"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

6 de agosto de 2012

II
La esencia de Faith-el estaba desapareciendo poco a poco. El amor se estaba extinguiendo entre los Mortales y eso acababa con la existencia del resplandor de Faith-el. Lo único que mantenía su existencia, era el amor en los pocos Mortales con virtud que aún quedaban. El odio de Hate-ellu no solo terminaba con el resplandor de Faith-el, sino con todas las esencias que estaban en la Tierra ayudando a los humanos a conservar su alma buena. Las batallas entre el bien y el mal cada vez eran más difíciles de sostener.
―Nuestro Cielo no está para soportar caprichos de una essentia ―dijo Miguel.
―Es momento de traerla a nuestra vibración, no puede estar haciendo algo que no está en su necesidad como essentia ―sugirió con autoridad el arcángel Gabriel.
El arcángel Gabriel se levantó de su sitial y sacudió su túnica blanca. Mientras caminaba, de su espalda salían sus alas. También les daba un movimiento más fuerte, mostrando su poder y gloria. Gabriel representaba el cuarto rayo: la Esperanza. Era un mensajero y gran sabio; y jefe de los ángeles de la guarda. Era muy distinto a Miguel. Su rostro era más pasivo y dulce. Su mirada azul turquesa estaba llena de misericordia y amor. Su semblante poseía la pureza y la sabiduría. Llevaba su propio medallón de invocación colgando sobre su pecho.
―Debemos resguardar los Cielos.
Se paró junto a Miguel y miró hacia la Tierra buscando a Faith-el. Cuando la encontró, lanzó su rayo blanco para traerla de regreso al Cielo.
Apareció muy cerca del portal que resguardaba a Dios. Gabriel y Miguel volvieron su vista a ella. No podían permitir que siguiera con lo que estaba haciendo.
―No puedes ―advirtió Gabriel.
Faith-el intentó acercarse a los dos para volver a tomar el camino y regresar a la Tierra.
―No es parte del principio de tu essentia.
Detuvo sus pasos cuando vio en la mirada de Miguel que acercarse no era la mejor opción. Se sintió insegura con lo que estaba pasando. Los arcángeles no podían tomar juego en su batalla. Si ellos estaban ahí era porque las cosas se habían salido de control. Retrocedió hasta el punto de tropezar con los peldaños de mármol. Sabía que no podía cruzar más allá de ellos, ni siquiera pisarlos le estaba permitido. Se quedó parada mirando a Miguel y Gabriel. Podía escapar de cualquiera de los dos, pero no cuando estaban juntos, porque su poder era casi igual que el de su esencia.
Miguel dirigió su vista a las columnas que protegían el portal, cada una de cuarzo y del color que representaban para el Cielo y la Tierra. Miró a cada una de ellas sabiendo que era necesario lo que pretendía hacer.
―Los invoco, arcángeles protectores del Cielo, guardianes del Portal y de las Columnas de las Bendiciones: Jophiel, Aniel, Raphael, Uriel y Zaphkiel ―llamó Miguel.
Su voz había sonado como el eco de un rayo.
Faith-el se dio cuenta como, de las columnas que protegían el Portal, salía cada uno de ellos en diferentes resplandores. Las Columnas de las Bendiciones se habían llenado de la luz que les correspondía proteger, habían resplandecido aún más. Cada una de ellas guardaba el símbolo y el nombre de cada uno de los arcángeles. Empezó a notar las luces que iban y venían alrededor suyo antes de materializarse por completo. Escuchó el aleto de las alas, el sonido suave de sus voces, la armonía que provocaba cada uno de sus sonidos. Sintió el poderío de cada uno de ellos.
De un momento a otro estaba frente a los siete arcángeles que custodiaban la Tierra y el Cielo: guardianes del Príncipe de la Luz. Todos ellos eran guerreros que luchaban contra las tinieblas del Príncipe de la Oscuridad. La mayoría de las batallas las tenían ganadas por la ayuda de las esencias de luz. Su murmullo ayudaba a tener en paz el alma de muchos Mortales, pero ahora se estaban complicando las cosas, las esencias ambiguas y oscuras ayudaban a Hate-ellu.
