"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

25 de noviembre de 2011


XI





Helena permaneció en cama por dos semanas. El accidente no tuvo consecuencias graves, sólo estuvo confundida por muchos días. Adrián la llenaba de preguntas cada vez que abría los ojos por un momento. Daba las repuestas acertadas, como su nombre, donde había nacido y en que trabajaba. Después volvía a cerrar los ojos por muchas horas, pero se aseguraban de que estuviera consciente.

Lorena llevaba varios días sin dormir en su totalidad, el hospital se había convertido en su hogar, había abandonado su cabaña. Tenía que dividir su tiempo en cuidar a Helena, atender el hospital y en hacer sus visitas de rutina. El cansancio la abrazaba en ocasiones, dominándola con un sueño profundo. Había días en que no podía más y se abandonaba a merced del descanso. Dormía por dos o tres horas, pero no más. Tenía que hacer del tiempo algo eterno. Terminó con los pacientes que habían llegado a consulta por la tarde. Revisó que Helena tuviera buen pulso y cambió las vendas que cubrían las heridas leves de su rostro, algunas las quitó definitivamente para que empezara a cicatrizar. Todo estaba bien. Tenía la seguridad de que despertaría en cualquier momento.

Se quedó frente a ella, sentada en una silla, no lo suficientemente cómoda, pero no le importaba a su cansancio. Y mientras Lorena cerraba los ojos sin poder evitarlo un segundo más, Helena los abría lentamente, despertando por fin de su letargo. Cuando abrió los ojos y pudo reconocer definitivamente el lugar, pudo esbozar una sonrisa de tranquilidad, de alivio. Estaba en el lugar que quería, junto a la persona que quería. Se incorporó con mucho cuidado, casi nada le dolía. Miró a Lorena manteniendo una respiración tranquila. Nunca fue su intensión despertarla. Quería grabarse así su imagen, sin ser tan áspera con ella.

—Podría estar así por siempre —decía Helena, susurrando—. Por siempre.

Pasaron menos de dos horas y Lorena tenía que despertar en algún momento. Helena seguía con su mirada fija en ella, quería que la mirara, ser la primera en dibujarse en sus ojos. La vio removerse en la silla incomoda. Las voces empezaban a escucharse afuera, un paciente tal vez, quizá dos. Lorena tenía que despertar de cualquier manera para cumplir con su vocación. Helena estaba lista para mirarla. Era feliz. Lorena dio un suspiro hondo, empezaba a abrir los ojos con lentitud, aquellos ojos que podían iluminar aún más una gran mañana a pleno sol, los mismos ojos que podían darle la tibieza necesaria al más crudo invierno y poder otorgarle una dulce compañía a la soledad. Ahí estaban.



—Pero hay felicidades que no duran por siempre… y bellas miradas que no nos acompañan.

Helena arropó el cuerpo de Andrea, que se había quedado profundamente dormida. Se acomodó junto a ella. No se había dado cuenta que se parecía mucho a ella cuando tenía su edad. Las mismas facciones de su rostro, las mismas cejas delineadas perfectamente y, sin dudarlo, el mismo color de sus ojos. Miró al techo. Había sido hermoso recordar una vez más a Lorena, pero sentía más satisfacción por tener a quien contárselo. Sonrió por el más dulce recuerdo de su mirada.

Andrea despertó en la cama de su abuela. Un suave olor la hizo bajar a la cocina, donde se encontró a Helena preparando galletas igual que antes. Le gustaba despertar con el olor dulce todas las mañanas de invierno; bajaba deprisa siempre en pijama y se sentaba a la mesa esperando las primeras galletas que salían del horno. Ahora no había entusiasmo en ella, estaba confundida. Se sentó mientras la observaba, sin tener una pizca de alegría cuando pequeña. Por la noche había escuchado cada palabra de su abuela, a pesar de sus ojos cerrados, su sueño siguió atento a la historia que le contaban, incluso le pareció estar ahí. Tenía cosas en su cabeza que no entendía. ¿Dónde estaba Lorena? Era algo que se preguntaba con insistencia.

—¿Alguna vez le dijiste lo que sentías por ella?

Su abuela la miró triste, después su vista se perdió con lágrimas en los ojos. No quería recordar lo que le dolió por mucho tiempo. No pensó que llegaría al punto más trágico de su historia con Lorena.



—Te amo —dijo nerviosa y lo más rápido que pudo.

La expresión de Lorena fue de dolor y miedo. Sintió el temblor incontrolable en sus manos, y en un segundo el estremecimiento se apoderó totalmente de su cuerpo. Su rostro se tensó de ansiedad y desesperación. El movimiento de los labios de Helena la perturbó al tal grado que hubiera preferido mil veces que no estuviera ahí, donde hace unos minutos le parecía la compañía más dulce que podría tener.

—Me gustas.

