"JAMÁS VAS A OÍR HABLAR DEL AMOR COMO LO HAGO YO, PORQUE NO TODOS TIENEN LA VIRTUD DE PODER ESCUCHARME"

18 de enero de 2012


V



―¡Alma! ―volví a escuchar su voz por la mañana.



Mariana seguía insistiendo y yo no quería levantarme. Me enredé más entre las sábanas y puse una almohada en mi cabeza para ya no escucharla. Aunque su voz era lo más dulce que ahora sentía en mi vida. Siguió gritando a todo pulmón un buen tiempo sin cansarse. Tanto que se enfadaba porque le gritaba desde afuera de su ventana, no sé cómo ella sí podía hacerme lo mismo y a mí no me dejaba. Después de un largo rato escuché como abrió la puerta de mi habitación y se sentó sobre la cama.



―No puedes ocultarte siempre ―me sugería Mariana―, no puedes estar así por siempre. Tú no puedes Alma, no es tu estilo dejarte morir por amor… hay como mil chicas que quieren estar contigo, ¡tienes filas de mujeres detrás de ti!



―Solo quiero dormir ―dije sin intención de levantarme.



―¡Vamos Alma! Ya dormiremos todo lo posible en vacaciones.



Me levantó de la cama casi arrastras y me aventó todo con lo que debía vestirme a la cara. Ella estaba más frustrada que yo por mi actitud. Caminó por toda mi habitación diciendo palabras que no entendía, metió a mi mochila cuadernos que ni siquiera yo sabía que tenía que llevar hoy.



―Ya estoy lista ―me dijo colocándose mi mochila sobre su hombro y salió de mi habitación.



Me levanté con desanimo, me cambié, otra vez como pude, y bajé por comida a la cocina. Pero había olvidado comprar comida desde hace mucho tiempo. Mariana me seguía atrás sin decirme nada, me apresuraba con su mirada porque ya era muy tarde y ella era la persona más puntual del mundo, le desesperaba llegar tarde a cualquier lugar.



―No tengo comida ―dije sin ganas.



―No te preocupes ―me decía Mariana―, esta vez traje tu desayuno, comida y cena. Mamá está muy preocupada por ti, un día de estos se vendrá a vivir contigo.



El dolor en mi corazón se hizo presente sin siquiera avisarme. Me sostuve de la mesa con ambas manos y sentí tanto frío en el cuerpo. Mariana me miró extrañada, sentí mi cara palidecer, pensé que en cualquier momento me desvanecería. Era más que obvio que esos dolores cada vez eran más intensos y no los entendía.



―¿Qué te pasa? ―preguntó Mariana.



―Nada ―intenté calmarme―, no he comido nada desde ayer.



―¡Te dije! ¿No entiendes que debes alimentarte? ―decía sacando el desayuno que había preparado para la escuela―, debes comer mucho ahora. ¡Necesitas que tus defensas estén fuertes para que tu tristeza no te enferme!



Mariana estaba asustada, pero lo cubría muy bien en el tono furioso de su voz. Fue mentira lo que le dije, sí había comido, pero no quería decirle lo de mi corazón.



―No quiero ir a la escuela ―le dije.



―Tienes que ir, tenemos que afrontar todo… siempre todo Alma. No debes rendirte por algo así. No mientras yo esté contigo.



Se sentó en la mesa y esperó a que me terminara todo lo que había preparado. Sabía que su madre lo había hecho, porque Mariana podía ser buena en casi todo, menos en cocinar. Me levanté de la mesa y tomé mis cosas. Tenía razón Mariana, no siempre me iba a esconder de Lucia, no tenía por qué hacerlo. Si yo tuve la culpa de que ella me dejara, debía aceptarlo y afrontarlo con carácter, un carácter infantil, pero así era.



―Vámonos ―le dije con todo el pesar del mundo.



