V
―Tenemos que traerla de regreso al Cielo
―sugirió Gabriel con angustia. Miró hacia la Tierra y los humanos cada vez se
destruían más―. Está claro que Faith-el está perdiendo la batalla. ¡No está
luchando como debería hacerlo!
Miguel estaba concentrado en sus propios
pensamientos. Los otros arcángeles miraban hacia la Tierra. Los ángeles guardianes
llegaban al Cielo con heridas y sus alas rotas. Los Mortales se dañaban unos a
otros con sentimientos de odio y rencor. El arcángel Gabriel, como jefe de las
legiones de ángeles guardianes, les ordenó que regresaran al Cielo para su
propio resguardo ante la destrucción. Los humanos ya no tenían ninguna
protección divina, así que su exterminio era próximo. Ya nadie podía hacer
algo, solo Faith-el tenía el amor entre sus manos.
―Hay que buscarla ―dijo Miguel
mirando más abajo de la Tierra.
Todos miraron hacia la misma dirección,
no podían ver directamente al Infierno. Solo buscaban la vibración cada vez más
débil de Faith-el.
―El resplandor de Faith-el está
desapareciendo ―decía el arcángel Uriel, asustado de lo que sentía―. Debemos regresarla
al Cielo.
Los arcángeles se unieron y cada uno
sujetó su medallón con toda su fuerza. Las Columnas de las Bendiciones se
llenaron de la luz de cada uno de ellos. Su rayo de luz fue el más intenso que
pudieran usar en miles de años. Sabían que solo con toda esa energía podrían
traer a Faith-el a su misma vibración.
La intensa luz viajó del Cielo al Infierno
y volvió a apagarse en el Cielo.
Faith-el se encontraba en el suelo, sus
alas estaban marchitas como si fueran flores cortadas hace mucho tiempo y sus
ojos estaban mal heridos por haber visto al Infierno directamente. Su piel estaba
lastimada con raspones y heridas no muy profundas. Partes de su piel se le veían
purpura debido a su sangre. Parecía que su cuerpo temblaba de miedo por todo lo
que había sentido en el Infierno. Si pensaba que en la Tierra había sentido lo
peor, en el Infierno hubo sido casi su extinción si su esencia hubiese
permanecido más tiempo ahí. Hubo tantos sentimientos oscuros en los seres que
habitaban en la vibración más baja, que creyó no salir nunca de ahí. Incluso lo
que sentía para salvarla se estaba oscureciendo. Ya no tenía movimiento de su
luz.
Miguel estaba molesto por lo que Faith-el
había hecho.
―¡¿Ni siquiera te das cuenta de lo que
eres?! ―preguntó Miguel con un aire de
soberbia y altanería―. ¡No eres el misterio como tal, Faith-el!
―¡Mikeiel!
―gritó Raphael.
―¿De qué hablas? ―preguntó Faith-el con
el esfuerzo nulo de su existencia.
―No te das cuenta que solo eres el
complemento de todo… de todos nosotros ―dijo, para recalcarle que también tenía
la esencia de cada uno de los arcángeles.
Faith-el cayó en cuenta que no era ella
sola como tal, era la suma de todas las esencias que se habían creado para
compartir con los Mortales.
―¡Mikeiel,
es suficiente! ―sugirió Raphael con reproche, sabía que si le decían la verdad
podría dejar de creer en su luz misma y su resplandor podría confundirse.
―Tu error ha puesto en peligro la
estabilidad del Universo creado: la Tierra, el reino del Cielo, a todos los
Serafines, Querubines y Tronos. ¡A nosotros y a todas las esencias de luz! ¡A
Dios mismo! ―dijo Gabriel molesto.
Faith-el estaba rodeada por los siete
arcángeles del Cielo, eran los guardianes y jefes de todas las legiones de
ángeles. Faith-el no tenía defensa ante ellos y menos con su existencia casi
acabada.
―¿Te das cuenta por qué estás
desapareciendo, Faith-el? Porque Hate-ellu está eliminando cada essentia que
hay en ti. No eres el principio ni el misterio… ni la creación divina ―decía Miguel―.
¡Ellos, Faith-el! ―continuó―. Ellos son la essentia…
Miguel empezó a nombrar a las esencias, las
cuales aparecieron frente a sus ojos con halos de luz infinita: Amentia-el,
Affectum-el, Pietatis-el, Passio-el, Pacem-el, Illusio-el… e infinidad de
esencias se presentaron en el Cielo. Miguel las alejó de la Tierra para evitar
su extinción ante los actos crueles de los humanos. Las esencias eran
creaciones independientes a las órdenes de Dios. Su misión les impedía seguir
cualquier tipo de mandato; tenían un principio que cumplir, para eso habían
sido creadas. Miguel solo las había resguardado en el Cielo porque sabía que no
podía arriesgarse a tu total destrucción.
