"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

20 de febrero de 2012


VI



Volví a quedarme sola otra vez. Volví a preguntarme por qué Mariana me dejó sola. Cómo es que puedo seguir respirando sin ella, cómo es que puedo dar cada paso sin ella. Extraño su voz, su sonrisa… extraño sus ojos. Caminé hasta casa de Mariana, pasaba los días ahí, pero sin subir a su habitación. La mamá de Mariana seguía tan amable conmigo, nunca la vi derrumbarse por haber perdido a su hija, tal vez con la intensión de no perderme a mí también. Para no caer en la tristeza que parecía no abandonar nunca mi alma.



―Tienes que comer ―me decía.



A pesar de que todos los días iba a verla, nuestras conversaciones eran muy escasas, como si cada una evitara abrir la boca para que su nombre no saliera de nuestra alma. Cada vez que la veía, quería tanto llorar, llorar junto con ella, para que nuestro llanto fuera tan fuerte, para que nuestras suplicas fueran escuchadas por Dios y nos devolviera a Mariana. Me sentía culpable y avergonzada cada vez que estaba con ella, porque le quité a su hija. Pero sabía que no debía sentirme así, la madre de Mariana jamás sentiría rencor por mí, porque sabía que yo hubiera hecho lo mismo por Mariana. No sabía de qué manera ella estaba llevando su duelo ante la pérdida de su hija, no sabía si estaba sufriendo de igual o peor manera que yo. Siempre comíamos en silencio. A veces me quedaba dormida en el sofá mirando el televisor y cuando despertaba, ya tenía una sábana cubriéndome. Nunca dejó de cuidarme como una hija y tratarme como tal. Me regañaba muchas veces diciéndome que debía volver a la escuela. Que tenía que cumplir con un propósito en la vida para que… cortaba sus palabras y sé que lo que no podía decirme era: para que la muerte de Mariana no fuera en vano. Tenía casi dieciocho años y ya no quería una vida… ya no tenía la fuerza para vivir.



Después de mucho tiempo, un día, cuando la madre de Mariana salió a comprar la comida, me quedé parada al pie de la escalera, la que conducía a la habitación de Mariana. La subí lentamente, ya habían pasado varios meses, creí que ya estaba lista para hacerlo, pero cuando llegué ahí, me di cuenta que el dolor jamás se iba a ir. Su habitación estaba igual desde que la conocí, cuando teníamos cinco años, siempre todo en orden y con muchos libros. Libros que tantas veces tuve que quitarle de la mano para que me hiciera caso. Llegaron a mi cabeza mil recuerdos de nuestros momentos juntas. Jamás peleamos, nunca sus palabras fueron tan agresivas, porque siempre, ante cada sermón que me daba por pórtame mal, cuando empezaba con: “Alma…” yo le decía de inmediato “De Mariana” y ella me respondía “y mi corazón tuyo”. Recorrí toda su habitación con la mirada, esperando encontrar el verdadero consuelo para todo el dolor que sentía. Aún todo guardaba su aroma, podía sentir como si estuviera ahí mirándome… quería verla, no importaba cómo, solo quería verla otra vez. Me senté en su cama y no pude aguantar tanta impotencia.



―¡Por qué me dejaste sola?! ―grité abrazando la almohada que nunca soltaba cuando dormía― ¡¿Cómo te atreviste a dejarme sola!? ¿Por qué lo hiciste?



Ya no había llorado tanto como lo estaba haciendo en ese momento, sentía que se rompía más cada fragmento de lo que quedaba de mi alma. Sentía que mis lágrimas quemaban, que no podían salir con más dolor de lo que estaban saliendo. Mi garganta ardía porque no podía gritar con más fuerza de lo que lo estaba haciendo.



―¡¿Por qué me dejaste sola?! ―grité ahogada en su almohada.



―Mariana está contigo ―dijo su madre acariciando mi cabello.



Seguí llorando todo lo que pude frente a ella. Cuándo se iban a terminar mis lágrimas, cuándo iba a dejar de sentir todo este sufrimiento. Escuché el sollozo de su voz. Nunca me atreví a darle la cara. Tal vez ella necesitaba mis brazos que la consolaran, pero cómo hacerlo, cuando yo le quité a su hija. Quería que no sintiera cariño por mí, quería que me gritara, que me dijera que por mi culpa perdió a su hija. Quería tanto que me odiara, que me corriera de su casa para nunca más volver, para sentirme peor de lo que me sentía. Quería tanto su desprecio para no solo sentir el mío por haberle arrebatado la vida a una persona como Mariana. Seguí llorando todo lo que podía, con ese deseo de que mi corazón volviera a doler y que nunca parara de hacerlo hasta morir.



―Perdóname, mamá ―por fin las palabras salieron de mi boca.



―No fue tu culpa ―dijo y me abrazó con fuerza―. No fue tu culpa.



Besó mi frente y me sonrió. Parecía que había conseguido al menos encontrar un poco de paz con ella. Salió de la habitación y yo seguí llorando por mucho tiempo. Me quedé dormida sobre su cama sin darme cuenta. Después de un rato, abrí los ojos y cuando miré todo lo que había en su cuarto, de todos nuestros recuerdos, quise salir corriendo. Me levanté y mi corazón se aceleró como si tuviera miedo a algo que desconocía, como si se fuera a parar en cualquier momento. Dejé que el dolor continuara, para ver si por fin me dejaría morir. Volví  acostarme y me quedé dormida.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.