"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

29 de noviembre de 2011



XV


El parque estaba solitario, volviendo a ser cómplice solo de ellas. Andrea le contaba a Natalia lo que su abuela había vivido y la tristeza que le hizo recordar: el secreto que Helena había guardado en su corazón después de mucho tiempo, el amor que pudo ser eterno y que no lo fue porque en realidad todo es efímero. No importaba lo grande que pudiese ser el sentimiento, las personas no se quedaban para siempre. Le contaba los detalles y lo que pensaba sobre el sentimiento de Helena para con Lorena.
Era la primera vez que había escuchando su voz por tanto tiempo, casi siempre Natalia era la que hablaba más. Le gustaba escuchar su voz dulce y frenética cuando se emocionaba contándole algo que había escrito o quería escribir. Pero esta vez Andrea le contaba una historia real y un amor igual de grande que el suyo. Valía la pena mirar a Natalia tan callada, imaginándose cada palabra que salía de su boca. Fue un momento difícil y muy triste para Andrea. Escuchar a su abuela y mirarla llorar, le fue bastante duro para su corazón. Nunca pensó que la comprensión la iba a encontrar en Helena y mucho menos tratándose de un amor así.
—Es muy triste —decía Natalia con un nudo en la garganta—. Soportar una vida sin la persona que amas.
Dejó descansar sus manos sobre el pasto marchito. Escuchó cada palabra de Andrea, sin imaginar, sin creer, que le contaba sobre la vida de su abuela. Había vivido el mismo amor y las mismas limitaciones las hubo conocido. No entendía los motivos de su comportamiento tan injusto al enterarse de su relación. ¿Cuáles eran las razones para arruinarles la vida? Les hubo complicado más las cosas y las había dejado a disposición de la mirada de todos. Con qué objetivo hacerlo si ella había pasado por lo mismo y sabía muy bien que el camino a recorrer no era nada fácil.
—¡Quiero ir a la sierra de Chiapas! —dijo, emocionada.
—Quieres, ¿qué?
Lo sentía su destino.
—Ir… a la sierra…
No estaba muy lejos, podía tomar el autobús y sólo escapar, como podía hacerlo para cualquier otro lugar. Escapar. No tenía cosas que perder, no iba a clases porque estaba expulsada, casi no estaba en casa y cuando lo estaba siempre terminaba discutiendo con Patricia. ¿Qué podía perder si se iba? Debía ir a la sierra. Un día por lo menos, nadie se daría cuenta de su ausencia por un día. Todo estaba puesto. Pensó y pensó hasta que encontró una idea justa y exacta. Tenía un plan con el cual podría irse sin permiso de su madre y sin la sospecha de su abuela.
—¡Tania! Su abuela vive ahí, ella vive más cerca de la sierra —dijo muy inquieta.
Estaba sumergida en el pasado de Helena, nublando todos sus sentidos, como una obsesión que necesitaba desahogar lo antes posible. No se daba cuenta que la mirada de Natalia tenía un hilo de tristeza y melancolía. Tenían pensamientos distintos, pero tenían la conexión en la misma historia.
—¿De verdad quieres ir? —preguntó Natalia.
Andrea agachó la mirada. No entendía cuál sería el verdadero fin de su viaje, con qué propósito. Para qué hacerlo si no había nada que buscar ahí; en una historia con un final escrito hace mucho tiempo.
—No sé… —contestó con desanimo.
Miró hacia el cielo y sus ojos se nublaron. En verdad no encontraría nada bueno o algo que pudiera aliviar el sufrimiento que le recordó a su abuela. No había sido su intención remover tantos recuerdos dolorosos. En ese entonces Helena era muy joven y con muchas ilusiones. Tenía un carácter fuerte y decidido, pero en el amor era insegura. Parecía que nada era su destino. ¿De verdad todo había sido injusto para ella? La recordó feliz junto a su abuelo, fue testigo de ello. Conoció su amor. Los vio enamorados cada vez que la llevaban al parque o a tomar un helado. Tenía recuerdos vagos, pero estaba segura que siempre vio amor en ellos.
Una nube se quedó quieta en el cielo, esperando que el viento terminara por difuminarla para desaparecer y que Andrea entendiera la parte que necesitaba entender: Helena no estaba en paz con una parte de su vida, por eso regresaba cada invierno. Dibujó una sonrisa muy tenue en su rostro, pensando en lo misteriosa que era la vida. El destino jamás permitió que sus vidas se separaran por completo. La vida había forzado todo o simplemente así debía ser su curso; desde que Helena se enamoró de un mexicano, desde que Patricia hizo lo mismo y, sobre todo, de un hombre originario de Chiapas. Su vida prácticamente se quedó atada a Lorena.
Y si no creía en el destino…
—Las nubes de invierno… —murmuró.
Natalia se levantó y cruzó su mirada con la de Andrea. Sabía que en ella, en su mirada, encontraría lo que tanto buscaba: fe. Tomó sus manos para hacerle entender que apoyaría la decisión que tomara, no importando si al final no había objetivo alguno. Nunca le iba discutir nada, mucho menos tratándose de algo tan noble, tan inocente. Quizá quería conocer el lugar donde su abuela había conocido el amor y aliviar toda la curiosidad que sentía. No sabía exactamente sus razones, pero tendría de ella su apoyo incondicional. Andrea le sonrió y todo el desánimo se esfumó en un segundo.
—Eres mi mundo —dijo, fascinada por tanta paz que transmitía Natalia.
—Prefiero ser tu naturaleza —respondió sonrojándose. Le dio la mano para levantarla y la abrazó con fuerza, con las ganas de perderse ahí a su lado—. Todo lo que te rodea, estar siempre cerca de ti.
Andrea miró el cielo de invierno. Suspiró, sintiendo la felicidad más inmensa en su corazón, y le dijo al oído:
—Siempre serás más que todo, todo lo que existe.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.