―No son tu complemento, tú eres el
complemento de ellos… solo uno más. No eres ni la gracia divina ni el misterio
―dijo.
Faith-el se levantó mirando a tantos
resplandores en el Cielo. Había demasiadas esencias, que parecía que las losas
de oro se quedaban opacas con tanto brillo. Todos eran igual que ella:
resplandores creados desde el principio del Todo. Eran demasiadas esencias y solo
se veían como luces intensas, sin un cuerpo aparente, su resplandor era todo lo
que quedaba. Parecían un millar de diamantes brillando a la luz del sol.
―Yo soy el amor ―dijo Faith-el mirando
hacia la Tierra.
Los humanos se destruían. Sabía que
tenía que estar ahí para que todo fuera un balance entre el bien y el mal; para
crear en los humanos un poco de amor, aunque no todos lo pudieran tener por
siempre debido a que no habían nacido con la virtud de conservar el murmullo de
su resplandor, aun así necesitaban de escuchar su murmullo.
Faith-el miró a las esencias oscuras y a
las esencias ambiguas, que parecían disfrutar de lo que ahora sentían los Mortales.
A los humanos no les importaban todos los sentimientos negativos que ahora
sentían, les daba igual sentir cualquier cosa. Eran muchas como para luchar
contra todas, sabía que con eliminar a Hate-ellu el balance volvería, la
batalla de siempre estaría igual.
―Ellos son la ambigüedad, no formaran
parte de esta batalla, ni con ellos ni con nosotros. Dubio-el, Peractorum-el,
Euphoria-el, Desiderio-el, Metus-el y todas las otras essentias ambiguas ―dijo
Uriel, para que Faith-el no tuviera que preocuparse por esas esencias.
Faith-el sabía que todos eran parte de
ella como esencia o, ¿es que ella era parte de todos… sin misterio y sin la
gracia divina? Seguía mirando hacia abajo preguntándose tantas cosas. Se daba
cuenta que ella hacía mucha falta sobre la Tierra. Era la destrucción
inaplazable de los Mortales si ella no estaba presente. Al final los humanos
morirían sin amor y ninguno de ellos tendría la posibilidad de entrar al Cielo.
―Tienes que eliminarla ―decía Miguel―,
es la única salvación para todos nosotros y para los Mortales.
―Murió por amor, no puedo hacer eso. En
su corazón hay algo vivo aún, algo que yo le enseñé ―dijo Faith-el, sin
despegar sus ojos de la Tierra.
―Ella ya no tiene un corazón ―aclaró
Aniel.
Faith-el hubo sentido algo más en la
presencia de Hate-ellu. Tal vez no era un corazón mortal, pero sabía que aún
tenía algo muy dentro de ella. Miró a los arcángeles, y dijo:
―Pude escucharlo.
―Esta vez fue el reflejo del tuyo ―decía
Aniel―. Eras un mortal. Tenías un corazón. Fue tu reflejo.
―Latía por amor… ―dijo asustada.
―¡No lo entiendes! ―gritó Miguel.
“Latía por amor”, repetía en sus pensamientos. Su corazón había proyectado
un reflejo en Hate-ellu. Había sentido. Una esencia de luz había sentido como
lo hace un mortal.
―¡Ahí ya no hay nada! ¡Lo que había en
ella como mortal se fue! ―dijo Miguel sacándola de sus pensamientos.
―No es verdad, Mikeiel,
tú sabes que no todo está perdido… lo vi en sus ojos.
―¡Lo que viste fue la oscuridad y el
odio! ¡El vacío!
―Alice aún está ahí ―dijo Faith-el.
―Allá abajo es caos ―explicaba Rafael,
con una tranquilidad que no existía en Miguel―.
Desde que Hate-ellu existe, los humanos se destruyen cada vez más rápido. Todo
lo que tú creaste está desapareciendo. Ellos ya no aman, las essentias oscuras
y las ambiguas reinan ahora. Los humanos dudan de su amor, tienen miedo, se
hunden en caprichos, en falsos amores, se odian y se destruyen. No te queda
otro camino, Faith-el.
Miguel se colocó detrás de ella para que sus
ojos miraran lo que estaba pasando en la Tierra. Era verdad lo que decía Rafael,
el amor estaba desapareciendo muy rápido y eso estaba terminando con la
existencia de Faith-el.
―Tienes a la legión de ángeles guardianes
que quieras ―dijo Gabriel―. La batalla que librarás no será fácil.