Mariana habló durante todo el trayecto de cualquier cosa, no tenía buena fama de conectar los temas de conversación y siempre le perdía el hilo a todo. Así estaba Mariana, hablando y hablando, mientras en mi cabeza pensaba en lo que haría si la viera. Si tendría que actuar normal, golpearla o solo ignorarla. Llegamos a la escuela, Mariana iba un año atrás de mí, así que siempre teníamos clases diferentes, Mariana me dejó en el salón y se fue al suyo. Me senté hasta el fondo y miré por la ventana. Hay casualidades en la vida que no entiendes por qué pasan, o solo eran cosas predestinadas para ti desde siempre. ¿Por qué no pude ver otra cosa más? Era una escuela grande, miles de alumnos, por qué mi vista lo primero que enfocó fue a dos personas que venían entre tanta multitud. Sentí como mi cuerpo se estremeció de rabia y tristeza. Venían juntas, y Lucia se miraba tan feliz a su lado.



―Para lo que le va a durar a Lucia ―escuché la voz de un compañero―, todos sabemos cómo es Ruth.



―Mejor que yo, supongo ―dije al pensar que si la eligió a ella es porque lo era.



Mi compañero se empezó a reír con mi respuesta. Se sentó frente a mí y empezó con un discurso ya muy bien sabido por mí. La fama que tenía Ruth todo mundo lo sabía y nadie se explicaba por qué Lucia me cambió por ella. Y mucho menos entendían por qué lo hizo de la forma en que lo hizo, tan soberbia y con tanta crueldad. Por eso sabían que Lucia solo era un juego de Ruth, no entendía por qué su odio hacia a mí, nunca le hice nada y jamás me metí con ella. Entre tantos pensamientos, recordé que en esa clase las tenía a las dos de compañeras. Me levanté apenas lo pude hacer para salir corriendo.



―No lo hagas ―me dijo Javier.



Miré a la puerta por donde pronto iban a entrar juntas. Por la misma puerta por donde ella entraba conmigo. Agaché la cabeza para no seguir recordando, pero qué haces para no seguir sintiendo.



―Ella no merece que estés así ―dijo. Se escuchaba igual que Mariana.



Regresé a mi lugar e hice mi mirada a la ventana otra vez. Supe que habían llegado porque todos empezaron a hacerles burla y a preguntarles por qué habían llegado tan tarde y por qué se veían tan felices. Sentí que mis ojos se ponían rojos y sabía que no iba a poder controlar mi llanto. Javier apretó con fuerza mi mano y me dijo con la cabeza que no lo hiciera, que no valía la pena.



―Mariana te dijo que me cuidaras, ¿verdad?



Empezó a reír y no pudo negarlo. Mariana siempre estuvo conmigo aun no estándolo.



―Es cuestión de tiempo ―decía Javier mirándolas a ellas―, se ve que la zorra de Ruth sólo quiere fastidiarte la vida y Lucia es una estúpida por hacerle caso… pero ya verás que las dos terminaran por joderse la vida.



Sonreí sin despegar mis ojos de la ventana, ahí él no se parecía a Mariana, porque ella por muy enojada que estuviera nunca decía groserías. Sentí mi pecho romperse por tanta amargura, mis ojos dolían tanto por contener mis lágrimas y mi corazón parecía querer gritar de rabia. Parecía que todo se estaba acumulando ahí, en mi corazón, y eso dolía mucho. Llegó el profesor de la clase y todos se fueron a sus respectivos lugares. Intenté solo mirar al profesor, pero no lo conseguí, fue cuando ya no pude ignorar su presencia. Estaban las dos juntas y parecía que yo no existía en ese salón. Tal vez Javier tenía razón, Ruth solo lo hacía para molestarme, para hacerse saber a ella misma que podía tener lo que quisiera… pero también entendí que Lucia no me quería de verdad, no existía un amor real hacia a mí, porque si ese amor existiera, no me hubiera dejado por algo que vale tan poco. Miré otra vez a la ventana, quería salir de ahí, no importaba por dónde, sólo quería salir.



―Señorita Vidal, si mi clase no le interesa puede retirarse.