La vibración a la que pertenecía Faith-el era superior a la de los arcángeles, pero ahora su resplandor se estaba perdiendo casi al punto de su extinción y eso no era bueno para el Cielo y sus habitantes, mucho menos para los humanos.
Los siete arcángeles estaban mirando hacia la Tierra. La destrucción que estaba creando Hate-ellu era inminente. Las guerras se desataban en cualquier parte del mundo y los humanos se aniquilaban sin piedad. Faith-el no podía detenerla como esencia, ya que Hate-ellu no podía verla, solo podía sentir su vibración cuando estaba cerca la presencia del amor. En cambio Faith-el si podía verla, pero eran en vano todos sus esfuerzos por intentar regresarla a la luz. Hate-ellu era la fuerza indestructible que terminaría con el amor, porque las esencias oscuras se estaban apoderando de la voluntad de los Mortales.
―El único camino que te queda es eliminarla ―sugería Miguel―. Sólo tú puedes hacerlo, Faith-el, es tu misma essentia.
―No entiendo ―dijo.
Miró sus manos, sintiendo el resplandor que desprendía de su cuerpo. Había sido creado como una esencia desde el principio del Todo. Las esencias se creaban desde el origen del universo, nadie más podía nacer o existir como tal después de la creación. No entendía por qué ella se había convertido en la esencia más oscura si jamás fue su principio, no había existido como tal. Sabía que no podía ser una esencia.
Faith-el sintió la presencia de alguien muy cerca de ella. La sacó de todos sus pensamientos y conclusiones, la liberó de todo eso. Alzó la vista preguntándose quién se había acercado. Frente a ella se paraba el arcángel Zaphkiel. Vestía igual que Miguel: con armaduras romanas. Zaphkiel era rector Príncipe de los Tronos. Sobre la armadura que protegía su pecho se forjaba una cruz y una copa. Lleva una capa de color violeta, representando el séptimo rayo: la Libertad; la cual estaba sujeta por su medallón de invocación. Su mirada era oscura y misteriosa, capaz de transformarla en un segundo, y encontrar en ella la luz y la verdad.
―¿Por qué su alma no pasó por el purgatorio? ―preguntó.
―No lo merecía ―decía el arcángel Zaphkiel, con un tono lleno de compasión―. Todos sabemos que cualquier humano que atenta con la vida que no le pertenece cae en pecado mortal. Ni siquiera puede abogar por su perdón.
―Murió por amor ―aseguró Faith-el―, no por odio ni rencor.
―¡Tú lo sabes, Faith-el! ―gritó Miguel para hacerla entender―. ¡Murió con la fuerza en su corazón, sin ninguna rabia ni resentimiento! Murió esperando encontrarte a ti de este lado… pero aun así, desafió un destino que era suyo.
―Humano tonto ―dijo Gabriel desde un halo de luz blanca―. Algunos son tan irracionales.
Gabriel era uno de los arcángeles más poderosos, más sabios y, aun así, esa sabiduría no le alcanzaba para entender algunos comportamientos irreales de los Mortales. Sabía que su pecado la haría llevar la condena de repetir una y otra vez su muerte, a su alma no se le permitiría nunca entrar al Cielo.
―Lucifer se aprovechó de su pecado ―explicaba Miguel―, pero sobre todo, transformó ese amor puro en la pureza del desamor. Todo lo contrario a ti, Faith-el. Es como tú… pero en la oscuridad.
―Lucifer no tiene la potestad de crear a una essentia ―aclaró Faith-el―. Los Mortales no pueden…
―¡Está llena de odio! ―interrumpió Miguel―. Lucifer la convirtió en una essentia y le dio toda la fuerza de la oscuridad.
―El odio no existe en el amor ―murmuró para contradecir las palabras del arcángel Miguel.
