"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

9 de enero de 2012


I



Es muy triste llegar a casa, donde quien te esperaba ya no puede ser la misma persona que había estado siempre a tu lado. Donde antes era lo único que deseabas en todo el día después de una jornada de trabajo muy pesada y difícil: verla mirándote cruzar la puerta, para esperarte con un abrazo, un beso y para decirte las palabras más dulces que podrías escuchar. Todo es distinto cuando sabes que hay un lugar al que perteneces, uno donde puedes encontrar la paz y la tranquilidad que tanto necesitas. Un lugar al que no le pertenece a nadie más, sólo a ti y a quien te hace sentir la inmensa felicidad. Todo se termina y no lo puedes evitar. A veces no entiendes cómo puedes evitarlo. No entiendes por qué las cosas sólo se dejan pasar. Una sola decisión lo cambia todo… lo arruina todo. ¿Cómo terminas con ese sueño que siempre esperabas cumplir? ¿Cómo puedes terminarlo de la manera más vil y miserable? ¿Cuándo cambias el verdadero amor por una ilusión que sabes siempre será efímera y vacía? ¿Cómo puedes lastimar el amor? ¿Cómo puedes hacerle daño a la persona que más amas en la vida?



Yo te diré cómo puedes hacerlo.



Hace algunos meses que me sentía la persona más vacía del mundo. Que no merecía lo que tenía. Ya no podía respirar su mismo aire. No podía mencionar su simple nombre, no lo merecía. Me sentía miserable, sucia, la peor cosa que estaba pisando la tierra. Me costaba dormir, mis pensamientos y mis culpas no me dejaban conciliar el más mínimo sueño. Ni siquiera podía mirarla. No me sentía en paz a su lado. No merecía que ella estuviera conmigo. Me arrepentía de todo lo que había hecho, pero te das cuenta que no hay marcha atrás, que cuando abres una herida, la cicatriz siempre quedará marcada.



Apenas el cielo se aclaraba, tenía que salir de nuestra habitación; evitaba su abrazo, su primera caricia del día… su primer beso. No merecía más de ella, todo lo que su amor me daba ya no lo merecía. Me senté en el sofá que daba frente a la ventana. Hasta el aire en todas partes era asfixiante, no me dejaba respirar, ¡me sofocaba el pecho! Esperaba que el sol saliera por completo y poder huir. Quería sentirme más miserable de lo que ya me sentía, eso sí lo merecía: sentirme peor de lo que ya estaba. Apreté mis puños con rabia y frustración. Quería que todo se fuera, que se olvidara, que nunca hubiera pasado. ¿En qué punto me perdí? ¿Cómo dejé perderme?



―¿Tienes hambre? ―dijo abrazándome por la espalda.



Sentí sus brazos cálidos y confortantes. Su aroma suave llegó sin espera a inundar todos mis sentidos. Sus palabras eran dulces como desde la primera vez que la conocí: cuando me regaló su sonrisa y desde ahí todo mi universo cambio. Volvió a preguntarme si tenía hambre, el tono de su voz no cambio y sus brazos me sujetaron con más fuera. Y el vacío que sentía aumento más de lo que ya era. ¿Por qué lo hice?



―No ―respondí.



Me levanté sin ni siquiera mirarla, sin decirle nada. Caminé de la sala hacía una habitación donde tenía todos mis papeles de la universidad. Pasé por la habitación de nuestra pequeña, que sólo tenía dos años y aún dormía. No soporté ver todo eso. Recogí los papeles sin saber si eran los que necesitaría para dar mi clase en la universidad. Volví a pasar por la sala, donde ella estaba sentada esperando que yo la mirara, pero no tuve el valor de hacerlo, porque sabía que encontraría en su mirada un amor que ya no merecía más. Salí sin mirar sus ojos dulces. Hasta para hacer eso se necesita de la más vil cobardía: huir de su mirada y de su amor. Tomé el coche y me fui directo a la universidad donde impartía clases de Economía desde hace unos años. Recorría los pasillos saludando a algunos alumnos de otras generaciones, a los cuales les di clases tiempo atrás. Llegué a mi oficina y no hice otra cosa que sentarme a mirar su fotografía, recordar el día cuando huimos de su casa para vivir juntas.



―¿Estás segura de lo que quieres hacer? ―pregunté con miedo. Tal vez yo no estaba tan segura en mi interior. Siempre hay miedo en lo que podemos encontrar en el mundo y siempre está de una u otra forma atormentándonos.



―Sí ―me dijo sin pensarlo.  Se sentó en su cama como reflexionando mejor las cosas―. No, la verdad no lo sé.



Me senté a su lado tomando su mano. Era de madrugada, hacía calor porque era la temporada de verano, había un intenso verano. Nuestros padres se habían dado cuenta de la relación que teníamos, a ella no la dejaban salir y a mí ni siquiera me permitían existir.