―O a los Trhonus ―sugirió Zaphkiel.
Como príncipe rector de los Tronos,
podía disponer del poder que ellos ejercían. Eran ángeles pertenecientes al
Sexto Orden dentro de las jerarquías angelicales del Cielo. Eran símbolos
vivientes de la justicia y autoridad del Heraldo de la Luz. Seres de tremendo
poder y movimiento; guardianes de las energías más altas de los seres de luz
que pertenecían al Cielo. Los Tronos se ocupan de que estas energías mantengan
las conexiones y fluyan a través de las demás jerarquías. Los Tronos llevan el
mensaje del Heraldo de la Luz a los hombres y a los ángeles inferiores: son transportadores
de la justicia.
―Puedes disponer de las Dominaciones
―pidió el arcángel más pequeño, Uriel, como su príncipe, podía disponer de su
sabiduría.
Los arcángeles nunca antes habían
pensado en la idea de ocupar a seres superiores a ellos. Eran como gigantes
dormidos a la orden de la justicia Divina del Cielo. Las Dominaciones son los
seres que gobiernan y dirigen las tareas de los otros seres celestiales
inferiores. No son conocidos, ya que ellos no tienen contacto con los Mortales,
a menos que sean enviados a una misión para beneficio de ellos mismos. Las
Dominaciones son los ángeles que se encuentran entre el límite de lo finito con
lo infinito.
Faith-el no estaba segura de que
destruirla fuera la única solución, pero no sabía qué hacer ante ellos, que
eran los más sabios y guardianes de todo el reino del Cielo. Faith-el sentía
algo en su interior: la certeza de que aún en la esencia oscura de Hate-ellu
encontraría un vestigio de lo que fue como mortal.
―Si eliminarla es el camino que debo
tomar. Si eso es lo que tengo que hacer ―decía Faith-el―, no quiero a ninguna
de las legiones, solo quiero a unas essentias de luz.
―¿Estás segura? La batalla no será fácil
si Hate-ellu tiene a las essentias oscura peleando a su lado.
Faith-el volteó a ver a Miguel
con una seguridad plasmada en toda su existencia, no una seguridad de ganar la
batalla, pero estaba segura de lo que pedía.
―¡Quiero a Pietatis-el, Pacem-el,
afecctum-el, Passio-el y a Spe-el!
Eran las esencias más fuertes y
poderosas que comprendían al amor. Faith-el lo sabía, los demás también, pero
no sabían si las esencias iban a ser suficientes para librar una batalla con
las esencias oscuras, que eran más y ellas iban a estar hasta el final de la
batalla defendiendo a Hate-ellu.
―Si es lo que pides ―dijo Miguel.
A los resplandores de las esencias de
luz se les dio un cuerpo aparente para librar la batalla contra la oscuridad. Rafael
se acercó a Faith-el y curó todas sus heridas. Sus alas volvieron a batirse con
majestuosidad y su cuerpo aparente se había sanado. Miguel
la llenó de luz para vestirla como un arcángel guerrero e hizo lo mismo con las
esencias que la acompañarían. Los matices dorados de las alas blancas de Faith-el
brillaron con más intensidad y fuerza en un azul violáceo; su color blanco y
dorado había cambiado totalmente, Faith-el pelearía como un arcángel guerrero.
En su mano se iluminaba una espada forjada con el mismo fuego que la del
arcángel Miguel. Los ojos de Faith-el fueron cubiertos
por un vendaje hecho del manto de Dios, así no se perdería en la melancolía y
la desesperanza de los ojos de Hate-ellu; porque el amor debe ser ciego ante el
dolor y la oscuridad, para no perder su resplandor jamás. Así debía ser la
verdadera interpretación del verdadero amor para los Mortales: siempre ciego y
a disposición solo de la Fe.
Los arcángeles se reunieron y cada uno
de ellos vertió su luz.
―Tu misión, ahora, es proteger a la
Tierra de Hate-ellu ―decía Miguel―. Tienes que eliminarla.
Otra vez para ella. Te van a pegar por andar dedicando canciones que ya te dedicaron. Jajajaja
ResponderEliminarOye, yo si pago por un show privado tuyo. Ese día casi te pierdo el respeto O///O <-carita sonrojada y avergonzada. Jajaja No te cuento lo que pensé, porque me vas a decir pervertida, ¡pero ese cuerpecito tuyo!:P
O.o!!! Sucia pervertida!!!
Eliminarluego por qué las dejan¬¬... por andar viendo propiedad privada¬_¬.... pervertida¬¬.... mmm... bueno, pagas bien el show privado? jajajaja