La sonrisa más cálida que hubo recibido. Su vida empezó a conocer un único camino real: el del amor. Desde entonces nunca por su mente pasaba la idea de irse de Chiapas, aunque su corazón siempre iría a donde estuviera Natalia, no había más razón. Imaginaba su futuro lejos, donde todos los prejuicios no las alcanzaran. Estaba segura que pronto encontrarían un lugar, uno que se forjaría accesible para sus sentimientos; no sabía si lo encontrarían o ellas mismas tenían que empezar a forjarlo, pero estaba segura que existía, que no era imposible.
Llegó hasta la calle donde vivía Natalia, lo había hecho sin querer. La colonia era tranquila hacia el atardecer, las personas se paseaban por la calle principal, hasta los automóviles eran escasos, lo mejor es que podía caminar por la mitad del sendero sin temor a que la atropellaran. La casa de Natalia estaba a cinco casas hacia adentro. Sus pasos habían sido furtivos, lentos y sin aviso. No le importó quedarse a mitad de calle, debía ocultarse, pero no quería, le gustaba ver la casa en todo su esplendor. Se quedó un buen rato mirando hacia su ventana. Se preguntaba por qué si su amor era tan inmenso y tan fuerte, nadie podía entenderlo. Los reflejos de una pequeña silueta se delineaban en la ventana en ocasiones, era cuando en su rostro se dibujaba una sonrisa, fugaz como lo era el reflejo de las sombras en la cortina. Sabía que Natalia estaría haciendo su tarea o estudiando, cosas que a ella no le agradaba hacer. No creía que le hicieran falta, las tareas de la escuela eran sencillas, aunque a veces tuviera notas muy bajas, tenía mucha confianza en su inteligencia oculta. Volvió a mirar su reflejo pasar tras las cortinas aperladas. Su sonrisa pícara y juguetona, cambiaba a un modo de completa felicidad y fascinación. La expresión en su rostro se transformaba totalmente cuando la miraba, cuando sabía que era ella y nadie más. Pensó por un momento en llegar a su puerta y tocar, y cuando Natalia saliera, simplemente besarla sin importarle lo que pudiera pasar. Sonrió por su locura, sabía que aunque lo deseaba y tenía el valor para hacerlo, no lo haría. Ambas tenían sueños que cumplir antes de que pudieran develar el secreto de su amor. Agachó la mirada, dejando escapar un suspiro por tantas locuras sin cumplir. Siguió su camino de largo, se alejó de la casa para que no hiciera una tontería o que los padres de Natalia pudieran verla. No conocía bien a su familia, los conocía de vista y le parecían personas amables, pero no creía que más allá de aceptar su relación.
Salió muy despacio hacia la calle principal, donde vio a las personas continuar con sus vidas casi perfectas. Esta vez tuvo que subirse a la acera, los automóviles transitaban con velocidad. Su cabeza estaba llena de interrogantes, más de las que podía tener. Lo que estaba sintiendo por Natalia no era premeditado; lo sentía fuerte, pero no podía dar una explicación clara de lo que sentía. No era una afrenta o una oposición a su madre, ni siquiera a la idea equivocada del mundo o un mero acto de rebeldía. Simplemente estaba en ella. ¿Cambiarlo? No estaba en sus pensamientos, ni como una opción. Oponerse a ello; tampoco. Se dejó llevar por sus sentimientos porque nunca pensó que los considerarían como equivocados o malos. No lo sabía. Estaba segura que si las personas pudieran ver a través de sus ojos la forma en que miraba a Natalia, se darían cuenta que sentía por ella un amor genuino y puro.
