"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

22 de noviembre de 2011



VI

Andrea caminaba sonriente, su cuerpo tenía movimientos torpes e intentaba no cruzar su mirada con la de Natalia, así que miraba a cualquier parte. Todavía le faltaba el oxígeno después del beso que le había dado. El camino no era muy largo, pero esta vez parecía que todo iba más lento de lo normal. Natalia no decía nada, pero por dentro sonreía al ver como Andrea se intimidaba por haber hecho lo del beso. Así fue todo el camino: miradas breves y sonrisas fugaces llenas de complicidad.
Llegaron a casa de Natalia y sus miradas seguían sin cruzarse por más de tres segundos. Rehuía todo lo posible de los ojos verdes de Natalia. Su mirada se sumergía en el asfalto, inquieta y ruborizada. Sentía el fervor en su rostro, en la palma de sus manos y el brillo en sus ojos era inevitable ocultarlo. ¿Por qué se sentía tan inquieta? No era la primera vez que la besaba, pero antes no la había besado así. Se sonrojó mucho más por el simple hecho de recordarlo. El movimiento nervioso que hacía con su pie derecho, despegando el talón de arriba abajo, podía tranquilizarla un poco. Era mentira, sólo le recordaba más su nerviosismo. Tenía enfrente a Natalia, siendo parte de su espacio, de todo su mundo. Su respiración era más tranquila que la suya. Percibía su aroma dulce, embriagante y perturbadora para ella, provocándole otro sobresalto más a su corazón. Escuchó el esbozo de una sonrisa tímida, acompañada de un suspiro demasiado profundo. Ahí tenía a la persona que podía darle tanto valor, pero no el suficiente como para mirarla ahora.
Andrea sonreía, el color de sus mejillas aumentaba, sabía que Natalia sí la estaba mirando y, quizá, sonreía con burla. No supo en realidad qué había pasado por su cabeza, ni de dónde había tomado el valor para besarla así. Quería probar que sus sentimientos eran reales, no sólo mostrárselo a ella misma, quería que todos se dieran cuenta que tenía el valor y que empezaría a demostrarlo en lo más mínimo, pero avanzaría a pasos grandes, rápidos, hasta que comprendieran el amor que sentía por Natalia.
—Andrea —llamó—, mírame.
Otra mirada fugaz apareció frente a ella. Su rostro se sonrojó tan rápido que no tuvo otra alternativa que agachar la mirada, esconder su nerviosismo. El corazón bombeaba su sangre a toda velocidad. El temblor de sus manos era evidente e incontrolable. Se sentía tímida y nerviosa, como la primera vez en que la había besado; otra mentira, se sentía mucho más nerviosa. Le regaló otra mirada y volvió a esconder el brillo de sus ojos. En verdad su timidez era hermosa, tan genuina e inocente. Natalia la tomó del mentón y sus miradas se encontraron por más tiempo. Su entorno volvió a verse opacado, invisible, innecesario. Todo era más hermoso en el reflejo de sus miradas. Natalia sonrió, también podía ser un poco atrevida para con Andrea. Tenía valor. Podía demostrárselo. Acortó el espacio que las separaba, sin prisa y sin desesperación… la besó. Sintió el contacto suave de sus labios. Su respiración se detuvo y escuchaba su corazón a tope; como la primera vez, en su primer beso. Esta vez sí se sentía como el primero.
Andrea le correspondió, pero lo hizo sin tanta desesperación, tenían todo el tiempo posible.
—¡Ah, no! ¡No! —se escuchó la voz de Octavio, el hermano mayor de Natalia, acercándose a ellas—. ¡Andrea, no! Que lo recuerde aún no pides mi autorización para salir con mi hermana.
Octavio era un hombre apuesto, inteligente y sobreprotector con su hermana. Andrea le temía hace unos años. Lo miraba desde lejos, imaginando que venía de otra galaxia al verlo siempre vestido de una manera extraña. Él y sus amigos no tenían buena fama entre los colonos, se metían en problemas por no entrar a la escuela y quedarse vagando entre las calles. Ahora lo veía como todo un adulto y con un buen trabajo fuera del estado. Se vestía de forma elegante y sólo iba de visita de vez en cuando. Andrea nunca imaginó que el chico extraño que le causaba tanto miedo era el hermano mayor de Natalia.
