"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

3 de febrero de 2013


Capítulo II. Melissa Gallego

Es incomprensible llegar a enamorarte de alguien que no conoces, que tu vida de un giro, incluso sin ni siquiera existir un “por qué” inexplicable de sentimientos, que estos mismos puedan llevarte a la locura, a una serie de acciones que no comprendes, pero que harías una y mil veces. Todo lo hice por ti, no por amor, yo no creo en aquella frase que dice “todo por amor” porque el amor se termina, pero tú no… ni lo que siento por ti... que siento que fue algo más que amor.

Sentía los golpes por todo su cuerpo, su rostro ya estaba contra el pavimento mojado. La lluvia era intensa, el dolor y la sangre que escurría por su rostro no la dejaban mirar claramente. No escuchaba nada más a su alrededor que sólo las risas burlonas de todos. Empezó a sentir en la boca el sabor a sangre. Intentó levantarse pero un golpe en el estomago la volvió a tumbar contra el pavimento.

―¡Eso tienes por estúpida! ―escuchó su voz y la burla de todos sus amigos.

Alzó la cabeza y la miró a ella. No decía ni hacia nada para que dejaran de golpearla. Melissa seguía mirándola a los ojos intentando encontrar una razón del porqué no hacía nada para ayudarla. Sus ojos parecían tan fríos, parecía que no sentía nada al ver a Melissa ahí contra el piso y escupiendo sangre. Le dolía el cuerpo por todos los golpes que ya había recibido, pero sabía que podía soportar muchos más si ella se lo pidiera. Seguía mirándola, la lluvia impedía ver que Melissa lloraba de rabia y tristeza más que de dolor. Pero los zapatos sucios de quien le proporcionaba la golpiza se plasmaron frente a su rostro, cerró los ojos creyendo que iba a golpearla otra vez.

―No vuelvas a meterte conmigo ―le dijo agachándose para estar al nivel tan bajo que estaba Melissa. Él se creía dueño de toda la colonia, si algo no le parecía se deshacía de ello sin importarle nada. Su rostro volteó a verla a ella y después volvió a mirar a Melissa y con burla le dijo―: Ni con nada que sea mío.

Todos se alejaron entre burlas y ella ni siquiera volteó a verla. Melissa se quedó ahí un rato, no podía levantarse del dolor. Las gotas de lluvia parecía que chocaban contra su cuerpo con fuerza y le dolía. Se levantó con gran esfuerzo que no pudo impedir gritar por el dolor que le causó su propio movimiento. No iría tan lejos ya que había sido golpeada al salir del edificio donde vivíamos. Subió las escaleras con gran esfuerzo hasta llegar al departamento que alquilaba. Cuando intentó abrir la puerta sintió un dolor intenso en todo su cuerpo y cayó inconsciente. La encontré junto a su puerta con sangre saliendo de su boca, tenía golpes en su rostro y lloraba a pesar de estar inconsciente.

―Melissa… Melissa, despierta ¿Qué te pasó? ―le decía casi a gritos, pero ella parecía no escucharme.

Tomé las llaves que tenía entre su mano y abrí. Tenía muy pocas cosas en su interior, era poco habitable, yo no había pisado su casa desde que llegó a vivir a la ciudad. Muy pocas veces la veía siquiera pasar por el pasillo, sólo una sonrisa me dirigía cuando nos encontrábamos por casualidad. La recosté sobre su cama y empecé a limpiar la suciedad de su rostro. No entendía por qué alguien se atrevía a golpear a una persona así, sabía que tarde o temprano pasaría eso, pero por qué con tanta crueldad, qué había de malo con lo que ella hacía.

Me quedé toda la noche a su lado, ella despertaba en ocasiones y entre el dolor de su cuerpo y las heridas de su alma, lloraba y decía: “Te seguiré a donde vayas” no entendía por qué razón decía eso.

Por la mañana empezó a moverse poco a poco. Me acerqué a ella para ver si despertaba por completo. Abrió los ojos, su expresión era de extrañez y parecía no recordar nada, como si todo hubiese sido un mal sueño para ella. Pero el dolor que sintió la hizo despertar a la realidad, recordar todo lo que le habían hecho y por la expresión en su rostro, supe por qué razón le dolía más. Cerró los ojos y empezó a llorar sin impórtale que estuviera allí mirándola.

―Melissa… ¿Estás bien? ―le pregunté, pero era obvio como se sentía.

Estuvo llorando mucho rato, las lágrimas le causaban ardor a pequeños raspones que tenía sobre el rostro. Tenía demasiados golpes en su cuerpo, pero sabía que no me dejaría llevarla a un hospital, sólo hice lo que pude para curar sus heridas externas. No tenía ni la menor idea de qué hacer, al final la dejé con un montón de vendas por todo el cuerpo. Decidí alejarme y dejarla descansar.

