"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

28 de mayo de 2012

I
2.0.12
El olor tan molesto que le enfadó al principio estaba desapareciendo. Hate-ellu estaba destruyendo el amor mortal que había antes en aquella pareja enamorada. Cada una de las palabras que les murmuraba a ambos al oído los llenaba de duda, miedo, ira y, por último, de odio. Le gustaba que el sentimiento de odio estuviera en el corazón de los humanos, era su único propósito y razón de existir: destruir el amor.
―Así es el verdadero amor ―dijo Hate-ellu con una sonrisa irónica.
Acabar con el amor que ellos sentían le resultó mucho más sencillo, se trataban de Mortales sin virtud de conservar el resplandor del murmullo de Faith-el por siempre. Estaban destinados a no conocer jamás lo inexplicable, y a escuchar el murmullo de esencias ambiguas y oscuras. Su amor era parte de un destino ya escrito y entrelazado por Aniel, el arcángel del amor, pero no habían nacido con la virtud de conservar la pureza del amor. Aun así, su amor era parte del resplandor de Faith-el, porque en algún momento escucharon su murmullo. Por eso la destrucción del amor en aquella pareja la hería en lo más profundo de su existencia. Sus alas muy difícilmente la podían mantener en vuelo, todo eso estaba por desaparecer el resplandor de su esencia.
Faith-el intentó acercarse otra vez a ella para intentar regresarla a luz, pero Hate-ellu sintió de nuevo su vibración y su energía oscura aumentó más. Sus alas negras se extendieron para alzarse en vuelo. Sus ojos buscaban con ansia el lugar de donde provenía el hedor tan desagradable que estaba percibiendo. Hate-ellu observó a otra pareja cruzando el parque. Sonrió con desagrado, para ella eran otras personas escondiendo su odio en un sentimiento llamado amor, un sentimiento que muy pronto desaparecería de sus corazones.
―Regresa a mí ―dijo Faith-el mirándola desde abajo―. Tienes que regresar a mí.
Extendió sus alas blancas y en un vuelo fugaz regresó al Cielo.
Así estuvieron desde el principio, desde que Hate-ellu quería terminar con el amor en la Tierra.
Faith-el intentaba regresarla a lo que era antes, que volviera a creer en lo que ella le enseñó en su pasado, que sintiera el amor y que estuviera en paz con su propia alma. Pero Faith-el perdía en cada intento. Su juicio estaba siendo nublado, no tenía otra voluntad y misión que regresarla al amor. Todo lo que estaba haciendo le hacía olvidar el principio por el cual había sido creada: ser un guardián para los nacidos con virtud; a los cuales ya les había enseñado el amor. Su vibración estaba cambiando para ellos, su murmullo era escaso cada vez que se acercaba a la oscuridad de Hate-ellu.
―¿Cuánto tiempo creíste que pasaría para darnos cuenta de las cosas, Faith-el? ―preguntó el arcángel Miguel.
Su voz se escuchó firme y autoritaria. Faith-el ni siquiera dirigió su vista hacia donde se escuchaba a Miguel. Estaba tan centrada en su objetivo, que parecía no darle importancia a nada más.
Se encontraban en la Tercera Vibración: el cuarto Cielo. Faith-el se hallaba a las afueras del Portal que resguardaba a Dios, el Príncipe de la Luz. Desde ahí miraba a todos sus protegidos en la Tierra. El Cielo era el lugar más seguro para llevar a cabo su misión como guardián, era la conexión más cercana a la Tierra, porque desde su Cielo, en la Novena Vibración, las voces de los Mortales no llegaban y no podía escucharlos.
―¿De qué hablas, Mikeiel? ―preguntó Faith-el, mirando hacia el lado derecho del portal.
