VII
Así pasaron los días, Allison no
hablaba con Mariana, se metía en problemas con Lucia, la única persona que
sentía que no la había abandonado era la hermana Clara. Hablaba con ella y
desahogaba todo el dolor que sentía, pero aun así su orgullo no le permitía
escuchar los consejos que le daba.
Esa tarde Allison subió hasta
donde estaba el invernadero, sabía que Mariana estaría allí, así que con
cuidado pasó por detrás del invernadero para que Mariana no se diera cuenta y
llegó a la jaula donde se metió con las palomas. Allison no pudo evitar que las
palomas, al verla, armaran un alboroto, ella hacía gestos para que se callaran.
Mariana se dio cuenta del ruido, sabía que era Allison, escuchaba con atención
el ruido que hacían las palomas cada vez que la veían. Le enternecía la
conexión que tenía con ellas, especialmente con una paloma blanca, tiki, era la
primera en posarse en su brazo y muy difícil de quitarla de ahí. Mariana
lloraba en el invernadero y Allison lo hacía dentro de la jaula, nunca se
imaginaron que sus corazones estuvieran tan lejos.
Después de un rato la hermana
Clara llegó al invernadero. Allison las miraba desde la jaula sin poder
escuchar lo que hablaban. Después de un rato la hermana se alejó, Mariana miró
a Allison y agachó la cabeza. Sus ojos estaban tristes y desesperados por lo
que la hermana le había dicho, después de unos segundos no tuvo más remedio que
irse.
Allison salió de la jaula con la
paloma en sus manos y la puso en la barda, era un poco más de las dos de la
tarde, al menos eso marcaba el reloj de la capilla. En el patio Allison vio la
figura de Mariana y Dylan, Mariana lo besó sólo por compromiso. Allison trató
de evitar esa escena, miró a la paloma, le sonrió y con la voz entrecortada le
dijo:
—La cosa más difícil de hacer, es
ver a quien amas… amando a alguien más.
Habían pasado ya varios días sin
que Mariana escuchara la voz de Allison, al menos no dirigiéndose a ella, ni
siquiera un "Hola" ni un "Buenas noches" que siempre
escuchaba, pero las palabras que más extrañaba de Allison eran "Te
amo".
Una mañana Allison se levantó muy
temprano, por primera vez ató el listón azul de su uniforme sin que nadie la
obligara a hacerlo, se acercó a Mariana y la despertó, se miraron por mucho
tiempo fundiendo sus corazones en esa mirada.
—Te amo Mariana —dijo y besó su
frente—, siempre estaré contigo.
Allison acarició con sus dedos el
rostro de Mariana, las dos se sonrieron y Allison se marchó después. Mariana se
quedó en la habitación por algún tiempo, llevaba varios días enferma. Era
obligatorio que si no tenían clases debían permanecer dentro del dormitorio o
en la biblioteca hasta la hora de la comida, que ya estaba próxima. No se dio
cuenta que en la cama de Allison se encontraban una rosa y una margarita ambas
del mismo color.
Mariana no aguantó las ganas de
ver a Allison y salió de la habitación, se encontró a la hermana Clara que
estaba a punto de tocar a su puerta.
—¡Aún me ama! —dijo emocionada.
—Mariana.
—¡Me lo dijo esta mañana!
—Mariana —dijo una vez más.
—¡Ya nada podrá separarnos!
—¡¡Mariana!! —gritó la hermana.
—¿Qué pasa? —contestó regresando
a su mundo.
—Tu padre y Dylan están aquí...
lo saben Mariana, saben lo de ti y Allison.
Mariana se quedó perpleja ante la
noticia, su padre sabía todo, y era obvio el porqué estaba ahí. Mariana sabía
que se la llevaría del colegio ese mismo día.
—¿Dónde está Allison?
—Fui a buscarla a sus clases y no
está, tu padre te espera en la capilla.
Mientras Mariana sufría de camino
a la capilla, Allison lo hacía en el invernadero, desvanecía su dolor y
tristeza destrozando todo lo que había en él, cada flor, cada rosa; rompió cada
cosa que pudiera traerle recuerdos agradables. Sabía que a Mariana le podría
doler, pero ya no le importaba. Salió del invernadero y miró el corazón que
había grabado, volvió a entrar al invernadero, movió la tierra y macetas rotas;
hasta que encontró unas tijeras y nuevamente salió. Se acercó a la barda y
empezó a recorrer cada línea en el corazón.
—Mariana y Allison —sus ojos
azules no dejaban de derramar lágrimas—. Allison, Mariana ya no es tuya. ¡Jamás
volverá a ser tuya! —tomó las tijeras con fuerza y borró su nombre de aquel
corazón— ¡¡Jamás!!
—Es mejor que se la lleve a esta
hora, ya serán las dos de la tarde, los alumnos entran al comedor y nadie se
dará cuenta —decía Lucia al molesto padre de Mariana.
Mariana entró a la capilla, su
cuerpo le temblaba al ver a su padre, porque más que respeto le tenía miedo por
el carácter tan fuerte que tenía.