Faith-el no tenía contraparte a sí misma, porque entonces tendría un enemigo constante y eterno. Tendría una batalla para siempre, como el bien y el mal; la luz y la oscuridad, como lo hacían los habitantes del Cielo en su constante batalla con los que reinaban en el Infierno. El odio era un sentimiento, una esencia oscura, pero jamás derivada u opuesta al amor. Las esencias eran seres únicos, con una sola misión: el murmullo de su resplandor. Todas eran esencias con resplandores independientes, con el propósito de llevar a los Mortales emociones y sentimientos. El murmullo de la esencia oscura de Hate-ellu no era contraparte de Faith-el. Cuando el amor existe de verdad, después no cabe un sentimiento de odio por la persona de la que alguna vez se amó. El sentimiento cambiaba en emociones y se transforma en varios sentimientos después del amor, solo si la persona no era la correcta. Pero cuando el amor es verdadero, nunca se olvida o se guarda rencor y mucho menos odio; porque entonces el amor nunca fue realmente puro. Los Mortales que pasaban por esos cambios, eran los que no podían conservar el murmullo del resplandor de Faith-el por siempre, por eso transformaban el sentimiento en uno que era tan oscuro y negativo: el rencor. Cuando conservaban su resplandor, cuando eran elegidos, el sentimiento jamás cambiaba o se destruía. El murmullo de su resplandor era fuerte y creaba luz en el alma de los elegidos. No entendía cómo es que la luz más fuerte se convirtió en oscuridad.
―Es una essentia demasiado oscura ―repitió Miguel.
Faith-el sabía que eso era el fin, no solo de ella sino de todas las esencias de luz y de los ángeles con sentimientos buenos que ayudaban a los humanos a conservar el amor por más tiempo.
―Debes terminar con su existencia ―decía Zaphkiel―, es el único camino.
Todos los arcángeles miraban hacia la Tierra.
Los ángeles guardianes ya casi no podían hacer nada para proteger a los Mortales. Las esencias de luz se estaban extinguiendo poco a poco. Faith-el miraba como Hate-ellu destruía la buena voluntad que todavía había en algunos corazones. Ya no se guiaba tanto por el amor, ahora destruía todo lo que se encontraba a su paso. Jugaba con las esencias ambiguas para disponer de las decisiones de los Mortales para causar más daño. Los llenaba de deseos, de avaricia y los destruía con sentimientos más oscuros como la crueldad. Parecía que los demonios estaban desatados sobre la Tierra.
―En tu plano espiritual Hate-ellu no puede verte ―aseguró Miguel―. Aunque tú puedas verla no serviría de nada. Es más fácil que sienta tu presencia como essentia, porque no soporta tu vibración, pero no puedes acabar con ella así como estás.
Mikeiel tiene razón, porque por el simple hecho de reflejarte en sus ojos acabaría con tu resplandor ―decía Zaphkiel mirando a Faith-el―. No puedes hacer nada como estás ahora.
―Tienes que regresar a la Tierra como la última vez que te vio ―dijo Gabriel.
―Están diciendo que debo ser un… ―intentó decir Faith-el sin creerlo.
―Así es ―sugirió el arcángel Raphael acercándose a ella.
El arcángel Raphael era un peregrino andante, sus ropas ya las tenía gastadas por haber andado ya por mucho tiempo sobre la Tierra dando salud al cuerpo y al alma de los humanos. Llevaba un bastón largo que representaba la voluntad y el apoyo espiritual que se necesitaba para andar por el camino de la vida. Ya era un anciano, su cabello se mostraba blanco al igual que su barba. Sus ojos verde esmeralda se notaban bondadosos. Raphael era incapaz de perder su propia Fe en la humanidad. Sobre su pecho porta su propio medallón de invocación. Difícilmente utilizaba el poder de sus alas, casi siempre las llevaba escondidas dentro de su espalda.
―Tienes que regresar a la Tierra como un mortal y encontrar el amor ―terminó por decir el arcángel Raphael.
Faith-el no entendía lo que pretendían hacer, ella ya tenía su propia batalla perdida, porque su resplandor cada vez era más débil. Lo que Hate-ellu estaba haciendo ya la lastimaba desde que apareció, desde que se creó la oscuridad en ella.
―Debes regresar, Faith-el.