Pasó por la calle donde vivía Natalia, otra vez sin querer. La miró salir con uno de sus hermanos. Apenas si pudo ocultarse en la esquina antes de que se dieran cuenta que estaba ahí. Esta vez sus pasos no fueron lentos ni mucho menos furtivos, necesitaba escapar. Cruzó la calle hacia el parque, para que pudiera ocultarse entre los árboles o en el quiosco de la plaza; pero, ¿de qué tenía que esconderse? Podía caminar por donde quisiera, era un estado libre. Se detuvo, no tenía motivos para ocultarse. Se sentó en la orilla de una jardinera, para mirar a Natalia doblar la esquina. Sus ojos la miraron como si no importara, como si fuera una persona más. ¿Cuánto tiempo le duró su reacción indiferente? Nada. La sonrisa en su rostro podría iluminar todo el parque y entorpecer el tránsito de las personas y los autos. Su reacción fue involuntaria. Hasta parecía que la amaba en secreto, como si Natalia no lo supiera, convirtiéndose en un amor platónico. La miró alejarse sin que la sonrisa de su rostro se desvaneciera hasta que no pudo verla más. No sabía a dónde se dirigían o cuánto iban a tardar o si regresarían. Esperó, aun así esperó, y esperaría lo necesario, lo suficiente. Las personas pasaban frente a ella con ligereza, quienes la conocían la saludaban y le preguntaban por su madre. No faltaban los consejos de que usara un abrigo o que regresara a casa antes de que la brisa se hiciera más fuerte, sugerencias que no le importaban.
Esperó por unos minutos más y cuando estuvo en disposición de marcharse, la volvió a mirar. La sonrisa inevitable apareció en su rostro y sus ojos se fijaron a ella. Era cuando lo que no podía explicar se tornaba más confuso, inefable. Su corazón se aceleraba y su respiración se hacía entrecortada, muy lejos de ser un suspiro. Natalia sintió su presencia; las personas pasaban ante sus ojos, pudo encontrarse con cualquier mirada, con cualquier semblante que iba de paso, pero sus ojos fueron directamente hacia Andrea. Su alma sabía dónde estaba; como una necesidad involuntaria. Natalia le devolvió la mirada, sin tanta sorpresa de su parte, pero con la misma fascinación en sus ojos, como si la estuviera esperando. Sólo el amor tenía la virtud de lograr una conexión así: una vibración cósmica, sus almas en armonía con sus sentimientos. Agachó su rostro por un segundo, ocultando su sonrojo y una ligera sonrisa en sus labios. Siguió caminando para que Héctor no se diera cuenta; un saludo discreto con la mano fue toda la recompensa de Andrea. Después los vio perderse entre su calle; no había que esconderse, o intentarlo. Dio un saltó al frente; había valido la pena la tarde, como si hubiera obtenido un beso de Natalia, o su primer beso. Todos sus sentidos volvieron a despertar para sentir el aire fresco y escuchar el canto de los pájaros sobre las ramas de los árboles. El cielo estaba lleno de nubes espesas, apunto de desatar una brisa más fuerte o sólo anunciaban la llegada de la noche. El clima era agradable, parecía entrar en armonía con lo que estaba sintiendo. No podía ocultar la sonrisa tonta de su rostro, la forma en que sentía sus ojos iluminados. Intentó borrar la sonrisa de sus labios, pero fue en vano; era feliz.
Siguió su camino. Todo lo hermoso que había sentido hace un rato, se disipaba al pensar en su madre y en no encontrar las soluciones que necesitaba. Llegó a casa y todo parecía tranquilo desde afuera, pero apenas abrió la puerta, empezó a escuchar las voces casi en susurros, como si no quisieran que nadie más las escuchara. ¿Sería tan malo que salieran de las paredes hacia la calle? Dio más pasos hacia el interior, no lentos, ni furtivos, los dio pesados y cansados. Antes de subir por la escalera echó un vistazo a la sala. El cansancio se acumuló con más inquietud en su cuerpo. Las palabras no las entendía muy bien, tenían una charla en inglés, un idioma que no le gustaba, que nunca quiso aprender. Su madre lloraba desconsolada, se escuchaba tan herida, como la vez que la vio llorar por la muerte de su padre. ¿Tan malo era lo que sentía por Natalia? Sus ojos se humedecieron de decepción y de una completa amargura, incluso sintió tristeza por la forma tan herida en que lloraba su madre. ¿Tan malo era su amor? Muy pronto tendría que enfrentar retos aún más grandes para defender el amor que sentía por Natalia.