El Portal que resguardaba a Dios era enorme y majestuoso. Estaba bañado con el metal más precioso conocido en la Tierra: el oro; resplandecían incrustaciones de piedras preciosas de distintos colores. Lo sostenían tres peldaños de frío mármol, donde se grababan los nombres de todos los coros angélicos y la historia de todas las luchas entre el bien y el mal. Sobre sus puertas tenía las imágenes grabadas de la Jerarquía Suprema del Cielo: Querubines, Serafines y Tronos, que eran los seres divinos que estaban más cerca de Dios. Era un portal bifronte, sujetó por dos columnas de granito, por la otra parte del Portal tenía los grabados de la Jerarquía Media del Cielo: Dominaciones, Virtudes y Potestades. Las puertas siempre estaban cerradas y protegidas. Nadie podía entrar o saber exactamente cuál era la entrada real. Del lado izquierdo de una de las columnas se encontraba un sitial hecho de cuarzo donde se sentaba el arcángel Gabriel y del lado derecho se encontraba otro igual donde se sentaba el arcángel Miguel. Más allá de los tres peldaños de mármol, descansaban losas de oro que recubrían sus pisos alrededor del Portal, formando un círculo de varios metros. Los caminos se dividían hasta llegar a unas enormes columnas de cuarzo que formaban un círculo para proteger el Portal. Las siete columnas eran resguardadas por los siete arcángeles más fuertes del Cielo. Cada una representaba la bendición que Dios pretendía para los humanos: Voluntad, Verdad, Esperanza, Gracia, Constancia, Caridad y Libertad. Más allá de las siete columnas, que parecía que estaban sosteniendo otro cielo, estaba lleno de nubes hasta lo infinito. Entre las columnas que resguardaban Miguel y Gabriel, había un camino principal que parecía no tener un fin, porque estaba lleno de luz. Desde ahí cualquiera podía dejarse caer a la Tierra, era el único camino: la Conexión.
―¿Cuánto tiempo piensas seguir ocultando esto a nuestros ojos? ―preguntó con autoridad el arcángel Gabriel.
Faith-el dirigió su vista hacia el lado izquierdo del Portal y se encontró a Gabriel con su mirada fija en ella.
―El tiempo que sea necesario, Yibrail ―contestó Faith-el, mirando hacia la Tierra.
El arcángel Miguel se levantó de su sitial. Sus alas, de un verde iridiscente, se extendieron para darles un movimiento que hace mucho no les daba, y volvió a dejarlas en reposo. Siempre vestía con armaduras, como si fuese un general romano, aludiendo a su misión como arcángel guerrero y jefe del ejército angélico. Sobre la coraza de acero que protegía su pecho se forjaba una balanza: que sugiere a la justicia divina que Dios le concedió por haber vencido al mal y lograr la paz en la Tierra. De su cuello colgaba un medallón de oro sólido con las inscripciones de su nombre y de su propia invocación. Portaba una espada de doble filo sujetada a su cintura, con la cual había vencido al enemigo en la batalla más grande que habían tenido contra el mal, según la historia que se contaba entre la humanidad. La capa azul que caía sobre su espalda representaba la voluntad de Dios y el primer rayo de luz para la humanidad: la Voluntad.
Miguel caminó son serenidad hasta el camino donde estaba Faith-el. Sus manos las llevaba entrelazadas detrás de su espalda, dándole a entender que no era su batalla y que no iba a formar parte de ella. Llevaba en su semblante toda la gloria de un guerrero: su mirada inmutable y dura. Sus ojos oscuros parecían bondadosos y a la vez calculadores, esperando estar atentos a la batalla o a la más grande generosidad. Era el mejor de los arcángeles protectores. Siempre veía por el bien de la Tierra y el Cielo.
―No es parte de tu principio ―decía con un tono duro―. No es la misión de tu resplandor y mucho menos tu mandato divino, Faith-el.
―Pero es parte de mi essentia ―aseguró.
Faith-el extendió sus alas blancas y los tonos dorados de sus plumas resplandecieron a un más. Se alzó en vuelo y en un halo de luz regresó a la Segunda Vibración, el tercer Cielo, la Tierra, para intentar detener a Hate-ellu.
Miguel regresó su vista hacia el arcángel Gabriel. Después, con una mirada fría, escrutó el azul celeste de su cielo. Las Columnas de las Bendiciones se encontraban en toda su magnificencia. Sabía que algo no estaba bien.

Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.