"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

15 de febrero de 2012


XIII



Un día desperté, era sábado, lo recuerdo bien, ese día el corazón empezó a doler otra vez. Me levanté y me quedé sentada en la cama. Ese simple movimiento hizo agitarme y respirar con mucha dificultad. Sentía que algo se iba a romper por dentro. Me levanté lo más rápido que pude y me vestí. Tenía que ir a casa de Mariana, si era el momento de morir, tenía que hacerlo junto a la persona que más quería en el mundo. Pasé por la habitación de mis padres y tomé su retrato. No sé por qué ese dolor en el corazón me traía tanta paz, como si supiera que eso me haría estar con mis padres otra vez. Bajé las escaleras y el dolor paró de golpe. Caminé a la casa de Mariana preguntándome qué pasaba en realidad con mi corazón. Hasta donde sabía, la poca familia que tenía, era saludable y nadie había muerto por problemas cardiacos.



―¡¡Mariana!! ―grité afuera de su ventana.



Mariana abrió la puerta y volvió a sermonearme para que no le gritara, y me dijo que usara las llaves para entrar. También me reclamó el despertarla tan temprano un sábado cuando no teníamos que ir a la escuela. Estábamos subiendo por las escaleras y ella seguía quejándose, aún traía puesta su pijama.



―Mariana ―dije en un suspiro y me recargué en la pared al sentir una presión fuerte en el pecho.



―¿Qué? ―preguntó sin voltear.



Fue un silencio tan corto y un tiempo tan largo. Era como si me pusieran a decidir lo que quería, si dejarme vencer por el dolor y rodar escaleras abajo o sujetar mi pecho, respirar con fuerza… y continuar.



―¡Te voy a ganar tu cama! ―grité subiendo las últimas escaleras sin importarme el dolor de mi corazón.



―¡Alma! ―gritó Mariana.



Apenas pude llegar al marco de la puerta de entrada a su habitación. Me quedé ahí sujetando mi pecho, me había cansado tanto, como si hubiera corrido unos miles de kilómetros. Respiraba tan agitadamente que pensé no volvería a respirar normal.



―De Mariana ―dije en un susurro.



―Y mi corazón tuyo ―contestó Mariana pasando a un costado de mí y tirándose por completo sobre su cama.



―Dejé que me ganaras porque aún tienes sueño ―le dije bajando el brazo de mi pecho para que no se diera cuenta.



Me acerqué despacio a ella. Me sonrió y alzó la sábana para que me acostara junto a ella. Me abrazó con fuerza y yo sentía que la estaba traicionando al no decirle lo que estaba pasando con mi corazón, no quería que mis sospechas fueran verdad… no quería darle importancia para que no fuera real.



―Nunca me dejes ―le decía a Mariana en murmullos porque ya dormía otra vez―, porque yo nunca lo haré, te prometo que nunca lo haré ―terminé de decir sujetando mi pecho.



Mariana se había quedado dormida muy rápido, siempre tenía el sueño pesado, parecía que nada le preocupaba de la vida. Yo no dormí, solo pude mirarla todo ese tiempo. Era una mujer muy hermosa, algo fría con muchas personas, pero a aquellos que quería, sobre todo a mí, era la persona más dulce del mundo. Siempre estuvo conmigo cuidándome. Hasta ese momento entendí que nuestra amistad no había sido condicionada… nuestra amistad era destinada. Siempre íbamos a estar juntas, no importaba que nuestros caminos en algún momento tuvieran que separarse, sabía que siempre íbamos a estar juntas… siempre ella conmigo.



―Mi corazón también es tuyo, Mariana ―susurré.



Como pude me zafé de sus brazos y me levanté. No tenía caso estar acostada si no iba a dormir. Me quedé mirando por su ventana por mucho rato. Mariana empezaba a moverse de un lado para otro, eso era indicio de que ya estaba despierta pero quería seguir durmiendo. Arrojó las sábanas a un lado de la cama con desesperación, me miró y volvió a cerrar los ojos.



―¡Ya levántate bella durmiente! ―grité.



―No quiero.