Escuché a lo lejos, pero mi cuerpo no hizo reacción alguna de sus palabras. Todos voltearon a verme, sentí sus miradas y aun así, nada de mí reaccionaba. Escuché al profesor decir la misma frase, pero ahora más cerca y aun así no volteé a verlo. Javier se levantó y no sé qué le habrá dicho, el profesor solo dio la vuelta y no volvió a decirme nada. Todo el tiempo estuve así, incluso ni siquiera sabía en lo que estaba pensando. Solo miraba desde la ventana a todos ir venir, hablando y sonriendo, como si fuera otro mundo donde no existiera el dolor. Cuando terminó la clase todos salieron y me dejaron ahí. Parecía que ya no existía de verdad, por un momento creí que Lucia se acercaría a mí por lo menos para preguntar cómo estaba. Era obvio que ya no existía para Lucia y ella para mí…



―Alma.



Escuché su voz a un lado de mí.



―De Mariana ―contesté por inercia con la mirada hacia la ventana.



Se sentó frente a mí y me tomó del rostro para que la mirara, para que pudiera reaccionar.



―Y mi corazón tuyo ―dijo con tanta tristeza al ver como su mejor amiga moría por amor.



Me acerqué y la abracé con fuerza. Lloré otra vez, otra vez como nunca lo había hecho. Quería que todo ese dolor se fuera como sea, quería que nada me lastimara más, quería y solo quería algo que no se me iba a dar. Por qué me estaba doliendo tanto, por qué dejaba que me doliera tanto…



―Vamos a casa, ya es tarde ―me dijo Mariana al oído.



No me había dado cuenta que me pasé todo el día en el salón sólo mirando por la ventana. Mariana me dijo que Javier se las ingenió para que todas las clases que se daban en el salón las cambiaran. Me quedé ahí todo el día sin darme cuenta. Nos fuimos a casa y yo seguía sin decir nada. Hasta cuándo volverían las palabras a mi boca, hasta cuándo volvería a ser la misma chica inquieta y desastrosa de antes. Hasta cuándo volvería mi actitud de dieciséis años y mi carácter infantil de siempre. Tal vez no quería que volviera, tal vez no porque ésa fue la razón por la cual Lucia me dejó por ella. ¿Necesitaba cambiar para que ella volviera? Tal vez no necesitaba hacerlo, porque en realidad no quería hacerlo. Nunca fui una mala persona como para herir a la gente y estarlo pagando con lo que estaba sintiendo. ¿Qué necesitaba para que ella volviera conmigo? ¿Amor? Es lo que ella necesitaba… sentir amor.

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Ya se mueve lento xD

DEJARÉ LA LUZ ENCENDIDA, PARA CUANDO ABRAS LOS OJOS NO TENGAS MIEDO, PARA QUE SEPAS QUE NUESTRA OSCURIDAD SOLO FUE UN PARPADEO TUYO

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

Puedo amarte o no, depende de lo que en el camino se dé entre nosotras. Quiero decírtelo en un instante o puedo callarlo para siempre. Puedo ser una ilusión pasajera o una realidad que podría ser eterna. Quiero ser tu delirio, tu pasión, tu tranquilidad, tu felicidad y tu mejor sueño. Quiero ser y hacer mil cosas en tu vida… si me dejas ser parte de ella.

O podría ser como un libro para ti, ¿qué te parece la propuesta? Quiero hacer que te guste leer. Puedo ser una novela o un cuento corto en tu vida (incluso, puedo ser sólo un libro con la más hermosa poesía). Quiero ser tu escape o la forma más dulce de ver la realidad. Puedo aburrirte o llamar tu atención por completo. Puedes leerme por ratos si quieres o puedo robarme todo tu tiempo para que termines de leerme (porque no vas a poder evitarlo). Quiero ser la historia que quieras, según tu estado de ánimo. Puedo confundirte o puedo ser la lectura más simple. Puedes terminar de leerme y olvidarme, porque simplemente no es lo que te gusta.