―Pero quiero estar contigo ―me dijo mirándome a los ojos, con esa mirada… esa mirada que disipa todo miedo existente en el mundo―. Sólo quiero estar contigo. Es de lo único que estoy segura, quiero estar contigo.



Besé sus labios tan cortamente, pues en ese momento el tiempo no estaba mucho a nuestro favor. Ella se levantó y siguió recogiendo sus cosas, que no debían ser muchas. Estábamos huyendo, sin ningún lugar a donde ir y sin saber lo que vendría después. Queríamos estar juntas y todo lo que viniera lo enfrentaríamos por nuestro amor.



―¿Interrumpo los recuerdos más lindos de tu vida? ―preguntó desde la puerta con suma soberbia y determinación.



Oculté su fotografía en uno de los cajones de mi escritorio. Ella se acercó de la misma manera de siempre: seduciendo hasta al mismo viento que podía rozar su piel. Cómo pude caer tan bajo y dejarme llevar por la ilusión más estúpida que pude ver en mi vida. Pero ella era algo imposible de no ver, de no querer sentir y ella lo sabía muy bien, por eso nadie se le escapaba de las manos.



―Voy a presentar mi renuncia mañana ―le dije sin hacer caso a ninguna de sus caricias.



―¿Tu renuncia? ―preguntó acercando su rostro al mío, como intentando que su presencia me hiciera cambiar de opinión.



―Sí ―le dije levantándome rápido, antes de que sus labios tocaran los míos.



―Ah ―se sentó sobre el escritorio cruzando la pierna. Era una escena que antes me podía dejar sin respiración, pero ahora, lo único que lograba en mí era repulsión y asco, no para ella, sino para mí―, ¿y a ella? ¿Qué le dirás, también renunciarás?



―¡Ella es cosa que no te importa a ti!



Me acerqué rápido a mi escritorio y estiré el brazo para alcanzar unos papeles. Tomó mi mano y me jaló hacia su cuerpo. Sentí su perfume casi hipnótico, sus ojos marrones y brillantes se fijaron con fuerza a los míos. Sus labios tersos color carmesí se entreabrieron. Ella no tenía la culpa de todo lo que dejé que provocara en mí. Situó su mano cerca de mi cintura y me acercó más a su cuerpo. No tenía la culpa de que mi corazón latiera más rápido. Dejó de sujetar mi mano y posó su mano en una de mis mejillas para acercar mi rostro al suyo. No tenía la culpa de que mi sangre hirviera cada vez que la sentía tan cerca. Miré sus labios sonrientes cuando uno de sus dedos acariciaba la comisura de mis labios cerrados. Ella no tenía la culpa de que mis ojos sólo pudieran ver su cuerpo perfecto y deseable. Sentí asco por la persona que era desde que apareció en mi vida. Sentí odio por la persona que fui cuando estuve con ella. Sentí rabia por mirar y sentir algo que nunca sería amor. ¿Cuándo dejé de ver que tenía lo que más quería en la vida a mi lado? ¿Cuándo fue que dejé engañar a mis sentimientos? ¿Por qué buscaba la oscuridad cuando mi vida estaba llena de tanta luz? Yo sólo estaba jugando, ¡era un estúpido juego! Ella no provocaba en mí amor, sólo era pasión y deseo, pero jamás sentí amor. No pude moverme y no porque ella lograra paralizarme, no pude moverme de la impotencia que sentía, con las ganas de regresar el tiempo a la primera vez que pasó justo lo que estaba pasando ahora, y decirle:



―Estoy enamorada y siento el amor más profundo por ella… yo la amo.



Me soltó de la cintura y bajó lentamente su mano de mi mejilla. Estiré el brazo otra vez y tomé mis papeles. Sin mirarla di la vuelta y caminé a la salida.



―Pues no se notaba tanto ―dijo respondiendo mis palabras.