Ese día llegué por la tarde, no le había regresado las llaves así que entré sin más problemas. La encontré levantada junto a la ventana. Su mirada siempre fija a la calle de enfrente. Eso es lo que hacía todos los días por las tardes. Lo sé muy bien ya que varias veces me di cuenta cuando iba de camino a casa. La miraba a ella, la miraba pasar por la calle de enfrente, y él la abrazaba, parecía que no intentaría dejarla sola por un instante. Me acerqué a ella y miré hacia donde miraba. Ella pasaba sin siquiera dirigir su mirada hacia arriba, a pesar de que sé que ella sabía que Melissa la miraba.

―Te traje un poco de comida ―le dije cuando aquella chica y su novio habían doblado la esquina, pensé que de esa manera Melissa ya podría prestarme atención. Pero no, su mirada seguía fija hacía donde había desaparecido― No debiste levantarte… ―le dije― aún estás muy mal.

―No te preocupes, no creo que muera ―me dijo disimulando una sonrisa. 

Cuando me hablaba nunca me miraba a los ojos, miraba hacia otra parte como intentando que no entrara a su mundo, siempre lo había hecho así. En los pasillos me saludaba con una sonrisa pequeña, pero su mirada se desviaba de la mía antes que se pudiera si quiera dibujar su reflejo en mis ojos.

―¿Tu nombre es…? ―decía mirando al piso, como intentando recordar mi nombre, cuando nunca jamás se lo he dicho, cuando nunca, a pesar de vivir a un lado de ella, me lo ha preguntado.

―Carmen.

―Bonito nombre ―me dijo.

Con mucho esfuerzo llegó hasta su cama y se sentó.

―Te traje comida ―le decía acercándole un poco de pan.

―No tienes por qué preocuparte por mí ―me decía. Sus palabras se oían frías y cortantes. Como si no entendiera como una persona que la conoce poco podría preocuparse por ella.

―De acuerdo ―le dije triste porque entendí que no quería mi compañía. Caminé hacia afuera de la habitación pensando que era inútil sentir lo que sentía. Pensé en dejar todo como estaba, saque las llaves de mi bolsillo y regresé a entregárselas. Abrí en silencio la puerta de su habitación y la encontré mirando tras la ventana, sentí celos y confusión al no entender por qué la podría amar tanto. Salí sin que se diera cuenta y sólo deje las llaves en una mesita al salir.

***

Fueron varios días que no veía a Melissa salir de su departamento. Muchas veces me quedaba quieta junto a su puerta esperando escuchar algún ruido, pero todo era silencio. Quería saber que ella se encontraba bien, así que decidí averiguarlo de la única manera que sabía lo conseguiría. Salí de casa y esperé a que ella pasara frente a nuestro edificio. La vi pasar a lado de quien suponía era su novio, aquel chico que golpeó a Melissa sin piedad. Pero en ese momento no me importaba ella, caminé hacia mitad de la calle y dirigí mi mirada hacia arriba, a la ventana de Melissa, y ahí estaba, mirándola pasar. Me quedé mirándola, esperando que agachara su mirada y supiera que estaba ahí, esperándola. Pero parecía que no existía nada más que ella. Aún cuando ella desapareció por la esquina, los ojos de Melissa nunca voltearon a verme.

En una noche fría escuché como golpeaban a mi puerta, era extraño ya que nunca recibía visitas de nadie, era un barrio peligroso como para estar fuera de casa a esa hora. Me levanté y me dirigí a la puerta trayendo conmigo un bate de béisbol.

― Carmen, ayúdame ―me dijo Melissa con gran esfuerzo. El frío que se sentía le provocaba dolor a sus heridas.

―¿Cómo puedes amar a alguien que ni siquiera piensa en ti? ―le dije cuando entré a la habitación ―¡Ni siquiera le importas!

―¡No sabes lo que es amar! ―me gritó Melissa inconscientemente― ¡No importa nada cuando das todo por la persona que amas!... Qué importa si ya no siente nada por ti. Sólo quieres estar ahí, a su lado, cuidando que siempre esté bien… siguiéndola a donde sea que vaya para protegerla… Cuidas de ella… ―miró tras la ventana― Aunque ella ya no desee más mirar tus ojos.

―Sé lo que es amar… sé que es cuidar de la persona que quieres, aunque ella no desee mirar tus ojos, sé lo que es.

Salí sin decirle nada más, no podía creer que Melissa no entendiera lo que yo sentía. 

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.