Me acerqué a ella lo más que pude… tan, tan cerca de su rostro. Pude sentir su cálida respiración, pude admirar de cerca sus ojos cerrados, sus cejas delineadas perfectamente con el color cobrizo como el tono de su cabello. Toda ella era perfecta, el color de su cabello rizado, el color de su piel, la tersura de sus labios, su voz tan dulce… y la belleza de sus ojos color arándano. Cuando la miraba así, tan serena y tranquila, siempre venía a mi memoria el primer recuerdo de ella, cuando tímidamente se acercó a mí y se presentó diciendo: Mariana San Román. Cómo cabía tanta propiedad en una niña de cuatro años. Esa vez cuando estreché su mano, no me di cuenta que desde entonces jamás la solté. Todos mis recuerdos se enfocaban a ella, fue toda mi familia desde que mis padres se marcharon. Pensé que no habría otra sensación y sentimiento más fuerte que el que sentía por Mariana, lo pensé así hasta que me enamoré la primera vez.



―Despierta, ¿o quieres un beso de amor? ―pregunté sin poder evitar reírme.



―No ―me respondió sin abrir los ojos.



Mariana sabía que estaba cerca de ella, por eso no quiso abrir los ojos y encontrarse con mis ojos que tanto le gustaban.



―¡Qué bueno porque yo tampoco lo quería! ―le dije aventándole una almohada al rostro.



Me fui otra vez a la ventana mientras ella despertaba por completo. Mirar tras la ventana de la habitación de Mariana era otra de mis costumbres que no podía hacer a un lado, era como intentar dejar salir todo, no dejar que las palabras permanecieran ahí, que se estancaran en un solo lugar, no permitir que se hicieran una verdad para siempre.



―Oye ―decía Mariana como no intentando decirlo―, y la chica con los ojos azules como el cielo, ¿dónde está?



―Parece que la aluciné, no es real ―respondí porque en realidad no volví a verla.



―Ah, eso parecía.



Giré mi vista hacia el extremo de la calle para mirar los autos pasar, no eran muchos, era una calle tranquila y un tanto aburrida. Vi a una mujer bajando de un coche rojo y despidiéndose de la persona que iba manejando. Caminaba hacia adentro de la calle y no quise tomarle mayor importancia.



―Yo… yo… creo ―le decía a Mariana mientras mi cabeza intentaba reaccionar y acomodar mis recuerdos entre esa mujer, bajé mi vista hacia ella que iba pasando frente a la casa―, que… ¡Es ella!



Miré a Mariana que no tenía ninguna intención de levantarse y mirar tras la ventana. Era ella, vestía muy formal en un traje oscuro, llevaba entre sus manos un portafolio y parecía leer unas hojas, no con un agradable contenido por la expresión que tenía en la cara, parecía que no le agradaba lo que leía.



―¡¡Ven, es ella!! ―dije a Mariana para que la viera pasar tras la ventana.



Mariana hizo un gesto de fastidio y se levantó hasta donde yo estaba. Mi corazón se aceleró de emoción, ya había perdido toda esperanza de encontrarla, incluso había dejado a un lado la intención de buscarla.



―¡¿Estás loca?! ―me preguntaba Mariana después de que la vio y la seguía mirando― ¿Desde cuándo te gustan las ancianas?



―¡Oye! No se ve tan grande.



―Claro, no muy grande ―decía con sarcasmo―, su nombre es Alejandra Gómez, tiene veintiocho años y es maestra de matemáticas en la preparatoria, a la cual no nos admitieron… bueno, a ti por tu promedio, ¡no muy alto!



―Pues se ve muy joven, espera, ¿cómo sabes eso? ―pregunté.



―Porque es mi vecina, se mudó hace algunos meses,



―¿Tu… tu vecina?



―Sí, mira.



Nos asomamos por la ventana para ver donde se metía y efectivamente vivía al otro lado de la calle como a unas cuatro casas. Creó que la vida empieza a sonreírme.



―No, ni lo pienses Alma ―me decía Mariana como adivinado mis pensamiento― es mucho mayor que tú, ¡¡mucho!!



―¿Qué importa la edad? ―le decía sonriendo― La distancia es poca.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.