Desesperada miró a todas partes, intentando que las palabras hubieran tenido un sentido para ella. Observó el movimiento rápido de la rama de un árbol cercano, el vuelo de un pájaro que iba de paso lo estremeció con el batir de sus alas. El viento parecía haber enmudecido. Nada tenía sentido. Sus ojos asustados regresaron al semblante melancólico de Helena. Todo estaba pasando en segundos eternos para Lorena. Miró como las palabras seguían saliendo de su boca, unas palabras que no entendía.

—Estoy enamorada de ti —decía Helena un tanto angustiada, no podía callar más lo que sentía por ella.

Lorena siguió sin decir nada, miró hacia abajo y sintió vértigo a una altura mínima. Observaba los movimientos que provocaba el viento en los árboles, en los arbustos, en las piedras pequeñas que podían rodar. Se dio cuenta que todo seguía su paso ante sus ojos. Sólo ante sus ojos. Movió su cabeza negando todo, como intentando salir de eso, que no fuera verdad lo que estaba pasando. Miraba repentinamente hacia el cielo para que Helena no se diera cuenta de su desesperación. Necesitaba encontrar algo que la devolviera a la realidad, por muy cruel que fuese, lo necesitaba. «No. Ahora no, por favor», murmuraba. Se sentía tan frustrada y decepcionada. Parecía una mala broma de la vida.

Después de unos segundos pudo tranquilizarse…, pero seguía asustada.

—Vete —dijo fríamente.

—Pero…

—¡¡Necesito que te vayas!! —gritó Lorena.



—¿Te dijo eso? —preguntó Andrea sin entender.

Se levantó de la silla y se acercó a limpiar sus lágrimas.

—¿La buscaste después, abuela?

—No —dijo Helena.

Salió de la cocina evitando el consuelo de Andrea.

—¡Ella te amaba, abuela! —Gritó, muy segura de sus palabras—. ¡¿Por qué no la buscaste?!

Helena salió de la casa sin decir nada. Aún era medio día y se sentía el frío del invierno. Se sentó en su mecedora y miró al cielo para recordarse a ella misma cómo sucedió todo. Esta vez sus sentidos no se enfocaron en contemplar las nubes. Sólo contemplaba el cielo, ese cielo que le había gustado tanto desde hacía muchos años.

—¿Por qué, abuela?

Preguntó desde la puerta.

—No pertenecía a mi destino —dijo con resignación.



Helena viajó ese mismo día a Nueva York después recibir el telegrama de Jessica. El viaje fue pesado, por alguna razón sentía que no volvería a ver a Lorena. Se dirigió de inmediato a la empresa sin saber por qué lo hizo.

—¿Helena, qué haces aquí? —preguntó Mónica.

—Jessica.

—Lo sé, lo siento mucho —dijo, y la abrazó con fuerza.

—¿Tienes todos los informes del proyecto?

Entró a la oficina para no seguir hablando de Jessica.

—Todo completo —decía su amiga con una sonrisa muy grande— y varios datos de una tal Lorena Vilard, ¿ya cayó en tus encantos?

Helena le sonrió con ternura, como si tuviera esperanzas todavía. Recordó cuando le confesó su amor y sólo obtuvo el rechazo que no esperaba, un rechazo que su corazón no necesitaba soportar por ahora, mucho menos después.

—Quiero irme. Necesito ir a casa —decía cansada—. Sólo quiero ir a casa.

Mónica la miró con tristeza. Le dolía ver a su amiga de esa manera tan desconcertada, con un rostro que expresaba no tener idea de dónde estaba. Helena se sentía peor por todo, pensó que había dejado por completo a Jessica el día que salió del departamento con todas sus cosas, pero ahora tenía que estar con ella el tiempo necesario aunque no lo quisiera.

—No quieres verla, ¿cierto? —preguntó.

—No sé si quiero o no —salió sin decirle nada más.

Helena estuvo por muchas horas con la cabeza recargada en la puerta del departamento. Se decidía a entrar y tomar la fuerza necesaria para soportar el hecho de recordar todo lo malo que vivió. Pero al entrar no recordó lo malo que vivió ahí, recordó lo bello que empezó a vivir en el lugar y en el mucho tiempo que duró todo su amor. «¡Te amaré siempre!… ¡Cada día de mi vida!», recordaba las palabras que le dijo Jessica cuando llegaron a vivir al departamento. Helena vivía ahí desde antes, pero era su primer día juntas. Quería que fuera el primero de todos sus días juntas.

 «Conmigo nunca te faltará amor, nunca.»

—Nunca faltará amor —se dijo Helena sonriendo.

Recorrió todo el departamento y la embargó una extraña paz al darse cuenta, entre tantos recuerdos, que ella no fue la culpable de que todo el amor se terminara. Necesitó entrar al departamento para empezar a dejar todo atrás y sentirse tranquila. En su corazón no había arrepentimiento por haber amado con tanta intensidad y pasión.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.