Subió a su habitación y se ocultó detrás de la puerta.
—Ahora dos en mi contra —susurró triste.
No podía hacer nada más que sentirse fuerte para que nadie pudiera alejarla de sus sentimientos. Alguien más ya lo sabía y dentro de poco lo sabrían más y más personas. Tenía que sopórtalo porque estaba segura de que no viviría ocultándolo para siempre. Era ella, y quería ser feliz para ella y para Natalia. Su habitación se encontraba a media luz, por la lámpara que alumbraba la calle, y la dejó así. Ordenó las cosas de su escritorio y volvió a doblar la ropa de su armario, no se ocupó de su cama porque pronto dormiría. Todo estaba bien otra vez. Se dejó caer, aplastando las almohadas con su espalda. Un suspiró hondo se escuchó en el silencio y después el viento hizo vibrar la ventana. Las sombras del árbol jugueteaban por las paredes de su habitación. No pasaba nada malo, era una buena hija y una persona amable. Sus sentimientos no deberían cambiar su perspectiva de ella. Nada era justo si lo hacían así. Estaba por quedarse dormida cuando sintió que alguien se sentaba sobre su cama. Abrió los ojos y encontró una sonrisa tierna en un rostro acabado, una sonrisa que hace mucho extrañaba.
—¡No, espera! —se levantó—. ¡Lo sé! ¡Lo que sientes es una equivocación! ¡No puedes amar así, estás confundida! ¡Es inaceptable lo que sientes! —decía Andrea, cuando caminaba hacia la puerta y la abría—. ¡Ya me sé todo, abuela, puedes largarte! ¡No necesito escuchar nada de ti y no me importa lo que pienses!
—¿En verdad crees saberlo todo?
Esa misma pregunta escuchaba siempre cuando era pequeña. La curiosidad que tenía le generaba muchas preguntas y buscaba sin descansar todas las respuestas, fue la mejor etapa de su niñez, llena de aventuras y conocimiento adquirido de todas partes. Una etapa feliz, una que no volvería, no de la misma manera. Miró al piso esperando a que su abuela decidiera salir. No quería escuchar nada de nadie, no quería que le dijeran que estaba cometiendo un error. Estaba cansada de las palabras de reproche y de los consejos equivocados de Patricia, no los quería de su abuela. Helena no tardó mucho en darse cuenta de lo que su nieta sentía: la rabia y el resentimiento que tenía en su pequeño corazón.
Andrea miró unos pies descalzos y se dio cuenta que Helena estaba a un lado. Percibió el olor a rosas que su abuela desprendía; el aroma que gustaba apreciar siempre que se quedaba dormida en sus brazos.
—Entiendo tu forma de amar —dijo Helena, besó su frente y salió.
Cerró la puerta, esta vez sin fuerza y sin enojo. Regresó a su cama. La frustración volvió a invadir sus pensamientos. ¿Cómo podía salir de la situación? ¿Cómo hacerles entender que sólo sentía amor? A pesar de su actitud, aún era una niña, una niña que intentaba luchar contra todas las ideas equivocadas, de los prejuicios mal adquiridos. Le dolía más que ahora, siendo tan pequeña e indefensa, tuviera que lidiar con su familia. Se preguntaba qué haría para enfrentarse al mundo, que no temía hacer, pero de cierta forma le aterraba el no saber cómo hacerlo, y si llegaría a soportarlo.
—Natalia —decía con tristeza, pensando que tal vez no podría soportarlo más—. ¿Por qué no pueden entenderlo?


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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.