"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

25 de noviembre de 2011


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El invierno en la sierra era muy frío y los primeros en sufrir por ello eran los niños y las personas de la tercera edad. Las campañas de salud que organizaba su gobierno no alcanzaban para cubrir a toda la comunidad. Los medicamentos que llegaban tampoco eran suficientes. Lorena y Adrián se ocupaban de los más pequeños. El hospital estaba en su total capacidad desde la madrugada. Ninguno de los dos había encontrado un minuto de descanso. No tenían tiempo de saber lo que pasaba con la construcción. Lorena se sentía impotente por no hacer nada. Le era más importante salvar la vida de los niños que preocuparse por la construcción. A pesar de que Helena dormía en el hospital, Lorena no se daba cuenta de cuando salía. Muy pocas veces una mirada como saludo era todo lo que tenía de ella en todo el día, no porque no quisiera hacer más, sino que era tanto el trabajo de Lorena que no había tiempo de otra cosa.
Un hombre, irreconocible a simple vista, entró a tropezones al hospital. Su ropa estaba llena de tierra y despedía una estela de polvo cada que intentaba hacer un ademan con las manos. Daba pasos atrás y adelante, todavía conmocionado. Era evidente que no podía mantener el equilibrio. Tenía la cabeza cubierta de arena y cada vez que inhalaba parecía ahogarse con el polvo. Las palabras no salían de su boca, sus ojos se abrían y cerraban sin parar, intentando reaccionar. El rostro lo tenía pálido debido a la arena que seguía cayendo de su cabello, pero más allá de eso, sus mejillas estaban traslucidas de consternación. Sus ojos se fijaron de inmediato en Lorena. Fue cuando pudo reconocerlo. Su mirada estaba llena de miedo y desesperación, el color de su rostro era más desencajado. Lorena no quiso preguntarle nada, nadie lo hizo. Las personas que estaban dentro del hospital murmuraron entre ellas y asentía con la cabeza, estaban seguros de que algo había pasado hace unos minutos. Quizá Lorena y Adrián no se percataron de nada, pero los presentes lo escucharon y lo sintieron en la vibración de la tierra y las paredes del hospital. Los hombres corrieron hacia afuera y las mujeres juntaron sus manos, rezando en silencio. Pasaron los segundos, confundiéndose tanto con las horas, congelando la imagen para siempre, para que nada de lo que estuviera pensando Lorena fuera cierto. Marco tampoco quiso hablar, no podía articular las palabras necesarias. La boca la tenía seca y las piernas empezaban a flaquearle. Movió la cabeza para recuperarse. El zumbido en sus oídos lo desorientaba. Adrián avanzó rápido a él para sostenerlo y no cayera en seco al piso. Pero Marco rechazó su ayuda y caminó con mucho esfuerzo hacia Lorena.
Tenía que decirle.
—Doctora.
Su voz salió con un tono de terror, peor que el reflejado en su rostro.
—¿Qué pasa, Marco? —preguntó.
Le temblaron las manos, no quería imaginarse lo peor.
—Estalló una mina y Helena estaba cerca de ahí.
Y por fin, lo que no quería escuchar, llegó a sus oídos.
Salió del hospital sin tener mejor reacción que su desesperación. Empezó a sentir el peor terror del mundo cuando miró a las personas correr hacia la construcción, medio pueblo había sentido el fuerte estruendo. Sus piernas se movían rápido y sentía que no llegaba. ¿Por qué no escuchó la mina estallar? Adrián la alcanzó a mitad de camino. Se había quedado en el hospital para asegurarse de que Marco estuviera bien. No tenía fracturas o heridas externas. No podía escuchar nada en el oído izquierdo, pero podía ser una reacción pasajera nada más. Marco estaba confundido y desesperado por lo que había pasado con Helena. Empujaba a Adrián para que fuera a ayudarla. Le aplicó medicamento y lo dejó medio estable. Llevó el maletín con todo lo que pudieran necesitar.
La gente se había concentrado en el lugar, eran hombres en su mayoría. Lorena quería borrar la escena que se dibujaba ante sus ojos. El semblante de las personas transmitía lo doble de pánico que el de Marco, podía jurar que algunos lloraban. Su corazón latía con fuerza, mirarlos a todos tan descompuestos le hizo pensar lo peor. Todas sus sensaciones en ella se hicieron más notables en su interior, pero para los demás habían desaparecido; se encontraron con su rostro frío e inmutable, con el carácter que la distinguía cuando no quería que las cosas se salieran de sus manos. La miraban tranquila, como si no tuviera importancia.
Esta vez sus pasos se hicieron muy lentos, no quería llegar. Miró de lejos a Jacob, tenía las mismas condiciones que Marco, ya era auxiliado por los pobladores. Había otros menos perjudicados, quizá sólo tenían algunas raspaduras y la mirada de confusión. Pero en ningún momento vio la silueta de Helena. Forzó a sus piernas a continuar más rápido. Cada segundo valía. Las personas le abrieron paso apenas la vieron acercarse. Lorena no encontró cómo reaccionar cuando miró el cuerpo de Helena sobre la tierra, sin movimiento. Nadie se arriesgó a moverla por temor a que tuviera alguna fractura, no querían provocarle alguna lesión grave. Toda su fuerza la abandonó. No estaba segura si estaba con vida o no. El murmullo que escuchaba de la gente desapareció en un instante. Podía mirar a Adrián llamándola desde abajo, junto al cuerpo de Helena, ni siquiera se dio cuenta de cuándo la pasó de largo. Miraba sus labios moverse, quizá gritando su nombre. Necesitaba de su ayuda. El accidente empezó a verlo imposible de sostener. La parálisis de sus emociones era más grande que la sierra. No podía despegar los ojos de Helena, la tierra cubría la mitad de su cuerpo herido.
Adrián empezó a revisarla. A primera vista parecía no tener nada fracturado. Lorena se acercó ante la suplicante mirada que le dirigió Adrián. Había comparado su imagen con las cosas más bellas que había visto en su vida y con las gratas emociones que le causaban. Pero esta vez no había comparación alguna, no había sentido una impotencia tan grande, un miedo tan aterrador. No podía siquiera definir tantas emociones, no había sentido muchas de ellas. El cuerpo de Helena estaba frío. Había raspaduras en su rostro, la sangre le escurría por la comisura de los labios y los oídos. Pero su pulso parecía estar estable.
Helena poco a poco empezaba a recobrar la consciencia y su respiración se podía ver más profunda, marcada en su pecho. Estaba confundida, por un momento no logró recordar lo que había pasado, pero el dolor de su cuerpo se lo recordó en un segundo. Sus ojos buscaron con urgencia los ojos de Lorena, sabía que tenía que estar ahí.
Ambas miradas se reflejaron con miedo y angustia. 
—Tenemos que llevarla a la ciudad —sugirió Adrián.
—¿A la ciudad?
Lorena se apartó de ellos, con un terror profundo en sus ojos, llevándola a una intranquilidad más intensa. Como si al decir la palabra ciudad se refirieran al miedo más grande del mundo y tenía la necesidad de huir.
—Podría tener una fractura o una hemorragia interna.
—A la ciudad, no. No podemos.
—¡Lorena, tenemos que llevarla a México! —gritó, para que reaccionara.
Helena tomó la mano de Lorena para que no siguiera alejándose y le sonrió con calma. Recordó la noche cuando le contó por qué la sierra le parecía un lugar seguro. No se sentía con el derecho de sacarla de ahí, ni siquiera por su vida.
—Voy a estar bien aquí —decía Helena, saliendo como un suspiro de sus labios—. Si me quedo y estás conmigo… estaré bien.


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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.