"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

15 de febrero de 2012




XIV



―¿Y desde cuando te gusta quedarte en mi casa tanto tiempo? ―preguntaba Mariana con sarcasmo, por siempre estaba metida ahí, excepto por la noche.



Desde que vi a Alejandra ya no me despegaba de la ventana de la casa de Mariana, siempre estaba ahí por la tarde para verla pasar. No faltaban los sermones de Mariana desde ese día, diciéndome que era mucho mayor que yo y pensándolo bien, tenía razón. Alejandra me gustaba, no sabía si mis sentimientos hacia ella eran reales o solo quería volver a sentir algo por alguien. Aunque pensándolo fríamente, había muchas chicas que, según Mariana, babeaban por mí y darían cualquier cosa por estar conmigo. Yo lo sabía, algunas si me gustaban, pero no llamaban por completo mi interés y por supuesto, no llamaban a mi corazón para sentir amor. Incluso Lucia trataba de buscarme y salir conmigo, pero cada vez que me decían algo de ella, casi salía corriendo de cualquier lugar. Tal vez Alejandra era mucho más que una fascinación, más que una curiosidad, quizá era amor y estaba dispuesta a descubrirlo.



Sin querer, mejor dicho, queriendo, la seguí hasta la biblioteca y me senté en la mesa de enfrente. Era lo único que podía hacer afuera, porque Mariana ya no me quería por tanto tiempo dentro de su casa y menos junto a la ventana. Creo que estaba un poco celosa o agobiada por mi comportamiento. No quería que nadie volviera a lastimarme tanto como lo hizo Lucia. Así que busqué otro plan, algo que me acercara más a Alejandra…



―¡No puede ser! ―refunfuñaba con un grito no tan apagado porque sabía que ella estaría mirándome.



Tal vez mi comportamiento era muy infantil como decía Mariana, pero qué podía hacer a mis diecisiete años, yo no quería madurar y por supuesto no iba a intentar hacerlo después de los dieciocho. Miré de reojo a Alejandra y tenía una sonrisa discreta en su rostro. Estaba dispuesta a llamar su atención como fuera, incluso haciendo la mayor estupidez de mi vida. Así que me levanté para caminar hacia ella, pero tratando de tropezar para caer junto a ella o sobre ella, me daba igual. Cuando me levanté, sin querer choqué con un tipo que iba pasando, volé como a un metro de distancia. Quise correr o desaparecer en ese instante. Traté de levantarme tan rápido como pude y en ese momento choqué con la cabeza de aquel sujeto que se había agachado para levantarme. Vi mil estrellas a mí alrededor antes de caer por completo al piso toda desmayada.



―¿Estás bien? ―escuché su voz muy cerca de mí.



No sé cuánto tiempo duré inconsciente. Había varias personas a mi lado y ella me tenía sosteniendo mi cabeza. Miré sus ojos y ya no me parecieron los ojos más bellos del mundo, creo que estaba molesta. Intentaba hacer que las personas no cerraran el espacio para que pudiera respirar y recobrar por completo el conocimiento.



―¿Estás bien? ―volvió a preguntar, pero sin evitar esa sonrisa burlona en su rostro.



―Sí ―me levante rápido, pero volví a caer al piso al sentirme mareada.



―Tranquila, fue muy fuerte el golpe… bueno, los golpes.



Me levantó con cuidado y me acercó a la mesa donde estaba sentada tratando de entender un ejercicio de matemáticas. No era el único libro que había puesto sobre la mesa. La cabeza me dolía un poco a ratos, era un dolor muy fuerte. Me senté sosteniendo mi cabeza entre las manos y así me quedé un buen tiempo. Alejandra se sentó del otro lado de la mesa y solo me observaba.



―¿Matemáticas? ―me dijo tratando de tener una conversación conmigo.



―Sí ―le dije sin querer decir nada más. No sé por qué no quería hablar con ella, creo que estaba avergonzada o molesta con la maniobra cruel del destino para que ella se acercara a mí.



―¿Se te dificulta? ―me preguntó esperando una respuesta más que un simple monosílabo.



―Algo ―le dije todavía molesta.