Miguel ordenó a los demás arcángeles que se acercaran para darle la vida como mortal. Los siete protectores la rodearon en resplandores diferentes. La luz que le correspondía a cada uno de ellos empezó a emanar de su cuerpo. Las alas de Faith-el empezaban a desvanecerse en luz. El poder que tenían los arcángeles cuando estaban juntos era más grande que la fuerza de una esencia. Por eso ellos siete eran los guardianes del Cielo.
El rayo azul de Miguel se posó en ella para que pudiera vencer la oscuridad. Faith-el miró como las alas del arcángel Jophiel salían de su espalda sin poder evitarlo, eran iguales a las de Miguel, de un verde iridiscente. Necesitaban de mucho poder para intentar convertirla en un mortal. Su túnica dorada proyectaba sabiduría e inspiración. Jophiel representaba al segundo rayo: la Constancia. Llevaba sobre su cintura una espada con la cual protegía al árbol de la vida. Faith-el miró su medallón colgando de su cuello. Al igual que Raphael, ya era muy anciano, su cabello blanco descansaba sobre sus hombros. Sus ojos ámbar parecían estar a juego con su túnica dorada. Todos los arcángeles llevaban un medallón de invocación del color del oro, pero muy distinto en símbolos.
―Tus recuerdos permanecerán en tu memoria ―decía el arcángel Jophiel, cubriéndola con su rayo dorado, para que se mantuviera constante en lo que su resplandor es para el Cielo y los Mortales―. Debes creer lo que representas.
―Faith-el, no olvides lo que eres, lo que es tu essentia ―dijo Gabriel.
Su rayo blanco la llenó de esperanza.
―Como mortal serás como ellos ―continuó Miguel―, solo tendrás una vibración espiritual más alta que un mortal común. Podrás escuchar el murmullo de las essentias oscuras, las ambiguas y las de luz. Será tu elección decidir lo que querrás hacer, como lo hacen los humanos con su libre albedrio.
―Tu única ventaja es que podrás ver a Hate-ellu en su plano dimensional y ella podrá verte a ti. La oscuridad de sus ojos no podrá lastimarte, es cuando debes acabar con ella, traerla a nuestra vibración donde su fuerza será menos ―terminó por decir Gabriel.
Faith-el miró el rostro bondadoso y lleno de amor de una mujer muy joven. Su cabello color arena y sus ojos verde olivo hacían juego con su belleza. Por un momento le hizo recordar a la mujer más bella que había conocido en la Tierra. Su semblante era amoroso y pacífico. Sentía de ella el más grande poder. Aniel representaba el amor en los Mortales con o sin virtud, y Cupido era su más fiel ayudante. El arcángel Aniel era dirigente de las Potestades. Sus alas hacían corte a su vestidura ceremonial de varios pliegues de tela, que parecían capaz muy finas de luz. Ella representaba el tercer rayo: la Caridad.
Faith-el dejó que su rayo rosa se apoderara de todo su ser.
―Cree en ti ―dijo, y le regaló una sonrisa llena de amor.
Sintió un rayo de color oro aún más intenso, parecía que la quemaba poco a poco. Se dio cuenta que era el arcángel Uriel, el más joven de todos ellos. Parecía un niño a lado de todos los arcángeles. Era a su vez un Serafín, Querubín y Príncipe de las Dominaciones. Vestía como un ángel guardián; pero a diferencia de ellos, sus alas eran igual que las de cualquier arcángel protector. Llevaba un pergamino atado a su cintura, con él transmitía a los humanos el conocimiento y la comprensión. Representa el tercer rayo: la Gracia.
―Eres una essentia de luz. El más fuerte resplandor ―le aclaró.
Los halos de luces de los siete arcángeles se unieron para formar uno mismo y darle vida a Faith-el. Lo que estaban haciendo no era parte de la creación del universo. No podía estar así por siempre, porque el desequilibrio sería más grande de lo que era ahora en todo el orden del Universo. Pero los arcángeles sabían que no había otro camino más fácil que tomar, debían actuar de la manera más rápida.

Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.