"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

29 de noviembre de 2011



XVI


Las miradas de las personas pasaron a segundo plano y lo que pensaran dejó de tener importancia. Más rumores se encontrarían mañana y más después, las miradas seguirían hostiles, incrédulas. ¿Qué más importaba? Caminaban con sus manos siempre juntas, como unidas tenían sus almas.
Andrea seguía pensando en ir a la sierra, le intrigaba lo que podría o no encontrar. Natalia la miraba sumergida en sus pensamientos, sabía que si tenía algo en mente era muy difícil evitar que lo hiciera. Así era su parte obstinada y recelosa. Se metía en problemas en la escuela por su carácter necio, los profesores la castigaban o la sacaban del salón cuando no podían hacerle cambiar de parecer sobre algún tema. No siempre tenía la razón o compartía los mismos pensamientos que los demás, pero cuando estaba segura de algo, defendía a capa y espada sus ideales. Obstinada, celosa y egoísta, lo impulsivo de su personalidad. Cómo cabía tanto carácter aguerrido en tan dulce semblante; a primera vista daba la impresión de ser la persona más tímida del mundo, a la segunda vista lo distaba tanto y a la tercera, de la tercera Natalia no pudo escapar de tan interesante personalidad en contraste a su semblante.
Natalia sintió una ráfaga de aire muy ligera, como acariciando sus más profundos recuerdos para despertarlos. Se paró de golpe y giró hacia la calle posterior. Las hojas caían como en el día de otoño cuando se conocieron. No pudo evitar suspirar, sin creer todo lo que había pasado, lo que estaba destinado desde ese día para ellas. Quería que Andrea fuera parte de sus emociones, que dejara por un momento la idea de ir a la sierra y volviera a pertenecerle.
—¿Te acuerdas? —preguntó Natalia con una sonrisa.
Apretó con fuerza la mano de Andrea. Lo recordaba todo con claridad, hasta el más mínimo detalle lo tenía en su memoria. Su piel se erizó por tantas sensaciones recordadas, como el viento despeinando su cabello, el aroma dulce de las hojas caídas y la impresión que le causó su presencia. Era la calle donde miró a Andrea por primera vez y desde ahí difícilmente la apartaba de sus días.
Andrea se agachó a recoger una hoja seca del suelo, casi la única que no había arrastrado el viento. La sostuvo unos instantes en su mano antes de apretarla con fuerza, trayendo también los recuerdos a su cabeza. No todo había sido tan bueno. Soltó la mano de Natalia para quedar frente a ella. Lo único que las separaba era el brazo medio extendido de Andrea, donde guardaba en su puño la hoja seca. Tampoco había olvidado nada, mucho menos la vez que creyó que sus sentimientos confusos no serían correspondidos.
—Y la esencia de lo que sentimos —decía Andrea sin despegar los ojos de su mano. Apretó su puño con más fuerza, sintiendo un poco de tristeza al recordar otro día de sus vidas. Abrió su mano y la hoja estaba hecha casi polvo—, la esencia de lo que sentimos.
Natalia tomó su mano y limpió el polvo que había quedado de la hoja. Acarició su rostro con el dorso de su mano para que olvidara ese momento que no venía al caso, porque ninguna de las dos tenía el valor de confesar su amor, que era lo único que se necesitaba para estar juntas. Pasaban el tiempo viviéndolo lento y tan fugazmente sin darse cuenta. Nada más disfrutaban cada momento que se venía a su vida. Ahora todo estaba pasando mucho más rápido, había cosas a su favor y cosas en contra. Parecía que necesitaban vivir todo de la manera más urgente, no habría tiempo de hacerlo después.
—Lo mejor que me ha pasado fue conocerte a ti —decía Natalia, mirando sus ojos—. Tú le das al amor un sentido mágico, irreal. Tú estás más allá del sentido del amor, eres la esencia…, el propósito de mi existencia…y la inmortalidad de mis sentimientos.
Andrea no tuvo respuesta a sus palabras, se sintió la persona más tímida del mundo. Un beso fugaz fue lo mejor que pudo hacer con sus labios, inmóviles de palabras. Agachó su mirada, sabía que hubiese sido más largo un beso robado. Natalia sonrió, le gustaba dejarla sin opciones para demostrarle su amor y sólo esperaba de ella sus arrebatos casi inconscientes, otra parte de su personalidad que le gustaba.
Era tarde y empezaba a oscurecer, el viento soplaba con fuerza. Caminaron otro tanto, era extraño que ninguna de las dos quisiera separarse, no importaba a dónde iban, sólo querían estar juntas. Pasaron una vez más por la misma calle, como antes lo habían hecho. Y cuando la consciencia ganaba entre las dos, por lo menos en Natalia, se iban directo a su casa, sin hacer más largo el trayecto. La dejaba a mitad del patio, a pesar de que sus padres y hermanos aceptaban su relación, se sentía un poco incómoda. Aún no tenía el valor de presentarse con ellos, pero sabía que lo haría tarde o temprano. Estaba por marcharse, pensaba en que mañana sería un largo día de camino a la sierra, no quería darle más tiempo.
—Te quiero —murmuró Natalia, sujetándola con fuerza de la mano para que no la dejara—. Te quiero tanto.
Andrea no entendió la forma en que se lo dijo. El tono de su voz era demasiado melancólico, como si no fuera a decírselo nunca más y quería que sus palabras quedaran por siempre grabadas en su corazón para que nunca las olvidara.
—¿Qué haría sin ti, Natalia? —Preguntó Andrea inconscientemente—. Lo más seguro es que morir.
Se dio una respuesta ella misma. No quería oír de la voz de Natalia ninguna frase que fuera triste, como la explicación de que la vida era así o, lo que menos quería, una explicación poco probable, una separación por el término de su relación.
—Moriría.
—¡No! —Natalia selló la boca de Andrea con su mano y la abrazó con fuerza—. Vive por mí.
—Natalia, ¿qué pasa? —preguntó asustada.
—Nada, sólo quiero que vivas por mí. Vive por amor, por lo que sientes más allá de tu corazón: lo que depositas por mí en tu alma —dijo, acariciando su rostro con ternura.
—Natalia —decía, intentando no dejar el momento en la melancolía—, eres el amor de mi vida. Por eso es que estoy viviendo… por ti.
—Siempre por mí.
—Por amor a ti.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.