—Y-yo —tartamudeó.
—Te dije que Octavio es así.
Natalia tomó la mano de Andrea, como un instinto de protección, aunque no había de qué protegerla.
—Y bien —cruzó los brazos y se dirigió a su hermana—. Natalia, ¿eres feliz?
—Sí, mucho.
—De acuerdo, puedes besarla —sugirió, y le guiñó el ojo a Andrea.
—Bueno, sí…
Sus nervios se habían mezclado con el miedo.
—¡Octavio, puedes irte! —gritó Natalia.
—¡Ah, sí! Claro, claro —Octavio dio la vuelta para marcharse—. ¡Pero recuerda, Andrea, la quiero dentro de casa a las nueve, ni un minuto más!
Octavio se fue con una sonrisa autoritaria, pero feliz al ver a su hermana tan contenta, tan libre y siendo fuerte por el amor que sentía. Natalia era una niña tierna desde pequeña, siempre sonreía y creaba un ambiente de paz a todo quien rodeaba. Toda su actitud se había hecho más fuerte y parecía haber crecido de un momento a otro, pero conservando todos sus rasgos físicos de la edad que tenía. Octavio nunca imaginó que su hermana había encontrado el estado perfecto en el amor, aun siendo tan pequeña. Él nunca se opondría ante los sentimientos de su hermana y no dejaría que nadie lo hiciera. 
—Tranquila, no te asustes —Natalia la abrazó. No podía creer que Andrea estuviera temblando de miedo—. Octavio me quiere y si yo te quiero, también debe quererte.
Andrea intentó tranquilizarse, habían sido demasiadas emociones fuertes por el día de hoy. No aguantaría otra más antes de que su corazón se colapsara por completo, hasta podía sentir un zumbido extraño en sus oídos. Al menos el temblor de sus manos lo había controlado.
—Si yo te quiero…
Natalia se acercó suavemente a sus labios para besarla, pero la suavidad se intensificaba cada vez más, parecía que el beso las había llevado a un nivel más profundo. Andrea sentía cálido en su interior, su corazón no podía latir más rápido, el temblor de sus manos regresó. Si moría, sabía que moriría por amor. Aunque lo más posible, y real, sería de un infarto. Su corazón no iba a soportar otro latido tan intenso y fuerte, para ella así era morir de amor. Los labios se apartaron suavemente. No querían hacerlo, pero lo sentían necesario. Sus pulmones necesitaban aire.
Andrea miraba los ojos tiernos de Natalia.
—Buenas noches y dulces sueños, muy dulces sueños.
—No te vayas, Octavio dijo que a las nueve —decía Natalia, suplicando—. Son las siete, aún no es tarde…, todavía no te vayas.
—Buenas noches y muy dulces sueños —murmuraba Andrea, como sumergida en un sueño—. Los que voy a tener todos los días de mi vida… a tu lado.
Natalia no hizo otra cosa más que abrazarla. Sus ojos se inundaron de inefable felicidad. No sabía exactamente de dónde salía todo lo que sentía, pero sí sabía para quién estaba hecho. No había vuelta atrás para lo que sentían, nunca la hubo, Andrea y Natalia nunca la iban a crear. Si su vida estaba destinada a compartirla, harían todo lo posible porque nadie se interpusiera en su camino. No tenían la edad suficiente, estaban conscientes de eso, pero la magia que sentían en sus corazones era suficiente para cambiar su mundo.
La calle estaba desierta, la puerta de su casa estaba por completo cerrada después de que Octavio entró. Las ventanas estaban cubiertas por las cortinas corridas en su totalidad, sabía que nada podía verse desde adentro. Sus padres no estaban en casa y estaba segura de que Octavio era demasiado sobreprotector, pero no a tal grado como para estarla vigilando desde alguna ventana a escondidas y más sabiendo que Héctor no se lo permitía, pero aun así se llevó a Andrea unos pasos más atrás, alejándola de algún punto que pudiera verse desde su casa, no quería que su hermano mayor saliera a gritarle. Esta vez quería que nadie fuera parte de lo que sólo era de ellas para siempre.
—Andrea, bésame otra vez —pidió Natalia—. Bésame como me besaste en el salón.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.