Me detuve sintiendo como cada parte de mi culpa se apoderaba de mi cuerpo. Merecía lo que estaba sintiendo, lo merecía justamente. Me paralicé otra vez. Pero aunque lo desees con todo el corazón, no puedes retroceder el tiempo. No puedes. Escuché su andar acercándose de nuevo a mí. Volví a sentir su calor junto a mi cuerpo. Quería que no fuera ella quien se acercara. Quería tanto que fuera cualquier persona esperando clavarme una daga por la espalda, era lo que merecía mi traición. Si daba la vuelta y me rendía otra vez a ella, dejaría que todo se acabara. Era justo lo que obtendría: un vacío que sabía jamás se llenaría de amor. Era justo lo que merecía por lastimar mi propio amor. Si daba la vuelta, me resignaba a perderlo todo. Y era justo: perderlo todo. Quedarme con ella sin sentir amor… ¡era lo justo!, lo que merecía por ser lo que fui. ¡Era lo justo!, que nadie volviera a amarme, y sólo quedarme con el recuerdo del amor, con el que nunca debí jugar, ¡quedarme con él!, y jamás poder dárselo otra vez a quien le pertenecía, no volver a darle el amor que me hacía sentir. ¡Merecía todo lo que estaba sintiendo! Quedarme con ella y seguir el juego envenenado que empecé a jugar. Quedarme con ella y morirme poco a poco. Seguir bebiendo de ella lo que nunca sería amor. Que mi corazón se endureciera para que mi alma se secara por mi traición. ¡Lo merecía!, todo lo que estaba sintiendo era justo para mí. Sentí su mano en mi hombro. Quise dar la vuelta y aceptar el trato justo que merecía. Pero no, no di la vuelta, porque sé que merezco algo peor: perder a la persona que siempre he amado.



Salí del salón sin decirle nada. Tomé mi coche rumbo a casa. Iba recordando el día cuando salimos por la ventana, sólo llevábamos ropa y un poco de dinero, ni siquiera lo suficiente para sobrevivir una semana. Tenía tanto miedo por ella, por no darle lo necesario y por no saber si algún día se lo daría. Tomamos un autobús con rumbo al norte del país, no era muy barato, pero era lo más lejos que podíamos huir en ese momento. Llegamos por la mañana y buscamos un lugar donde vivir. No pensamos en un hotel, ya que estaríamos ahí mucho tiempo. Para la tarde conseguimos unos cuartos que estaban en renta, lo más barato y el lugar más…



Limpié mis lágrimas al recordar cómo fue todo en ese entonces. Es como si todos se pusieran en tu contra para no cumplir tus sueños, para no darle la mejor vida a la persona que tanto amas. Detuve el coche a un lado de la carretera, porque las lágrimas de mis ojos ya no me permitían ver por donde conducía. Seguí recordando, mientras las lágrimas ardían con fuerza en mis ojos.



―Ya no tenemos dinero para comida ―me dijo con tristeza.



No podía soportar ver sus ojos con esa tristeza, no podía, no cuando siempre la había visto sonriente y feliz. La abracé con fuerza y le dije con mucha dificultad a su oído:



―Te voy a regresar a tu casa.



―No puedes ―me miró a los ojos―, no puedes, porque ya estoy en ella.



Mi familia y mi hogar eran ella. No había marcha atrás. No había regreso. No había más padres. No había dinero seguro. Ni siquiera teníamos un lugar seguro donde dormir. Nada era nuestro, pero teníamos lo más importante: nos teníamos una a la otra, sintiendo un amor inmenso que nos hacía mantenernos fuertes. Ese día nos fuimos a dormir sin comer nada, ella parecía tener el sueño más profundo y sereno. Desde que huimos yo no podía hacer otra cosa más que mirarla dormir y prometerle una y otra vez que le daría la mejor vida posible, no sé si me escuchaba, pero siempre me sonreía.



Tomé de nuevo la carretera y conduje despacio. Recordaba y pensaba si era necesario hacerla sufrir con la verdad. Han sido tantos años juntas, tantos momentos malos que superamos, tantos…



Ese día pasé a comprar un ramo de violetas, sus flores favoritas. Ya iba camino a casa apenas siendo medio día. Tenía algo importante que compartir con ella, bueno, con quién más podía hacerlo. Abrí la puerta, no pensé que ella estuviera en casa, ambas salíamos a buscar trabajo temprano y nos veíamos entrada la noche para comer, si es que había algo que comer.



―¿Por qué llegas tan temprano? ―preguntó con la sonrisa más amplia que hace mucho no veía. Su rostro estaba tan iluminado que la hacía verse más hermosa de lo que ya era.



―¿Y por qué estás tú tan temprano? ―oculté las flores detrás de mí.



―Porque te amo ―me abrazó del cuello y me besó―. Y tú, ¿por qué tan temprano?



Todo se veía extraño en el lugar, a pesar de ser el mismo, se veía diferente, como con un nuevo color… con vida. Miré hacia todos lados buscando algo nuevo y la miré a ella. Tanta desesperación que sentía en esos días, que había olvidado el motivo por estar ahí, por seguir ahí, ese motivo que me hacía levantarme todos los días en busca de algo mejor: Ella, para darle lo mejor.



―Ya tengo trabajo ―le dije sonriendo dándole las flores.



Volvió a abrazarme y me susurro al odio:



―Yo también ―dijo con dulzura.



―Yo también ―respondí sin dejar de mirar sus ojos.



―Sí, lo sé, acabas de decirlo.



―No, yo también, te amo.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.