Me levanté para irme y no seguir con esa platica tan molesta, ni siquiera sabía por qué me molestaba tanto, ya tenía lo que quería. Cuando me levanté rápido el dolor de mi cabeza se hizo a un lado para darle paso a un dolor muy fuerte en mi corazón. Volví a caer sobre la silla sin querer.



―¡Maldita sea! ―medio grité sujetando mi pecho.



―No te preocupes, puedo acompañarte hasta tu casa. El golpe que te diste fue muy fuerte…



―¿Sí, cuál? ―le pregunté intentando que esa sonrisa que guardaba saliera y terminara por arruinar mi vida.



―Bueno… no sé cuál fue más fuerte… si el choque, cuando caíste al piso, el golpe con la cabeza de aquel tipo o cuando volviste a caer al piso.



“¡Grandioso!” dije a mí misma. No había cosa más prefecta que el hecho de que vio todo mi gran espectáculo.



―¿Te puedo acompañar? ―me dijo de una manera dulce, que en ese momento toda mi molestia hacia el cruel destino se esfumó en segundos.



Salimos de la biblioteca y no sé por qué la luz del sol hizo que me mareara otra vez. Alejandra solo me tomó de la mano para que no cayera al piso. Caminamos todo el trayecto de regreso a casa. No estaba muy lejos, era la biblioteca de la colonia y estaba como a tres calles de la casa de Mariana. Decidí llevarla ahí porque no estaba segura si estaba del todo bien, la cabeza me dolía mucho y prefería estar en casa de Mariana.



―Entonces, ¿matemáticas? ―preguntó en un rato de silencio.



―Sí ―dije.



―Yo podría ayudarte si quieres ―me dijo sonriendo.



Vaya, mi plan había funcionado a la perfección, no salió como yo hubiese querido, pero salió. No supe que responderle, creo que mi silencio le dio la respuesta y era una respuesta positiva.



―Aquí es ―dije señalando la casa de Mariana.



―Mira, yo vivo a…



―¡Mariana! ―grité sin intención de interrumpir sus palabras.



―Cuando necesites ayuda de matemáticas o lo que quieras ―decía sonriendo―, vivo en la casa azul de ahí.



Volteé a ver a donde me dijo para disimular, como si no supiera donde vivía e hice mi cara de sorpresa al decirle que no estaba tan lejos. Mariana salió enojada como siempre cada vez que le gritaba. Se quedó sorprendida cuando vio a Alejandra sosteniéndome del brazo. Me miró con los ojos entre cerrados de enojo e incredulidad.



―¡Ayúdame! ―me quejé.



Se acercó a mí y Alejandra solo le cedió mi brazo. Caminé a Mariana con cuidado, como si fuera una niña que apenas aprendió a caminar. Mariana me medio metió hacia adentro y ella también se refugió casi detrás de la puerta, como intentando cerrar la puerta de una vez. Me hice a un lado de Mariana para intentar salir otra vez, pero no me dejó.



―Ella es… ―dije, pero sabía que no podía mencionar su nombre, aunque lo supiera, porque se supone que no debía saberlo― ¿Cuál es tu nombre? ―pregunté.



―Alejandra ―decía―, la traje porque tuvo un pequeño accidente…



―Gracias ―contestó Mariana y cerró la puerta.



―¡Oye! ―me quejé ante su actitud mal educada.



Abrí la puerta y Alejandra solo sonreía.



―Gracias ―le dije sonriendo.



―No hay problema, cuídate mucho ―se despidió sin decir otra cosa más.



Mariana me jaló hacia adentro y volvió a cerrar la puerta con el mismo desagrado de hace un rato.



―¿Cuál es tu nombre? ―decía con burla Mariana― ¡Qué hipócrita eres!



―Ni modo que le dijera que la estoy siguiendo desde hace mucho y que me gusta ―me quejé sujetando mi cabeza, que ya empezaba a doler otra vez.



―¿Qué te pasó? ―preguntó Mariana al ver mi cara de sufrimiento.



Le iba contando todo lo que pasé mientras subíamos a su habitación. Mariana empezó a reírse cuando terminé de contarle todo mi espectáculo y no paró de decirme que para todo tenía que hacer el ridículo. Me acosté en la cama de Mariana porque mi cabeza no paraba de doler. Ella sabía que por dentro estaba más que feliz por haberme acercado a Alejandra.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.