—¡¡Nunca creí que me pudieras
hacer esto Mariana!! —decía su padre molesto— ¡¡Te irás conmigo hoy mismo y te
casarás con Dylan!!
—¡¡No voy a casarme, y no me iré
de aquí!! —gritó Mariana un poco impresionada porque tuvo el valor de retar así
a su padre.
Discutían con fuerza, Dylan,
Lucia y la hermana Clara sólo los veían.
—¡¡Te casarás con Dylan!! —gritó
su padre.
—¡No! ¡¡Papá, amo a Allison!! —dijo
desesperada.
Su padre acortó el poco espacio
que había entre ellos y la abofeteó.
—¿Cómo puedes decir eso?
—¡¡Es la verdad!! —decía Mariana
intentando no ahogarse en sus lágrimas— ¡¡No puedo negarlo!!
Lucia hablaba con la hermana
Clara, entre ellas también tenían una discusión. Mariana las veía, no prestaba
atención a lo que decía su padre.
—Ella también se irá —dijo su
padre.
Mariana lo escuchó muy lejos porque
veía a la hermana Clara llorar.
—¿Qué? —preguntó Mariana después
de un rato.
—Ella también se irá —dijo su
padre—. ¡Lo que hizo lo sabrán sus superiores y no volverá por aquí!
—¡¡No puedes hacerle eso!!
—¡No merece tener esa posición!
—Es una buena persona. ¿Si me voy
contigo, la dejarás aquí, y no le dirás nada a sus superiores? —preguntó
Mariana, era lo menos que podía hacer por ella, ya que se sentía culpable por
esa situación.
—Te lo prometo —dijo su padre y
en su rostro se dibujó una sonrisa de victoria.
Mariana caminó hacia la salida de
la capilla y su padre la detuvo sujetándola del brazo.
—¿Adónde vas? —preguntó.
—Sólo quiero despedirme de ella.
—Claro que no, ¡¡jamás volverás a
verla!! —gritó el padre de Mariana.
—¡¡No me puedes negar eso!! —se
soltó con fuerza y caminó más rápido.
Al salir de la capilla escuchó el
sonido de un violín tocando su melodía favorita, venía del edificio de
enfrente, en el invernadero. Mariana miró hacia arriba y vio a las palomas
volar "Allison " pensó, sólo pudo dar dos pasos cuando sintió la mano
de su padre sujetándola.
—¡¡Sólo quiero despedirme de
ella!! —dijo encarando a su padre.
Los alumnos estaban por entrar al
comedor, los gritos los mantuvieron ahí parados, siendo espectadores de aquel
incidente. El padre de Mariana se sentía humillado ante esos ojos que los
miraban.
—¡No dejaré que ensucies más mi
apellido!
—No me importa… ella es lo único
que me… —dejó de hablar.
Mariana sintió un escalofrío en
su cuerpo, el reloj empezaba a sonar marcando las dos de la tarde, se dio
cuenta que el sonido del violín había desaparecido, miró alrededor y se dio
cuenta de la mirada aterradora de los demás que veían hacia arriba. Mariana
volteó lo más rápido que pudo, sintió que esa vuelta duró cien años, sus ojos
verdes miraron con terror a Allison parada sobre la barda, sintió como su
corazón se paró… dejó de latir.
—Allison —dijo en un susurro
apagado.
Todo fue tan rápido pero lento
para los ojos de Mariana, ver a la persona que amaba caer desde aquel edificio.
—¡¡No!! —gritó Mariana intentando
correr hacia ella pero su padre la detuvo y la abrazó con fuerza— ¡¡Te odio!!
¡¡Te odio!! —decía Mariana golpeando el pecho de su padre— ¡¡Te odio!! —dijo
una vez más y terminó por desmayarse en sus brazos.
Pasaron tres días después del
accidente, Mariana regresó al colegio por sus cosas, mientras su padre estaba
con Lucia en la oficina.
Mariana se dio cuenta de la rosa
y la margarita que ya se encontraban marchitas. Subió al invernadero y encontró
todo destrozado. El corazón en la barda sin el nombre de Allison y una jaula
vacía, esta vez las palomas no habían regresado, se recargó en la barda y lloró
con desesperación.
—¡¡Allison, te amo!! —gritó con
todas sus fuerzas.
—Mariana —decía la hermana Clara
tomándola del hombro—, vamos.
—Ella quería que gritara que la
amaba... hubiera sido feliz escuchando esto.
En ese momento una paloma blanca
se posó en la barda por un instante y luego se alejó.
—Ten por seguro que ella lo ha
escuchado —dijo la hermana.
Mariana sonrió al escuchar eso.
—Tenemos que irnos, este lugar ya
no es para nosotras.
—¿Qué?, mi padre prometió que...
—Lo sé Mariana, pero regresaré al
convento, será lo mejor.
—Vamos, tu padre te espera.
La hermana tomó la mano de
Mariana y cuando se alejaban del lugar, volteó por última vez y vio nuevamente
a esa paloma blanca "te amo Allison " pensó Mariana.
—Así serán las nuevas reglas de
este colegio —explicó el padre de Mariana.
—Está bien señor —decía Lucia— y
no se preocupe, Allison Fouche no existió para el Merceus.
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