Pero, ¿sabes? Me propongo ser tu libro favorito; al que siempre llevarás cerca de ti, al que guardarás bajo tu almohada o tendrás siempre junto a tu cama. Quiero ser las hojas que tus manos querrán tocar y las palabras que tus ojos no dejaran de ver. El libro que leerás mil veces porque te gusta y no hay mejor historia que la que has leído en mí. Me propongo ser las páginas donde se guardan las palabras que te harán soñar, sonreír y creer. Puedes subrayar las partes favoritas, las frases a las que regresarás cuando sientas necesitarlas. Seré el libro que sujetarás contra tu pecho mientras piensas en las cosas bonitas que has leído de mí. Quiero ser las palabras que te robaran una sonrisa, un suspiro o una lágrima. Sé que encontrarás palabras que ya habrás leído muchas veces en cualquier otro libro, pero la forma en que las leerás de mí, no las volverás a encontrar escritas de la forma en que las verás en mí. Quiero ser la mejor historia o sólo la más hermosa que hayas leído. Me propongo ser las palabras que vas a entender y no querrás olvidar. Quiero ser tu libro favorito, al que leerás cada día con calma, porque no querrás llegar nunca al final.

Me propongo ser de ti: tu mejor historia de amor.

No te enamores de un escritor

"No te enamores de un escritor, son arrogantes, exigentes, obstinados, calculadores, presuntuosos, inestables, caprichosos, impacientes, apasionados, celosos, intensos, dramáticos, hipocondríacos, adictivos, inevitables, locos, trágicos, inseguros (extremadamente), extraños, egoístas, solitarios, vulnerables, soñadores, nostálgicos, misteriosos; vamos, en una sola palabra: inexplicables. Pero ten la seguridad de que si uno se enamora de ti nunca lastimará tu corazón, porque es leal, sincero y bondadoso, ellos aman de forma diferente... En consecuencia intentarás dar el golpe primero, destrozarlo y despertarlo a la realidad. Sabes que hará literatura con su sufrimiento para volver a reconstruirse.

No te enamores de un escritor, porque tiene la mayor libertad de no hacerlo de ti. Y tendrá la bondad de no darte esperanzas, será franco y gentil, aunque lo sientas cruel. No te enamores de un escritor, pero si lo haces, habrás de conocer el amor más puro que jamás sentirás por ningún otro ser sobre la tierra; porque aquel, a quien no debes amar, te enseñará cómo es el verdadero amor.

No te enamores de un escritor, menos cuando te pide que no lo hagas. Te está protegiendo y se protege a sí mismo.

Y como último consejo: No enamores a un escritor, corres el riesgo de que te ame por siempre"

Si el amor...

Si el amor verdadero pudiera llamarse de otro nombre, tendría el tuyo. Si pudiera escucharse, tendría el dulce sonido de tu voz. Si pudiera verse, tendría tu sonrisa todos los días para contemplarse. Si pudiera sentirse, tendría la misma suavidad de tu piel. Si lo quisieran hacer aún más perfecto, tendría la belleza de tus ojos: en lo dulce de tu mirada. Tú eres el amor verdadero que el cielo me dio como regalo conocer. Amarte a ti fue amar más allá de todo. No importaba nadie… no importaba nada, solo tú y este amor que no tendrá fin dentro de mi alma. Es como volar sin tener miedo a caer, sabía que no me dejarías caer. Es creer que no importaba el aire para vivir si estabas conmigo. No importaba la luz del sol mientras tenía el brillo de tus ojos. No importaban los obstáculos porque lucharíamos contra todo y todos. Porque el tenerte a ti es vivir cada mañana recordando la ternura de tu sonrisa. Es tener la ilusión de verte cada día forjando tus sueños junto a mí y porque sé que cada día me hubiera enamorado más de ti.

Tú estás más allá del sentido del amor, porque me enseñaste de la manera más dulce la verdadera esencia, el propósito real y la inmortalidad del sentimiento…

Si en este largo viaje pudiera llevarme algo de ti, me llevaría tus recuerdos conmigo para evitar tu sufrimiento de que no volverás a verme. Simplemente porque me enseñaste el verdadero valor del amor, porque pediría vivir mil veces la misma historia a pesar de este final tan injusto… Tan sólo porque sé que ya no será en esta vida, pero sí en la próxima.